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LA MODERACIÓN EN EL COLOR DEL DOLOR

15 Nov

¿A qué huelen las nubes?

¿De qué color es la soledad? ¿El miedo? Y el dolor ¿de qué color es?

Habría que buscar en las paletas de Angélica López de Manzanara y de El Mundo de Anica, ilustradoras de postín.  Aunque lo único que nos garantizaría, oh tan musas como artistas, es que encontraríamos los colores de sus dolores, de sus soledades y de sus miedos.

Otra vez el mismo argumento de siempre. Cada uno tiene sus pesares y por más que haya habido artistas que se hayan acercado a expresar los suyos propios… pues eso, los suyos. Que yo sea capaz de verme reflejado en ellos no significa que ese sea  exactamente mi color. Lo mismo pasa con los poemas, con las canciones: “las vaquitas, ajenas son”. Bastante tengo con identificar y decir “ése es”, quizás repetido en mi vida pasada, por más que me sirvan de inspiración. Es una situación poco habitual pero jodé, facilita la tarea.

Me gustaría tener el suficiente arte como para pensar que voy a ser capaz de encontrar los tonos precisos de mis dolores. Creo recordar que no hay colores antagónicos, pero me la sopla: si encuentro los tonos de mis dolores, sabré encontrar los de mis alegrías con exquisita precisión. Si fuera capaz de buscar… ¡no!, de encontrar esos tonos y de saberlos neutralizar de alguna manera, moderándolos, o aunque sea trazando los caminos hacia el negro -ausencia de color- y hacia el blanco -la comunión de todos los colores- consiguiendo que esa moderación se convierta en caminos a seguir. Sin que se me impongan ritmos ni caminos. Que parece que nadie entiende que me puedo poner bravo, bien oscuro, por blues que esté, si se me intenta meter el dedo en el ojo. O si así me lo parece, carajo. Quizás sea mi modo de defender el resquicio de salida de ese sufrimiento.

Que les vayan dando a los que se creen que las penas tienen nombre de canción, o de título de libro o de poema. Sólo les concedo, como máximo, haber encontrado el tono de sus propias miserias. Que no es moco de pavo. Mi dolor tiene derechos de propiedad ¿intelectual? Copyright, para entendernos.

 

Para mis colegas de Gure Ahotsa, de Errenteria, a ver si les entran mejor las canciones del primer disco de Ciclonautas. Ya mismo están sacando el segundo.

Ciclonautas-1

Tremenda portada para “Bienvenidos a los muertos”:

Portada Bienvenidos a los muertos

 

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PUES NO SE TE NOTA NADA…

5 Nov

Conversando

A lo largo de nuestra vida a partir del diagnóstico, que casi lo entrecomillo, y si nos hemos dejado llevar en algunos momentos, nuestro aspecto físico cambiará. ¿Tanto? No creo que sea tan grande el cambio como para hacernos irreconocibles. Pero aquí van algunas pistas recurrentes:

aumento de peso y de volumen. En este mundo esclavo de la imagen, veremos que a las pocas semanas de comenzar el tratamiento que sea, engordaremos. Sin paliativos. Estas drogas es lo que tienen. Te hinchas y punto. A veces este efecto secundario puede dar lugar a desórdenes alimenticios, con lo cual hemos matado una mosca con un cañonazo. Lo que es innegable es que nuestro aspecto físico cambia.

ojos: legañosos y con las pupilas dilatadas y/o a medio párpado. Bueno, en esto hay grados. No es tan fácil ser contundente en las afirmaciones: entraría la mirada y no la voy a valorar.

tics. La tienes clara si ya tenías un tic anterior porque se te multiplica. Si no tenías ninguno, en fácil que te lo encuentres en unos pocos días.

temblor de manos. Frecuente. Se suele pasar cuando se supone que tendrías que dejar de tomar esa medicación.

ansioso, impaciente. Sí, te muestras ansioso ante la comida, ante el tabaco si fumas…

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Una vez decía que es fácil reconocernos entre nosotros, que somos una especie de secta que con unas pocas señales sabemos encontrarnos.

¿Es esto bueno? ¿Facilita la vida de algún modo? Ni idea. Lo que está claro es que me revienta las pelotas que me digan “no se te nota nada” (en su momento me sorprendía más que otra cosa), como si me tuvieran que salir cuernos y rabo. O como si tuviera que estar ingresado en un psiquiátrico y verme fuera de él provocara sorpresa.

No es crueldad. Es un poco de humor irónico, sabiendo que me estoy riendo de mí mismo. Pero creo que dice mucho sobre la calidad de los fármacos que os atizamos sin decir “aquí me duele”.

DE PEÓN A REY DE ESPADAS. Rasgo de un carácter o síntoma.

30 Oct

Portada Directo

“Es un salto importante de peón a rey de espadas.

Arrogante y peligroso con el tiempo de pasada. 

Intentará sin lograrlo bajarse en su parada con el tiempo de pasada

ya no tienta a la suerte porque la suerte está echada“.

Éstos de la wikipedia son la bomba. Te meten dos párrafos que caen por su propio peso -el segundo más bien se arroja solo- para explicar la crisis mixta y se quedan tan anchos. De todos modos sirve para dar pie al concepto.

En la charla del otro día en Barañain volvió surgir la idea de que ciclamos no ya rápidamente, sino inmediatamente. Pasando de la verborrea del modo “me encanta escucharme” a las lágrimas en tres minutos. Hablo de síntomas. Síntomas. Lo cierto es que la irritabilidad te la puedes encontrar en los lados de esta balanza que nos quieren montar. Averiguar el matiz (¿es irritabilidad de la de estar de bajón, o bien es de la que ya se ha subido por la pared y es la de la desesperación de que todo va muy despacio¿?) es un reto y es muy importante a la hora de tomar medidas. En el ejemplo, además, si el síntoma es uno de los principales chivatos de que se está liando… También con el sueño serviría este ejemplo de síntomas chivatos que desconciertan dependiendo de cómo aparezcan.

