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LA MODERACIÓN EN EL COLOR DEL DOLOR

15 Nov

¿A qué huelen las nubes?

¿De qué color es la soledad? ¿El miedo? Y el dolor ¿de qué color es?

Habría que buscar en las paletas de Angélica López de Manzanara y de El Mundo de Anica, ilustradoras de postín.  Aunque lo único que nos garantizaría, oh tan musas como artistas, es que encontraríamos los colores de sus dolores, de sus soledades y de sus miedos.

Otra vez el mismo argumento de siempre. Cada uno tiene sus pesares y por más que haya habido artistas que se hayan acercado a expresar los suyos propios… pues eso, los suyos. Que yo sea capaz de verme reflejado en ellos no significa que ese sea  exactamente mi color. Lo mismo pasa con los poemas, con las canciones: “las vaquitas, ajenas son”. Bastante tengo con identificar y decir “ése es”, quizás repetido en mi vida pasada, por más que me sirvan de inspiración. Es una situación poco habitual pero jodé, facilita la tarea.

Me gustaría tener el suficiente arte como para pensar que voy a ser capaz de encontrar los tonos precisos de mis dolores. Creo recordar que no hay colores antagónicos, pero me la sopla: si encuentro los tonos de mis dolores, sabré encontrar los de mis alegrías con exquisita precisión. Si fuera capaz de buscar… ¡no!, de encontrar esos tonos y de saberlos neutralizar de alguna manera, moderándolos, o aunque sea trazando los caminos hacia el negro -ausencia de color- y hacia el blanco -la comunión de todos los colores- consiguiendo que esa moderación se convierta en caminos a seguir. Sin que se me impongan ritmos ni caminos. Que parece que nadie entiende que me puedo poner bravo, bien oscuro, por blues que esté, si se me intenta meter el dedo en el ojo. O si así me lo parece, carajo. Quizás sea mi modo de defender el resquicio de salida de ese sufrimiento.

Que les vayan dando a los que se creen que las penas tienen nombre de canción, o de título de libro o de poema. Sólo les concedo, como máximo, haber encontrado el tono de sus propias miserias. Que no es moco de pavo. Mi dolor tiene derechos de propiedad ¿intelectual? Copyright, para entendernos.

 

Para mis colegas de Gure Ahotsa, de Errenteria, a ver si les entran mejor las canciones del primer disco de Ciclonautas. Ya mismo están sacando el segundo.

Ciclonautas-1

Tremenda portada para “Bienvenidos a los muertos”:

Portada Bienvenidos a los muertos

 

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PUES NO SE TE NOTA NADA…

5 Nov

Conversando

A lo largo de nuestra vida a partir del diagnóstico, que casi lo entrecomillo, y si nos hemos dejado llevar en algunos momentos, nuestro aspecto físico cambiará. ¿Tanto? No creo que sea tan grande el cambio como para hacernos irreconocibles. Pero aquí van algunas pistas recurrentes:

aumento de peso y de volumen. En este mundo esclavo de la imagen, veremos que a las pocas semanas de comenzar el tratamiento que sea, engordaremos. Sin paliativos. Estas drogas es lo que tienen. Te hinchas y punto. A veces este efecto secundario puede dar lugar a desórdenes alimenticios, con lo cual hemos matado una mosca con un cañonazo. Lo que es innegable es que nuestro aspecto físico cambia.

ojos: legañosos y con las pupilas dilatadas y/o a medio párpado. Bueno, en esto hay grados. No es tan fácil ser contundente en las afirmaciones: entraría la mirada y no la voy a valorar.

tics. La tienes clara si ya tenías un tic anterior porque se te multiplica. Si no tenías ninguno, en fácil que te lo encuentres en unos pocos días.

temblor de manos. Frecuente. Se suele pasar cuando se supone que tendrías que dejar de tomar esa medicación.

ansioso, impaciente. Sí, te muestras ansioso ante la comida, ante el tabaco si fumas…

.

Una vez decía que es fácil reconocernos entre nosotros, que somos una especie de secta que con unas pocas señales sabemos encontrarnos.

¿Es esto bueno? ¿Facilita la vida de algún modo? Ni idea. Lo que está claro es que me revienta las pelotas que me digan “no se te nota nada” (en su momento me sorprendía más que otra cosa), como si me tuvieran que salir cuernos y rabo. O como si tuviera que estar ingresado en un psiquiátrico y verme fuera de él provocara sorpresa.

No es crueldad. Es un poco de humor irónico, sabiendo que me estoy riendo de mí mismo. Pero creo que dice mucho sobre la calidad de los fármacos que os atizamos sin decir “aquí me duele”.

QUÉ CANSADO ES ESTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

26 Oct

Irritado

Me ha dado por pensar en los distintos sentimientos que he vivido a lo largo de un episodio, sea depresión o manía o hipomanía. Me he encontrado con los problemas de que

-no los recuerdo todos los episodios

-y de que no recuerdo todo lo que sentí en cada uno de ellos.

