Tag Archives: Trastorno Bipolar

¿LA MEDICACIÓN ENGORDA?

18 Nov

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No me da la gana de documentarme para responder con precisión. Si alguien sabe respuestas y razones que no empiecen por : “se cree que tal hormona…”, por favor, que lo añada en Comentarios, por ahí abajo.

De modo que hablaré de mis experiencias personales y de otras que personas más o menos psiquiatrizadas han querido compartir conmigo.

La respuesta es… no sé.

Una forma de atizarle a la ansiedad es comiendo. Yo me como la ansiedad. Me la ceno, para ser más certero. Si tengo tiempo, conforme voy echando alimentos al buche voy notando que una relajación se va apoderando de mí, que voy olvidando los malos rollos del día y que me van a intentar amargar al día siguiente. La clave está en empezar pronto a zampar. Así puedo estar mucho rato cenando y que no me den las once de la noche volviendo a poner cerco a la despensa, en plan juego de mesa.

¿Esta ansiedad se debe a la medicación? No puedo ser concluyente, señoría. Mi glotonería ha sido una constante frente a tratamientos farmacológicos variables. Mi madre es testigo. Por otro lado, esos distintos tratamientos me han hecho variar mis preferencias más hacia lo dulce que hacia lo salado. ¡¿Está usted de coña?! Puede ser, señoría, puede ser. Pero a los hechos me remito.

Leña al mono, señoría. Sigamos con la argumentación. Como sabrá, llevo desde abril sin fumar. Abandonar esta adorable y estilosa adicción me ha supuesto un terrible y sorprendente síndrome de abstinencia físico que no duró más de tres días y otro psíquico que… bueno. Sobran las palabras. Ansiedad. Ceno lo que pillo. Compro de todo. Puedo estar tres horas comiendo si no se me interrumpe y sin comerme al que me interrumpe. Véase, mi hijo. ¿Sustituyo con las laminurías, dulzainas y demás chucherías al tabaco de liar? Parece que sí. En casi 7 meses llevo engordados 12 kilos.

Acusado, ¿en este periodo de tiempo se han visto modificadas sus costumbres, no sólo alimenticias? Sí padre. Perdón, sí, señoría. Aquella depresión preprimaveral, los trombos, la ausencia de actividad física -paseos a parte, en fin-, el no fumar influyó mal que le pese, actividades mucho más aeróbicas, cambios en la medicación…

Ajá. Cambios en la medicación… Que no, tío, digo señoría. Que los cambios en las drogas que he tomado pueden ser una consecuencia de lo anterior. O debiera.

¿Puedo concluir que las drogas psicotrópicas engordan? No puedo. Te dejan tirado, te generan una ansiedad que -a mí al menos- te lleva a comer. Evitan que hagas el ejercicio que equilibraba tu metabolismo. A su vez, y esto pasa con frecuencia, comprobar que engordo genera más ansiedad que me quito comiendo y, en consecuencia, engordando más. Pero en sí mismas…

Entonces, ¿en qué quedamos?

Señoría, deje de tomar lorazepam y vaya a almorzar. Y déjeme en paz a mí de paso.

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procrastinar. (Del lat. procrastinare). 1. tr. Diferir, aplazar.

7 Nov

Tanto lío para esto. Aunque algo embrollado sí que está porque: “la RAE considera procrastinación inválido y, en cambio, indica la utilización de procrastinación. Se trata de la tendencia y el resultado de procrastinar, es decir, de demorar, retardar o retrasar algo”. (definicion.de).

procrastinación

Un verbo complicado de conjugar pero fácil de ejecutar. Dejar para mañana lo que te pueda generar disgusto y estrés. Antes lo urgente que lo importante, sobre todo si es menos desagradable de hacer.

¿Esto continúa con aquella entrada tan salada de los palabros? Pues puede que sí. Hago público que es tarea de mi psicólogo, que estoy convencido que se piensa que soy un diccionario de sinónimos. Es broma: nuestra historia promete. Él me suelta pedradas de este tipo y de mi cuenta está desentrañar y pensar en ello.

Supongo que en este caso debiera sacar mis propias conclusiones. Vuelve a mi cabeza aquello de que comunicamos no lo que queremos, sino lo que el interlocutor entiende.

