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2ª PARTE DE QUÉ CANSADO ES ESTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

27 Oct

En la anterior entrada, que se llama casi como ésta, me quedé en el esbozo de lo que quería contar. Está por ahí abajo, con una foto de este tipo…

Irritado

Cuando pensaba en el título de la entrada, me refería a la fatiga que me puede suponer echar la vista atrás para evitar lo que te venga por delante. Lo de la enfermedad del ombligo, esa descripción mía de que, para manejarte por esta vida con este diagnóstico hay que andar mirándose el ombligo “duermo poco, hablo mucho, o duermo demasiado o estoy irritable…”

En la anterior entrada hablaba de lo que cansa el mero hecho de hacer memoria. De esforzarme por no distorsionar la realidad y, “a la vez, de admitir sus dudas”. Pues sí, cansa. A veces, toca pelear contra la distorsión mnemotécnica del otro interlocutor en algún episodio concreto que tengo claro, cristalino, en la cabeza.

Vamos, que este escrito ha nacido con el afán de aclarar y me temo que tampoco he conseguido lo que quería.

Creo que en el libro lo explicaba mejor: “mirar hacia delante, pero tampoco demasiado”.

QUÉ CANSADO ES ESTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

26 Oct

Irritado

Me ha dado por pensar en los distintos sentimientos que he vivido a lo largo de un episodio, sea depresión o manía o hipomanía. Me he encontrado con los problemas de que

-no los recuerdo todos los episodios

-y de que no recuerdo todo lo que sentí en cada uno de ellos.

Esto debe ser frecuente, por lo visto. Muchas veces tienes la percepción tan distorsionada que el recuerdo se aleja de la realidad más todavía. Amnésicos prescritos a parte.

Cotejándolo con otras personas que fueron testigos de los brotes que he intentado recordar, la verdad es una utopía que sólo llega a alcanzar coincidencias: lo que a mí me pareció gracioso a estas personas les pareció un drama. Y viceversa. De lo que se deduce que yo tengo que empezar a trabajármelo con un lastre añadido que viene a ser la duda de si realmente fue así como ocurrieron los hechos, si fue así como íntimamente gestioné la crisis y si fue así… Si realmente fue una crisis.

Porque rizando el rizo, y poniéndonos de enemigo, incluso podría negar esos episodios como avisos de un brote propiamente dichos. Por el motivo que sea. Qué sé yo, estoy irritable hasta el insulto pero duermo como un bebé de los que duermen bien. Por ejemplo.

Todo el entorno padece mi irritabilidad como parte de una patología -esto es, yo no puedo estar irritable sin más, es parte de mi enfermedad que me subyuga- y la manera más efectiva de poner fin es hacer de Pepito Grillo del psiquiatra y evitar la cuarta hospitalización

“Comunican hasta las piedras”. Robo esta frase a Cristina Ochoa y entono el mea culpa. Estoy haciendo algo mal cuando quienes se arriman porque me quieren no son capaces de establecer un diálogo conmigo. Un diálogo que, por supuesto, no voy a tener con un profesional de la salud mental. Porque no me quiere, porque no es su objetivo y porque está saturado de trabajo.

QUERIDA ELENA:

30 Ago
Foto de Sam Jones

Foto de Sam Jones

Buenos días. Antes de nada, te mando la foto de este ciudadano del mundo. He estado a punto de mandarte una de otro que presumía de esa condición, pero ciertamente Bogart luce menos.

Ayer me acordé de ti y de una de tus enseñanzas. Tal y como yo las recuerdo y las aplico, claro. Llevamos a Amets a Etxauri en busca de un poco de fresco y se puso andarín. Caminaba con bastante seguridad sendero arriba, a pesar del pañal de sus amores y sus odios. Total, que caía al suelo y se levantaba mirando hacia delante, reemprendiendo la marcha sin un momento de duda. Ya. Lo que hacen todos. Me sigue fascinando.

¿Qué me he dejado por el camino, que no consigo hacerlo de esa manera? Parece claro que siempre que me he caído me he levantado. Pero, desde luego, cada vez albergo más dudas: en el suelo, miro hacia delante atisbando lo que se me avecina y no puedo evitar volver la vista atrás, para repasar el camino recorrido. Sólo entonces cojo aire, me lamo las heridas y me vuelvo a levantar.

Se acaba agosto, y parece que se acaba el verano. Para ti significa dar carpetazo a una época de ausencia de rutinas y dar cara a nuevos retos e ilusiones. Se me está haciendo largo, no te voy a engañar. Con toda esa gente fumando en las terrazas y en las puertas de los bares, encendiendo sus cigarrillos sin tapar la lumbre… Una buena ventisca les daba yo, harto como estoy de olisquear y ventear como un perro de caza, redescubriendo los aromas del tabaco que sigo sin fumar.