Buena onda escuchar a los Barricada del Doble en Directo (´89) para empezar la mañana. No esperes a quedarte cojo para empezar a patalear. Situación límite. Nosotros los vimos en el pabellón Anaitasuna en mayo del 90, que cerraron la gira en casa. Mi primer concierto.

No puedo acabar esta entrada intentando dejar muy claro que yo puedo estar irritable porque sí, porque Osasuna ha perdido, porque no doy una a derechas jugando a pala o porque se me ha muerto el canario. Aquí, por mucho enfermo que nos juntemos, no hay patología. No hay enfermedad por ninguna parte. Ni síntoma ni diagnóstico ni obsesión ni pulsión ni nada.

Parece que no tenemos derecho a tener ciertos sentimientos sin que tengan que ver con un diagnóstico. No tener derecho… peor aún. Que se nos señale con el dedo y se escuche “cuidado, que se le va la pinza.” Esto nos lleva a estar escondiéndonos, procurando no expresarnos dependiendo de quién esté delante, porque lo mismo si Osasuna se clasifica para La Champions -qué pasa, no ha hace tantos años- tengo que estar moderado en mi alegría. Anda, no me toques los aparejos, que de irritabilidad podemos hablar también.

Y sí. Soy de los que ciclo rápido. De peón a rey de espadas.

QUERIDA ELENA:

30 Ago
Foto de Sam Jones

Foto de Sam Jones

Buenos días. Antes de nada, te mando la foto de este ciudadano del mundo. He estado a punto de mandarte una de otro que presumía de esa condición, pero ciertamente Bogart luce menos.

Ayer me acordé de ti y de una de tus enseñanzas. Tal y como yo las recuerdo y las aplico, claro. Llevamos a Amets a Etxauri en busca de un poco de fresco y se puso andarín. Caminaba con bastante seguridad sendero arriba, a pesar del pañal de sus amores y sus odios. Total, que caía al suelo y se levantaba mirando hacia delante, reemprendiendo la marcha sin un momento de duda. Ya. Lo que hacen todos. Me sigue fascinando.

¿Qué me he dejado por el camino, que no consigo hacerlo de esa manera? Parece claro que siempre que me he caído me he levantado. Pero, desde luego, cada vez albergo más dudas: en el suelo, miro hacia delante atisbando lo que se me avecina y no puedo evitar volver la vista atrás, para repasar el camino recorrido. Sólo entonces cojo aire, me lamo las heridas y me vuelvo a levantar.

Se acaba agosto, y parece que se acaba el verano. Para ti significa dar carpetazo a una época de ausencia de rutinas y dar cara a nuevos retos e ilusiones. Se me está haciendo largo, no te voy a engañar. Con toda esa gente fumando en las terrazas y en las puertas de los bares, encendiendo sus cigarrillos sin tapar la lumbre… Una buena ventisca les daba yo, harto como estoy de olisquear y ventear como un perro de caza, redescubriendo los aromas del tabaco que sigo sin fumar.

Lo estoy llevando mal de cojones, efectivamente. Y de lo demás, también lo estoy llevando mal. El otro día me decía una cliente en la tienda que cuando vas al médico, lo mismo da que sea por un catarro que por un sarpullido, lo primero que te dice es que dejes de fumar. Sangre de Cristo. ¿Y si me bebo una botella de ron al día, o no me muevo del sofá o soy capaz de tragarme a diario el telediario de televisión española sin espíritu crítico? ¿Eso no es peor para mi salud?

Ya, exagero. A lo mejor recuerdas que entre los propósitos para este año estaba, entre otros, el de mantener mi peso. Que ya dejaría de fumar en 2016, que cumplo 40. Una vez más, no me han salido los planes como esperaba. Puede que, como me solías decir, mi problema es que hago demasiados planes. Puede. Yo te responderé lo mismo de siempre, que mis planes son también retos que me ayudan a ponerme de pie, aunque antes haya mirado con desánimo hacia delante y hacia atrás.

Sí que este 2015 está siendo crítico en algunos aspectos. No sólo porque mis objetivos se fueron al pedo con un arranque de año muy malo, con este diagnóstico que acarreo y que me regaló un brote mixto, del que he padecido una secuela física en forma de trombosis. Si intenté verlo como una oportunidad para dejar de fumar -qué mal lo estoy pasando, escribir sin echar humo es un sucedáneo– fue porque me quedaban tantos retos por abordar y sabía que no iba a poder llegar, con una baja que se prolongó cuatro meses. Récord.

Quizás tenga esta percepción de crisis porque no he sido capaz de aplicar todo lo que he ido aprendiendo en estos años ante ciertos síntomas. O no siempre, para ser justo conmigo mismo. Me causa mucha desazón recordar cómo he ido pregonando las bondades del catálogo de recursos ante las crisis y cuando he llegado a esa situación, no he salido airoso. Todavía no sé si ha sido porque la aplicación ha sido defectuosa, poco oportuna en el tiempo o nula. Ya te iré contando si llego a una conclusión.

Lo peor es que ahora mismo me siento como un vendemotos, como uno de esos comerciales que no creen en su producto. Lo grave es que mi producto son algunas de mis convicciones más profundas.

Lo más importante de toda esta mandanga es que sigo en pie, que sigo aquí, que confío en volver a caerme. Me gustaría pensar que la gracia no está solamente en levantarse: he de aprender de nuestro hijo y hacerlo con convicción, con confianza y con ilusión por saber qué me depara el siguiente recodo del camino.

Con mucho cariño

Sergio

PS He encontrado dos respuestas a la pregunta de por qué no consigo levantarme como Amets: le llevo 36 años y 93 kilos.

20

PATRICIA GAZTAÑAGA Y SUS CERVICALES

28 Ago

PATRICIA

Esta mañana he estado en el programa de Patricia Gaztañaga, “Como en casa”, que se emite en  el segundo canal de Euskal Telebista, ETB 2. Si pincháis sobre la foto de Patricia, podréis ver el vídeo.