Ahora, en este otoño tan veraniego que estamos teniendo -ya volará el grajo bajo “Me gusta la niebla, me gusta el frío”-, propongo dos canciones:

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-la última de Ciclonautas, con un vídeo espectacular: “Bienvenidos los muertos”

-¿Se me olvidó “Víspera de todos los santos”? Rock Suave.

QUÉ CANSADO ES ESTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

26 Oct

Irritado

Me ha dado por pensar en los distintos sentimientos que he vivido a lo largo de un episodio, sea depresión o manía o hipomanía. Me he encontrado con los problemas de que

-no los recuerdo todos los episodios

-y de que no recuerdo todo lo que sentí en cada uno de ellos.

Esto debe ser frecuente, por lo visto. Muchas veces tienes la percepción tan distorsionada que el recuerdo se aleja de la realidad más todavía. Amnésicos prescritos a parte.

Cotejándolo con otras personas que fueron testigos de los brotes que he intentado recordar, la verdad es una utopía que sólo llega a alcanzar coincidencias: lo que a mí me pareció gracioso a estas personas les pareció un drama. Y viceversa. De lo que se deduce que yo tengo que empezar a trabajármelo con un lastre añadido que viene a ser la duda de si realmente fue así como ocurrieron los hechos, si fue así como íntimamente gestioné la crisis y si fue así… Si realmente fue una crisis.

Porque rizando el rizo, y poniéndonos de enemigo, incluso podría negar esos episodios como avisos de un brote propiamente dichos. Por el motivo que sea. Qué sé yo, estoy irritable hasta el insulto pero duermo como un bebé de los que duermen bien. Por ejemplo.

Todo el entorno padece mi irritabilidad como parte de una patología -esto es, yo no puedo estar irritable sin más, es parte de mi enfermedad que me subyuga- y la manera más efectiva de poner fin es hacer de Pepito Grillo del psiquiatra y evitar la cuarta hospitalización

“Comunican hasta las piedras”. Robo esta frase a Cristina Ochoa y entono el mea culpa. Estoy haciendo algo mal cuando quienes se arriman porque me quieren no son capaces de establecer un diálogo conmigo. Un diálogo que, por supuesto, no voy a tener con un profesional de la salud mental. Porque no me quiere, porque no es su objetivo y porque está saturado de trabajo.

Maternidad y Trastorno Bipolar: mi experiencia personal

14 Ago

Una vez más, robo contenido al Blog de ActivaMent.

Maternidad y Trastorno Bipolar: mi experiencia personal.

ENTRADA 210. RISTO MEJIDE Y OTRAS SANDECES.

12 Jul

Existimos porque se acuerdan de nosotros.

Esto me lo dijo una amiga. También me dejó escrito que no me diera tanta importancia a mí mismo. Lo siento, Gloria: unos años más tarde escribí el libro que engendró este blog.

En cuanto a lo primero, lo de existir, suelo estar de acuerdo. Tanto cuando me viene alguien a la memoria como si soy yo el recordado, cobra vigor si se hace algo por dejar constancia activa del acto de recordar. Un mensaje, una llamada. Lo que sea.

Es que estos días me estoy tropezando por todas partes con Risto Mejide. Está cambiando su marca, como él diría, y anuncia que es padre (desde hace cinco años). No sólo eso. Ayer a la noche le preguntaron de qué campaña publicitaria está más orgulloso y responde que de su hijo. Que conste que no es de Bilbao, aunque probablemente no le importaría.

Me digo, hosti nen, no creo que me dé por dulcificar mi carácter poniendo de manera consciente a mi hijo como razón. O como excusa. Ojo, que igual ya no soy ni tan borde ni tan capullo y es precisamente gracias a Amets, o a todo lo que me está suponiendo y a lo que me está haciendo evolucionar, crecer y bla bla bla. Lo que no me apetece es hacerlo responsable de lo que surja de todo esto.