Esto debe ser frecuente, por lo visto. Muchas veces tienes la percepción tan distorsionada que el recuerdo se aleja de la realidad más todavía. Amnésicos prescritos a parte.

Cotejándolo con otras personas que fueron testigos de los brotes que he intentado recordar, la verdad es una utopía que sólo llega a alcanzar coincidencias: lo que a mí me pareció gracioso a estas personas les pareció un drama. Y viceversa. De lo que se deduce que yo tengo que empezar a trabajármelo con un lastre añadido que viene a ser la duda de si realmente fue así como ocurrieron los hechos, si fue así como íntimamente gestioné la crisis y si fue así… Si realmente fue una crisis.

Porque rizando el rizo, y poniéndonos de enemigo, incluso podría negar esos episodios como avisos de un brote propiamente dichos. Por el motivo que sea. Qué sé yo, estoy irritable hasta el insulto pero duermo como un bebé de los que duermen bien. Por ejemplo.

Todo el entorno padece mi irritabilidad como parte de una patología -esto es, yo no puedo estar irritable sin más, es parte de mi enfermedad que me subyuga- y la manera más efectiva de poner fin es hacer de Pepito Grillo del psiquiatra y evitar la cuarta hospitalización

“Comunican hasta las piedras”. Robo esta frase a Cristina Ochoa y entono el mea culpa. Estoy haciendo algo mal cuando quienes se arriman porque me quieren no son capaces de establecer un diálogo conmigo. Un diálogo que, por supuesto, no voy a tener con un profesional de la salud mental. Porque no me quiere, porque no es su objetivo y porque está saturado de trabajo.

EL CUENTO DE LA BATA PODEROSA

24 Oct

BATAS COLGADAS

Así, al llegar las ocho de la mañana, las batas volvieron a cobrar vida. Volvieron a ser poderosas al sentir calor, pellejo, huesos y vida dentro de ellas. Esas batas que se habían sentido muertas por unas horas, sin envolver al especialista. Algunas tenían la placa con su nombre, otras estaban bordadas, varias de ellas guardaban en su bolsillo un bolígrafo-¡de gel verde!- porque ése era su sitio, donde no podían perderse.

La bata más poderosa de todas fue la que se quedó en su taquilla, sabiendo que no iba a ser utilizada ¿Por qué un psiquiatra se pone bata? Es improbable que se manche de sangre, o de tiza. ¿Qué simboliza la bata cuando se la pone un psiquiatra? El cuentista, o sea, yo, puede suponer muchas cosas, pero no dejan de ser eso, suposiciones. Puede que sea un símbolo que sirva para señalar la jerarquía, por encima de psicólogos, trabajadores sociales… Aunque recuerdo a muchas administrativas con bata. Y administrativos.

La bata más poderosa es la que se queda en la taquilla. La que no necesita ser utilizada porque su dueño no tiene complejos de nada, ni tiene que demostrar nada, ni necesita marcas distancias con el paciente… ni tiene miedo a mancharse.

La bata más poderosa no cobra vida. No se la pone nadie.

Recuerdo algunas conversaciones sobre batas. Solían derivar también sobre la mesa y lo que simbolizan -mesa, bata- en una consulta psiquiátrica o psicológica: mantener distancias porque yo -la bata- me acerco o me alejo según el tema a tratar y estudio la reacción del paciente.

Aquí debo terminar. El cuento de la bata poderosa consiste en que es un cuento.

QUERIDA ELENA:

30 Ago
Foto de Sam Jones

Foto de Sam Jones

Buenos días. Antes de nada, te mando la foto de este ciudadano del mundo. He estado a punto de mandarte una de otro que presumía de esa condición, pero ciertamente Bogart luce menos.

Ayer me acordé de ti y de una de tus enseñanzas. Tal y como yo las recuerdo y las aplico, claro. Llevamos a Amets a Etxauri en busca de un poco de fresco y se puso andarín. Caminaba con bastante seguridad sendero arriba, a pesar del pañal de sus amores y sus odios. Total, que caía al suelo y se levantaba mirando hacia delante, reemprendiendo la marcha sin un momento de duda. Ya. Lo que hacen todos. Me sigue fascinando.

¿Qué me he dejado por el camino, que no consigo hacerlo de esa manera? Parece claro que siempre que me he caído me he levantado. Pero, desde luego, cada vez albergo más dudas: en el suelo, miro hacia delante atisbando lo que se me avecina y no puedo evitar volver la vista atrás, para repasar el camino recorrido. Sólo entonces cojo aire, me lamo las heridas y me vuelvo a levantar.