“A raíz de la muerte de Javier Fernández, batería de Los Piratas, ‘Como en casa’ ha querido indagar en esta enfermedad. Sergio Saldaña padece esta enfermedad y nos cuenta qué es y cómo se vive con ella.”

Así es como se ha presentado la parte del programa en la que hemos hablado sobre trastorno bipolar, drogas, muerte y agresividad.

Creo que es el programa de televisión más trepidante en el que he participado. Reconozco que me he dejado contagiar por el ambiente y que he entrado al trapo. Y que lo he he hecho con unas formas que a lo mejor no son las más adecuadas. Nchst. Me pudo la susceptibilidad…

Total, que yo he intentado lanzar el mensaje de que por encima de cualquier diagnóstico está el carácter de la persona. También quería dar la información de que sin medicación también se puede. Además de dejar claro de que no es infalible (me sorprenden las estadísticas del médico psiquiatra entrevistado). En fin, no ha habido lugar para el humor, una pena.

Sobre la muerte de Hal 9000 me parece imposible opinar porque no se puede tener la información. El que no sea capaz de entender esto, que se lo mire.

Una interesante experiencia. Es un placer ir a Miramon y conocer a un mito de la tele. Aunque te haga cambiarte de sitio. Como en el instituto. Con lo bien que me estaba yo portando…

 

 

SOLEDAD, TRISTEZA Y DESCOJONO

27 Jul

Cada vez leo más que, por delante y por encima de todo todo diagnóstico, es la soledad la causante de mayor dolor en personas que arrastran un diagnóstico de enfermedad mental. Soledad como causa del estigma y del autoestigma. También provocada por viejos complejos asociados, de nuevo, a síntomas. La incomprensión de quienes más importan pueden llevar a agudizar esa dolorosa sensación de soledad. Y me refiero a ese aislamiento involuntario y no deseado. “Solo rodeado de gente.”

Así pues, me sumo a quienes opinan que la mera soledad puede ocasionar más dolor que las consecuencias de unos síntomas, un diagnóstico o una enfermedad por sí mismos.

Siguiendo con este cascabelero texto, la tristeza… ¿o debería hablar de la melancolía siguiendo las enseñanzas de La Revolución Delirante? puede tener diversas causas. Una de ellas, cómo no, sería la soledad. Pero existen otras muchas. Por causas propias, ajenas. De comprensible explicación. O no. Como parte de un proceso de duelo…

Marea en el Kutxitril, creo

“Prima tristeza”, de Marea

Muchas veces me he referido a mis depresiones como “mis tristezas”. No sé si como un eufemismo, o porque no siempre he tenido claro que alcanzaran el concepto clínico de tales supongo que por duración y esas mandangas. A los que también me suelo referir recurrentemente como “comer mierda”. Aquí me detendría a debatir sobre si hace falta sufrir determinados síntomas durante dos meses para que se considere depresión. Digo yo que se puede sufrir más en un fin de semana que en un mal año. Pero como lo considero harina de otro costal y quería ser breve, lo dejo aparcado para otra vez o para los comentarios o para todo lo contrario.

Como muchos de vosotros, lectores, yo tampoco considero que haya venido a vivir a un valle de lágrimas. Por otro lado, el llegar a ser un hedonista de manual huajoloteño me queda lejos. Asumí tiempo ha que, en lo que a mis momentos vitales se refiere, el objetivo es moverme entre esas dos aguas. Procurando aprovechar los sabrosos y minimizar en tiempo e intensidad los amargos. Como todos, digo yo.

No me cuesta reconocer que he tendido a regodearme en el mullido colchón de la autocomplacencia y el mamoneo, ahí tirado sobre la hamaca arrulladora de la desidia y el abandono. Además, ser tendente también a la euforia, me ha resultado costoso no dejarme llevar por la alegría desbordante que se puede sentir al comprobar que todo sale de forma y manera óptima, hasta el punto de creer que es así como siempre me debieran salir las cosas.

Me acerco inexorablemente a los cuarenta años. Sigo sin saber relativizar estas historias con que la vida se empeña en entretenerme, la muy cachonda. He utilizado en repetidas ocasiones (ver artículo para ActivaMent) el afectado argumento de que la experiencia me hace más perro y más sabio, y cosas por el estilo. Bien. A día de hoy creo que, si sigo tan capaz de sorprenderme a mí mismo repitiendo errores e incluso mejorándolos, esto es, cagándola aún más, he perdido mucha fuerza moral como para poder usar dichos argumentos -que se resumen en que pa huevos, los míos- sin dejarme en el más absoluto de los ridículos. Claro está, hasta que no rellene el cargador a base de tiempo y pueda dogmatizar (de nuevo) sobre la esperanza y la experiencia que da el fracaso.

Lo mismo para entonces publico otro libro.

Elena Figoli para ActivaMent

Elena Figoli para ActivaMent

eldiario.es AQUELLA ENTREVISTA.

17 Jul

Va por Lorena, que a la una se bate una vez más contra el estigma, a su manera y en su segunda casa. Mucha mierda.

La vida con trastorno bipolar

Sergio Saldaña ha publicado un libro para contar cómo convive con su enfermedad mental

“El caballo de batalla está en que no sé discernir con certeza cuándo una reacción se debe a mi forma de ser y cuándo se me está yendo la pinza”

Sergio Saldaña

Sergio Saldaña, autor de “Tengo trastorno bipolar” (tengotrastornobipolar.wordpress.com)

Sergio Saldaña tiene trastorno bipolar. No es un secreto, al contrario. Está seguro de que, si más gente se atreviese a dar el paso de hacerlo público, no existiría el estigma que rodea a su enfermedad. “Sería muy bueno que hubiese más famosos ‘saliendo del armario’, sobre todo en la televisión. Tienen como un grado más de verdad y una capacidad de normalización que yo no tengo”, afirma en una entrevista a Desalambre.