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Tampoco es plan de hacer responsable a nadie de mis cagadas ni de mis aciertos ni de cuando me quedo a medio camino. Precisamente una de las partes que más me chirría de Mejide es el concepto de fracaso y éxito que suelta alegremente. “Eres un ganador. Mañana serás un perdedor.” Anda al pedo. Me parece tan yanki, tan maniqueo… En esto de la paternidad, quiero pensar que nadie triunfa ni fracasa. Ni que se hace bien o se hace mal.

Walk all over you En directo, Amsterdam´79.

De todos modos, mis respetos ante este tío. No tenía una imagen clara de él, (fijo que le jodería), ni siquiera sabía que era publicista ni que escribía y vendía tantos libros. Pero me ha provocado curiosidad y procuraré aprender algo más. Siendo sincero, lo asociaba a los triunfitos y me provocaba arcadas.

Como última reflexión, quisiera volver a mostrar mi sorpresa por la respuesta internauta ante la presencia de Tengo trastorno bipolar. Desmitificaciones y anécdotas. Estos últimas días, la página Facebook está recibiendo bastantes aceptaciones, me gustas o lo que sea. Pues eso:

Bienvenidos a Degüelto

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DAÑOS COLATERALES. Depresión y trombosis

26 Jun

 

Qué trío pa jugar al mus ¿eh?

Qué trío pa jugar al mus ¿eh?

El otro día me estuve acordando de estos tres. Creo que Blair ha escrito una autobiografía, no me hagáis mucho caso. Lo cierto es que no, no me apuntaba con ellos a jugar al mus. Supongo que iría al infierno con ellos, si es que existe. No se me ocurre otro lugar al que ir con esta gente.

Ansar es al que menos recuerdo con lo de los daños colaterales en la boca. Los otros dos, en cambio, utilizaron el eufemismo con alegría y gesto adusto.

He pasado una crisis mixta, según mi psiquiatra. Subidón, bajonazo inmediato, inestabilidad, muchas pastillas, una espera infructuosa a una depresión que no comparecía y cuando estaba como para coger el alta, zas, a comer mierda. Me dejé llevar, convencido de que no podía pelear contra esta enemiga inerme y de frente. Me tocaba, como otras veces, esperar a que la resaca perdiera fuerza para empezar a nadar de vuelta a la orilla, hacia la ausencia de malestar, hacia el alta.

Como decía, me dejé llevar. Demasiada postración. De la cama al sofá, ordenador, tele, libro, vuelta al sofá, más cama… Demasiado tiempo porque no me encontré la fuerza que me ayudara a imitar a mi hijo, que siempre que se da un guarrazo se levanta.

Se me hinchó la pierna, cosquilleos, luego ya amoratamiento al hacer ejercicio y al médico, que me manda a urgencias. Dos trombos -trombosis de vena profunda- en la pierna izquierda. Jeringas, sintrom, control del sintrom, hasta la cadera de medio panty de compresión y a no poder hacer ciertas actividades por el riesgo de una hemorragia interna que puede conllevar un mal golpe.

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¿Qué tiene que ver el concepto bélico de daño colateral con que una depresión provoque unos trombos?

En realidad, lo primero es una forma insultantemente eufemística de hablar de muerte de civiles, por ejemplo.

Lo segundo es un aviso: yo no tenía ni repajolera idea de que dejarme llevar cuando me toca comer mierda, estático como una seta, como he hecho tantísimas veces, pudiera invadir ese espacio tan finamente limitado -si es que lo está- de la salud física.

Algo deberé aprender de todo esto. Vale. Que si me sumerjo en una depresión tengo que dar algún paseo cada día. Que suele ser lo que más me apetece hacer, dónde va a parar.

Del resto de los aprendizajes os escribiré otro rato. Dadme tiempo. A lo mejor tengo que consultarles a los de la foto. Uno de ellos hace ejercicio como si le fuera la vida en ello, de modo que algo me podrá contar.

PS A todo esto, 59 días sin fumar. No seré yo el que le recomiende a nadie que lo deje…

 

LA IMAGEN QUE ME IMPACTÓ

11 Jun
Foto: Carlos Tajuelo Sánchez

Foto: Carlos Tajuelo Sánchez

Hay imágenes que, a lo largo de nuestras vidas, se nos quedan grabadas a fuego. Puede haber muchas razones para que las retengamos: que seamos sensibles a determinado tema, que nos evoque situaciones pasadas, que nos estremezca su belleza -nada más subjetivo-, que ese día estemos de que sí…

Supongo que las creaciones artísticas están muchas veces pensadas para impactar. Para quedarse en una parte de nuestra memoria. Me refiero a ese anhelo premeditado y voluntario que tiene el artista.

