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DÍA DEL LIBRO Y ZONA DE CONFORT

23 Abr

San Jorge. Sant Jordi. Libros y rosas. Una oportunidad para acercarse a librerías y ferias y comprar libros con el 10% de descuento.

¡Aunque sea con paraguas!

LIBRO-CON-ROSA

Hace unas semanas me quedé con las ganas de apuntar algo sobre el concepto de zona de confort:

“El bienestar personal también va ligado al hecho de disfrutar y vivir de un modo saludable la rutina.  De hecho, no es incompatible salir de la zona de confort (por ejemplo soñando con un objetivo laboral, deportivo, familiar) con sentir el bienestar en nuestra rutina diaria.” Dicen. Pinchando aquí podéis ver un vídeo muy simpático.

Desde el punto de vista del crecimiento personal, el párrafo de arriba es el que justifica quedarse en esa zona conocida que parece que impide tanto. Se tocan muchos conceptos para explicar todo esto. Miedo. Acomodo. Toma de decisiones. Retos. A veces de forma peyorativa, también, que es lo que ocurre cuando no se conocen las circunstancias de la persona a la que se le pretende sacar de lo que parece un oscuro pozo: obesidad, poca actividad física, trabajo alienante…

Seguro que hay un refrán que venga a decir que todo el mundo es muy listo en piel ajena. Una vez más, defiendo la idea de que para dar consejos -en este caso, empujones de salida de la dichosa zona- no basta con tener buena voluntad o una formación que te cagas. Hace falta escuchar pacientemente, haciendo buenas preguntas, hasta conocer las circunstancias, perspectivas y motivaciones de la persona acomodadaEso lleva tiempo, esfuerzo y también poner en el asador toda la empatía de que uno disponga. Con todo eso, a lo mejor, se está en la posición de poder dar consejos a los demás sobre cómo podría llevar o sobrellevar su vida.

Esa fuerza moral se puede ganar desde el momento en que la persona que quiere arreglar la vida ajena se lo ha currado. Y mucho. Sin mirar el reloj.

Un poco de respeto, por favor, que de paternalismos estériles algo sabemos.

 

DISCRIMINACIÓN POSITIVA Y SALUD MENTAL

9 Abr

Butch Cassidy and the Sundance Kid

—Al menos estaremos de acuerdo en que la discriminación relacionada con la salud mental es más sutil que hace veinte años…

—Sí, estoy de acuerdo. Pero eso no quita para que la discriminación positiva sea la panacea. Ni la solución a todos los problemas.

—Yo no digo eso. Lo que digo es que es legítimo que se proteja socialmente a quienes, históricamente, lo han tenido más difícil para acceder a un trabajo y mantenerlo. Por ejemplo. Bueno, y en consecuencia con el acceso a una vivienda. Y…

—Ya, ya. No todos los que acreditan una discapacidad tienen la misma capacidad para trabajar en determinados puestos. Te quiero decir que si tienes una minusvalía psíquica, puedes no estar preparado para llevar a cabo con eficiencia ciertas actividades durante un plazo de tiempo indefinido.

—Puede ser. Lo que me quieres decir es que por el mero hecho de pasar un tribunal y aprobar una oposición puedes no ser válido. No sé si sabes que luego, en la administración, se te hace una evaluación previa. Pero bueno. Admito lo que dices: está el tema de las bajas. A eso te refieres con lo de “un plazo de tiempo indefinido”, ¿verdad? Si te paras a pensar, la inserción laboral favorece el empoderamiento con mucha frecuencia. Una persona con un diagnóstico accede a unos horarios y a unas regularidades que le vienen de cine. Supón, además, que su vida laboral haya sido un peregrinaje de empresas en empresas, asumiendo despidos con la duda, o no, de que hayan sido debidos a su enfermedad. Si está trabajando para la administración, con una seguridad, su rendimiento puede ser tan alto como el de cualquiera.

—Coge aire y escucha un poco, anda. El otro día, al hilo de esto de la discriminación positiva, te contaba que los compañeros de trabajo pueden sentir cierto malestar ante esa persona que ha obtenido su plaza en condiciones ventajosas porque así lo dice la ley.

—Es posible. No todo el mundo tiene que conocer las circunstancias de las personas con una discapacidad de este tipo. No tiene siquiera que entender esa ley.  Si con el tiempo se demuestra que es buen trabajador y buen compañero, creo que esa segregación de la que me hablas se tiene que disolver como un azucarillo en el agua.

—Siempre has creído en la bondad de la naturaleza humana.

—Lo admito. Mira, tú no me tratas del mismo modo que a tu madre. Tu lenguaje es distinto, tus formas también. O con otro amigo, me da lo mismo. Conoces las circunstancias vitales de cada uno, puede que hasta sus más íntimas motivaciones. Actúas en consecuencia, de forma voluntaria o inconscientemente. Cambias tu lenguaje gestual. El trato es diferente. Discriminas todos los días en todo momento dependiendo de muchos factores. Tus intereses, tus apetencias, tus necesidades…

—Si tú lo dices…

—Piensa en ello. Yo también lo hago. No me parece algo negativo. Lo que hacemos es reconocer las peculiaridades de cada interlocutor. Todos somos diferentes. Eso está bien. Tratamos con tacto y cariño al colega al que le ha dejado la mujer. Lo hacemos un tiempo. Conocemos, o creemos conocer nuestro papel, somos sus colegas y de alguna manera queremos apoyarle en un tema personal. Ahora extrapola este argumento a discriminación positiva que la sociedad hace a quienes lo han tenido crudo. En lo laboral, en lo social, en el acceso a una vivienda.