Esa máxima de visibilizar, le ha llevado a crear el blog “Tengo trastorno bipolar” y a publicar un libro (editorial Círculo Rojo) con el mismo título, en cuyas 77 páginas habla de la cotidianeidad de una patología que hace oscilar el estado de ánimo entre la manía, o fase de euforia que puede durar días o meses, y la depresión, caracterizada por la tristeza y la desesperanza. “El caballo de batalla de esta enfermedad, para mí, está en que no sé discernir con certeza cuándo una reacción se debe a mi forma de ser– entendedme: personalidad, carácter..- y cuándo se debe a que se me está yendo miserablemente la pinza”, asegura Saldaña en el libro. Contarlo forma parte de un proyecto vital, de una necesidad de explicar cómo ha logrado convivir con ella todos estos años, “desde el humor y el amor”.

El relato comienza poco antes de su primera crisis maníaca, con aquellas pequeñas acciones en las que “nadie veía las cosas” como él. “Cuando estás arriba, te crees el rey de la baraja. No necesitaba dormir. Hablaba por los codos. Encadenaba pensamientos a toda velocidad. Me parecía que el mundo, la gente, mis amigos, mi familia… iban a cámara lenta”. Eso, acompañado de un altercado en casa, le llevó por primera vez al hospital, donde los especialistas le recomendaron el internamiento. Estuvo ocho días encerrado, el primer paso para ser consciente de que era algo serio y crónico. “Es un lastre y, hay que decirlo, una putada. No sabes cómo aprenderte la enfermedad. Es muy desconcertante”. Recuerda el día en el que le comunicaron el diagnóstico como la escena de una película. “Solo que no hubo ficción, aquello fue real. Ese momento te marca para toda la vida. Eraimposible asimilar lo que me estaba contando, a mí y a mis padres, el señor que había al otro lado de la mesa vestido de blanco. Entré en un estado de duelo y negación”. El paso de los años le ha ayudado a enfrentarla de forma diferente y sobre todo a detectar “los chivatos” que se van encendiendo antes de una crisis.

“Cuento las horas que he dormido las últimas noches. Recuerdo los comentarios que me ha hecho la gente que me importa sobre mi comportamiento en estos días pasados. Y, ahora, los escucho de verdad. Rememoro, intentando ser objetivo, las salidas de madre. Ya no son anécdotas, son síntomas y así debo verlas. Visualizo las consecuencias de las pasadas crisis… Rememoro todos los propósitos que he venido haciendo los meses pasados. Me busco las ganas de pelear por mí, de ser egoísta, de negarme a ser un títere con parkinson y babeante. A partir de aquí… temple. Estoy en el límite, en el filo de la navaja. Si grito que le den por culo a todo, será un vuelta a empezar. Si consigo sujetarme, ni manía, ni hipomanía, ni madre que lo fundó. No he perdido del todo. Yo he sido capaz de sujetarme”. Así describe en su blog cómo evita una crisis maníaca cuando empieza a detectar las primeras señales de alarma.

Sergio Saldaña

Sergio Saldaña con Amets, su hijo.

Puertas cerradas

Sergio Saldaña ha vivido tres internamientos en su vida. “Nunca he esquivado hablar de ello. Es algo que tuve que enfrentar y cuyo recuerdo me ayuda a sobreponerme para no caer de nuevo. Pero una cosa es clara, los amnésicos y la medicación te dejan vacío, te alienan y al salir no eres tú. Siempre he tenido que volver a empezar de cero”, reconoce. Llegó a pasar 21 días interno en su última crisis maníaca. “La etapa del hospital se vive mal porque está asociado a cuando el paciente está peor. Muchos entran involuntariamente porque es la única manera de poner tope a una crisis. Eso hay que entenderlo. Si a uno se le hincha un pie va voluntariamente al médico, mientras que en estos casos, si uno está mal, piensa que es cosa de los demás”, recuerda Eduard Vieta, jefe del servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona.

Tocar fondo implica volver al punto de partida y en esa subida el apoyo del entorno social es esencial. “Gran parte de los problemas son las consecuencias sociales”, dice Vieta. “La persona que sufre una crisis llega a perder su trabajo y es vista como una vaga que no quiere trabajar”. Está condenada al aislamiento social y la discriminación. “La gente piensa que su comportamiento es un problema sin solución, que se trata de una persona con una conducta desordenada en la que no se puede confiar. Como consecuencia, el estigma aumenta”, asegura José García, asesor científico de la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES). La familia adquiere entonces un papel relevante. “Es importante su intervención y apoyo hacia la persona enferma, pero también es importante trabajar con ella en el asesoramiento y la formación para disminuir el impacto que la enfermedad puede tener en el seno familiar”, afirma García.

Hay vida más allá

Más allá del trastorno bipolar, Sergio Saldaña ha vivido muchas otras cosas: ha acabado la carrera, ha sacado adelante durante años un negocio familiar, ha terminado unas oposiciones y, ahora, es bibliotecario y padre de un niño de seis meses. “No me siento privilegiado, ni afortunado. Yo no creo en la suerte. Creo en el trabajo que he hecho en momentos muy complejos de mi vida. Lo que sí tengo y no me merezco es el entorno: Lupe, mi pareja, mi familia y mis amigos. Se lo he puesto muy difícil a todos”. Al final del libro, son ellos quienes cuentan cómo es la vida junto a una persona con trastorno bipolar.

En esta enfermedad, el tratamiento, la rutina y la autobservación son imprescindibles. “Puede llevar a la persona a estar alejada de la realidad, pero va y viene, por eso es tan importante que el paciente la asuma. Muchos no lo hacen porque creen que con no pensar en ella es suficiente. Uno tiene más responsabilidad cuando está bien que cuando está mal, porque estando bien es el momento de hacer un esfuerzo por mantenerse y prevenir la crisis”, asegura Eduard Vieta, del Hospital Clínic. El centro estima que casi un millón de personas padece trastorno bipolar en España, aunque el 40% no lo sabe. La enfermedad tiene dos ramas, el tipo I y el tipo II, este último es más difícil de diagnosticar porque las crisis son más atenuadas que en el primer caso. Existe también un alto riesgo de suicidio: se calcula que lo intenta la mitad de las personas diagnosticadas.