Lo estoy llevando mal de cojones, efectivamente. Y de lo demás, también lo estoy llevando mal. El otro día me decía una cliente en la tienda que cuando vas al médico, lo mismo da que sea por un catarro que por un sarpullido, lo primero que te dice es que dejes de fumar. Sangre de Cristo. ¿Y si me bebo una botella de ron al día, o no me muevo del sofá o soy capaz de tragarme a diario el telediario de televisión española sin espíritu crítico? ¿Eso no es peor para mi salud?

Ya, exagero. A lo mejor recuerdas que entre los propósitos para este año estaba, entre otros, el de mantener mi peso. Que ya dejaría de fumar en 2016, que cumplo 40. Una vez más, no me han salido los planes como esperaba. Puede que, como me solías decir, mi problema es que hago demasiados planes. Puede. Yo te responderé lo mismo de siempre, que mis planes son también retos que me ayudan a ponerme de pie, aunque antes haya mirado con desánimo hacia delante y hacia atrás.

Sí que este 2015 está siendo crítico en algunos aspectos. No sólo porque mis objetivos se fueron al pedo con un arranque de año muy malo, con este diagnóstico que acarreo y que me regaló un brote mixto, del que he padecido una secuela física en forma de trombosis. Si intenté verlo como una oportunidad para dejar de fumar -qué mal lo estoy pasando, escribir sin echar humo es un sucedáneo– fue porque me quedaban tantos retos por abordar y sabía que no iba a poder llegar, con una baja que se prolongó cuatro meses. Récord.

Quizás tenga esta percepción de crisis porque no he sido capaz de aplicar todo lo que he ido aprendiendo en estos años ante ciertos síntomas. O no siempre, para ser justo conmigo mismo. Me causa mucha desazón recordar cómo he ido pregonando las bondades del catálogo de recursos ante las crisis y cuando he llegado a esa situación, no he salido airoso. Todavía no sé si ha sido porque la aplicación ha sido defectuosa, poco oportuna en el tiempo o nula. Ya te iré contando si llego a una conclusión.

Lo peor es que ahora mismo me siento como un vendemotos, como uno de esos comerciales que no creen en su producto. Lo grave es que mi producto son algunas de mis convicciones más profundas.

Lo más importante de toda esta mandanga es que sigo en pie, que sigo aquí, que confío en volver a caerme. Me gustaría pensar que la gracia no está solamente en levantarse: he de aprender de nuestro hijo y hacerlo con convicción, con confianza y con ilusión por saber qué me depara el siguiente recodo del camino.

Con mucho cariño

Sergio

PS He encontrado dos respuestas a la pregunta de por qué no consigo levantarme como Amets: le llevo 36 años y 93 kilos.

20

SOLEDAD, TRISTEZA Y DESCOJONO

27 Jul

Cada vez leo más que, por delante y por encima de todo todo diagnóstico, es la soledad la causante de mayor dolor en personas que arrastran un diagnóstico de enfermedad mental. Soledad como causa del estigma y del autoestigma. También provocada por viejos complejos asociados, de nuevo, a síntomas. La incomprensión de quienes más importan pueden llevar a agudizar esa dolorosa sensación de soledad. Y me refiero a ese aislamiento involuntario y no deseado. “Solo rodeado de gente.”

Así pues, me sumo a quienes opinan que la mera soledad puede ocasionar más dolor que las consecuencias de unos síntomas, un diagnóstico o una enfermedad por sí mismos.

Siguiendo con este cascabelero texto, la tristeza… ¿o debería hablar de la melancolía siguiendo las enseñanzas de La Revolución Delirante? puede tener diversas causas. Una de ellas, cómo no, sería la soledad. Pero existen otras muchas. Por causas propias, ajenas. De comprensible explicación. O no. Como parte de un proceso de duelo…

Marea en el Kutxitril, creo

“Prima tristeza”, de Marea

Muchas veces me he referido a mis depresiones como “mis tristezas”. No sé si como un eufemismo, o porque no siempre he tenido claro que alcanzaran el concepto clínico de tales supongo que por duración y esas mandangas. A los que también me suelo referir recurrentemente como “comer mierda”. Aquí me detendría a debatir sobre si hace falta sufrir determinados síntomas durante dos meses para que se considere depresión. Digo yo que se puede sufrir más en un fin de semana que en un mal año. Pero como lo considero harina de otro costal y quería ser breve, lo dejo aparcado para otra vez o para los comentarios o para todo lo contrario.

Como muchos de vosotros, lectores, yo tampoco considero que haya venido a vivir a un valle de lágrimas. Por otro lado, el llegar a ser un hedonista de manual huajoloteño me queda lejos. Asumí tiempo ha que, en lo que a mis momentos vitales se refiere, el objetivo es moverme entre esas dos aguas. Procurando aprovechar los sabrosos y minimizar en tiempo e intensidad los amargos. Como todos, digo yo.

No me cuesta reconocer que he tendido a regodearme en el mullido colchón de la autocomplacencia y el mamoneo, ahí tirado sobre la hamaca arrulladora de la desidia y el abandono. Además, ser tendente también a la euforia, me ha resultado costoso no dejarme llevar por la alegría desbordante que se puede sentir al comprobar que todo sale de forma y manera óptima, hasta el punto de creer que es así como siempre me debieran salir las cosas.