Se acaba agosto, y parece que se acaba el verano. Para ti significa dar carpetazo a una época de ausencia de rutinas y dar cara a nuevos retos e ilusiones. Se me está haciendo largo, no te voy a engañar. Con toda esa gente fumando en las terrazas y en las puertas de los bares, encendiendo sus cigarrillos sin tapar la lumbre… Una buena ventisca les daba yo, harto como estoy de olisquear y ventear como un perro de caza, redescubriendo los aromas del tabaco que sigo sin fumar.

Lo estoy llevando mal de cojones, efectivamente. Y de lo demás, también lo estoy llevando mal. El otro día me decía una cliente en la tienda que cuando vas al médico, lo mismo da que sea por un catarro que por un sarpullido, lo primero que te dice es que dejes de fumar. Sangre de Cristo. ¿Y si me bebo una botella de ron al día, o no me muevo del sofá o soy capaz de tragarme a diario el telediario de televisión española sin espíritu crítico? ¿Eso no es peor para mi salud?

Ya, exagero. A lo mejor recuerdas que entre los propósitos para este año estaba, entre otros, el de mantener mi peso. Que ya dejaría de fumar en 2016, que cumplo 40. Una vez más, no me han salido los planes como esperaba. Puede que, como me solías decir, mi problema es que hago demasiados planes. Puede. Yo te responderé lo mismo de siempre, que mis planes son también retos que me ayudan a ponerme de pie, aunque antes haya mirado con desánimo hacia delante y hacia atrás.

Sí que este 2015 está siendo crítico en algunos aspectos. No sólo porque mis objetivos se fueron al pedo con un arranque de año muy malo, con este diagnóstico que acarreo y que me regaló un brote mixto, del que he padecido una secuela física en forma de trombosis. Si intenté verlo como una oportunidad para dejar de fumar -qué mal lo estoy pasando, escribir sin echar humo es un sucedáneo– fue porque me quedaban tantos retos por abordar y sabía que no iba a poder llegar, con una baja que se prolongó cuatro meses. Récord.

Quizás tenga esta percepción de crisis porque no he sido capaz de aplicar todo lo que he ido aprendiendo en estos años ante ciertos síntomas. O no siempre, para ser justo conmigo mismo. Me causa mucha desazón recordar cómo he ido pregonando las bondades del catálogo de recursos ante las crisis y cuando he llegado a esa situación, no he salido airoso. Todavía no sé si ha sido porque la aplicación ha sido defectuosa, poco oportuna en el tiempo o nula. Ya te iré contando si llego a una conclusión.

Lo peor es que ahora mismo me siento como un vendemotos, como uno de esos comerciales que no creen en su producto. Lo grave es que mi producto son algunas de mis convicciones más profundas.

Lo más importante de toda esta mandanga es que sigo en pie, que sigo aquí, que confío en volver a caerme. Me gustaría pensar que la gracia no está solamente en levantarse: he de aprender de nuestro hijo y hacerlo con convicción, con confianza y con ilusión por saber qué me depara el siguiente recodo del camino.

Con mucho cariño

Sergio

PS He encontrado dos respuestas a la pregunta de por qué no consigo levantarme como Amets: le llevo 36 años y 93 kilos.

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PATRICIA GAZTAÑAGA Y SUS CERVICALES

28 Ago

PATRICIA

Esta mañana he estado en el programa de Patricia Gaztañaga, “Como en casa”, que se emite en  el segundo canal de Euskal Telebista, ETB 2. Si pincháis sobre la foto de Patricia, podréis ver el vídeo.

“A raíz de la muerte de Javier Fernández, batería de Los Piratas, ‘Como en casa’ ha querido indagar en esta enfermedad. Sergio Saldaña padece esta enfermedad y nos cuenta qué es y cómo se vive con ella.”

Así es como se ha presentado la parte del programa en la que hemos hablado sobre trastorno bipolar, drogas, muerte y agresividad.

Creo que es el programa de televisión más trepidante en el que he participado. Reconozco que me he dejado contagiar por el ambiente y que he entrado al trapo. Y que lo he he hecho con unas formas que a lo mejor no son las más adecuadas. Nchst. Me pudo la susceptibilidad…

Total, que yo he intentado lanzar el mensaje de que por encima de cualquier diagnóstico está el carácter de la persona. También quería dar la información de que sin medicación también se puede. Además de dejar claro de que no es infalible (me sorprenden las estadísticas del médico psiquiatra entrevistado). En fin, no ha habido lugar para el humor, una pena.

Sobre la muerte de Hal 9000 me parece imposible opinar porque no se puede tener la información. El que no sea capaz de entender esto, que se lo mire.

Una interesante experiencia. Es un placer ir a Miramon y conocer a un mito de la tele. Aunque te haga cambiarte de sitio. Como en el instituto. Con lo bien que me estaba yo portando…

 

 

CUMPLE MIS EXPECTATIVAS

23 Ago

Martini 1Martini 2

Qué tiempos de este anuncio, ¿eh? Año 1993. Me ha venido a la cabeza porque esta chica,

HOLLYWOOD, CA - FEBRUARY 24: Actress Charlize Theron arrives at the Oscars at Hollywood & Highland Center on February 24, 2013 in Hollywood, California. (Photo by Jason Merritt/Getty Images)

Charlize Theron, acaba de cumplir 40 años y, en el vigoe.es, I.G.P. le dedica este artículo.

