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QUÉ CANSADO ES ESTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

26 Oct

Irritado

Me ha dado por pensar en los distintos sentimientos que he vivido a lo largo de un episodio, sea depresión o manía o hipomanía. Me he encontrado con los problemas de que

-no los recuerdo todos los episodios

-y de que no recuerdo todo lo que sentí en cada uno de ellos.

Esto debe ser frecuente, por lo visto. Muchas veces tienes la percepción tan distorsionada que el recuerdo se aleja de la realidad más todavía. Amnésicos prescritos a parte.

Cotejándolo con otras personas que fueron testigos de los brotes que he intentado recordar, la verdad es una utopía que sólo llega a alcanzar coincidencias: lo que a mí me pareció gracioso a estas personas les pareció un drama. Y viceversa. De lo que se deduce que yo tengo que empezar a trabajármelo con un lastre añadido que viene a ser la duda de si realmente fue así como ocurrieron los hechos, si fue así como íntimamente gestioné la crisis y si fue así… Si realmente fue una crisis.

Porque rizando el rizo, y poniéndonos de enemigo, incluso podría negar esos episodios como avisos de un brote propiamente dichos. Por el motivo que sea. Qué sé yo, estoy irritable hasta el insulto pero duermo como un bebé de los que duermen bien. Por ejemplo.

Todo el entorno padece mi irritabilidad como parte de una patología -esto es, yo no puedo estar irritable sin más, es parte de mi enfermedad que me subyuga- y la manera más efectiva de poner fin es hacer de Pepito Grillo del psiquiatra y evitar la cuarta hospitalización

“Comunican hasta las piedras”. Robo esta frase a Cristina Ochoa y entono el mea culpa. Estoy haciendo algo mal cuando quienes se arriman porque me quieren no son capaces de establecer un diálogo conmigo. Un diálogo que, por supuesto, no voy a tener con un profesional de la salud mental. Porque no me quiere, porque no es su objetivo y porque está saturado de trabajo.

Impermeable

13 Oct

Patxi Irurzun, que viene a ser el duende que periódicamente aparece en este blog, se iba a ir de viaje. De hecho, ya ha vuelto de Costa de Marfil. Bajó a buscar su impermeable y, si buscáis en su blog -no es por joderle el escrito, quiero decir- se encontró con, dos puntos, abro comillas, la fe inquebrantable en la imaginación, el anhelo de libertad, la lucha empecinada por cumplir los sueños. Cierro comillas.

Tirando de sinceridad, esto lo leí hace ya días y me dije, jodé Patxi, ya me has vuelto a dejar fuera de sitio. Fue en el bar que abre los domingos a las ocho de la mañana y sirve café a los optimistas que vamos a jugar un rato en los frontones municipales de la Rotxapea. Total, que me había quedado más con los guiños a aquellas canciones que con el mensaje que ahora rescato: fe, anhelo y lucha.

No. No sólo eso. Fe inquebrantable en la imaginación. Anhelo de libertad. Lucha empecinada por cumplir los sueños. Uf.

¿Esto es un impermeable? Si peinas tantas canas como Patxi, o eres un artista, o eres un iluso, o eres un romántico, o todo a la vez, o te dejan escribir en el centro de día un ratico (Saludos, Gure ahotsa!).

Quiero pensar que también puede ser el tipo que entra a comprarme pilas a la tienda, o el camarero que pone cafés un domingo a las ocho de la mañana. O tal vez aquella profesora que tuve en el instituto y a la que ahora veo por el barrio. Lo mismo puede ser aquel que sacó la ingeniería y ahora está de celador en el hospital cubriendo bajas.

Ay, Patxi. Cuántos cuentos por contar. Cuántas conciencias por remover. Cuántas patadas en el culo por dar, de las tuyas, de las de negro sobre LCD… Con lo que yo sé que te gusta el mundo de los locos, que tantas veces nos has sacado en tus novelas y cuentos. Lo siento. Esta vez me has lobotomizado de tal manera con la fe, el anhelo y la lucha que seguimos sin negociar el más negro cuento de la unidad de agudos del Hospital de Navarra.

Patxi intenta un chelfi en Costa de Marfil

Tanta coña, tanta coña y al final lo que se me olvida contar son las reflexiones que este escrito tuyo -Patxi es el de la foto de aquí arriba- me han provocado.