“Lo que detectamos día a día es que hay una falta de información entre la población en general. Por ejemplo, hoy todo el mundo sabe qué es el colesterol y que hay que controlarlo, pero en el caso de las enfermedades mentales hay mucho tabú”, señala Vieta. Un desconocimiento que también afecta a los profesionales, principalmente a los de atención primaria. “Los médicos de cabecera tienen que saber de todo, lo que provoca que a veces enfermedades como esta se diagnostiquen como una depresión y no sean tratadas adecuadamente. Hace falta más formación en todos los niveles, también entre los especialistas. Todo es mejorable”.

En el ámbito del tratamiento, si echamos la vista atrás, ha habido una reducción de los efectos secundarios de los medicamentos, pero la atención integral sigue siendo una asignatura pendiente, recuerdan desde la Confederación FEAFES. “Se sabe que existen intervenciones con muy buenos resultados, pero casi siempre se recurre sólo a los psicofármacos. Es necesario que se incorporen otras técnicas psicoterapéuticas y psicosociales que ya han demostrado su eficacia”, reconoce José García. Y ahí, el contexto de crisis está siendo un obstáculo más. “Es clave porque esta enfermedad funciona por intervalos, pero hay que asegurar la continuidad de los cuidados a través de un equipo multidisciplinar. No se puede pensar solo en una consulta cada cierto tiempo, sino en una red de cuidados que con la crisis se ha puesto en peligro”.

Enfermedades a golpe de titular

Habitualmente, cuando se aborda el tema de las enfermedades mentales, la conversación suele derivar hacia la responsabilidad que tienen los medios de comunicación en la construcción del estigma. “Se echan de menos los códigos de buenas prácticas, que ya existen pero que no se usan. Nadie diría que un señor con colesterol ha matado a otro, mientras que si tiene un trastorno bipolar, sí aparece reseñado en el titular”, recuerda Eduard Vieta. “ No podemos definir a las personas por su enfermedad y en ese error suelen caer a menudo los medios”. De nuevo emerge la visibilidad como un catalizador para acabar con los tabúes. “Hace falta gente valiente que dé un paso al frente, no solo famosa, que ya sabemos que funciona, también a otros perfiles. Día a día atendemos a personas de alta responsabilidad social que pueden abrir mucho camino de cara a la normalización de las enfermedades mentales y necesitamos que sean conscientes de ello”.

Mientras, Sergio Saldaña continúa con la difusión del libro (el 8 de octubre estará en Madrid) con una mezcla de ilusión y cautela. “El éxito nos está desbordando, está teniendo mucha cobertura, pero reconozco que a veces pongo el freno porque cada charla es un riesgo para mi salud. Vaciarse es una carga emocional, pero ver al público contar, abrirse y reconocerse en síntomas que a veces desconocía porque no tienen información… Es emocionante”.

LA IMAGEN QUE ME IMPACTÓ

11 Jun
Foto: Carlos Tajuelo Sánchez

Foto: Carlos Tajuelo Sánchez

Hay imágenes que, a lo largo de nuestras vidas, se nos quedan grabadas a fuego. Puede haber muchas razones para que las retengamos: que seamos sensibles a determinado tema, que nos evoque situaciones pasadas, que nos estremezca su belleza -nada más subjetivo-, que ese día estemos de que sí…

Supongo que las creaciones artísticas están muchas veces pensadas para impactar. Para quedarse en una parte de nuestra memoria. Me refiero a ese anhelo premeditado y voluntario que tiene el artista.

En otras ocasiones, son las personas con sus actos quienes consiguen que ciertas actuaciones sorprendan y provoquen sensaciones de aceptación o de rechazo radicales, sin término medio. Con ciertas actos hay consenso entre los espectadores. En otras, menos mal, división de opiniones.

Una vez más, muestro mis dudas al intentar diferenciar entre síntomas de un diagnóstico y actos propios, característicos, de mi forma de ser. Si me pongo a gritar sin importarme quien lo oiga, por ejemplo, ¿es una expresión de mi carácter o es un síntoma de un detonante de…?

Dudo. Sigo dudando. Tengo la sensación de que nadie me va a responder a esta pregunta sobre acciones/reacciones pasadas. Tampoco en lo que me queda por vivir. Esta pregunta puede tener más importancia de lo que he venido creyendo a lo largo del tiempo.

Conozco a mucha gente que me reconoce y me asocia y me recuerda por uno de estos actos, demasiadas veces impulsivos. O por un argumento hecho en público, a veces también desde la pasión. Hubo épocas en mi vida en las que lamenté que este fenómeno se repitiera con tanta frecuencia. Estaba etiquetándome al fin y al cabo. Hoy creo que la gente responde a los estímulos que uno provoca, o provocó, sin que esto tenga nada que ver con la justicia o la falta de ella. También tengo claro que la memoria es caprichosa cuando queremos reconocer la forma de actuar, o la patología, de un persona por una forma de actuar de hace veinte años. Sin admitir que el sujeto activo haya evolucionado, incluso aprendido y por supuesto que haya vivido. Memoria caprichosa, juegas malas pasadas y no das al otro la oportunidad que sí te das en primera persona.

Tampoco lo tengo muy claro. Tendré que esperar más juicios de los demás para acercarme a su verdad. Para reafirmar mi verdad. No tengo prisa.

 

Nota. Parece que el libro se va moviendo en México. Ayer enviamos la segunda partida transatlántica. Ojalá el boca oreja siga funcionando. Dicen que es la mejor publicidad.

TERTULIA EN RNE RÀDIO 4

21 May

RNE_Ràdio_4

Esta mañana he participado en una tertulia en esta cadena: la lucha contra la estigmatización de los trastornos mentales.

Con Raúl Velasco, y con Alex y Miguel de Obertament, he estado telefónicamente en una silla y ante un micro en los estudios de Barcelona de Radio Nacional de España.