En otras ocasiones, son las personas con sus actos quienes consiguen que ciertas actuaciones sorprendan y provoquen sensaciones de aceptación o de rechazo radicales, sin término medio. Con ciertas actos hay consenso entre los espectadores. En otras, menos mal, división de opiniones.

Una vez más, muestro mis dudas al intentar diferenciar entre síntomas de un diagnóstico y actos propios, característicos, de mi forma de ser. Si me pongo a gritar sin importarme quien lo oiga, por ejemplo, ¿es una expresión de mi carácter o es un síntoma de un detonante de…?

Dudo. Sigo dudando. Tengo la sensación de que nadie me va a responder a esta pregunta sobre acciones/reacciones pasadas. Tampoco en lo que me queda por vivir. Esta pregunta puede tener más importancia de lo que he venido creyendo a lo largo del tiempo.

Conozco a mucha gente que me reconoce y me asocia y me recuerda por uno de estos actos, demasiadas veces impulsivos. O por un argumento hecho en público, a veces también desde la pasión. Hubo épocas en mi vida en las que lamenté que este fenómeno se repitiera con tanta frecuencia. Estaba etiquetándome al fin y al cabo. Hoy creo que la gente responde a los estímulos que uno provoca, o provocó, sin que esto tenga nada que ver con la justicia o la falta de ella. También tengo claro que la memoria es caprichosa cuando queremos reconocer la forma de actuar, o la patología, de un persona por una forma de actuar de hace veinte años. Sin admitir que el sujeto activo haya evolucionado, incluso aprendido y por supuesto que haya vivido. Memoria caprichosa, juegas malas pasadas y no das al otro la oportunidad que sí te das en primera persona.

Tampoco lo tengo muy claro. Tendré que esperar más juicios de los demás para acercarme a su verdad. Para reafirmar mi verdad. No tengo prisa.

 

Nota. Parece que el libro se va moviendo en México. Ayer enviamos la segunda partida transatlántica. Ojalá el boca oreja siga funcionando. Dicen que es la mejor publicidad.

LA DEPRESIÓN QUE SUFRE DE FATALISMO

31 May

Fatalismo

Me apetece empezar este argumento intentando validar la relación entre sufrimiento y la ausencia de acompañantes válidos.

Muchos sabemos que no sólo con buena voluntad ni con extraordinarios conocimientos ni con los más profundos vínculos personales se consigue acompañar de forma efectiva en caso de depresión. En mi caso, haber llegado a esta conclusión me sumió en un estado de frustración casi existencial, si supiera con certeza lo que significa esto. Para más inri, no he sido capaz de dejarme mecer con total confianza en los medicamentos. ¿Qué me quedó, qué me queda?

La duda de que existan esos acompañantes. Y unas cuantas certezas.

Mi almohada no tiene nombre a pesar de que es quien me enjuga el sudor durante las horas de insomnio y es el enemigo cuando no soporto ni mis mañanas ni la previsión del día que les pueda seguir.

Almohada rota

Almohada rota

El hecho de que una de las personas a las que hacía referencia ahí arriba me dejen con la sensación de que se han equivocado y de que, quizás más adelante, no pueda contar con ellas es totalmente injusto. Sin dejarme llevar por un optimismo desaforado, tendré que ser capaz de confiar en su capacidad de aprendizaje -ya que su motivación está fuera de duda- y pensar que todos tenemos días mejores que otros, tanto al actuar como al valorar la actuación ajena. Incluso al poner toda la atención del mundo en escuchar esas palabras y sacar lo mejor de ellas. Aunque en ese momento no pueda aplicar ninguna de sus conclusiones a mi estado de ánimo. Que no está para grandes síntesis, dicho sea de paso, cuando estoy comiendo mierda.