Tirando del hilo, no con el mundano gesto de la joven Charlize en el anuncio (y es que me faltan gracia y caderas para hacerlo) me doy cuenta de que no son sólo mis expectativas las que no cumplo. También decepciono a los demás ¿A quienes en mí han puesto alguna de sus esperanzas? A ésos, también.

A pesar de que sigo con la creencia de que no voy a ser una embarazada ejemplar y con el convencimiento de que no me voy a casar, reconozco que Joseph L. Mankiewicz me suena a defensa central de la selección polaca de los años setenta. Lo siento, los reyes católicos me suenan también a conquistadores. En Navarra, tras Fernando conquistarla, hace 503 años, sólo dejaron un par de castillos en pie. Sí, un mero juego de tronos.

Me enredo. Las expectativas que los demás depositan en uno son eso, de los demás. Tendrán sus razones y su capacidad de frustración. Como ya hemos quedado, eso de la capacidad de frustración es personal, intransferible y digna de aplauso si se quiere, pero sobre todo personal.

¿Me tengo que sentir responsable, incluso culpable, por decepcionar a los demás? Mmm….

Mmm…

No debiera, qué narices.

Mi capacidad de frustración es muy limitada, bastante tengo con decepcionarme a mí mismo -duro trabajo- y cada vez me falta menos para cumplir los 40. Es decir, me acerco a esa edad en la que escuchar en labios ajenos lo que tengo que hacer con mi vida me revienta los… me revienta.

Lo mismo es un síntoma -vaya, un síntoma- de madurez y resulta que voy avanzando. Que asumo mis… que asumo las… Bueno, que asumo lo que sea. Y eso es positivo ¿no?

A la memoria de Daniel Rabinovich, de Les Luthiers. Por favor, una carcajada a su Daniel Rabinovichsalud. En este vídeo. Qué genial gamberro…

LA SOLEDAD DEL LOCO

15 Ago

Vuelta la la burra al trigo

¡Vuelta la burra al trigo!

Quiero remarcar la idea de que hay otras sensaciones, dejando el diagnóstico de lado, que provocan malestar y dolor y angustia y miedo y sufrimiento. Suelo hablar del estigma asociado a la enfermedad mental. También del autoestigma. Podría hacerlo de la manifestación de los efectos secundarios de la medicación.

Hoy hablo de nuevo de la soledad. Hace poco escribía “estar solo rodeado de gente”. (Creo que viene de una canción pero no consigo recordar de cuál. Fijo que la sociedad general de autores me perdona. Y si no, pues nada, que se jodan.) Es una imagen tremenda por repetida.

Lo terrible de la soledad y del sufrimiento que provoca puede ser, posiblemente, la ausencia de voluntad al sentirla. Una cosa es meterse ermitaño o anacoreta o encargado de un albergue de montaña. Otra muy distinta que te metan.

Me fascina la buena voluntad de la gente que te dice: “Sal, muévete, llama a un amigo…” Si primero me sorprendía aquella energía imperiosa, más tarde me incomodaba y luego me sacaba de quicio, ahora me fascina. Tengo ya unas cuantas conchas y cuando no me apetece ni salir, ni moverme ni llamar a ningún amigo me quedo flipado ante la vana insistencia de alguien que me conoce (se supone) y me respeta (a lo mejor el exceso de buena voluntad minimiza el concepto…).

La soledad, cuando no es una elección, duele. Ahonda una cicatriz que deja la huella dolorosa del escepticismo.

No tengo ni repajolera idea de cómo salir con bien de esa acequia, si me he metido sin desearlo. Sé que el acompañamiento respetuoso ayuda. Poco más. Bueno, también que ayuda mucho para luego valorar la buena compañía, el amor, la amistad. Ese abrazo.

Ese “Te quiero, tío”.

Para Pablo Saldaña López. Ojalá no sepas de qué hablo.

SOLEDAD, TRISTEZA Y DESCOJONO

27 Jul

Cada vez leo más que, por delante y por encima de todo todo diagnóstico, es la soledad la causante de mayor dolor en personas que arrastran un diagnóstico de enfermedad mental. Soledad como causa del estigma y del autoestigma. También provocada por viejos complejos asociados, de nuevo, a síntomas. La incomprensión de quienes más importan pueden llevar a agudizar esa dolorosa sensación de soledad. Y me refiero a ese aislamiento involuntario y no deseado. “Solo rodeado de gente.”

Así pues, me sumo a quienes opinan que la mera soledad puede ocasionar más dolor que las consecuencias de unos síntomas, un diagnóstico o una enfermedad por sí mismos.