Podéis descargar el audio en este enlace. En la tercera hora del 21 de mayo, El matí a Rádio 4, con el botón derecho pincháis sobre la flecha que va hacia abajo. Da la opción de guardar enlace como, y guardáis donde queráis el archivo. A partir del minuto 13.

Hemos soltado educadamente nuestras opiniones. Eso está muy bien. Es ejemplar, diría incluso.

Las opiniones de Raúl me parecen muy recomendables, rompedor como suele. Dignas de ser escuchadas.

Y me siento orgulloso de haber intentado emular a Fernando Arrabal y su Mineralismo pero utilizando la palabra biologicismo. Que tiene tela la cosa…

Durante media hora libros en primera persona, historia de la psiquiatría, sufrimiento y soledad, algunas risas, la actitud de los profesionales de la salud mental hacia el paciente y su evolución, el diagnóstico…

Desde aquí quiero mandar un saludo a Raúl Velasco. Nuestra relación ha traspasado las referencias de terceras personas y de aquella conversación telefónica para dar un paso más. Hoy, tertulia radiofónica, yo en Pamplona-Iruña, él en Barcelona ¿Cuándo y dónde será nuestro encuentro?

portada Escritofrénico

TIBIEZA: CIENCIA Y CORRIENTES

8 May

Tibio

Me sigue resultando curioso cómo la psiquiatría, que es una especialidad de una ciencia, la medicina, puede albergar tantas formas de plantear su ejercicio. No las voy a enumerar.

Como persona con diagnóstico de un trastorno mental, me gustaría pensar que hay tanta variedad porque hay mucha variedad entre los pacientes y los potenciales pacientes.

Es un hermoso pensamiento ¿verdad? Lo que ocurre es que entre los pacientes de traumatología también los hay de todos los colores y las mayores diferencias entre los traumatólogos y su praxis, que yo sepa, radican en las técnicas a emplear en cirugía.

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La Associació de Bipolars de Catalunya ha colgado en su página de facebook una noticia sobre un gran estudio sobre el trastorno bipolar, sobre regiones de riesgo asociadas al trastorno bipolar que pueden ser un punto de punto para nuevas terapias. Bien. Esto lo publicó el ABC en marzo del año pasado.

¿Nos agarramos a un clavo ardiendo? ¿Damos eco a cualquier avance científico que se haga para encontrar el fundamento que hace que las molleras de quienes tenemos trastorno bipolar se cortocircuiten?

Se sigue sin tener mucha idea sobre cuáles son los todos los mecanismos de genes, hormonas y neurotransmisores . Como dijo el Dr. Vicente Madoz en la rueda de prensa previa a la presentación del libro, el que lo descubra se lleva el premio Nobel de Medicina.

A lo mejor está aquí el punto de partida de las controversias entre las distintas formas de ver la psiquiatría. Porque si los diagnósticos se basan sólo en los síntomas, no en la causa de ellos porque se desconoce, cómo los tratamientos van a tener una base científica (empirismo, ensayo y error) si el objetivo es aplacar las consecuencias de una crisis y no hay aspiración de curar nada.

Sigo con mi espíritu crítico, intentando explicar cómo veo este mundo desde mi posición, dando espacio a mis dudas y no dejando de aprender.

Supongo que a día de hoy, hay que tirar de todos los recursos que tengamos a nuestro alcance sabiendo que somos conejillos de indias y que muchas veces se matan bombas a cañonazos. Y algunas otras veces, las moscas se van tan campantes…

 

DÍA DEL LIBRO Y ZONA DE CONFORT

23 Abr

San Jorge. Sant Jordi. Libros y rosas. Una oportunidad para acercarse a librerías y ferias y comprar libros con el 10% de descuento.

¡Aunque sea con paraguas!

LIBRO-CON-ROSA

Hace unas semanas me quedé con las ganas de apuntar algo sobre el concepto de zona de confort:

“El bienestar personal también va ligado al hecho de disfrutar y vivir de un modo saludable la rutina.  De hecho, no es incompatible salir de la zona de confort (por ejemplo soñando con un objetivo laboral, deportivo, familiar) con sentir el bienestar en nuestra rutina diaria.” Dicen. Pinchando aquí podéis ver un vídeo muy simpático.

Desde el punto de vista del crecimiento personal, el párrafo de arriba es el que justifica quedarse en esa zona conocida que parece que impide tanto. Se tocan muchos conceptos para explicar todo esto. Miedo. Acomodo. Toma de decisiones. Retos. A veces de forma peyorativa, también, que es lo que ocurre cuando no se conocen las circunstancias de la persona a la que se le pretende sacar de lo que parece un oscuro pozo: obesidad, poca actividad física, trabajo alienante…

Seguro que hay un refrán que venga a decir que todo el mundo es muy listo en piel ajena. Una vez más, defiendo la idea de que para dar consejos -en este caso, empujones de salida de la dichosa zona- no basta con tener buena voluntad o una formación que te cagas. Hace falta escuchar pacientemente, haciendo buenas preguntas, hasta conocer las circunstancias, perspectivas y motivaciones de la persona acomodadaEso lleva tiempo, esfuerzo y también poner en el asador toda la empatía de que uno disponga. Con todo eso, a lo mejor, se está en la posición de poder dar consejos a los demás sobre cómo podría llevar o sobrellevar su vida.

Esa fuerza moral se puede ganar desde el momento en que la persona que quiere arreglar la vida ajena se lo ha currado. Y mucho. Sin mirar el reloj.

Un poco de respeto, por favor, que de paternalismos estériles algo sabemos.

 

DISCRIMINACIÓN POSITIVA Y SALUD MENTAL

9 Abr

Butch Cassidy and the Sundance Kid

—Al menos estaremos de acuerdo en que la discriminación relacionada con la salud mental es más sutil que hace veinte años…

—Sí, estoy de acuerdo. Pero eso no quita para que la discriminación positiva sea la panacea. Ni la solución a todos los problemas.