Me acerco inexorablemente a los cuarenta años. Sigo sin saber relativizar estas historias con que la vida se empeña en entretenerme, la muy cachonda. He utilizado en repetidas ocasiones (ver artículo para ActivaMent) el afectado argumento de que la experiencia me hace más perro y más sabio, y cosas por el estilo. Bien. A día de hoy creo que, si sigo tan capaz de sorprenderme a mí mismo repitiendo errores e incluso mejorándolos, esto es, cagándola aún más, he perdido mucha fuerza moral como para poder usar dichos argumentos -que se resumen en que pa huevos, los míos- sin dejarme en el más absoluto de los ridículos. Claro está, hasta que no rellene el cargador a base de tiempo y pueda dogmatizar (de nuevo) sobre la esperanza y la experiencia que da el fracaso.

Lo mismo para entonces publico otro libro.

Elena Figoli para ActivaMent

Elena Figoli para ActivaMent

ACTITUD FRENTE AL TRASTORNO BIPOLAR

14 May

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Esta entrada va a dejar patente las diferencias entre personas con un mismo diagnóstico y que han escrito un libro que habla del trastorno bipolar.

La vida de Rafael Narbona nada tiene que ver con la mía. Fue profesor y es escritor y crítico literario. Cuenta en su libro, Miedo de ser dos (Editorial Minobitia, 2013), cómo ha sido su infancia, su adolescencia, su juventud y madurez a través de una serie de relatos en los que la familia y el suicidio tienen también su protagonismo.

No tengo el gusto de conocerle personalmente, aunque sí intercambiamos en su día algunos mensajes y he seguido, a través de su blog, con interés y curiosidad su evolución política de los últimos tiempos.

Lo que pretendo es que quede claro que, en este berenjenal, cada uno vive sus síntomas como puede y se plantea su vida de acuerdo a una serie de creencias y filosofías personales. Que son distintas dependiendo del sujeto y que dependen de aspectos tan dispares como la educación o las experiencias personales.

No pretendo ponerme a discutir ni a contraponer mis ideas y mis vivencias con las que Narbona expresa en su Miedo de ser dos. Insisto en que lo que quiero reflejar es la diferencia. De paso que reivindico que cada uno somos diferentes y que sigue sin serme útil el “café para todos”: misma ausencia de terapia, mismos tratamientos, mismas respuestas… no, gracias.

“El trastorno bipolar no se contenta con destrozar a sus víctimas. Su furor homicida no se agota hasta que las descuartiza en trozos tan pequeños como granos de polen. Cuando ha terminado, sopla con fuerza y se complace observando cómo el viento los dispersa. Después de la primera crisis, nada será lo mismo.”

El autor otorga al diagnóstico una crueldad sin límites. Lo humaniza en otras personalizaciones que utiliza en este libro, deshumanizándolo. Dice que es como una maestra de escuela que se duerme contando suspensos, feliz al pensar en la cara de fiasco de los alumnos a los que había prometido clemencia.

Habla también de su vida, de episodios estigmatizadores que recuerda claramente, de la influencia de los brotes en el deseo sexual… Desnudez es el término que emplea Miguel Sánchez-Ostiz, paisano, en el posfacio, para referirse al estilo de Narbona.

También cuenta que ha perdido la cuenta de las veces que ha intentado suicidarse. Es otra de las diferencias entre nuestras maneras de vivir.

Personalmente, sigo sin ser capaz de dar al diagnóstico esa imagen que lo personalice. Ni es cruel en esencia ni me da la gana de que lo sea. Sigo creyendo que casi siempre soy responsable de mis actos. Que así debe ser. Porque si hay síntomas, chivatazos, que me avisan de que me voy a entrar en crisis, siempre, siempre, tengo una oportunidad de tomar las riendas para evitar la entrada en barrena. De modo que la responsabilidad radica en la eficacia de mi percepción preventiva.

Si yo fuera así de eficaz siempre, no tendría que tomar más medicamentos, ni estaría en riesgo de volver a ser hospitalizado, ni se iría parte de mi vida por el desagüe periódicamente.

No lo soy.

EVITAR UNA DEPRESIÓN. TRASTORNO BIPOLAR.

29 Mar

Escribo en el libro:

Alguna vez he pensado que es como estar en el mar, asociado a esa fuerza superior que para mí es el mar.

Por ejemplo, cuando me vengo abajo -ojo, son mis depresiones, mías, particulares, como el patio de mi casa-, he aprendido que más vale dejarse llevar un tiempo, como cuando te atrapa la resaca en la playa, como una potente corriente que te lleva mar adentro. Mi trabajo consiste en detectar cuándo estoy lo suficientemente lejos de la orilla y cuándo me siento lo suficientemente lejos como para empezar a nadar de vuelta, evitando esa mala corriente. No tiene que ser ni muy pronto ni demasiado tarde.”

