Tag Archives: DESILUSIÓN

2ª PARTE DE QUÉ CANSADO ES ESTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

27 Oct

En la anterior entrada, que se llama casi como ésta, me quedé en el esbozo de lo que quería contar. Está por ahí abajo, con una foto de este tipo…

Irritado

Cuando pensaba en el título de la entrada, me refería a la fatiga que me puede suponer echar la vista atrás para evitar lo que te venga por delante. Lo de la enfermedad del ombligo, esa descripción mía de que, para manejarte por esta vida con este diagnóstico hay que andar mirándose el ombligo “duermo poco, hablo mucho, o duermo demasiado o estoy irritable…”

En la anterior entrada hablaba de lo que cansa el mero hecho de hacer memoria. De esforzarme por no distorsionar la realidad y, “a la vez, de admitir sus dudas”. Pues sí, cansa. A veces, toca pelear contra la distorsión mnemotécnica del otro interlocutor en algún episodio concreto que tengo claro, cristalino, en la cabeza.

Vamos, que este escrito ha nacido con el afán de aclarar y me temo que tampoco he conseguido lo que quería.

Creo que en el libro lo explicaba mejor: “mirar hacia delante, pero tampoco demasiado”.

Anuncios

QUÉ CANSADO ES ESTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

26 Oct

Irritado

Me ha dado por pensar en los distintos sentimientos que he vivido a lo largo de un episodio, sea depresión o manía o hipomanía. Me he encontrado con los problemas de que

-no los recuerdo todos los episodios

-y de que no recuerdo todo lo que sentí en cada uno de ellos.

Esto debe ser frecuente, por lo visto. Muchas veces tienes la percepción tan distorsionada que el recuerdo se aleja de la realidad más todavía. Amnésicos prescritos a parte.

Cotejándolo con otras personas que fueron testigos de los brotes que he intentado recordar, la verdad es una utopía que sólo llega a alcanzar coincidencias: lo que a mí me pareció gracioso a estas personas les pareció un drama. Y viceversa. De lo que se deduce que yo tengo que empezar a trabajármelo con un lastre añadido que viene a ser la duda de si realmente fue así como ocurrieron los hechos, si fue así como íntimamente gestioné la crisis y si fue así… Si realmente fue una crisis.

Porque rizando el rizo, y poniéndonos de enemigo, incluso podría negar esos episodios como avisos de un brote propiamente dichos. Por el motivo que sea. Qué sé yo, estoy irritable hasta el insulto pero duermo como un bebé de los que duermen bien. Por ejemplo.

Todo el entorno padece mi irritabilidad como parte de una patología -esto es, yo no puedo estar irritable sin más, es parte de mi enfermedad que me subyuga- y la manera más efectiva de poner fin es hacer de Pepito Grillo del psiquiatra y evitar la cuarta hospitalización

“Comunican hasta las piedras”. Robo esta frase a Cristina Ochoa y entono el mea culpa. Estoy haciendo algo mal cuando quienes se arriman porque me quieren no son capaces de establecer un diálogo conmigo. Un diálogo que, por supuesto, no voy a tener con un profesional de la salud mental. Porque no me quiere, porque no es su objetivo y porque está saturado de trabajo.

ACTITUD FRENTE AL TRASTORNO BIPOLAR

14 May

DSC_0116

Esta entrada va a dejar patente las diferencias entre personas con un mismo diagnóstico y que han escrito un libro que habla del trastorno bipolar.

La vida de Rafael Narbona nada tiene que ver con la mía. Fue profesor y es escritor y crítico literario. Cuenta en su libro, Miedo de ser dos (Editorial Minobitia, 2013), cómo ha sido su infancia, su adolescencia, su juventud y madurez a través de una serie de relatos en los que la familia y el suicidio tienen también su protagonismo.

No tengo el gusto de conocerle personalmente, aunque sí intercambiamos en su día algunos mensajes y he seguido, a través de su blog, con interés y curiosidad su evolución política de los últimos tiempos.