Siguiendo con este cascabelero texto, la tristeza… ¿o debería hablar de la melancolía siguiendo las enseñanzas de La Revolución Delirante? puede tener diversas causas. Una de ellas, cómo no, sería la soledad. Pero existen otras muchas. Por causas propias, ajenas. De comprensible explicación. O no. Como parte de un proceso de duelo…

Marea en el Kutxitril, creo

“Prima tristeza”, de Marea

Muchas veces me he referido a mis depresiones como “mis tristezas”. No sé si como un eufemismo, o porque no siempre he tenido claro que alcanzaran el concepto clínico de tales supongo que por duración y esas mandangas. A los que también me suelo referir recurrentemente como “comer mierda”. Aquí me detendría a debatir sobre si hace falta sufrir determinados síntomas durante dos meses para que se considere depresión. Digo yo que se puede sufrir más en un fin de semana que en un mal año. Pero como lo considero harina de otro costal y quería ser breve, lo dejo aparcado para otra vez o para los comentarios o para todo lo contrario.

Como muchos de vosotros, lectores, yo tampoco considero que haya venido a vivir a un valle de lágrimas. Por otro lado, el llegar a ser un hedonista de manual huajoloteño me queda lejos. Asumí tiempo ha que, en lo que a mis momentos vitales se refiere, el objetivo es moverme entre esas dos aguas. Procurando aprovechar los sabrosos y minimizar en tiempo e intensidad los amargos. Como todos, digo yo.

No me cuesta reconocer que he tendido a regodearme en el mullido colchón de la autocomplacencia y el mamoneo, ahí tirado sobre la hamaca arrulladora de la desidia y el abandono. Además, ser tendente también a la euforia, me ha resultado costoso no dejarme llevar por la alegría desbordante que se puede sentir al comprobar que todo sale de forma y manera óptima, hasta el punto de creer que es así como siempre me debieran salir las cosas.

Me acerco inexorablemente a los cuarenta años. Sigo sin saber relativizar estas historias con que la vida se empeña en entretenerme, la muy cachonda. He utilizado en repetidas ocasiones (ver artículo para ActivaMent) el afectado argumento de que la experiencia me hace más perro y más sabio, y cosas por el estilo. Bien. A día de hoy creo que, si sigo tan capaz de sorprenderme a mí mismo repitiendo errores e incluso mejorándolos, esto es, cagándola aún más, he perdido mucha fuerza moral como para poder usar dichos argumentos -que se resumen en que pa huevos, los míos- sin dejarme en el más absoluto de los ridículos. Claro está, hasta que no rellene el cargador a base de tiempo y pueda dogmatizar (de nuevo) sobre la esperanza y la experiencia que da el fracaso.

Lo mismo para entonces publico otro libro.

Elena Figoli para ActivaMent

Elena Figoli para ActivaMent

AUTOESTIGMA. El onanismo del rechazo

18 Jun

RECHAZO

Mi colega Cristina García Aguayo definió como nadie el concepto de autoestigma relacionado con la enfermedad mental: “Es la capacidad que otorgas a los demás para que te rechacen”.

Igual me tiene que corregir porque no es exactamente así. Hoy recuerdo el momento cuando me lo contó y recuerdo el concepto así.

Me emociono recordando todo lo que me emocioné cuando se lo escuché definir a Cristina. Supongo que tiene tanto de verdad, tanto trabajo detrás, tantas ganas de hacerlo cada vez mejor, tanto empoderamiento, tanta asunción de la realidad y tanto protagonismo en unos momentos en que nos sentimos (como poco) muy solos…

Según la definición, el autoestigma es dar a otros el poder de causarte dolor. A lo mejor Cristina añadió las causas…

El sufrimiento, la soledad máxima, el no quererse nada podrían ser algunas de las causas. Creo que esa entrega total nos deja indefensos ante el dolor. Si nos admitimos como seres sociales, la importancia del trato que nos regalan los demás se puede considerar como vital. Porque la vida no vale un pedo sin que te quieran los que te han querido.

El onanismo del rechazo. Rizar el rizo. Otorgar el poder de que te hagan daño. ¿Masoquismo? ¿Ausencia de espíritu de supervivencia?

Hace un rato he confirmado que este blog se ha vuelto un poco peñazo, poco divertido, más gris. Veremos a ver si lo corrijo. Como siempre, se admiten sugerencias.

 

 

LA IMAGEN QUE ME IMPACTÓ

11 Jun
Foto: Carlos Tajuelo Sánchez

Foto: Carlos Tajuelo Sánchez

Hay imágenes que, a lo largo de nuestras vidas, se nos quedan grabadas a fuego. Puede haber muchas razones para que las retengamos: que seamos sensibles a determinado tema, que nos evoque situaciones pasadas, que nos estremezca su belleza -nada más subjetivo-, que ese día estemos de que sí…

Supongo que las creaciones artísticas están muchas veces pensadas para impactar. Para quedarse en una parte de nuestra memoria. Me refiero a ese anhelo premeditado y voluntario que tiene el artista.