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No me aburro de leer guías sobre cómo tratar a alguien que está deprimido, escritas con la mejor intención. ¡No todos somos iguales! Si quieren ser genéricas, no aciertan; si quieren atinar mucho, corren el riesgo de ser poco útiles. Quiero pensar que todos somos diferentes. Por eso mi espíritu crítico se dispara.

Catalogan las depresiones según variados criterios y lo que te rondaré, morena. En consecuencia, se pueden aplicar innumerables tratamientos según la corriente que siga el terapeuta. Tranquilos que en este jardín no me voy a meter.

También están entre mis lecturas, y de ahí el título de esta entrada, artículos y libros que hablan de “Higiene”. Higiene preventiva, se entiende, para evitar caer en un trastorno depresivo. Dar paseos. No tomar excitantes para mantener unas buenas rutinas de sueño (por lo de la irritabilidad como síntoma recurrente supongo que también…). Frutas y verduras. Sol. Música. En fin.

Sigo creyendo firmemente en que

-a cada uno nos sirven unos sistemas preventivos determinados (no me fastidies, a mí no se me atenúa la frustración paseando media hora tres veces a la semana),

-que es la experiencia la que nos dicta la validez de los mismos dependiendo del momento o de la edad o de la causa o de la severidad del asunto y

-que es algo que construimos todos los días.

Ante la primera depresión, indefensión por el tortazo. Hay que asumirlo. A partir de ese momento, toca tejer un arsenal de herramientas que prevengan. También, si a pesar de todo, estás sumido en la mierda hasta el cuello, debe tener el objeto de minimizar el sufrimiento.

Personalmente, me sigo aferrando a la metáfora del mar a la que hago referencia en el libro: si estoy deprimido, he de ser capaz de hacerlo con los ojos abiertos, ahorrando fuerzas, para saber cuándo me toca empezar a nadar hacia la orilla. Al menos, intentarlo.

Esto me sirve a mí. ¿A ti? Ojalá, lector, no tengas ni puñetera idea de lo que te hablo.

PS Podemos hablar de las depresiones que siguen en el tiempo a una fase hipomaníaca o maníaca. O dejad algún comentario y tiramos por ahí, yo qué sé…

PLATICANDO CON UN PROFESOR

1 Nov

GOOD WILL HUNTING

Ha llegado por fin el otoño a Iruña. Me encuentro con un antiguo profesor que nos padeció hace ya más de veinte años. Mantenemos una de esas conversaciones accidentales y cronometradas de acera y cigarrillo.

Me comenta que volvió a verme en la prensa y que acudió a la charla de hace dos semanas sobre el estigma y la figura del Peer Support o Ayuda al Igual. Reconozco que le vi pero que no le pude saludar: estaba lejos, quería atender un compromiso, ya sabes.

Se arranca con la sinceridad que da la premura y el haber visualizado este encuentro previamente. Me dice que también estuvo, hace ya más de año y medio, en la presentación del libro. Que entonces tuvo sentimientos encontrados. Orgullo por un lado y curiosidad por comprobar qué había sido de mi vida desde entonces. Ignoraba que tuviera un diagnóstico. No percibió síntomas cuando me daba clase. Por otro lado, temor por mi exceso de valentía: sigue convencido de que voy a padecer mucho por haber hecho pública mi enfermedad de esta manera tan llamativa.

Escucho atentamente lo que me dice. Tengo un buen recuerdo de este profesor y siempre le he respetado. Le agradezco su asistencia a los dos actos. Como supongo que leyó el libro y no hace ningún comentario, le preguntó por su parecer sobre esa figura, la de Ayuda al Igual.

Me dice que es casi revolucionaria, que la idea es muy buena pero que no acaba de ver su lugar en los Servicios de Salud Mental, codeándose con psiquiatras, psicólogos y demás. Me dice que le ve una gran utilidad en institutos, tal y como se habló en la presentación.

Me permito, porque ya no tengo 16 años, discrepar. Estoy de acuerdo en que los jóvenes, el futuro, debieran ser educados en este aspecto. Pero le digo que también los profesores. Así como él no detectó, durante el curso que me dio clase, mi depresión severa ni mis crisis de ansiedad, que afectaron a mi rendimiento académico y a mi actitud en clase (del resto de aspectos de mi vida no le hablo), hoy en día ocurre lo mismo. Le hablo de la figura del maestro. Del bien que puede hacer una conversación de un adulto empático, a pesar de poder ser una autoridad, en la reconducción de una situación de este tipo. Por tanto, le digo, también los docentes necesitan saber más. Así nos lo han hecho saber unos cuantos de ellos, quejándose de la falta de recursos que tienen.

Tras su sorpresa sincera, estoy convencido de ello, me dice que que los síntomas que describo en el libro le parecen exagerados. Inmediatamente le interrumpo: mis amigos, algunos de ellos también antiguos alumnos suyos, opinan que las mayores salidas de tiesto, las más graves, las más duras, no aparecen en “Tengo trastorno bipolar”.

Por fin, por fin, reconoce que está muy sensibilizado con el tema: un familiar muy cercano fue diagnosticado hace tres años. No puedo evitar un “lo suponía”.