—Mira que lo intento, pero sigo sin verlo claro. Sigue siendo una discriminación. Un trato de favor en ciertos procesos de selección o admisión o como quieras. Un trato diferenciado que perjudica al que no tiene esa condición y que, por tanto, se queda fuera de la lista sin tener culpa de nada.

—…

—Por otro lado, ¿quién me dice a mí que los tribunales que han evaluado al tipo en cuestión han sido justos y equitativos? No dejan de ser personas que hurgan en la cabeza para ver si está lo suficientemente loco como para darle esa condición. Como tales, se equivocan. Se pueden equivocar, al menos. Es un tema delicado…

 

Estoy de acuerdo: es un tema muy delicado en el que todas las opiniones son válidas. A nadie le obligan a pasar un tribunal de éstos en los que te bareman tu pedrada y te dan un porcentaje que te puede ayudar a entrar en la administración, pagar menos impuestos, acceder a una vivienda de protección oficial, solicitar una pensión de invalidez o lo que sea.

Del mismo modo, a nadie le obligan a favorecerse de esas medidas. Como yo, hay quien opta por unas y no se acoge a otras. Son decisiones personales, para mí nunca censurables, que dependen de las circunstancias de cada cual.

Una última opinión. Me gustaría que mis padres no vieran en peligro su pensión porque creo que se la han ganado. Me gustaría que la atención sanitaria fuera realmente universal. Que quien quisiera pudiera educarse y formarse en las mejores condiciones, con un acceso gratuito a la cultura.

Hay aspectos que no tengo del todo claros en esto de la discriminación positiva…

EL DIAGNÓSTICO: META, SALIDA… ¿O QUÉ?

2 Feb

meta-atletismo

Leyendo las atinadas respuestas de Mireia Azorín en el blog de ActivaMent, vuelvo a pensar en el momento del diagnóstico y en lo que supuso para el impaciente paciente que fui.

En una entrevista dije que, al darnos el diagnóstico=disgusto, me quedé como si me hubieran dicho que tenía cáncer de útero. No tanto por lo volado que estaba -ahí, en pleno ingreso, con drogas a mansalva-, como por la sorpresa que supuso y lo poco que pensaba que tenía que ver conmigo. ¡Estaban poniendo nombre a un rasgo de mi carácter! ¡Un nombre médico, una enfermedad, algo malo! En fin. Como una vez visto, todo el mundo es listo, encontramos síntomas que había padecido años atrás y que no hacían más que confirmar dicho diagnóstico.

Busco en el diccionario de la RAE y encuentro una acepción dicharachera y rumbosa:

2. m. Med. Arte o acto de conocer la naturaleza de una enfermedad mediante la observación de sus síntomas y signos.

Vamos, que me siento como el lienzo del pintor, un instrumento para que pueda expresar su arte. Porque del manual de síntomas tan idolatrado, en mí sólo puedo ver aquel psiquiatra un par, máximo tres. Y eso suponiendo que yo sea mi enfermedad.

He conocido a gente que lleva tiempo sin conocer su diagnóstico. Parece tendencia. Tratamos tus síntomas pero no tienes necesidad de colgarte una etiqueta. No me parece mal. Supongo que habrá que confiar mucho y yo la fe me la dejé hace tiempo en el camino.

También he conocido a personas que afirman que el diagnóstico fue el principio de todo. Algo así como que, gracias a él, encontraron el rumbo hacia el que remar.

A otros, en cambio, les ha arruinado la existencia el tener que cambiar su manera de vivir porque las consecuencias de ese diagnóstico… Uy, frase mal escrita, pero creo que se entiende.

Y he conocido a mucha, mucha gente que por culpa de esa etiqueta diagnostiquera han padecido dolores. El primero, el que te causas a ti mismo: ya he hablado mucho del autoestigma, de esa capacidad que les otorgas a otros para que te hagan polvo (Cristina García Aguayo, autora del blog Estoy como una maraca). Por otro lado, ese señalar con el dedo, deporte nacional en estas tierras, que entierra y borra la sonrisa, cuando menos la sonrisa, la de quién, no importa. ¿O sí?

De modo que el diagnóstico sí que pudo ser, para mí, la salida en cuanto arranca el empoderamiento, porque quieres que te dejen en paz y quieres ser mogollón de responsable.

Una anécdota: estas navidades le decía a mi sobrino el mayor que, en las asignaturas que no le gustan y anda más justo, el objetivo era encontrar motivaciones que le ayudaran a sacarlas adelante con holgura con el único fin de que los adultos le dejáramos tranquilo y no le diéramos la murga todo el día con el tema.

Pues parecido, el punto de partida. En mi caso, lo reconozco, estaba hasta las narices de controles y tenía la sensación de que, si me tiraba un pedo, mi cara iba a cambiar de color: todo el mundo se iba a dar cuenta inmediatamente… Quien dice un pedo, dice tener una mala salida… “un síntoma”.