El otro día comentaba el libro de Narbona, Miedo de ser dos. Quizás no comenté que no creo en el fatalismo aplicado como filosofía de vida a quienes arrastramos este diagnóstico -trastorno bipolar- y pretendemos tirar para adelante con un punto de dignidad.

El fatalismo tiene un mucho de resignación. Un bastante de inmovilismo en cuanto a que no admite alegremente una evolución del sujeto pasivo, tal y como yo lo veo. Reconozco que no me cuesta entenderlo: todos los brotes en el mismo callo, y al año siguiente otra vez. El sistema no genera herramientas útiles que ayuden a prevenir. Y vuelta la burra al trigo. Y otra vez de pastillas hasta las orejas. Y suma y sigue…

Estoy en ese momento en el que esto ya me pilla pasado de frenada. Llueve sobre mojado y se supone, a nada que se lea el libro o se haya estado en alguna de las presentaciones, que una crisis no me va a hundir definitivamente.

A pesar de lo anterior, reconozco que cada vez que me disparo, aprendo algo. Tanto de mi comportamiento y de sus variaciones con la anterior vez que ocurrió como en mi actitud de espera ante el presumible bajonazo que sigue a ese estado de ánimo. De modo que sigo aprendiendo sobre mi forma de afrontar mi última depresión.

A día de hoy sigo creyendo que ni Dios ni el Destino tienen mucho que ver con esta movida.

 

ACTITUD FRENTE AL TRASTORNO BIPOLAR

14 May

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Esta entrada va a dejar patente las diferencias entre personas con un mismo diagnóstico y que han escrito un libro que habla del trastorno bipolar.

La vida de Rafael Narbona nada tiene que ver con la mía. Fue profesor y es escritor y crítico literario. Cuenta en su libro, Miedo de ser dos (Editorial Minobitia, 2013), cómo ha sido su infancia, su adolescencia, su juventud y madurez a través de una serie de relatos en los que la familia y el suicidio tienen también su protagonismo.

No tengo el gusto de conocerle personalmente, aunque sí intercambiamos en su día algunos mensajes y he seguido, a través de su blog, con interés y curiosidad su evolución política de los últimos tiempos.

Lo que pretendo es que quede claro que, en este berenjenal, cada uno vive sus síntomas como puede y se plantea su vida de acuerdo a una serie de creencias y filosofías personales. Que son distintas dependiendo del sujeto y que dependen de aspectos tan dispares como la educación o las experiencias personales.

No pretendo ponerme a discutir ni a contraponer mis ideas y mis vivencias con las que Narbona expresa en su Miedo de ser dos. Insisto en que lo que quiero reflejar es la diferencia. De paso que reivindico que cada uno somos diferentes y que sigue sin serme útil el “café para todos”: misma ausencia de terapia, mismos tratamientos, mismas respuestas… no, gracias.

“El trastorno bipolar no se contenta con destrozar a sus víctimas. Su furor homicida no se agota hasta que las descuartiza en trozos tan pequeños como granos de polen. Cuando ha terminado, sopla con fuerza y se complace observando cómo el viento los dispersa. Después de la primera crisis, nada será lo mismo.”

El autor otorga al diagnóstico una crueldad sin límites. Lo humaniza en otras personalizaciones que utiliza en este libro, deshumanizándolo. Dice que es como una maestra de escuela que se duerme contando suspensos, feliz al pensar en la cara de fiasco de los alumnos a los que había prometido clemencia.

Habla también de su vida, de episodios estigmatizadores que recuerda claramente, de la influencia de los brotes en el deseo sexual… Desnudez es el término que emplea Miguel Sánchez-Ostiz, paisano, en el posfacio, para referirse al estilo de Narbona.

También cuenta que ha perdido la cuenta de las veces que ha intentado suicidarse. Es otra de las diferencias entre nuestras maneras de vivir.

Personalmente, sigo sin ser capaz de dar al diagnóstico esa imagen que lo personalice. Ni es cruel en esencia ni me da la gana de que lo sea. Sigo creyendo que casi siempre soy responsable de mis actos. Que así debe ser. Porque si hay síntomas, chivatazos, que me avisan de que me voy a entrar en crisis, siempre, siempre, tengo una oportunidad de tomar las riendas para evitar la entrada en barrena. De modo que la responsabilidad radica en la eficacia de mi percepción preventiva.