Me pregunta por mi vida, yo por la suya, recordamos alguna vieja batallita, me pregunta por tal y cual amigo, yo por su jubilación.

Al despedirnos me suelta: “¿Y ahora, qué vas a hacer?”

Confío en que seguir manteniendo conversaciones de este tipo con gente que en su día no quiso ver y ahora está dispuesta a arrimar el hombro. Como tú.

Añado un fotograma de la película “El indomable Will Hunting”, “Good Will Hunting”. Ni Robin Williams era profesor, ni yo soy una máquina mental. Me identifico con el personaje que interpreta Matt Damon por su escaso control de la ira y sus problemas con la frustración. Como es complicada de encontrar en DVD, me permito recomendarla y os invito a comentarla. Ahí, abajo, donde pone “Comentarios”…

OTRA “VÍSPERA DE TODOS LOS SANTOS”

1 Nov

La banda no se cansa.

Los-Suaves

“Era un día como otro cualquiera… ni negro ni blanco. No sé si era largo o era corto pues, como todos, empezó acabando.
Una jornada de un siglo remoto -perdí ya la cuenta han pasado tantos- al que llegué poco a poco: víspera de todos los santos.
Era cuando la Edad Vencida dice: “¿Dónde vas, pobre loco, abrazando causas perdidas, mujeres perdidas… corazones rotos?”
El primero o el último día, da igual, quedan sólo unos cuantos. Dios se cansó de dar cuerda a mi vida: víspera de todos los santos.
Era un tiempo de horas homicidas: tú no te enteras… ellas trabajando. El reloj, tic-tac, causa heridas mientras la vida te va suicidando.
Fue cuando, tras cada esquina, otra vuelta de tuerca sigue apretando. Besas en la boca a la agonía: víspera de todos los santos.
Todos los años, puestos en fila, piden cuentas y tú recordando cómo has perdido lo que querías. ¿O, sin saber, te lo fueron robando?
Sólo Dios conoce el último día, la última hora -sonríe callando- el último número de la lista: víspera de todos los santos.
Para escuchar esta canción, el mejor lugar el infierno. Naces solo. Mueres solo. No te engañes, solo vas viviendo.
Llegó por fin el mejor día: martes trece o viernes santo. Los perros me hacen compañía: ladran cuando estoy llorando.
Es cuando, muerto de envidia, miras al mundo pasar paseando. Los caminos son navajas frías: víspera de todos los santos.
Noches y noches perdidas. Cientos de horas volando. Llega la señal de la partida. Caigo y aún me voy levantando.
Apoyado en la ruina, la compañera que me va quedando. Rechazan tu mano tendida: víspera de todos los santos.
Las palabras entre rejas. Otra vez el papel en blanco. Calla, obedece, de qué te quejas: unos mintiendo, otros soñando.
Cuando ves la tarjeta amarilla, ¿qué haces? Empujas o sigues tirando. Las ilusiones hechas astillas: víspera de todos los santos.
Era quizás el último día, sin noche, cuando unos cuantos se van con la mayoría
y sin votar terminan ganando.
Furiosa la muerte me hace signos. Cerca, muy cerca me va llamando. Me voy como se cierra un libro: víspera de todos los santos.
Allí estaremos juntos
día de fieles difuntos.”

Desde que descubrí a Los Suaves, me llamó la atención la relación que Yosi, letrista y cantante de la banda, ha tenido con la muerte. Hay que tener en cuenta que yo tenía catorce años y en esa época es cuando empecé a preguntarme ciertas cuestiones que siguen sin respuesta, claro, pero que me han servido para leer bastante sobre el tema, hacerme con una idea propia y ser muy crítico con la parefernalia actual, la que está de moda hoy y aquí.

Para terminar, me voy a permitir una recomendación: no escuchéis a Los Suaves si estáis melancólicos, sobre todo el “Maldita sea mi suerte”: no es que te saque a patadas de la melancolía, precisamente.

Larga vida a Yosi. Aquí donde esté. Y mis mayores respetos para los que seguimos amando a los que nos faltan. Así amaremos a los que acaban de llegar. Y a los que están por venir.”

A N. Z. O.

No al préstamo de pago en bibliotecas

24 Ago

logo bp

En la web http://noalprestamodepago.org/ se puede encontrar toda la información, así como los autores que se han adherido. Manifiestos, logotipos…

Lo más importante es la explicación del atropello.

Todas las bibliotecas públicas se van a ver afectadas y ya se están sucediendo las primeras reacciones (la CA Vasca se va a hacer cargo del montante). Bibliotecas de municipios de menos de 5000 habitantes, de más de 5000 por otras razones, pertenecientes a redes de bibliotecas de administraciones autonómicas… Todas.

La Red de Bibliotecas Públicas de Navarra, ahora mismo, no sería viable. Implicaría el cierre del Servicio en cierto plazo. Dicen. Este Real Decreto se aplicará a partir de enero de 2016.