Una meta vital. Nuestro Amets

Amets a punto de dejar de meditar

No creo que sea la meta para mucha gente. No para mí. Mireia habla del concepto pasivo de un diagnóstico en personas dinámicas, y más cuando eres joven y estás creando tu personalidad, estableciendo tus prioridades. Me hace pensar mucho, Mireia Azorín, que es una artista plástica como podéis ver si pincháis en su blog.

Que un diagnóstico es útil queda claro cuando te ven otros especialistas. “Ah, bueno…” No te jode, tiene mucho que ver que me rompa la rodilla con un trastorno bipolar… Pero no se le puede negar la capacidad informativa a la etiqueta, es a lo que voy. Estemos de acuerdo o no, creamos en los diagnósticos o no.

“Voy, ni contigo ni sin ti”. Estoy convencido de que muchas de las alegrías superlativas que me viene dando la vida poco tienen que ver con el trastorno bipolar. Del mismo modo, casi todas mis melancolías y casi todos mis ataques de ira son míos, de mi manera de ser.

¿Soy como soy, hoy día, debido a lo que hace más de veinte años me diagnosticaron? Estoy convencido de ello. De momento, nos vemos en el camino, por ahí.

“El trastorno mental en 1ª persona. Hablando desde la experiencia”

3 Dic

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ActivaMent es un colectivo catalán creado, gestionado y dirigido por personas diagnosticadas de un trastorno mental. En su sede de Barcelona presentamos “Tengo trastorno bipolar”, allá por mayo.

Ya por entonces gestaban un proyecto ambicioso y complicado. Un reto. Un desafío. Conseguir publicar una serie de libros electrónicos. Ahora, Editorial Miret pone a la venta el primero.

Aquí podéis acceder a toda la información de la mano de @ActivaMent y haceros con un el libro por sólo 3 €. Yo ya lo he preguntado: no, no se puede envolver para regalo. Y sí, la mejor dedicatoria es poneros en contacto con ellos. Mónica y Hernán estarán encantados de atenderos.

Sería éste un buen espacio para volver a disertar sobre la fuerza del mensaje cuando el que lo cuenta lo hace en primera persona. No procede: pasen y lean.

Nota: ¿No tienes lector de e-Books? No importa. El libro está publicado en formato e-PUB y puede ser leído desde cualquier dispositivo digital: ordenador, tablet, smartphone, etc. Te descargas gratis aquí el Adobe Digital Editions y a disfrutar desde donde quieras.

EL CUENTO DE PEIO Y EL LOBO

20 Nov

FEATURE MATCHER FOR BC-SPAIN-WOLVES

Me llamo Peio y esta vez lo cuento yo.

Hace ya diez años que empecé a escuchar aullar al lobo. Las primeras veces no hizo falta ni que lo contara: todos vimos al lobo. Como soy un agonías y bastante melodramático, la siguiente vez que lo escuché avisé, con más miedo que alma: “Que viene el lobo, que viene el lobo”. Fui escuchado por amigos, familia y gente especialista en lobos. Al final el muy traidor no compareció, lo cual estuvo muy bien para mí. Para los demás…

Empecé a perder credibilidad. Vamos, que cada vez que volvía a gritar que viene el lobo y el lobo no se presentaba, me tomaban por el pito de un sereno. Todavía más. Como estaba convencido de que el hecho de gritar mi angustia, mi desazón y mi miedo me servía además de para seguir atento y ser considerado con quienes más podían padecer su llegada, y también para -sigo sin saber cómo- evitar que apareciera, no dejé de hacerlo. Un bucle de desprestigio, como en el cuento original.

No juzgo la incomprensión de aquellos que no me escucharon. Esto funciona así, parece, y somos muchos los que gritamos: “Que me viene el lobo”. Ojalá fuéramos más los que lo berreáramos y supiéramos hacerlo en el momento apropiado y sin crear alarmas innecesarias.

Por mi parte, como este cuento lo cuento yo, confieso que estáis leyendo el penúltimo capítulo. Que estoy bajando de la azotea de un edificio de doce pisos. No he gritado que viene el lobo. Pero lo tengo a mi lado, sigiloso, bajando las escaleras.

No sé si gritaré ayuda la próxima vez que venga o me tiraré de esta misma azotea y se acabará mi cuento.

De momento, tengo un poco de hambre: voy a buscar una pastelería. El lobo también entrará, aunque no le dejen, porque es un ser destructivo, irreverente y antisocial. A mí, lo que es, no me respeta nada. Que se vaya y me dé un respiro, aire para poder gritar, si así lo decido: “Que viene el lobo”.

“¿Y QUIÉN NO?”. VÍDEO Y AYUDA DEL IGUAL

22 Oct

Ay, quién maneja mi barca, quién

Ayer se llenó el salón de actos de Civicán. Nos juntamos casi 250 personas para hablar del Proyecto “¿Y quién no?” relacionado con el estigma y la enfermedad mental.

En este enlace podéis ver el vídeo que se proyectó y que también vieron los 576 alumnos de 3º de la ESO con los que se trabajó durante el proyecto.

Por otro lado, me gustaría remarcar la idea de la figura del Peer Support – Ayuda del igual. Funciona. Es útil. Suma. Es una herramienta muy fuerte con unas potencialidades enormes.

Voy a robar a Cristina García Aguayo, mi ayer compañera, de su blog “Estoy como una maraca”, la explicación que da de la Ayuda del Igual.