—Yo no digo eso. Lo que digo es que es legítimo que se proteja socialmente a quienes, históricamente, lo han tenido más difícil para acceder a un trabajo y mantenerlo. Por ejemplo. Bueno, y en consecuencia con el acceso a una vivienda. Y…

—Ya, ya. No todos los que acreditan una discapacidad tienen la misma capacidad para trabajar en determinados puestos. Te quiero decir que si tienes una minusvalía psíquica, puedes no estar preparado para llevar a cabo con eficiencia ciertas actividades durante un plazo de tiempo indefinido.

—Puede ser. Lo que me quieres decir es que por el mero hecho de pasar un tribunal y aprobar una oposición puedes no ser válido. No sé si sabes que luego, en la administración, se te hace una evaluación previa. Pero bueno. Admito lo que dices: está el tema de las bajas. A eso te refieres con lo de “un plazo de tiempo indefinido”, ¿verdad? Si te paras a pensar, la inserción laboral favorece el empoderamiento con mucha frecuencia. Una persona con un diagnóstico accede a unos horarios y a unas regularidades que le vienen de cine. Supón, además, que su vida laboral haya sido un peregrinaje de empresas en empresas, asumiendo despidos con la duda, o no, de que hayan sido debidos a su enfermedad. Si está trabajando para la administración, con una seguridad, su rendimiento puede ser tan alto como el de cualquiera.

—Coge aire y escucha un poco, anda. El otro día, al hilo de esto de la discriminación positiva, te contaba que los compañeros de trabajo pueden sentir cierto malestar ante esa persona que ha obtenido su plaza en condiciones ventajosas porque así lo dice la ley.

—Es posible. No todo el mundo tiene que conocer las circunstancias de las personas con una discapacidad de este tipo. No tiene siquiera que entender esa ley.  Si con el tiempo se demuestra que es buen trabajador y buen compañero, creo que esa segregación de la que me hablas se tiene que disolver como un azucarillo en el agua.

—Siempre has creído en la bondad de la naturaleza humana.

—Lo admito. Mira, tú no me tratas del mismo modo que a tu madre. Tu lenguaje es distinto, tus formas también. O con otro amigo, me da lo mismo. Conoces las circunstancias vitales de cada uno, puede que hasta sus más íntimas motivaciones. Actúas en consecuencia, de forma voluntaria o inconscientemente. Cambias tu lenguaje gestual. El trato es diferente. Discriminas todos los días en todo momento dependiendo de muchos factores. Tus intereses, tus apetencias, tus necesidades…

—Si tú lo dices…

—Piensa en ello. Yo también lo hago. No me parece algo negativo. Lo que hacemos es reconocer las peculiaridades de cada interlocutor. Todos somos diferentes. Eso está bien. Tratamos con tacto y cariño al colega al que le ha dejado la mujer. Lo hacemos un tiempo. Conocemos, o creemos conocer nuestro papel, somos sus colegas y de alguna manera queremos apoyarle en un tema personal. Ahora extrapola este argumento a discriminación positiva que la sociedad hace a quienes lo han tenido crudo. En lo laboral, en lo social, en el acceso a una vivienda.

—Mira que lo intento, pero sigo sin verlo claro. Sigue siendo una discriminación. Un trato de favor en ciertos procesos de selección o admisión o como quieras. Un trato diferenciado que perjudica al que no tiene esa condición y que, por tanto, se queda fuera de la lista sin tener culpa de nada.

—…

—Por otro lado, ¿quién me dice a mí que los tribunales que han evaluado al tipo en cuestión han sido justos y equitativos? No dejan de ser personas que hurgan en la cabeza para ver si está lo suficientemente loco como para darle esa condición. Como tales, se equivocan. Se pueden equivocar, al menos. Es un tema delicado…

 

Estoy de acuerdo: es un tema muy delicado en el que todas las opiniones son válidas. A nadie le obligan a pasar un tribunal de éstos en los que te bareman tu pedrada y te dan un porcentaje que te puede ayudar a entrar en la administración, pagar menos impuestos, acceder a una vivienda de protección oficial, solicitar una pensión de invalidez o lo que sea.

Del mismo modo, a nadie le obligan a favorecerse de esas medidas. Como yo, hay quien opta por unas y no se acoge a otras. Son decisiones personales, para mí nunca censurables, que dependen de las circunstancias de cada cual.

Una última opinión. Me gustaría que mis padres no vieran en peligro su pensión porque creo que se la han ganado. Me gustaría que la atención sanitaria fuera realmente universal. Que quien quisiera pudiera educarse y formarse en las mejores condiciones, con un acceso gratuito a la cultura.

Hay aspectos que no tengo del todo claros en esto de la discriminación positiva…

CAMBIO DE HORA, SEMANA SANTA Y BUEN TIEMPO ¿QUIÉN DA MÁS?

31 Mar

La suma de factores desencadenantes es directamente proporcional a la alteración del sueño, las ganas de que la savia nueva corra por las venas y la posibilidad de que algún síntoma se presente a dar la murga.

Creo que se me ha olvidado formular.

Si me pongo pureta, todo lo que me saca de mis rutinas puede, a su vez, sacarme del tiesto. El cambio de hora del equinoccio de primavera -el domingo pasado-, los estímulos que proporcionan unas vacaciones -en este caso, las de semana santa-, y las últimamente poco comunes posibilidades de que tengamos el sol sobre nuestras cabezas pueden ser tomados, todos juntos, como factores desencadenantes de una crisis. O brote, dado que aquí estamos en primavera y los árboles están exuberantes.

Tomados de uno en uno resultan más llevaderos, claro está. Tampoco es ley. Quiero decir que no tiene que ser necesariamente así. Si a uno le pilla bien anclado, estable, equilibrado no le va sacar de sitio. No tiene por qué.

Todo lo más, a alguno le puede dar la noche del sábado 4 por salir en pelotas a la calle a aullar a la luna llena.

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¿Sería un síntoma, una conducta? ¿Esa actitud sería digna de considerarse patológica, conllevar un diagnóstico?