Lo que pretendo es que quede claro que, en este berenjenal, cada uno vive sus síntomas como puede y se plantea su vida de acuerdo a una serie de creencias y filosofías personales. Que son distintas dependiendo del sujeto y que dependen de aspectos tan dispares como la educación o las experiencias personales.

No pretendo ponerme a discutir ni a contraponer mis ideas y mis vivencias con las que Narbona expresa en su Miedo de ser dos. Insisto en que lo que quiero reflejar es la diferencia. De paso que reivindico que cada uno somos diferentes y que sigue sin serme útil el “café para todos”: misma ausencia de terapia, mismos tratamientos, mismas respuestas… no, gracias.

“El trastorno bipolar no se contenta con destrozar a sus víctimas. Su furor homicida no se agota hasta que las descuartiza en trozos tan pequeños como granos de polen. Cuando ha terminado, sopla con fuerza y se complace observando cómo el viento los dispersa. Después de la primera crisis, nada será lo mismo.”

El autor otorga al diagnóstico una crueldad sin límites. Lo humaniza en otras personalizaciones que utiliza en este libro, deshumanizándolo. Dice que es como una maestra de escuela que se duerme contando suspensos, feliz al pensar en la cara de fiasco de los alumnos a los que había prometido clemencia.

Habla también de su vida, de episodios estigmatizadores que recuerda claramente, de la influencia de los brotes en el deseo sexual… Desnudez es el término que emplea Miguel Sánchez-Ostiz, paisano, en el posfacio, para referirse al estilo de Narbona.

También cuenta que ha perdido la cuenta de las veces que ha intentado suicidarse. Es otra de las diferencias entre nuestras maneras de vivir.

Personalmente, sigo sin ser capaz de dar al diagnóstico esa imagen que lo personalice. Ni es cruel en esencia ni me da la gana de que lo sea. Sigo creyendo que casi siempre soy responsable de mis actos. Que así debe ser. Porque si hay síntomas, chivatazos, que me avisan de que me voy a entrar en crisis, siempre, siempre, tengo una oportunidad de tomar las riendas para evitar la entrada en barrena. De modo que la responsabilidad radica en la eficacia de mi percepción preventiva.

Si yo fuera así de eficaz siempre, no tendría que tomar más medicamentos, ni estaría en riesgo de volver a ser hospitalizado, ni se iría parte de mi vida por el desagüe periódicamente.

No lo soy.

UN RELATO DE AMOR PECULIAR: “Y me lo dices ahora…”

13 Feb

Unmade Bed --- Image by © Royalty-Free/Corbis

Y ME LO DICES AHORA…

Encajo la pregunta en el quicio de la puerta de su dormitorio. Imagino que no ofrezco una estampa muy atractiva en calzoncillos y calcetines. Echo un vistazo a la habitación hasta que la mortecina luz que empieza a entrar por la ventana me deslumbra sin consuelo.

Unas horas antes tenía todas mis seguridades en su sitio. Me sentía feliz, satisfecho. Incluso poderoso.

­­­­—Suena a reproche.

—No te pongas a la defensiva. Creo que es algo muy importante. Has tenido oportunidades de sobra para habérmelo dicho antes.

— ¿Me pongo a la defensiva? Puede ser. —Alcanzo un cigarrillo de la mesilla. Me siento en la cama y lo enciendo con toda la parsimonia que encuentro entre el sudor de mis manos.

Nos habíamos encontrado tres semanas antes en un curso de cocina macrobiótica. Me había apuntado sin mayores pretensiones: me había vuelto a quedar sin trabajo, una vez más. Supongo que el otoño empuja a aprender. Era imposible no fijarse en ella. Sólo asistíamos siete personas y, como cocinábamos platos por parejas, alternando, por fin me tocó con ella. Me gustó mucho lo que le oí decir. Además, olía muy bien.