Me despido agradeciendo a Cristina y a Lorena de Simón la oportunidad de haber trabajar con ellas. Hoy tengo la sensación de que nos quedan muchos debates pendientes. También discusiones. Y risas, y nervios y…

A Gaizka y a Eva

 

 

BIS: “Parar un Fórmula 1 con frenos de bicicleta”

23 Jun

Sigo repasando lo que he escrito en este blog. Esta entrada es del 25 de noviembre de 2013.

A Daniel. A MS. A Iker.

“Iker Arrizabalaga, en una charla con AGIFES, utilizó esta expresión. Me dio su beneplácito para que yo hiciera uso de ella.

FRENAZO BICI BOBBY

Explicaba lo que tiene que suponer evitar males mayores cuando una persona con trastorno bipolar está maníaca. Así lo recuerdo. Decía que tiene la complicación de intentar, después de una recta y haber alcanzado la máxima velocidad y ante una curva cerrada, frenar un Ferrari con unos frenos de bicicleta.

Conozco a muchas personas sin diagnóstico a los que se les nota el esfuerzo por intentar no perder los estribos. A causa del momento personal, de la tensión, de la impaciencia, de la presión, del tema que se esté tratando, del interlocutor… de lo que sea. Hay peña con mucho autocontrol que consiguen frenar su Fórmula 1 cuando ven que se dispara y luego viene una curva.

¿Cómo? Habría tantas respuestas como personas. No. Habría muchas más todavía, porque no utilizan el mismo método siempre. Pero han llegado a conocerse, a saber de qué remedio tirar para no mandar a tomar mucho por el viento a la persona, o a la situación, que le está sacando de sus casillas.

Lo han conseguido a base de experiencia, de años aguantando su propia mala leche, enfrentándose a situaciones parecidas y a esa sensación; de valorar lo que pierden si se dejan llevar y lo que ganan si moderan sus impulsos. A base de crecer, de aprender y de seguir queriendo hacerlo mejor.

Incluso Cristo perdió los papeles y la lió parda. Pero parda.

Si hago algo parecido yo, un domingo en el rastro de Landaben, acabo esposado e ingresado, con tres meses de baja por delante y un pupurrí de amnésicos, tranquilizantes, sedantes; y luego más tranquilizantes, antidepresivos a saco y la duda de si podré volver a teclear antes del próximo cambio de hora.

Yo mismo soy capaz de valorar el esfuerzo de un amigo por no salirse del tiesto ante una situación que le está tocando los cojones, a pesar de que veo cómo se le hincha la vena. Pero ¿qué cojones le pasa a esta sociedad, a este “nosotros”, a este “los demás”, para no tener el cuajo de dar una palmada en la espalda cuando vemos a uno con una buena chaladura sujetarse los machos, respirar hondo, decir que se va a dar una vuelta y que luego vuelve, o ir a tomarse una pirula, o lo que sea que haga para templarse?

Creo, sé, que no siempre se nos valora el trago que supone. Porque la sombra de la agresividad está ahí. Porque hay precedentes de violencia. Porque, al menos en mi caso, me he ganado esa marca y ese estigma y esos prejuicios a pulso, y puede más el miedo al ver mi vena hinchada que la valoración del esfuerzo que hago porque no reviente. Sobre todo, porque no le reviente al que me la está hinchando (la vena) en la cara y le salpique de sangre, de lágrimas, de sudor, de…

Es justo y necesario reconocer, al menos en mi caso, que soy yo el responsable de eso: de que en vez de valorar mi esfuerzo de contención, mi interlocutor haga mucha memoria porque no se aclara si es el 221 o 112 o el 902. Hace falta tiempo. El miedo tiene memoria, y muy buena, en eso se basa la supervivencia. Y si esa persona lo ha sentido antes por mi culpa, es fácil que lo vuelva a hacer. Más fácil que estar en posición de evaluar mi intento de moderación.

Ante este fenómeno repetido, sólo tengo una respuesta. Seguir. Seguir demostrando que muchas veces soy capaz de no perder esos papeles. Seguir levantándome cada mañana sabiendo que cada situación es un riesgo en esencia. Sabiendo que es parte del juego. De un juego en el que he elegido participar. Sabiendo que es muy difícil hacer que la tendencia cambie. Pero sabiendo que esa posibilidad está en mí, en lo que demuestre cada día.

Pero sobre todo sabiendo que sentir cómo te acaloras, cómo te vas poniendo rojo hasta las orejas, cómo se te hincha la vena del cuello, cómo te sudan las manos y las gotas de sudor empiezan a resbalar por tus costillas y tienes unas ganas enormes de estampar un puñetazo contra la pared, puede que sólo contra la pared… sentir todo esto es desagradable.

La satisfacción de haber hecho la tarea y de, a pesar de todo lo anterior, haber conseguido dominar tu bicha, es grande. Muy grande. Es otra prueba superada. Es una prueba superada. Es una demostración para el que tienes delante. Pero sobre todo, para mí mismo. Porque el premio me lo he llevado yo. He ganado yo. Y estaré mejor preparado para la siguiente vez.”

GIRONA, MAÑANA A LAS 17:30

18 May

…en el Hotel. D, Entitats,  en carrer Rutlla 20-22.