En otras ocasiones, son las personas con sus actos quienes consiguen que ciertas actuaciones sorprendan y provoquen sensaciones de aceptación o de rechazo radicales, sin término medio. Con ciertas actos hay consenso entre los espectadores. En otras, menos mal, división de opiniones.

Una vez más, muestro mis dudas al intentar diferenciar entre síntomas de un diagnóstico y actos propios, característicos, de mi forma de ser. Si me pongo a gritar sin importarme quien lo oiga, por ejemplo, ¿es una expresión de mi carácter o es un síntoma de un detonante de…?

Dudo. Sigo dudando. Tengo la sensación de que nadie me va a responder a esta pregunta sobre acciones/reacciones pasadas. Tampoco en lo que me queda por vivir. Esta pregunta puede tener más importancia de lo que he venido creyendo a lo largo del tiempo.

Conozco a mucha gente que me reconoce y me asocia y me recuerda por uno de estos actos, demasiadas veces impulsivos. O por un argumento hecho en público, a veces también desde la pasión. Hubo épocas en mi vida en las que lamenté que este fenómeno se repitiera con tanta frecuencia. Estaba etiquetándome al fin y al cabo. Hoy creo que la gente responde a los estímulos que uno provoca, o provocó, sin que esto tenga nada que ver con la justicia o la falta de ella. También tengo claro que la memoria es caprichosa cuando queremos reconocer la forma de actuar, o la patología, de un persona por una forma de actuar de hace veinte años. Sin admitir que el sujeto activo haya evolucionado, incluso aprendido y por supuesto que haya vivido. Memoria caprichosa, juegas malas pasadas y no das al otro la oportunidad que sí te das en primera persona.

Tampoco lo tengo muy claro. Tendré que esperar más juicios de los demás para acercarme a su verdad. Para reafirmar mi verdad. No tengo prisa.

 

Nota. Parece que el libro se va moviendo en México. Ayer enviamos la segunda partida transatlántica. Ojalá el boca oreja siga funcionando. Dicen que es la mejor publicidad.

LA DEPRESIÓN QUE SUFRE DE FATALISMO

31 May

Fatalismo

Me apetece empezar este argumento intentando validar la relación entre sufrimiento y la ausencia de acompañantes válidos.

Muchos sabemos que no sólo con buena voluntad ni con extraordinarios conocimientos ni con los más profundos vínculos personales se consigue acompañar de forma efectiva en caso de depresión. En mi caso, haber llegado a esta conclusión me sumió en un estado de frustración casi existencial, si supiera con certeza lo que significa esto. Para más inri, no he sido capaz de dejarme mecer con total confianza en los medicamentos. ¿Qué me quedó, qué me queda?

La duda de que existan esos acompañantes. Y unas cuantas certezas.

Mi almohada no tiene nombre a pesar de que es quien me enjuga el sudor durante las horas de insomnio y es el enemigo cuando no soporto ni mis mañanas ni la previsión del día que les pueda seguir.

Almohada rota

Almohada rota

El hecho de que una de las personas a las que hacía referencia ahí arriba me dejen con la sensación de que se han equivocado y de que, quizás más adelante, no pueda contar con ellas es totalmente injusto. Sin dejarme llevar por un optimismo desaforado, tendré que ser capaz de confiar en su capacidad de aprendizaje -ya que su motivación está fuera de duda- y pensar que todos tenemos días mejores que otros, tanto al actuar como al valorar la actuación ajena. Incluso al poner toda la atención del mundo en escuchar esas palabras y sacar lo mejor de ellas. Aunque en ese momento no pueda aplicar ninguna de sus conclusiones a mi estado de ánimo. Que no está para grandes síntesis, dicho sea de paso, cuando estoy comiendo mierda.

El otro día comentaba el libro de Narbona, Miedo de ser dos. Quizás no comenté que no creo en el fatalismo aplicado como filosofía de vida a quienes arrastramos este diagnóstico -trastorno bipolar- y pretendemos tirar para adelante con un punto de dignidad.

El fatalismo tiene un mucho de resignación. Un bastante de inmovilismo en cuanto a que no admite alegremente una evolución del sujeto pasivo, tal y como yo lo veo. Reconozco que no me cuesta entenderlo: todos los brotes en el mismo callo, y al año siguiente otra vez. El sistema no genera herramientas útiles que ayuden a prevenir. Y vuelta la burra al trigo. Y otra vez de pastillas hasta las orejas. Y suma y sigue…

Estoy en ese momento en el que esto ya me pilla pasado de frenada. Llueve sobre mojado y se supone, a nada que se lea el libro o se haya estado en alguna de las presentaciones, que una crisis no me va a hundir definitivamente.