Que son viejas de lustros, en realidad, y que se refieren a que una atroz forma de discriminación que, a temporadas, padecemos quienes tenemos un diagnóstico y, a temporadas también, claudicamos y tomamos más medicamentos (¿has visto, ama, que no he puesto drogas?)… me alargo, me alargo. Vamos, que nos hacen la puñeta cuando admitimos tal droga “para un par de semanas”, y nos tiramos una llegando a la dosis, cuatro tomándola y tragando efectos secundarios, y luego dos semanas más quitándola, porque si no, monazo digo síndrome de abstinencia que te crío…

¿Esa droga protege cual impermeable? Me estoy refiriendo a ésa que te tomas en amago de crisis o llámalo como quieras, pero que todavía no te has subido por las paredes ni estás hundido en el fango, y para firmar un informe que diga que hay patología aguda hay que tener más conchas que una tortuga. De esa medicación hablo. Antiepilépticos. Antisicóticos. Antidisturbios. No, esta última no. Pero casi.

Ya. Si la teoría me la sé. Y la práctica también, coño, si he empezado escribiendo que son reflexiones viejas de lustros. Un ejemplo, que a veces viene bien. Me duele la cabeza, bastante. Tengo la oportunidad de acostarme y creo que me dormiré ¿Me tomo una aspirina o espero a la mañana siguiente, a ver si me sigue doliendo?

No sé si el ejemplo vale porque aquí la decisión es personal, no hay ingresos, ni órdenes judiciales, ni conceptos como adherencia al tratamiento que… en fin. Pienso que sirve para hacernos una idea.

Porque a veces el cuerpo es sabio. Reconoce síntomas y recuerda experiencias. Me gustaría que el sujeto, ése que es capaz de reconocer sus síntomas ya vividos y recordar experiencias pasadas, fuera escuchado y que su voluntad, en la medida de lo posible y sin demasiadas condiciones, fuera lo más respetada posible.

El argumento del gasto social ante un posible y futuro ingreso no me lo saquéis, por favor, que estoy cansado de recordar que tuve un médico que se murió de neumonía sin haber cumplido los cincuenta…

Ya. Que ahora, si queréis, hablamos de la fe inquebrantable en la imaginación, del anhelo de libertad y de la lucha empecinada por cumplir los sueños. Y a ver quién aguanta más la risa.

 

Me gustaría que recibiera un impermeable de los buenos todo aquel hospitalizado por orden judicial y todo aquel que esté llevando un tratamiento ambulatorio obligatorio.

Gracias a Patxi Irurzun por dejarme… por no… Gracias, Patxi.

Memoria y Distorsión

22 Jul

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Qué pequeño es aquel lugar que, cuando era un chaval, me parecía inmenso. Qué complicado es trabajar sobre mi recuerdo. Así como en el primer caso lo puedo constatar usando mis sentidos, y puedo comprobar la mala jugada que me ha pasado mi memoria durante todos estos años, hay recuerdos que…

Por fin soy capaz de reconocer que he idealizado fases de mi vida. No ha sido positivo porque, al confrontar el momento que estaba viviendo con aquella idealización, me provocaba una insatisfactoria frustración. Mucho aprovecha el momento y disfruta el presente de boquilla: no conseguía más que relativizar la bondad de la que disfrutaba.

Hoy sigo perdiendo trenes menos sucios, menos románticos y menos aventureros. También sigo necesitando de mis recuerdos como base para tropezar con las mismas piedras con algo más de gracia y estilo. Convencido de mi falta de destreza y de mi animalismo.

No son muchos los deseos que he expresado en este blog. En el libro hablo más de la etapa que se me habría como padre. De la ilusión en contraposición a lo pasado con mis oscilaciones de ánimo.

Desearía poder volver a vivir los ingresos. Las psicosis. Los internamientos en casa. Los efectos de las medicaciones: los secundarios y los otros. Desearía sentir la fuerza de la manía, incontenible, lujuriosa, exuberante, con todos los matices y los miedos.

Son ejercicios de memoria a los que no renuncio. Me falta precisión. El tiempo pasa. Mi memoria juega conmigo. Mi memoria y las circunstancias, las de entonces y los tamices del tiempo. Hago el esfuerzo porque me reporta un beneficio.

Desearía poder vivir el pasado actuando del mismo modo, cometiendo los mismos errores y saliendo del paso por los mismos atajos. Sin cambiar nada.

Con el único fin de plantarme mañana a la mañana con mis experiencias más frescas, menos distorsionadas.

A veces me abruma la sensación de que mi memoria me está haciendo trampas.