Tras el paseo de esta tarde por la ciudad,  me temo que se me va a quedar asociada al descenso de Osasuna. Desde que tengo uso de razón, es la segunda vez que el equipo desciende a segunda. Las sensaciones son tan distintas… Salvo el convencimiento de que vamos al volver a Primera.

 

Por encima de juntas directivas y jugadores, incluso de los aficionados, esta el club. No sé  definir el sentimiento de identidad. Hablaría de principios,  de señas de identidad,  de concepciones de un fútbol con el que nos podemos identificar. Pero es inoportuno.

 

Mañana vuelve una semana gris. Habrá que tirar de actitud y de recursos para  que no no me afecte más de lo necesario.  Siempre me quedará en el recuerdo de los logros de un futbolista,  el último de un amigo generación y que se lo merece todo: Patxi Puñal.

 

A partir de las 11:30, estaremos en los micrófonos de la SER, a nivel estatal, por medio de una comunicación Girona-Barcelona, en el programa de Gemma Nierga,  que está de baja.

 

Ya a la tarde presentaremos el libro,  aprenderemos y conoceremos a gente muy interesante.

 

Aupa Osasuna

 

BARCELONA, PRESENTACIÓN EL JUEVES 15

12 May

15.05.14 PRESENTACIÓN en BARCELONA Tengo trastorno bipolar

Este jueves a las 18:00, en el Hotel D´Entitats del CIEMEN (Rocafort 242 Bis) presentaremos del libro “Tengo trastorno bipolar. Desmitificaciones y anécdotas”.

Va a ser la primera de una serie de presentaciones por Catalunya que nos va a llevar también a Girona, Olot y Lleida. En colaboración con ActivaMent, Obertament y la Federacio de Salut Mental de Catalunya, vamos a seguir con nuestro periplo. Tenemos mucha curiosidad por cómo va a ser la acogida en Barcelona. Desembarcamos en otra gran ciudad (sí, me llevo chorizo y queso de aquí por lo que pueda pasar) con la misma ilusión de aquella primera presentación hace ya unos meses y con la tranquilidad de que mi madre no va a estar en las primeras filas.

Me han informado de que el lugar del acto, Carrer Rocafort 242 BIS, está bastante cerca de donde estaba la cárcel Modelo. Ni por ésas. Lo dejaremos como una anécdota que nos puede venir muy bien para debatir sobre la reforma del Código Penal y en cómo nos pude afectar a los que tenemos un diagnóstico de este tipo.

En Barcelona, el libro ya está a la venta en Librería Santos Ochoa, Paseo Fabra i Puig 165.

SIEMPRE HAY UNA HISTORIA QUE CONTAR

1 May

DE LA MANO CON AGIFES

Animarse a acudir a una charla.

Ese paso que puede resultar tan difícil dependiendo del momento.

Mostrar interés.

Escuchar.

Participar.

Preguntar. Responder. Aportar reflexiones.

Siempre hay una historia que contar. Compartir experiencias de recuperación suma. Ayuda. Aporta herramientas y recursos a los demás. Parece que los que estamos en este ajo tenemos muy claro que antes va la persona con su carácter y sus circunstancias que un diagnóstico. A partir de esa premisa, si acudimos con un espíritu abierto y crítico somos capaces de extraer enseñanzas que, en un futuro, nos pueden resultar muy útiles.

Ayer en Tolosa hablamos de confianza. De lo difícil que es para el entorno que más nos quiere y mejor nos conoce confiar en nosotros cuando tenemos comportamientos… puede que patológicos. Por mi parte, dije que es una de las claves. Percibir la confianza en quienes nos rodean nos acerca mejor a ese objetivo de ser responsables de nuestra salud.

Tocamos otros muchos temas, convertidos algunos en debates inconclusos. Pero hablamos de ellos. En un tono constructivo. Con ganas de aprender.

Todos los que estamos viviendo una historia de este calibre tenemos algo que enseñar. Nuestras historias sirven porque pueden evitar errores ajenos y propios, por el mero hecho de verbalizarlos. Porque nos hacen ver que podemos hablar en ese lenguaje que, llegados a cierto punto, no puede comprender quien no haya pasado por una fase maníaca. O sí.

Tolosaldeko Ataria también se hizo eco. Gracias a Imanol Garcia Landa por su entrevista.

Desde aquí, mi agradecimiento una vez más a AGIFES, a todos los que acudieron con esa actitud y, en especial, a Isabel Eguiguren, por escucharme, por su entrevista, por su mente inquieta, ávida de aprendizaje, y por haber mandado sus prejuicios a ese todavía pequeño cajón que está casi vacío.

LOS REMOS Y LA BARCA

22 Abr

En el último capítulo del libro relato cómo me las intento apañar en las crisis. Utilizo el mar como escenario metafórico y una barca como alegoría de mis recursos para evitar que mis desequilibrios se apoderen de mí.

Ay, quién maneja mi barca, quién

En un comentario, una lectora escribe: “Despreocupémonos de “qué” son los remos, y sigamos adelante con nuestra barca!”

No lo quiero interpretar como un todo vale. Para mí, cualquier recurso no me sirve. No me pongo estupendo cuando afirmo que no vuelvo a ser hospitalizado si no es con los pies por delante. Tampoco me vale tomar sin un mínimo espíritu crítico cualquier medicación. Ni ponerme en manos de un desconocido para entregarle mi criterio y mi voluntad. Todos los considero remos válidos porque a otros les sirven.