Demasiadas preguntas me quedan en el tintero con dos elecciones de por medio.

Esto es una barbaridad. Soy un firme defensor de la biblioteca pública. He tenido la oportunidad de trabajar como bibliotecario en tres (Sangüesa, Pamplona-Yamaguchi y Mélida), todas en Navarra, a lo largo de más de dos años. Sigo opinando que son centros de reunión desperdiciados, en mayor o menor medida. Si una biblioteca se cierra, no sólo significa que no vamos a poder acudir a que se nos presten libros. O que no se va a poder ir a estudiar. O a entrar al servicio porque no se llega a casa. O que no vamos a tener ese lugar de encuentro.

Discos. Películas. Clubes de lectura. Clubes de cómic. Cuentacuentos en distintas lenguas. Iniciativas culturales. Promoción de la lectura. Aprendizaje continuo. Acceso a las nuevas tecnologías. Exposiciones. Concursos. Cursos. Proyecciones. Charlas. Presentaciones de libros. Hemeroteca.

Ya paro, ya. También nos quedaríamos sin los que trabajan en las bibliotecas. No estoy haciendo amigos, que algo padecieron mi espíritu crítico y mis impulsos. Antes de trabajar en una biblioteca he sido usuario, como hoy lo sigo siendo. Quizás sea precisamente la fuerza de trabajo lo más desperdiciado de una biblioteca. El que no conozca sus virtudes tiene la oportunidad de acercarse a su biblioteca más cercana y comprobarlo: te están esperando.

¿Otra reivindicación más? ¿Con la que está cayendo? Cada cual lo debe valorar. Mi hijo cogió su primer libro en una biblioteca pública. Sus primerizos padres nos hemos llevado muchos libros para intentar hacerlo lo mejor posible, sabiendo que no toda la verdad está encerrada entre sus páginas. Ayer a la noche, en la cama, Amets abrió un libro -recetas de cocina, y lo abrió al revés- y consiguió con su actitud erudita que nos meáramos de risa.  La cultura es la inversión que, con la educación, -o al revés, lector, corrígeme- puede sembrar en él criterio, curiosidad y la formación de un espíritu crítico. Es lo que aspiramos a facilitarle. Una parte nosotros. La otra, el colegio y las bibliotecas.

Y si nos sale tan culto y tan bruto como para redactar y aprobar leyes como ésta, es que lo habremos hecho muy mal.

Hoy sí, firmo como

“Autor”.

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800 balas: un mensaje

9 Ago

La película “800 balas” es de ésas que me hacen reír, me hace llorar, me entretiene, desafía a la autoridad, desparrama y me enseña. Aparte de ser, esencialmente, una gamberrada.

El mensaje con el que me quedo lo podéis ver en esta parte de esta secuencia, 24 segundos sólo.

Sancho Gracia, que se llevó un Goya por esta actuación, explica a su nieto… bueno, ya lo habéis visto. A mí el concepto de pecado se me escapa bastante. La manera de vivir del personaje de Juan es envidiable. Sobre todo me cautiva porque es consecuente con ella, lucha con sus armas y con las que no tiene.

Creo que este mensaje esta bastante lejos del Carpe Diem humanista que se puede leer en tantos mensajes a través de redes sociales, correos electrónicos, WhatsApp y hasta ver en anuncios publicitarios. Tiene un punto de realismo, de fatalismo, de optimismo teñido de pura vida que me hace reflexionar sobre qué es la diversión.

Lo más importante, para mí, sigue siendo determinar cuándo ha pasado esa putada, cuándo ha llegado el momento de dejar de lamerse las heridas, para estrujar la vida hasta que llegue la siguiente putada. Estoy de acuerdo en parte con Gracia: hay malos tragos que no nos los quita nadie. Me permito matizar porque creo que tengo la capacidad de relativizarlos, de separarlos de otros tragos que pueden venir inoportunamente de la mano. Creo. Ése es otro trabajo pendiente de seguir mejorando.

Lo desesperante sigue siendo cuando no tengo marrones de este tipo, o putadas, o malos tragos, y no soy capaz de divertirme, de disfrutar, y sigo vagando en tierra de nadie esperando a que pase una tormenta de la que ya no se oyen ni los truenos.

De la Iglesia fue capaz de reunir a Curro Jiménez y a Pepe Carvalho (Eusebio Poncela) en una misma película. Y lo intentó con Clint Eastwood. Muy grande. Mi admiración.

Sancho Gracia en 800 Balas

Eusebio Poncelo como Pepe Carvalho

Memoria y Distorsión

22 Jul

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Qué pequeño es aquel lugar que, cuando era un chaval, me parecía inmenso. Qué complicado es trabajar sobre mi recuerdo. Así como en el primer caso lo puedo constatar usando mis sentidos, y puedo comprobar la mala jugada que me ha pasado mi memoria durante todos estos años, hay recuerdos que…

Por fin soy capaz de reconocer que he idealizado fases de mi vida. No ha sido positivo porque, al confrontar el momento que estaba viviendo con aquella idealización, me provocaba una insatisfactoria frustración. Mucho aprovecha el momento y disfruta el presente de boquilla: no conseguía más que relativizar la bondad de la que disfrutaba.