LOS REMOS Y LA BARCA

22 Abr

En el último capítulo del libro relato cómo me las intento apañar en las crisis. Utilizo el mar como escenario metafórico y una barca como alegoría de mis recursos para evitar que mis desequilibrios se apoderen de mí.

Ay, quién maneja mi barca, quién

En un comentario, una lectora escribe: “Despreocupémonos de “qué” son los remos, y sigamos adelante con nuestra barca!”

No lo quiero interpretar como un todo vale. Para mí, cualquier recurso no me sirve. No me pongo estupendo cuando afirmo que no vuelvo a ser hospitalizado si no es con los pies por delante. Tampoco me vale tomar sin un mínimo espíritu crítico cualquier medicación. Ni ponerme en manos de un desconocido para entregarle mi criterio y mi voluntad. Todos los considero remos válidos porque a otros les sirven.

Para mí… son demasiadas cicatrices.

Mi premisa, a día de hoy, es que si un recurso/remo me aliena y no me enseña a prevenir no lo considero válido.

Coincido con que el objetivo es que sigamos adelante con nuestra barca. Avanzar. Pero abogo porque se reconozca que cada barca es diferente. Hay veleros de fibra de carbono. Hay chalupas viejas y pesadas. Yo siento que la mía es de las últimas. Necesito pintarla con mucha frecuencia. Sacarla del agua. Cambiar tablas. Del motor, ni hablo. Es el de nuestro SEAT 124 del 75…

Mi barca es agradecida como la buena tierra. Si la cuido, responde. Y suspira aliviada cuando tiro de los remos o del motor. Si no le hago caso, responde airada y me pone en riesgo de subirme a la parra o de bajarme al lodo.

Me reafirmo en lo que escribí en el libro: “De modo que no es una mala costumbre (…) navegar mirando al cielo de vez en cuando. Estoy convencido de que, con el lastre que llevo, es más saludable mirar al cielo que mirarme el ombligo. Así puedo intentar volver a puerto a tiempo para evitar males mayores.”

Mañana es el Día del Libro. Descuentos del 10% y rosas de regalo. Regalemos libros. Y a nosotros mismos, también. Recordemos que no hace falta cargarles la batería.

EL TROMPO. BARRICADA

21 Abr

“El trompo”

“De tanto ir de tó, de nada vas. De tanto correr solo, sale humo de los poros. Supongo que querrás descalabrar conmigo: espera un momentito que ahora mismo resucito.

De las vueltas que das, el trompo se queda corto. Lía cuerda y a la mierda si no cabe nadie más. Que el que se inventa es el que cuenta cuando empieza todo: el que cuando hay lodo saca el codo y se niega a naufragar.

Si llueve ¿quién te puede despertar? Que, para ti, tus manos nunca fueron muchos demasiados. Te dejo abierta la puerta de atrás que el tiempo fue tan poco que no es tiempo de volverse loco.

Que el mundo es poca habitación para aquel que gira y el suelo poco colchón

Enciéndete las ganas de besar. Recógete las alas: ya no te valdrán pa nada.

Seguro que te vas a enamorar del trasiego del va y viene, del que nada te entretiene.”

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Reflexiones de lunes santos.

PRESENTANDO EL LIBRO EN CUENCA

11 Abr

Antes de nada, contaros que ya hemos corregido el desajuste de la entrevista en la revista Auzolan, en la entrada anterior a ésta, por ahí abajo. Que puse el texto tan pequeño que no se podía leer. Espero que ahora no haya tantos problemas y que no se repita.

Hacer una presentación en una ciudad ajena es labor de mucha gente. Pretendo, con las líneas que siguen, destripar un poco todo ese trabajo y agradecer a todas las personas que colaboraron para que el pasado día 4 tuviera la oportunidad de defender mi libro y mi mensaje en Cuenca.

Cuenca desde la habitación

Néstor Ceballos, de Asociación Vivir – FEAFES Cuenca, se encargó de… de muchos cosas. Nos acogió, nos trató con cariño y se preocupó de reservar el Auditorio del Centro Cívico Aguirre.

También puso en marcha a usuarios, profesionales y voluntarios de la Asociación para dar publicidad local al acto, de la buena, del boca a boca.

Colaboró con Cristina Ochoa que una vez más puso su talento y su apoyo.

Embarcó a Victoria para que colaborara en dar la bienvenida a los asistentes y en vender libros a los interesados. Y puso a mi derecha, en el estrado, al presidente Luis Carrasco.