Para mí… son demasiadas cicatrices.

Mi premisa, a día de hoy, es que si un recurso/remo me aliena y no me enseña a prevenir no lo considero válido.

Coincido con que el objetivo es que sigamos adelante con nuestra barca. Avanzar. Pero abogo porque se reconozca que cada barca es diferente. Hay veleros de fibra de carbono. Hay chalupas viejas y pesadas. Yo siento que la mía es de las últimas. Necesito pintarla con mucha frecuencia. Sacarla del agua. Cambiar tablas. Del motor, ni hablo. Es el de nuestro SEAT 124 del 75…

Mi barca es agradecida como la buena tierra. Si la cuido, responde. Y suspira aliviada cuando tiro de los remos o del motor. Si no le hago caso, responde airada y me pone en riesgo de subirme a la parra o de bajarme al lodo.

Me reafirmo en lo que escribí en el libro: “De modo que no es una mala costumbre (…) navegar mirando al cielo de vez en cuando. Estoy convencido de que, con el lastre que llevo, es más saludable mirar al cielo que mirarme el ombligo. Así puedo intentar volver a puerto a tiempo para evitar males mayores.”

Mañana es el Día del Libro. Descuentos del 10% y rosas de regalo. Regalemos libros. Y a nosotros mismos, también. Recordemos que no hace falta cargarles la batería.

REVISTA AUZOLAN. ENTREVISTA legible DE ISA EGUIGUREN

9 Abr

POR FIN CONSEGUIMOS QUE SE PUEDA LEER EL TEXTO DE LA ENTREVISTA. PERDÓN POR LAS MOLESTIAS. Gracias a D. R. K.

Ésta que sigue es la entrevista que aparece publicada en Auzolan, en su número de abril. Isa Eguiguren es la responsable de que me saliera el lado crítico y Luis Zabalza quien ideó y perpetró las fotos. Espero que disfrutéis con ella. Me vi abocado a tratar algunos temas que procuro evitar. Y como veis, no consigo. Gracias desde aquí a todo el equipo de Auzolan (reportaje gráfico de Patxi Ilundain “Agur Barricada”), a Isa Eguiguren y a Luis Zabalza. AUZOLAN REVISTA ABRIL.143

SÍ, TE OIGO PERO NO TE VEO

31 Mar

no me chilles que no te veo

Ahooora te veo ¡Qué buena pinta tienes, Virginia! Pues muy bien, qué quieres que te diga, ya hablamos el otro día un rato por teléfono. No, pedorra. Es que hemos puesto Internet en casa y esto de las videoconferencias es un invento. Sí, por nuestro hijo, así las abuelas pueden ver a Amets siempre que quieran.

Te he dejado de oír, perdona. Ah, vale. Claro, es que me empezaste a hacer una serie de preguntas que no me apetecía responder por teléfono, sin ver la cara que me pones… Al contrario, no me importa. Pero mejor hacerlo así, ¿no te parece? Fue una sorpresa relativa, para qué te voy a engañar. Sé que la noticia de la publicación del libro ha corrido como la pólvora entre los que íbamos a la uni. Mira tú, las redes sociales, qué mogollón de cotillas estamos metidos… Sí, claro: media vida ha pasado desde que nos conocimos. Lo del libro ya te conté algo por teléfono, sí. Ya ves, parece que me había llegado el momento. Me imaginaba que algo sabíais, Ana, Marga y tú. Nunca me preguntasteis. Aquella noche que me acogisteis en vuestro piso de estudiantes os disteis cuenta de que era algo serio. Lo cierto es que fueron mis peores años. No te rías, puñetera, me refiero a la enfermedad. Me la diagnosticaron un mes antes de empezar la carrera, con 18, sí. Ya sé que te enteraste de mi segundo ingreso. Y las temporadas que desaparecía… Bueno. Ha pasado mucha agua bajo el puente. No tengo ni idea de cuándo “comencé con mi empoderamiento”. ¿Desde cuándo eres adulta, majica? Pues eso, algo parecido, en mi caso poco a poco, también. Puede ser, golpe a golpe. Tenemos un ansia por asociar un cambio de comportamiento a un evento…, pero no sé yo. Al salir del tercer ingreso tomé una serie de decisiones. Con 26. Pero hoy me parecen más gestos que grandes avances. Que estuvieron bien, ojo. La idea es que en esto, como en tantas historias, he ido avanzando conforme me he ido conociendo a mí mismo. Lo que dices, eso es. Un trabajo oscuro que a veces da frutos que se ven más, y otras veces no hay fruto, pero el esfuerzo está ahí. No. Qué bueno. Sigo pensando igual: en el esfuerzo está el premio, claro que sí. Yo qué sé si soy feliz. Tienes cada cosa. Tampoco sé si quiero. Tengo muy claro que quiero seguir peleando ¿Cómo? Así, Virginia, por ejemplo. Siendo capaz de contarle por videoconferencia a una vieja amiga en qué consiste mi pedrada. Porque si tú me entiendes, será bueno para mí. Y me ayudará a entenderme a mí mismo. Tampoco es que piense que todos los que tenemos trastorno bipolar debamos ir con una camiseta, anunciándolo. Pero suma. Todo suma. Lupe ha sido muy importante, cómo lo sabes. Ella lo entendió, ella me quiere así, ella quiso tener un hijo conmigo. Y ha comido marrones en abundancia. Sí. Más de cinco años viviendo juntos. Muchos marrones. Y se lo ha currado pero bien. Me ha hecho dar un salto importante. ¿En confianza? Vaya, pues no lo sé. Pensaré en ello. Seguro que sí. Sentirse amado es algo grande… Sí, aún me quedan unos minutos. Te decía que convivir, amar, sentirme responsable, ayuda. ¡Hala! Todo puede ser presión. Pero llevamos una temporada buena, larga y buena, sin crisis ni brotes. Pequeños amagos. Esto te lo cuento otro día. En mi caso, la idea es no dejar de aprender, ver esta enfermedad como una debilidad, sí, pero también como una oportunidad. Vivir intensamente, ya sabes. Sí, dime.