Si yo fuera así de eficaz siempre, no tendría que tomar más medicamentos, ni estaría en riesgo de volver a ser hospitalizado, ni se iría parte de mi vida por el desagüe periódicamente.

No lo soy.

TIBIEZA: CIENCIA Y CORRIENTES

8 May

Tibio

Me sigue resultando curioso cómo la psiquiatría, que es una especialidad de una ciencia, la medicina, puede albergar tantas formas de plantear su ejercicio. No las voy a enumerar.

Como persona con diagnóstico de un trastorno mental, me gustaría pensar que hay tanta variedad porque hay mucha variedad entre los pacientes y los potenciales pacientes.

Es un hermoso pensamiento ¿verdad? Lo que ocurre es que entre los pacientes de traumatología también los hay de todos los colores y las mayores diferencias entre los traumatólogos y su praxis, que yo sepa, radican en las técnicas a emplear en cirugía.

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La Associació de Bipolars de Catalunya ha colgado en su página de facebook una noticia sobre un gran estudio sobre el trastorno bipolar, sobre regiones de riesgo asociadas al trastorno bipolar que pueden ser un punto de punto para nuevas terapias. Bien. Esto lo publicó el ABC en marzo del año pasado.

¿Nos agarramos a un clavo ardiendo? ¿Damos eco a cualquier avance científico que se haga para encontrar el fundamento que hace que las molleras de quienes tenemos trastorno bipolar se cortocircuiten?

Se sigue sin tener mucha idea sobre cuáles son los todos los mecanismos de genes, hormonas y neurotransmisores . Como dijo el Dr. Vicente Madoz en la rueda de prensa previa a la presentación del libro, el que lo descubra se lleva el premio Nobel de Medicina.

A lo mejor está aquí el punto de partida de las controversias entre las distintas formas de ver la psiquiatría. Porque si los diagnósticos se basan sólo en los síntomas, no en la causa de ellos porque se desconoce, cómo los tratamientos van a tener una base científica (empirismo, ensayo y error) si el objetivo es aplacar las consecuencias de una crisis y no hay aspiración de curar nada.

Sigo con mi espíritu crítico, intentando explicar cómo veo este mundo desde mi posición, dando espacio a mis dudas y no dejando de aprender.

Supongo que a día de hoy, hay que tirar de todos los recursos que tengamos a nuestro alcance sabiendo que somos conejillos de indias y que muchas veces se matan bombas a cañonazos. Y algunas otras veces, las moscas se van tan campantes…

 

ENFERMEDADES ASOCIADAS A LA DEPRESIÓN Y A LA MANÍA

14 Abr

Antes de nada, me permito recordar que no tengo formación de medicina ni de psicología. Esto, a mi modo de ver, me permite tomarme ciertas licencias en los tratamientos de ciertos términos y, además, me permite bastante cachondeo.

Con esto del libro estoy aprendiendo mucho. Accedo a información a la que antes no llegaba (con razón se dice que el que mejor aprende no es el que se lo sabe todo, sino el que sabe dónde encontrarlo). Del mismo modo, sigo acumulando vivencias que me curten y me enseñan.

Me apetece publicar una entrada que cuente que, independientemente de los fármacos, los bajonazos y los subidones traen de propina otras dolencias, enfermedades y ausencias de salud.

En principio, algunas de ellas parecen de cajón. Otras quizás no tanto. Me veo obligado a apuntar que la credibilidad de un tipo como yo ante un médico, de la especialidad que sea, es muchas veces limitada porque en la historia médica aparece que tengo trastorno bipolar: lo mismo exagero, o estoy de subidón, incluso en plena psicosis, alterando la realidad, o directamente miento.

En la manía estoy convencido de que la destrucción de neuronas es muy grande. Claro, hombre, cómo no lo había pensado: no ves que no duermo ni leches… Los golpes que doy y que me llevo, si me da por ahí, también provocan dolor. Puede que hasta algún daño traumatológico. Taquicardias y el problema de pegarme un mordisco en la lengua porque no me callo ni debajo del agua son como para tener en cuenta, también.