Como remate, no sé cómo lo hizo, pero consiguió que Paco Auñón, periodista, ejerciera de maestro de ceremonias. Las que siguen son las palabras que pronunció al principio del acto como bienvenida y que, con su permiso y para retozo de mi estima, reproduzco como las dijo:

“Buenas tardes y bienvenidos a todos.

En los próximos minutos vamos a presentarles un libro sobre el trastorno bipolar. En sus páginas, el autor, que nos acompaña aquí, Sergio Saldaña, nos abre las puertas de su intimidad y comparte con los lectores la parte más oscura de su vida, lo que la mayoría de nosotros no querría contar jamás, el lado oscuro, las miserias personales e, incluso, el lado más salvaje de la vida, por el que alguna vez  discurrimos, como dice la canción de Lou Reed.

Pero Sergio se abre en las páginas de este libro para llevarnos de la mano, no nos presenta los acontecimientos como noticias que se suceden, no nos deja solos ante los acontecimientos, si no que nos arropa en todo momento. Él está junto al lector señalándole con el dedo, indicando, diciendo, mira, contempla, experimenta, porque así lo viví yo.

El autor nos presenta el trastorno bipolar sin miedo, con la seguridad de quien le ha plantado cara y le ha mirado a los ojos, y nos dice, ‘tranquilos, yo estoy aquí para enseñaros, para daros seguridad en vuestras dudas’. Y conforme pasan las páginas sentimos esa presencia a nuestro alrededor, nos sentimos acompañados en este viaje a las profundidades del ser humano.

Sergio se confiesa, pero nosotros no somos el confesor que está enfrente, sino que nos sentamos a su lado. Sergio es el protagonista, pero él no está solo en el escenario, el lector le acompaña. Y si la acción nos lleva a la vorágine de los acontecimientos, no lo veremos desde el patio de butacas, sino que seremos protagonistas junto a él.

Su forma de contar esta historia es tan cercana, que, a pesar de la cruda realidad que nos presenta en algunos capítulos, el lector se siente sentado junto a él, frente al fuego de la chimenea, escuchando sus palabras, sintiendo su aliento, su sudor, su fuerza, su agonía, su entusiasmo, sus cabalgadas a lomos de un animal feroz que nos lleva a nosotros también en ese viaje por abandonar el fondo, por llegar a la superficie donde encontraremos el resuello, el aire que nos falta, la vida que deseamos más que cualquier otra cosa.

 

Desde la frustración por no poder continuar jugando al fútbol de manera profesional al final de su adolescencia, hasta la esperanza del nacimiento de su hijo quince años después, Sergio nos presenta en estas páginas una serie de acontecimientos que han marcado su devenir con el trastorno bipolar. Este trastorno es también conocido como ‘maníaco-depresivo’ y es una enfermedad mental que se caracteriza por la alternancia de fases depresivas y de euforia, lo que aquí se denomina (manía).

Todos experimentamos alegría o tristeza. Piensen si quieren qué les ha puesto alegres últimamente. O qué les ha puesto tristes recientemente. Es la agudeza de esos momentos, la perseverancia en esos estados, lo que determina que algo no va bien en nuestra salud mental. Eso es lo que debió sentir Sergio la primera vez, cuando descubrió que la situación se le iba de las manos y terminó en una unidad hospitalaria drogado hasta no poder coger un lápiz y escribir. Con lo que a él le gusta escribir.

Ahí es cuando de te das de golpe con la pared de la realidad. Mira chaval, sufres esta trastorno mental, preparate porque esto se puede repetir, patatín patatán…

Sergio, que es un ser humano con todas sus letras, recibe estas noticias en esos años aún difíciles en los que no dejamos de ser adolescentes y ya tenemos que ser adultos.

Pero aquí el trastorno bipolar se encuentra frente a frente con un héroe que no quiere que la historia termine mal, que busca un final feliz y que, arropado por el resto de personajes de la novela, su familia, sus amigos, su novia…, emprende la aventura de sortear los acontecimientos, que lucha batalla a batalla, que pierde en ocasiones, pero que se levanta, empuña de nuevo la espada y acorrala al dragón en la cueva más profunda para gritar a los cuatro vientos, ‘a mí se me vence, pero no se me doma’.