Claro. Dale mi correo electrónico y a ver si se anima a ir a la charla. Sí, contigo. Y si no, pues nada: cada uno tenemos nuestros momentos y nuestros ritmos. Y el que no los respete, que se compre un mono.

Sí, nos vemos allí. Siempre es un placer volver a verte. Siempre es un placer encontrarme con alguien que muestra interés. Que oye y que ve.

 

(Texto escrito originalmente como artículo para el blog de ActivaMent. Un saludo a toda la peña que se lo curra en Barcelona)

PRIMAVERA: ¿ATENUANTE, AGRAVANTE?

22 Mar

La primavera. Sólo una estación del año entre un equinoccio y un solsticio. ¿O no?

Más horas de luz. Suben las temperaturas. Nos sobra la ropa. Así como la naturaleza comienza su actividad, nosotros también rebrotamos de alguna manera. Aunque no queramos.

Si somos bioquímica, (¿verdad, Francesc?), la serotonina, la dopamina, la noradrenalina, entre otros, son neurotransmisores que regulan el sueño, la ansiedad, la ira, el deseo sexual, la angustia, el humor o la temperatura corporal. La inhibición o desinhibición de estos neurotransmisores hace que se segreguen más o menos hormonas.

Los cambios que la primavera provoca en nuestros cuerpos y en nuestras mentes muchas veces pueden estar relacionados con la secreción de estas hormonas. Ahora bien ¿justifica esto que la primavera, como nos altera la sangre, sea la causante de ciertos comportamientos?

¿Sirve la Primavera como agravante de nuestros estados de ánimo? ¿La podemos usar como excusa, como atenuante a la hora de escaquearnos de las consecuencias de esos actos, de esos comportamientos?

Veredicto: depende.

gayumbos flores

 

Hace 10 o 15 años, la primavera llamaba a mi puerta como un bofetón en la cara. Las yemas de mis ramas brotaban imparables, con una exuberancia inmensa. El alargamiento del día me hacía ver que se me estaba escapando la vida metido en casa, en un aula o trabajando. Dormir era la peor pérdida de tiempo. Mis ánimos, para bien y para mal, estaban volviendo a emerger. Había que vivir la Primavera sin perderme nada. Nada de nada. Y esto no lo paraba el carbonato de litio.

No lo paraba, digo. Le vuelvo a robar la frase a Iker: “Era como intentar frenar un Fórmula 1 con frenos de bicicleta ante una curva cerrada.”

Ahora, con algo más de perspectiva y otras muchas experiencias de este calibre, soy capaz de ver a la Primavera como una oportunidad. Lo peor de las oportunidades es desaprovecharlas, creo que estaremos de acuerdo. He vivido brotes y crisis en todas las épocas del año. (Qué fácil sería si la estacionalidad de los subidones o bajonazos fuera constante, puntual y previsible). No quiero emplear la palabra moderación, que tanto le gusta a mi madre, pero quizás vayan por ahí los tiros. También puede tener que ver que soy más viejo y más pellejo, y no me altero tanto. Es indudable que voy aprendiendo, como todos, y que me pisen muchas veces el mismo callo y en la misma época del año, además de doloroso e insultante, es razón suficiente para perder la confianza en mí mismo. Oh, ese preciado valor, la confianza, que tanto da y que no se vende en farmacias.

Afronto esta maravillosa Primavera con muchísimas ilusiones. No han nacido, esas ilusiones, a la vez que mis verdes brotes: ya estaban antes que ella. Y eso es un motivo más para seguir siendo constante, para seguir pataleando contra la mediocridad de la inactividad y, como contrapunto, para seguir midiendo reacciones y para seguir manteniendo un estado de alerta relativa.

Veremos quién puede más, Primavera, con tus hormonas y tus neurotransmisores y tus camisetas de tirantes, o mis ganas de disfrutarte como si fueras la primera. O la última. Porque gracias a las que vinieron antes que tú, sé que soy más perro y más viejo. E incluso puede que más sabio. Llegaré más entero que tú al 21 de junio. Quiero celebrar la entrada del verano con el cumpleaños de mi amigo Unai, en pleno solsticio. De ser tú, Primavera bullanguera y tentadora, estaría muy al loro: no será la primera vez que te robo la cartera allá por San Isidro, que sueles estar despistada.

MEDICACIÓN (y 3). ¿RESPONSABILIDAD?