Si estoy deprimido pierdo el olfato. Fijo. No me molesta mi hedor personal cuando ni me planteo ducharme… La falta de ganas de mantener un mínimo de higiene puede llevarme a no lavarme los dientes en días -caries, piorrea, pésimo aliento, etc-, problemas en la piel… La inmovilidad -en cierta ocasión creí que se me borraba la raya del culo- es lo que tiene: se me puede formar una trombosis y esto es un jaleo que me dura más que el cuadro depresivo. También estoy convencido de que mi síntesis de proteínas está de huelga: apenas me crecen ni las uñas ni el pelo. Lo de las calvas en la barba lo he asociado el estrés, pero también se dan.

MIDI D´OSSAU DESDE ANAYET

Panorámica desde el Vértice de Anayet (2555 m) en primer plano, del Pico Anayet (2574 m) AUPA CALCETINES, el Midi d’Ossau (2882 m) al fondo, la cresta de las Negras (2459 m) a la izquierda y la Canal Roya detrás. ©Foto: JOLUBE, 2011

Seguro que me falla la memoria (las neuronas, ya se sabe que en manía se recuerda lo que se puede y malamente y que los cuadros depresivos son para olvidar) y me dejo muchos síntomas en el tintero de este teclado. Tampoco es plan de que penséis que soy un guarro. Ni siquiera un exagerado.

Lo que desde luego no voy a hacer es invitar a los que no han vivido estas experiencias a hacerlo. Sería un detallazo por parte de los científicos, pero son momentos que no deseo a nadie. Por cierto, hablando de empirismo, he oído hablar de un psiquiatra que prueba todos los medicamentos antes de recetarlos. Me gustaría preguntarle en qué dosis y durante cuánto tiempo. En fin.

Sí animo a todo aquel que haya sufrido una depresión o un episodio maníaco o hipomaníaco, o una psicosis o varias de estas patologías a que, en la misma clave de humor o en la que le dé la gana, a que se deje su experiencia en un comentario. Muchas gracias.

50.000 VISITAS

22 Mar

Cifra redonda. Me apetece contarlo porque sigue sorprendiéndome cada día.

Tantas veces he dicho que este blog era el hermano pequeño del libro… Ahora me doy cuenta de que quizás haya más de mí en las 190 entradas que en “Tengo trastorno bipolar. Desmitificaciones y anécdotas”.

Me apetece contarlo porque coincide prácticamente con la venta del libro en México, algo que me parecía impensable hace dos años, que el libro llegara a América Latina y con una distribución tan cuidada.

Gracias, ama, por meterte en el blog con tanta frecuencia. Sin ti no sería posible haber llegado a esta cifra.

BARRABASADA

18 Mar

1. f . coloq. Acción esencialmente loca que un sujeto comete estando sometido a síntomas de una perturbación mental.

Esta definición que me acabo de sacar de la manga -larga, que todavía hace fresco por aquí- admite matices. Me pongo a ello porque es un término que uso con frecuencia y que no siempre ha quedado claro.

Chaladura podría ser el sinónimo más aproximado. Locura le da un tono más grave, menos festivo. Aunque quizás podría valer también, por qué no.

En general, es un acto incomprendido y fuera de lugar. Sorprendente y desconcertante. Muchas veces no acarrea consecuencias porque no deja de ser una salida de tiesto gamberra. Cuando se dan ciertas circunstancias, como por ejemplo que haya espectadores y/o sufridores que hayan padecido con anterioridad otra barrabasada; o bien que se cometan varias con poca diferencia en el tiempo; o tal vez que, como testigos o como blanco de dicha acción haya… “autoridad”… la acción atropellada puede tener consecuencias algo más serias. Es que hay gente que no tiene sentido del humor.

Fotograma de Birdman

Fotograma de Birdman

Lo cierto es que mis barrabasadas no han solido tener mucha gracia. Para los demás. Han cobrado tintes dramáticos cuando, a día de hoy, estoy convencido de que quitándoles importancia y tomándolas como algo más ligero, mucha menos sangre hubiera llegado al río.