La siguiente tarde le propuse tomar algo después de la clase y aceptó con una naturalidad abrumadora e inquietante. Un par de horas más tarde habíamos compartido infusiones, risas nerviosas y alguna silenciosa mirada. Nos quedaba una semana más de curso y, no sé cómo, quedamos para cenar ese viernes. Es decir, hace un rato. O ayer. Bueno, como lo quieras ver.

—Te he hablado de mis trabajos y de mi familia. Ha resultado que tenemos amigos y algunas aficiones en común. No sólo tenemos amigos en común. Los dos le hemos cogido una manía terrible a la comida macrobiótica.

—No tiene gracia.

Esto se pone serio, efectivamente. No tengo claro si quiero empezar una relación estable con ella, principalmente porque ella tampoco ha dicho nada al respecto. Esto empieza a ser un juego de dignidad y de voluntades. No estoy dispuesto a que me tenga por un mentiroso. Me apetece que sepa más de mí. Que lo que vea, le agrade. Que, al menos, no me haga ponerme los pantalones en las escaleras del portal.

—En la cena, hace sólo un rato, me he enterado de que no eras una funcionaria a secas. Eres médico. Doctora en psiquiatría. Bien que lo me pudiste haber dicho antes…

— ¿Te crees que voy diciendo a las primeras de cambio que soy psiquiatra? Algo he aprendido yo también y no voy soltando que soy loquera a los chicos que me gustan así, alegremente.

—Vaya.

—Toma, claro. En el mundo de la medicina nos ven como a los raritos. No te hablo de estadísticas. Te hablo de mi experiencia personal. No sería la primera vez que lo cuento y, al rato, escucho un ya te llamaré yo. Y si te he visto, no me acuerdo. Incluso me pasó con un cirujano, una vez.

—Jamás lo hubiera pensado.

—Me parece que te estás cachondeando de mí…

—Que no, que no. Para nada. —Apago el cigarrillo en el cenicero de su mesilla. Adopto una de esas ridículas posturas para intentar mirarla a los ojos. —Hay cosas que no me explico ¿Por qué me lo has contado a mí? ¿Por qué me lo has dicho esta noche? ¿Tanto vino has soplado en la cena?

—Pues no. Me pareciste sensible. Sincero. Alguien en quien se puede confiar. Cariñoso. Yo qué sé…

Me levanto y paseo por la habitación. Me desnudo por completo y me meto bajo el edredón, a su lado. El sol que entra por la ventana ya no es tan mortecino. Entra limpio, dejando de ser la promesa de un día claro. Creo, intuyo, que he reencontrado mi seguridad.

—Me parece que el asunto es que le has dicho que eres psiquiatra a un tío al que apenas conoces. El que ese tío tenga un diagnóstico de trastorno bipolar es algo que tendrás que ir asumiendo. Hasta entonces, dame un beso como los de hace un rato, que esa dosis la tomo con gusto.

Me suelta un codazo en la séptima costilla sin quitarse la sonrisa de la cara. Tras mi quejido y unos instantes eternos dedicados a comprobar las posibles grietas del techo, ella dice:

—Nadie es perfecto.

Pienso en que la perfección es una maravillosa suma de errores. En que yo no quiero estar cerca de esa perfección. En que ella es la persona de quien puedo enamorarme.

Si no la veo con bata, claro. O incluso con bata. Ya puestos…

Este relato participó en el III Concurso de Relatos Libre Mente de Agifes. Enhorabuena a los premiados, que están mucho mejor escritos (www.agifes.org), salvo que me parecen menos cachondos.

EL CUENTO DE PEIO Y EL LOBO

20 Nov

FEATURE MATCHER FOR BC-SPAIN-WOLVES

Me llamo Peio y esta vez lo cuento yo.