A pesar de lo anterior, reconozco que cada vez que me disparo, aprendo algo. Tanto de mi comportamiento y de sus variaciones con la anterior vez que ocurrió como en mi actitud de espera ante el presumible bajonazo que sigue a ese estado de ánimo. De modo que sigo aprendiendo sobre mi forma de afrontar mi última depresión.

A día de hoy sigo creyendo que ni Dios ni el Destino tienen mucho que ver con esta movida.

 

DÍA DEL LIBRO Y ZONA DE CONFORT

23 Abr

San Jorge. Sant Jordi. Libros y rosas. Una oportunidad para acercarse a librerías y ferias y comprar libros con el 10% de descuento.

¡Aunque sea con paraguas!

LIBRO-CON-ROSA

Hace unas semanas me quedé con las ganas de apuntar algo sobre el concepto de zona de confort:

“El bienestar personal también va ligado al hecho de disfrutar y vivir de un modo saludable la rutina.  De hecho, no es incompatible salir de la zona de confort (por ejemplo soñando con un objetivo laboral, deportivo, familiar) con sentir el bienestar en nuestra rutina diaria.” Dicen. Pinchando aquí podéis ver un vídeo muy simpático.

Desde el punto de vista del crecimiento personal, el párrafo de arriba es el que justifica quedarse en esa zona conocida que parece que impide tanto. Se tocan muchos conceptos para explicar todo esto. Miedo. Acomodo. Toma de decisiones. Retos. A veces de forma peyorativa, también, que es lo que ocurre cuando no se conocen las circunstancias de la persona a la que se le pretende sacar de lo que parece un oscuro pozo: obesidad, poca actividad física, trabajo alienante…

Seguro que hay un refrán que venga a decir que todo el mundo es muy listo en piel ajena. Una vez más, defiendo la idea de que para dar consejos -en este caso, empujones de salida de la dichosa zona- no basta con tener buena voluntad o una formación que te cagas. Hace falta escuchar pacientemente, haciendo buenas preguntas, hasta conocer las circunstancias, perspectivas y motivaciones de la persona acomodadaEso lleva tiempo, esfuerzo y también poner en el asador toda la empatía de que uno disponga. Con todo eso, a lo mejor, se está en la posición de poder dar consejos a los demás sobre cómo podría llevar o sobrellevar su vida.

Esa fuerza moral se puede ganar desde el momento en que la persona que quiere arreglar la vida ajena se lo ha currado. Y mucho. Sin mirar el reloj.

Un poco de respeto, por favor, que de paternalismos estériles algo sabemos.

 

EL DIAGNÓSTICO: META, SALIDA… ¿O QUÉ?

2 Feb

meta-atletismo

Leyendo las atinadas respuestas de Mireia Azorín en el blog de ActivaMent, vuelvo a pensar en el momento del diagnóstico y en lo que supuso para el impaciente paciente que fui.

En una entrevista dije que, al darnos el diagnóstico=disgusto, me quedé como si me hubieran dicho que tenía cáncer de útero. No tanto por lo volado que estaba -ahí, en pleno ingreso, con drogas a mansalva-, como por la sorpresa que supuso y lo poco que pensaba que tenía que ver conmigo. ¡Estaban poniendo nombre a un rasgo de mi carácter! ¡Un nombre médico, una enfermedad, algo malo! En fin. Como una vez visto, todo el mundo es listo, encontramos síntomas que había padecido años atrás y que no hacían más que confirmar dicho diagnóstico.

Busco en el diccionario de la RAE y encuentro una acepción dicharachera y rumbosa:

2. m. Med. Arte o acto de conocer la naturaleza de una enfermedad mediante la observación de sus síntomas y signos.

Vamos, que me siento como el lienzo del pintor, un instrumento para que pueda expresar su arte. Porque del manual de síntomas tan idolatrado, en mí sólo puedo ver aquel psiquiatra un par, máximo tres. Y eso suponiendo que yo sea mi enfermedad.

He conocido a gente que lleva tiempo sin conocer su diagnóstico. Parece tendencia. Tratamos tus síntomas pero no tienes necesidad de colgarte una etiqueta. No me parece mal. Supongo que habrá que confiar mucho y yo la fe me la dejé hace tiempo en el camino.

También he conocido a personas que afirman que el diagnóstico fue el principio de todo. Algo así como que, gracias a él, encontraron el rumbo hacia el que remar.

A otros, en cambio, les ha arruinado la existencia el tener que cambiar su manera de vivir porque las consecuencias de ese diagnóstico… Uy, frase mal escrita, pero creo que se entiende.

Y he conocido a mucha, mucha gente que por culpa de esa etiqueta diagnostiquera han padecido dolores. El primero, el que te causas a ti mismo: ya he hablado mucho del autoestigma, de esa capacidad que les otorgas a otros para que te hagan polvo (Cristina García Aguayo, autora del blog Estoy como una maraca). Por otro lado, ese señalar con el dedo, deporte nacional en estas tierras, que entierra y borra la sonrisa, cuando menos la sonrisa, la de quién, no importa. ¿O sí?