9 Mar

¿EMPODERAMIENTO?

Al releer las dos últimas entradas, en las que me he referido al tema de la medicación, encuentro sentimientos que asocio a las drogas que tomo: frustración, incapacidad, dependencia y dolor.

Por otro lado, me han hecho pensar. Esto del blog es un instrumento de desahogo además de la oportunidad de ser gamberro y reírme un poco más de mí mismo. Con el libro, por lo visto, no he tenido bastante.

La decisión del acto voluntario de medicarme para paliar o ayudarme a controlar mis crisis se mueve por una línea sutil e inestable (toma, como yo…):

-por un lado, mi espíritu crítico, mi rebeldía innata, mi variable confianza en mí mismo y en mis capacidades. Estos instrumentos han sido los que, en pasadas ocasiones, me han hecho esperar un día más antes de pedir socorro para me añadieran “los pesos pesados” a mis drogas de diario.

-por otro lado, la experiencia que me da el fracaso, la asunción de mi vulnerabilidad y del daño que puedo causar, el afán de ser el bipolar del mes y la confianza en mi capacidad de recuperación.

Casi siempre que he tirado por la segunda opción, “los demás” me han aplaudido. No de modo literal. Pero es comúnmente interpretado -¡incluso por mí mismo!- como un éxito, como un acto de responsabilidad. “Ya estoy más cerca de hacerme con la enfermedad, la voy controlando y de buena me he podido librar.”

Alguna que otra vez pongo el ejemplo de cuando doy un presupuesto en la tienda. El dilema. Si el cliente acepta, pienso que no tenía que haberle dado un precio tan bajo. Si no vuelve, si no hace la compra, pienso que tenía que haber apurado un poco más.

Si soy capaz de, teniendo algún síntoma pero estando en un buen momento, sujetar ese caballo que se puede desbocar sin más drogas que las habituales, no hay aplausos. Porque siento que lo tengo que silenciar: he corrido un riesgo que a muchos les parece innecesario. La sensación de triunfo es muy grande. Me aporta una confianza poderosa para la siguiente vez. Porque siempre hay siguiente vez.

Digo que el riesgo es grande porque, en ocasiones anteriores, me he equivocado: no he sabido calibrar las circunstancias que me rodeaban, ni a mí mismo, he esperado demasiado, y la he cagado.

Ahora bien, cuando levanto la mano al analizar mis respuestas a los estímulos, mi estado, esas circunstancias que me rodean en el momento en el que estás haciendo equilibrios sobre el filo de la navaja… y pido “más madera que esto se me va de las manos”… y comienza el ritual de consulta, valoración, rapapolvos, drogas mataosos troqueladoras, baja laboral, paseos buscando el sol, sudores, temblores, apetitos ansiosos, ansiedad por volver a trabajar, a conducir, a salir de noche…

…necesito mucho cuajo para repetirle a mi almohada, como un mantra, podía haber sido peor, podía haber sido… pero recordando que he evitado la posibilidad de un nuevo ingreso.

¿Cuándo aprenderé? Miró a mi alrededor y creo que nunca. No creo que llegue a tener semejante discernimiento. Porque las personas a las que más admiro también se equivocan. ¿Cómo no me voy a equivocar yo, cuando estoy abriendo la puerta de una hipomanía -por ejemplo-, distorsiono la realidad y pretendo decidir, en base a unas evaluaciones sobre mi estado y mis circunstancias que quieren ser racionales y dependiendo de esa decisión voy a ser una caricatura de mí mismo pero voy a evitar un ingreso; o bien me la juego con esas cartas y tiro de mi catálogo de recursos para evitar ese  mismo ingreso pero sin tanta ayuda de la química?

Vaya lío. Voy a tener que escribir algún punto de vez en cuando, esto no hay quien lo lea… En fin, enhorabuena a los que habéis llegado hasta aquí.

1.-El mensaje de estas tres entradas es claro. Los psicotrópicos son, en general, drogas cutres, que muchas veces se utilizan para aprovechar los efectos secundarios que provocan y no para lo que fueron “pensados”.

2.-A pesar de eso, son un instrumento más. Y con el trastorno bipolar que tengo encima, no estoy para rechazar instrumentos.

3.-Socialmente están bien vistos. No así sus efectos. Sus efectos provocan rechazo. En la sociedad y lo que es más importante, en mí mismo: me estoy a u t o e s t i g m a t i z a n d o.

4.-Pienso seguir haciendo el esfuerzo de evaluar, catalogar, comparar y decidir, en momentos de entrada en crisis. Porque, si mi frontera es mi piel, algo podré aprender. Creo que ahí radica el acto que podrían llamar responsable.

Edurne_Pasaban_Conferencias_Speaker

Y voy a acabar con una cita de Edurne Pasaban, así, porque me da la gana, es sanferminera, me cae de miedo y sí, que pasa, es muy guapa:

“Es cierto que en los últimos años he puesto todo mi empeño en conseguir un hito concreto: llegar a subir las catorce montañas. Pero la auténtica victoria reside tanto en el el esfuerzo como en el premio, en la madurez y el crecimiento que este desafío me ha aportado”.

Extraída de su libro “Catorce veces ocho mil”, que me permito recomendar.

Quiero dedicar esta entrada mis inigualables sobrinos, que vienen finos como el coral.

 

 

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