 

Sergio Saldaña es de Pamplona y tiene trastorno bipolar, aunque lo tiene acorralado en el fondo de la cueva. Desde esa seguridad nos cuenta su experiencia en este libro que esta tarde presentamos. Y como dice en el título, lo desmitifica y lo llena de anécdotas. No se pongan serios cuando abran sus páginas. Relájense, como les he dicho, y sientan la pasión y la efervescencia de los acontecimientos, desde las noches de euforia en busca de emociones con final fatal, hasta el calor de un abrazo de esa persona que siempre está esperándote para cuando regresas al mundo real y lo que más necesitas es un abrazo.

 

En el devenir de la historia tendrán ganas de partirle la cara a este muchacho descarado, se sobrecogerán en su asiento ante la incertidumbre de la narración, pero también pasarán las páginas con una sonrisa que puede terminar en carcajada.

 

El trastorno bipolar es más humano tras pasar por el tamiz de Sergio que ha sabido contarnos en este libro cómo se puede sobrellevar el estigma de la enfermedad sin morir en el intento.

 

Un trabajo que le honra. No todos abrimos así el corazón para compartir, no todos nos acercamos tanto a los demás de esta manera, mostrándonos débiles par dar fuerza a los demás, colgando nuestras miserias a secar al sol para que otros puedan identificarse y decir: yo también tengo trastorno bipolar.

 

No os lo he dicho aún, pero Sergio trabaja en una biblioteca, un regalo de la vida para alguien a quien le gusta escribir. Y esta tarde está con nosotros para compartir en esta sala, la aventura que ha vivido en los últimos años. Un relato que escucharemos ahora en sus propias palabras.”

Entre los asistentes, Ana de la Hoz, concejala de servicios sociales del ayuntamiento de Cuenca, y otro cargo que acudió aunque se tuvo que ir antes de lo que hubiera querido.

Me quedo con la participación activa de los asistentes. Desde Paco, hasta Luis, pasando por Ana que no me dio tregua y, sobre todo, con los usuarios de la Asociación que dieron su punto de vista, su sentimiento y su experiencia. Y digo que lo dieron porque lo entregaron con generosidad a todos los presentes para que pudiéramos aprender de sus vivencias, de sus sufrimientos y de sus alegrías.

Acabar contando que el libro se puede adquirir en la librería Evangelio, en plaza de la Hispanidad 1, muy cerca de esa heladería de mis amores.

Gracias a todos y hasta pronto.

DESCOMPENSADO, DESEQUILIBRADO, LÁBIL…

9 Ago

…Y DEMÁS MONSERGAS.

Estos son términos que he tenido que escuchar demasiadas veces a lo largo de mi vida. Y, como decía una que de esto sabía, demasiado siempre es demasiado.

Muchas veces, estas palabras y otras parecidas han precedido a un ingreso o a una reclusión ambulatoria (en cuanto a tralla de medicación viene a ser lo mismo, con la gran diferencia de que estás en casa). En ocasiones, a toro pasado, como justificación: “Es que estabas muy descompensado…”

Estos días no puedo evitar recordar mi estado de ánimo durante mis ingresos. Mis estados de ánimo, mejor dicho. Sólo tenía un objetivo: salir lo antes posible de allí. Algo deberían haber cambiado las cosas en doce años. Por desgracia, me temo que no. Y me baso en lo que me cuentan.

 

 

En esos momentos, ¿qué somos?

No soy capaz de dar respuesta a esta pregunta. Sí soy capaz de responder a otras. Sé lo que quieren que seamos. Sé cómo quieren que nos comportemos. Sé lo que impiden que hagamos. Sé lo que impiden que sintamos. Sé lo que quieren que sintamos. Intuyo lo antisociales que somos porque no es conveniente que estemos sueltos, pobres perros verdes, no se vayan a hacer daño a sí mismos. O no me vayan a salpicar una hostia a mí, que lo único que hago es dejarle a mano la comida, o recetarle medicación.

En una presentación dije que el sistema funciona. Quiero seguir creyéndolo. Pero me plantea muchas dudas conforme me cuentan cosas, desde dentro y desde fuera. Lo que está claro es que el sistema no ha funcionado. En el pasado, no. Eso lo sabemos todos.

¿Cómo era aquello de que si gana uno, triunfa el equipo? En este caso habría que hacerse la pregunta al revés. Si en un solo caso el sistema falla ¿funciona el sistema de salud mental?

No tengo que hacer demasiado ejercicio mental para sentirme como cuando oía las palabras que dan título a esta entrada salir de una bata blanca, al otro lado de una mesa como un océano.

Me sentía como el girasol más distraído del mundo.

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