De modo que el diagnóstico sí que pudo ser, para mí, la salida en cuanto arranca el empoderamiento, porque quieres que te dejen en paz y quieres ser mogollón de responsable.

Una anécdota: estas navidades le decía a mi sobrino el mayor que, en las asignaturas que no le gustan y anda más justo, el objetivo era encontrar motivaciones que le ayudaran a sacarlas adelante con holgura con el único fin de que los adultos le dejáramos tranquilo y no le diéramos la murga todo el día con el tema.

Pues parecido, el punto de partida. En mi caso, lo reconozco, estaba hasta las narices de controles y tenía la sensación de que, si me tiraba un pedo, mi cara iba a cambiar de color: todo el mundo se iba a dar cuenta inmediatamente… Quien dice un pedo, dice tener una mala salida… “un síntoma”.

Una meta vital. Nuestro Amets

Amets a punto de dejar de meditar

No creo que sea la meta para mucha gente. No para mí. Mireia habla del concepto pasivo de un diagnóstico en personas dinámicas, y más cuando eres joven y estás creando tu personalidad, estableciendo tus prioridades. Me hace pensar mucho, Mireia Azorín, que es una artista plástica como podéis ver si pincháis en su blog.

Que un diagnóstico es útil queda claro cuando te ven otros especialistas. “Ah, bueno…” No te jode, tiene mucho que ver que me rompa la rodilla con un trastorno bipolar… Pero no se le puede negar la capacidad informativa a la etiqueta, es a lo que voy. Estemos de acuerdo o no, creamos en los diagnósticos o no.

“Voy, ni contigo ni sin ti”. Estoy convencido de que muchas de las alegrías superlativas que me viene dando la vida poco tienen que ver con el trastorno bipolar. Del mismo modo, casi todas mis melancolías y casi todos mis ataques de ira son míos, de mi manera de ser.

¿Soy como soy, hoy día, debido a lo que hace más de veinte años me diagnosticaron? Estoy convencido de ello. De momento, nos vemos en el camino, por ahí.

ANTE UNA CRISIS, OPTIMISMO, MIEDO O TODO LO CONTRARIO

24 Ene

W. S. Churchill

No consigo confirmar que Churchill dijera que una crisis es un 50% desastre y 50% oportunidad. Ray Loriga lo explica así. En las citas que encuentro de este curioso primer ministro, a quien Lennon le debe su segundo nombre, no la encuentro exacta.

Este conservador colonialista, de quien hoy se dice que padecía también trastorno bipolar, legó un sinfín de frases que no tienen desperdicio. A una de ellas hago referencia en el libro -me la descubrió mi hermano- y otras… en fin. Me quedo con una de sus reflexiones:

“El éxito es ir de fracaso en fracaso sin desesperarse.”

Cuando extrapolo “crisis” al término clínico crisis, brote, ruptura bien sea con la normalidad bien sea con la realidad, incluso con el recuerdo (vamos, que no me pongo muy estupendo con la etimología de la palabra), me cuesta pensar en términos de optimismo/pesimismo o de oportunidad/debilidad. Me refiero a cuando soy un guiñapo en el que mi mayor éxito consiste en no cagarla más todavía.

Tampoco soy de los que creen que todo se basa en el éxito, en ganadores, en fracasos y perdedores. De dónde carajo habrán salido estos conceptos tan simplistas…

Edurne_Pasaban_Conferencias_Speaker

Al hilo de esto, y leyendo la entrada que Edurne Pasaban hizo ayer en su blog sobre La gestión del miedo, me permito discrepar en un aspecto. Relacionado con su descripción de la zona de confort, como esa zona nada confortable donde no se toman decisiones y donde todo es conocido y que, a su vez, bloquea.

Miedo me da mi zona de confort. Instalarme ahí es lo más parecido a venirme abajo en una depresión mullida que me engulle. Miedo me dan los plazos que nadie me da para salir de ahí y que yo mismo, audaz, sí me pongo. Siempre queda un ápice de confianza en uno mismo, aunque esté basado en el mismo miedo que nos ayuda a sobrevivir. Quizá por eso mismo, qué narices.

La gestión de mi miedo se sigue basando en una mezcla entre el dolor que causo y mi concepto de pérdida cuando he caído en el más solitario de los agujeros. La lucha contra el bloqueo mental, contra la oportunidad de no decidir nada y seguir soltando hilo, siempre hacia abajo.

Me faltarán canas y me sobrará pelo para ser capaz de vérmelas con esos farsantes optimismos. Por eso mismo, sigo esperando el momento. Ya veré un hueco para meter mi fuerza y mi confianza y todo lo que me quede.

Y reflotar. Tomar una vez más aire. ¿Sin desesperarme? Me siguen faltando canas.

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