No sé si en pelotas y aullando, pero estos días (y estas noches) más de uno va a andar un poco revuelto.

LA REVOLUCIÓN DELIRANTE Y UNA NOTA DE HUMOR repetida

7 Feb

Hace ya muchos meses que me hice eco en este blog de la labor que desempeña La Revolución Delirante en Valladolid. La presentación del libro de la mano de la Asociación El Puente en tierras pucelanas consistió en una ponencia de Laura Martín y lo que luego hice yo, que se hubiera podido calificar de show.

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Esta misma Laura Martín lanza, en este vídeo de menos de nueve minutos, unas cuantas pinceladas de lo que conforma su ideario. No tiene desperdicio.

 

Por otro lado, no me puedo resistir a volver a poner el vídeo de Martes y 13 sobre “Se hundía se hundía” y la locura, que no sé si tiene cura pero mientras nos riamos de ella alguna vez, algo habremos avanzado.

MARTES Y TRECE

 

Por último, ayer estuve haciendo un ejercicio de autocrítica basado en los comentarios críticos que he venido recibiendo en estos casi dos años que tiene de vida este blog. Me apena que muchos hayan sido anónimos y que otros no hayan tenido continuidad en una conversación. Pues eso, que animo a las voces críticas a no cortarse y darme su opinión para ver, tanto el libro como el resto de modos de ver mi vida, de otra manera. Con mayor amplitud de miras, sí, por ahí pueden ir los tiros.

EL DIAGNÓSTICO: META, SALIDA… ¿O QUÉ?

2 Feb

meta-atletismo

Leyendo las atinadas respuestas de Mireia Azorín en el blog de ActivaMent, vuelvo a pensar en el momento del diagnóstico y en lo que supuso para el impaciente paciente que fui.

En una entrevista dije que, al darnos el diagnóstico=disgusto, me quedé como si me hubieran dicho que tenía cáncer de útero. No tanto por lo volado que estaba -ahí, en pleno ingreso, con drogas a mansalva-, como por la sorpresa que supuso y lo poco que pensaba que tenía que ver conmigo. ¡Estaban poniendo nombre a un rasgo de mi carácter! ¡Un nombre médico, una enfermedad, algo malo! En fin. Como una vez visto, todo el mundo es listo, encontramos síntomas que había padecido años atrás y que no hacían más que confirmar dicho diagnóstico.

Busco en el diccionario de la RAE y encuentro una acepción dicharachera y rumbosa:

2. m. Med. Arte o acto de conocer la naturaleza de una enfermedad mediante la observación de sus síntomas y signos.

Vamos, que me siento como el lienzo del pintor, un instrumento para que pueda expresar su arte. Porque del manual de síntomas tan idolatrado, en mí sólo puedo ver aquel psiquiatra un par, máximo tres. Y eso suponiendo que yo sea mi enfermedad.

He conocido a gente que lleva tiempo sin conocer su diagnóstico. Parece tendencia. Tratamos tus síntomas pero no tienes necesidad de colgarte una etiqueta. No me parece mal. Supongo que habrá que confiar mucho y yo la fe me la dejé hace tiempo en el camino.

También he conocido a personas que afirman que el diagnóstico fue el principio de todo. Algo así como que, gracias a él, encontraron el rumbo hacia el que remar.

A otros, en cambio, les ha arruinado la existencia el tener que cambiar su manera de vivir porque las consecuencias de ese diagnóstico… Uy, frase mal escrita, pero creo que se entiende.

Y he conocido a mucha, mucha gente que por culpa de esa etiqueta diagnostiquera han padecido dolores. El primero, el que te causas a ti mismo: ya he hablado mucho del autoestigma, de esa capacidad que les otorgas a otros para que te hagan polvo (Cristina García Aguayo, autora del blog Estoy como una maraca). Por otro lado, ese señalar con el dedo, deporte nacional en estas tierras, que entierra y borra la sonrisa, cuando menos la sonrisa, la de quién, no importa. ¿O sí?

De modo que el diagnóstico sí que pudo ser, para mí, la salida en cuanto arranca el empoderamiento, porque quieres que te dejen en paz y quieres ser mogollón de responsable.

Una anécdota: estas navidades le decía a mi sobrino el mayor que, en las asignaturas que no le gustan y anda más justo, el objetivo era encontrar motivaciones que le ayudaran a sacarlas adelante con holgura con el único fin de que los adultos le dejáramos tranquilo y no le diéramos la murga todo el día con el tema.

Pues parecido, el punto de partida. En mi caso, lo reconozco, estaba hasta las narices de controles y tenía la sensación de que, si me tiraba un pedo, mi cara iba a cambiar de color: todo el mundo se iba a dar cuenta inmediatamente… Quien dice un pedo, dice tener una mala salida… “un síntoma”.

Una meta vital. Nuestro Amets

Amets a punto de dejar de meditar

No creo que sea la meta para mucha gente. No para mí. Mireia habla del concepto pasivo de un diagnóstico en personas dinámicas, y más cuando eres joven y estás creando tu personalidad, estableciendo tus prioridades. Me hace pensar mucho, Mireia Azorín, que es una artista plástica como podéis ver si pincháis en su blog.

Que un diagnóstico es útil queda claro cuando te ven otros especialistas. “Ah, bueno…” No te jode, tiene mucho que ver que me rompa la rodilla con un trastorno bipolar… Pero no se le puede negar la capacidad informativa a la etiqueta, es a lo que voy. Estemos de acuerdo o no, creamos en los diagnósticos o no.

“Voy, ni contigo ni sin ti”. Estoy convencido de que muchas de las alegrías superlativas que me viene dando la vida poco tienen que ver con el trastorno bipolar. Del mismo modo, casi todas mis melancolías y casi todos mis ataques de ira son míos, de mi manera de ser.

¿Soy como soy, hoy día, debido a lo que hace más de veinte años me diagnosticaron? Estoy convencido de ello. De momento, nos vemos en el camino, por ahí.

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