Hoy sigo perdiendo trenes menos sucios, menos románticos y menos aventureros. También sigo necesitando de mis recuerdos como base para tropezar con las mismas piedras con algo más de gracia y estilo. Convencido de mi falta de destreza y de mi animalismo.

No son muchos los deseos que he expresado en este blog. En el libro hablo más de la etapa que se me habría como padre. De la ilusión en contraposición a lo pasado con mis oscilaciones de ánimo.

Desearía poder volver a vivir los ingresos. Las psicosis. Los internamientos en casa. Los efectos de las medicaciones: los secundarios y los otros. Desearía sentir la fuerza de la manía, incontenible, lujuriosa, exuberante, con todos los matices y los miedos.

Son ejercicios de memoria a los que no renuncio. Me falta precisión. El tiempo pasa. Mi memoria juega conmigo. Mi memoria y las circunstancias, las de entonces y los tamices del tiempo. Hago el esfuerzo porque me reporta un beneficio.

Desearía poder vivir el pasado actuando del mismo modo, cometiendo los mismos errores y saliendo del paso por los mismos atajos. Sin cambiar nada.

Con el único fin de plantarme mañana a la mañana con mis experiencias más frescas, menos distorsionadas.

A veces me abruma la sensación de que mi memoria me está haciendo trampas.

GIRONA, MAÑANA A LAS 17:30

18 May

…en el Hotel. D, Entitats,  en carrer Rutlla 20-22.

Tras el paseo de esta tarde por la ciudad,  me temo que se me va a quedar asociada al descenso de Osasuna. Desde que tengo uso de razón, es la segunda vez que el equipo desciende a segunda. Las sensaciones son tan distintas… Salvo el convencimiento de que vamos al volver a Primera.

 

Por encima de juntas directivas y jugadores, incluso de los aficionados, esta el club. No sé  definir el sentimiento de identidad. Hablaría de principios,  de señas de identidad,  de concepciones de un fútbol con el que nos podemos identificar. Pero es inoportuno.

 

Mañana vuelve una semana gris. Habrá que tirar de actitud y de recursos para  que no no me afecte más de lo necesario.  Siempre me quedará en el recuerdo de los logros de un futbolista,  el último de un amigo generación y que se lo merece todo: Patxi Puñal.

 

A partir de las 11:30, estaremos en los micrófonos de la SER, a nivel estatal, por medio de una comunicación Girona-Barcelona, en el programa de Gemma Nierga,  que está de baja.

 

Ya a la tarde presentaremos el libro,  aprenderemos y conoceremos a gente muy interesante.

 

Aupa Osasuna

 

LOS REMOS Y LA BARCA

22 Abr

En el último capítulo del libro relato cómo me las intento apañar en las crisis. Utilizo el mar como escenario metafórico y una barca como alegoría de mis recursos para evitar que mis desequilibrios se apoderen de mí.

Ay, quién maneja mi barca, quién

En un comentario, una lectora escribe: “Despreocupémonos de “qué” son los remos, y sigamos adelante con nuestra barca!”

No lo quiero interpretar como un todo vale. Para mí, cualquier recurso no me sirve. No me pongo estupendo cuando afirmo que no vuelvo a ser hospitalizado si no es con los pies por delante. Tampoco me vale tomar sin un mínimo espíritu crítico cualquier medicación. Ni ponerme en manos de un desconocido para entregarle mi criterio y mi voluntad. Todos los considero remos válidos porque a otros les sirven.

Para mí… son demasiadas cicatrices.

Mi premisa, a día de hoy, es que si un recurso/remo me aliena y no me enseña a prevenir no lo considero válido.

Coincido con que el objetivo es que sigamos adelante con nuestra barca. Avanzar. Pero abogo porque se reconozca que cada barca es diferente. Hay veleros de fibra de carbono. Hay chalupas viejas y pesadas. Yo siento que la mía es de las últimas. Necesito pintarla con mucha frecuencia. Sacarla del agua. Cambiar tablas. Del motor, ni hablo. Es el de nuestro SEAT 124 del 75…

Mi barca es agradecida como la buena tierra. Si la cuido, responde. Y suspira aliviada cuando tiro de los remos o del motor. Si no le hago caso, responde airada y me pone en riesgo de subirme a la parra o de bajarme al lodo.

Me reafirmo en lo que escribí en el libro: “De modo que no es una mala costumbre (…) navegar mirando al cielo de vez en cuando. Estoy convencido de que, con el lastre que llevo, es más saludable mirar al cielo que mirarme el ombligo. Así puedo intentar volver a puerto a tiempo para evitar males mayores.”

Mañana es el Día del Libro. Descuentos del 10% y rosas de regalo. Regalemos libros. Y a nosotros mismos, también. Recordemos que no hace falta cargarles la batería.

FRUSTRACIÓN, IRRITABILIDAD, IRA.