Aquí podría ponerme a disertar sobre el miedo que pudieron provocar desde el punto de vista de que fueron síntomas que no se trataron más que dentro del marco de un diagnóstico. Miedo provocado por las experiencias previas de que la suma de síntomas provoca o agrava un brote.

Hala, majos. No quiero frivolizar más sobre este tema. Las barrabasadas son, han sido, manifestaciones que parten de mi forma crítica y algo gamberra de ver la vida. Si soy, como algunos dicen, “expansivo” y “enérgico”, no esperen que cuando se me vaya la pinza me dé por hacer punto de cruz.

 

EL CUENTO DE PEIO Y EL LOBO

20 Nov

FEATURE MATCHER FOR BC-SPAIN-WOLVES

Me llamo Peio y esta vez lo cuento yo.

Hace ya diez años que empecé a escuchar aullar al lobo. Las primeras veces no hizo falta ni que lo contara: todos vimos al lobo. Como soy un agonías y bastante melodramático, la siguiente vez que lo escuché avisé, con más miedo que alma: “Que viene el lobo, que viene el lobo”. Fui escuchado por amigos, familia y gente especialista en lobos. Al final el muy traidor no compareció, lo cual estuvo muy bien para mí. Para los demás…

Empecé a perder credibilidad. Vamos, que cada vez que volvía a gritar que viene el lobo y el lobo no se presentaba, me tomaban por el pito de un sereno. Todavía más. Como estaba convencido de que el hecho de gritar mi angustia, mi desazón y mi miedo me servía además de para seguir atento y ser considerado con quienes más podían padecer su llegada, y también para -sigo sin saber cómo- evitar que apareciera, no dejé de hacerlo. Un bucle de desprestigio, como en el cuento original.

No juzgo la incomprensión de aquellos que no me escucharon. Esto funciona así, parece, y somos muchos los que gritamos: “Que me viene el lobo”. Ojalá fuéramos más los que lo berreáramos y supiéramos hacerlo en el momento apropiado y sin crear alarmas innecesarias.

Por mi parte, como este cuento lo cuento yo, confieso que estáis leyendo el penúltimo capítulo. Que estoy bajando de la azotea de un edificio de doce pisos. No he gritado que viene el lobo. Pero lo tengo a mi lado, sigiloso, bajando las escaleras.

No sé si gritaré ayuda la próxima vez que venga o me tiraré de esta misma azotea y se acabará mi cuento.

De momento, tengo un poco de hambre: voy a buscar una pastelería. El lobo también entrará, aunque no le dejen, porque es un ser destructivo, irreverente y antisocial. A mí, lo que es, no me respeta nada. Que se vaya y me dé un respiro, aire para poder gritar, si así lo decido: “Que viene el lobo”.

Club de Lectura. Biblioteca de Mélida (Navarra)

5 Nov

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Mañana jueves a las 7 participaré en el Club de Lectura de la Biblioteca de Mélida.

¡Han estado leyendo “Tengo trastorno bipolar”! Encarna, la bibliotecaria, me ha invitado a compartir la tertulia literaria.

Ya os contaré cómo va la cosa. Tengo ciertas reticencias. He estado en otros dos clubes de lectura y la disección de los libros -algunos clásicos consagrados de la historia de la literatura-, la búsqueda de metáforas o de figuras lingüísticas, los comentarios sobre los errores de traducción y edición…

Como casi siempre, me puede más la curiosidad. Cuando varias personas leen a la vez el mismo libro con el objeto de comentarlo en una reunión posterior (que es lo que viene a ser un club de lectura), la primera conclusión a la que se suele llegar es que parece que no se ha leído el mismo libro. Es extraordinario. La interpretación que se hace, dependiendo de lo que haya vivido el lector, del estado de ánimo, incluso de los momentos en los que se ha leído… lleva a comentarios enriquecedores que abren debates muy interesantes.

En esta ocasión vamos a comentar un libro que yo mismo he escrito. ¿Será una ventaja que conozca a casi todos los miembros del club? Estuve trabajando allí hasta junio. No lo sé. No quiero saberlo. Espero que hayan hecho una lectura ociosa y no enciclopédica.

Mucho me temo que van a destripar.

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