13 Mar

A fuerza de escucharlo, leerlo y también de pensar en ello, tengo casi asumido que tengo una “baja tolerancia a la frustración“.

El mero hecho de hacer este ejercicio me irrita. Me toca las narices. Porque me gustaría tolerar mejor mis frustraciones, que pueden ser fruto de tantas razones…

carmelo11Si se dan ciertas circunstancias, esa irritación me puede lleva no sólo a que me toque las narices. También me puedo ir más allá, hasta la ira.

Como tantas otras personas, con diagnóstico o sin él, ciclo rápido. Soy de ciclación rápida. Puedo pasar de cero a cien en muy pocos segundos. Demasiados pocos segundos.

Estos términos, que entendemos perfectamente y que los vemos en la vida diaria, tienen connotaciones médicas. Quiero decir que pueden aparecer en informes y son tema de estudios, tesis, conferencias y demás.

En mi caso, la paradoja consiste en que esa cadena (frustración, irritabilidad, ira) puede ser un aviso de una manifestación de mi enfermedad. Con la peculiaridad de que no siempre sé si me avisa de que me voy hacia un estado de manía o hacia una depresión.

Debo hacer otro análisis, valorar otros factores y asumir otras circunstancias para intentar discernir por dónde me vienen los tiros. Y hacia dónde voy yo.

Cuánto camino me queda por recorrer. Es frustrante… A ver si no me pongo de mal café que luego, si me tocan los aparejos, me pongo de una mala leche…

 

He metido una foto de un galán de una pieza, que me parece un gran actor, leonés, y que da un juego bestial en las entrevistas: Carmelo Gómez.

 

LA MEDICACIÓN (Y 2) ¿ESTIGMATIZA?

7 Mar

¿Marca al que la toma? Si va bien cargado ¿se le señala con el dedo? ¿Es otro factor causante del autoestigma?

Hace unas semanas, en la Biblioteca en la que trabajo entro una chica muy joven -de mi edad, vamos- y estuvo un rato haciendo uso del bien común. Recomendable actividad, por cierto. Cuando se iba, me preguntó algunos detalles sobre los servicios de la Biblioteca. No me pude aguantar. Entre susurros -es lo que procede en este espacio- le dije que yo tenía trastorno bipolar y le pregunté de qué iba puesta. Se sorprendió, no demasiado, y me respondió que de clonazepam y de lorazepam.

Nos reconocemos entre nosotros. Somos un subgrupo. Pero ¿por qué?

Por las pupilas. Por la ausencia de saliva en la boca. Por el aliento. Por la mirada huidiza, culpable en ocasiones. Por las pocas ganas de relacionarnos que nos da la posibilidad de salir por pies en cualquier momento a nuestros cobijos en caso de sentirnos mal. Por los temblores de las manos. Yo qué sé por qué más.

Si somos bioquímica, como dice Francesc, con la medicación deberíamos ir puestos de lo que nuestro organismo no genera en la medida apropiada. O de complementos que nos ayuden a encontrar paz.

Admito la complementariedad. Rechazo la suplementariedad perpetua.

Esta medicación como suplemento de mi incapacidad puede ser causa de mi rechazo hacia mí mismo si estoy tomando medicación. “Sólo, no puedo. Con amigos, sí” ¿Recordáis “La bola de cristal”?bola

Pues esto es parecido, pero todo lo contrario. “Mira chaval, si has escuchado toda la murga que te he dado, entenderás que tu cuerpo, por razones que ni siquiera nos arrimamos a comprender, es incapaz de segregar patatipatataobladioblada… así que toma de esto tres veces al día. No, no te puedo decir hasta cuándo. ¿Toda la vida? Nunca se sabe…”

Tócate los pies. Ése fijo que se reía de la Bruja Avería, pero no se le rompió ni la lavadora ni le estalló el televisor ¡Injusticia!

Retomo el ejemplo de la diabetes para dar por el riau un poco. Medirte el azúcar en sangre en un bar a las dos de la mañana, puede ser causa de que te señalen con el dedo mugriento de la incomprensión.

Si le susurras al conductor de un autobús urbano -villavesas en esta ciudad- que te abra la puerta porque te quieres bajar, porque ya no aguantas más estar ahí metido, estás blanco como el papel y sudando a chorros… no hay dedos mugrientos de incomprensión. No solamente. Hay rechazo. Por desconocimiento, por miedo, por lo que sea. Pero estás así porque un licenciado en medicina y no siempre doctor en psiquiatría ha considerado que tienes que tomar esa ponzoña y te ha sentado mal, te ha hecho reacción con otras medicaciones o las dos cosas.

Podría poner un sinfín de ejemplos más. No son horas.

Mejorarán estas drogas. Saldrán otras mejores. Espero que cuesten más. Porque si tengo que tomar alcohol y me dan a elegir entre un güisqui nacional y uno de malta de 24 años, escojo la droga cara y de calidad.

Y me repito. A mí se me vence. No se doma.

 

A la memoria de Leopoldo María Panero

 

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