Hace ya diez años que empecé a escuchar aullar al lobo. Las primeras veces no hizo falta ni que lo contara: todos vimos al lobo. Como soy un agonías y bastante melodramático, la siguiente vez que lo escuché avisé, con más miedo que alma: “Que viene el lobo, que viene el lobo”. Fui escuchado por amigos, familia y gente especialista en lobos. Al final el muy traidor no compareció, lo cual estuvo muy bien para mí. Para los demás…

Empecé a perder credibilidad. Vamos, que cada vez que volvía a gritar que viene el lobo y el lobo no se presentaba, me tomaban por el pito de un sereno. Todavía más. Como estaba convencido de que el hecho de gritar mi angustia, mi desazón y mi miedo me servía además de para seguir atento y ser considerado con quienes más podían padecer su llegada, y también para -sigo sin saber cómo- evitar que apareciera, no dejé de hacerlo. Un bucle de desprestigio, como en el cuento original.

No juzgo la incomprensión de aquellos que no me escucharon. Esto funciona así, parece, y somos muchos los que gritamos: “Que me viene el lobo”. Ojalá fuéramos más los que lo berreáramos y supiéramos hacerlo en el momento apropiado y sin crear alarmas innecesarias.

Por mi parte, como este cuento lo cuento yo, confieso que estáis leyendo el penúltimo capítulo. Que estoy bajando de la azotea de un edificio de doce pisos. No he gritado que viene el lobo. Pero lo tengo a mi lado, sigiloso, bajando las escaleras.

No sé si gritaré ayuda la próxima vez que venga o me tiraré de esta misma azotea y se acabará mi cuento.

De momento, tengo un poco de hambre: voy a buscar una pastelería. El lobo también entrará, aunque no le dejen, porque es un ser destructivo, irreverente y antisocial. A mí, lo que es, no me respeta nada. Que se vaya y me dé un respiro, aire para poder gritar, si así lo decido: “Que viene el lobo”.

OTRA “VÍSPERA DE TODOS LOS SANTOS”

1 Nov

La banda no se cansa.

Los-Suaves

“Era un día como otro cualquiera… ni negro ni blanco. No sé si era largo o era corto pues, como todos, empezó acabando.
Una jornada de un siglo remoto -perdí ya la cuenta han pasado tantos- al que llegué poco a poco: víspera de todos los santos.
Era cuando la Edad Vencida dice: “¿Dónde vas, pobre loco, abrazando causas perdidas, mujeres perdidas… corazones rotos?”
El primero o el último día, da igual, quedan sólo unos cuantos. Dios se cansó de dar cuerda a mi vida: víspera de todos los santos.
Era un tiempo de horas homicidas: tú no te enteras… ellas trabajando. El reloj, tic-tac, causa heridas mientras la vida te va suicidando.
Fue cuando, tras cada esquina, otra vuelta de tuerca sigue apretando. Besas en la boca a la agonía: víspera de todos los santos.
Todos los años, puestos en fila, piden cuentas y tú recordando cómo has perdido lo que querías. ¿O, sin saber, te lo fueron robando?
Sólo Dios conoce el último día, la última hora -sonríe callando- el último número de la lista: víspera de todos los santos.
Para escuchar esta canción, el mejor lugar el infierno. Naces solo. Mueres solo. No te engañes, solo vas viviendo.
Llegó por fin el mejor día: martes trece o viernes santo. Los perros me hacen compañía: ladran cuando estoy llorando.
Es cuando, muerto de envidia, miras al mundo pasar paseando. Los caminos son navajas frías: víspera de todos los santos.
Noches y noches perdidas. Cientos de horas volando. Llega la señal de la partida. Caigo y aún me voy levantando.
Apoyado en la ruina, la compañera que me va quedando. Rechazan tu mano tendida: víspera de todos los santos.
Las palabras entre rejas. Otra vez el papel en blanco. Calla, obedece, de qué te quejas: unos mintiendo, otros soñando.
Cuando ves la tarjeta amarilla, ¿qué haces? Empujas o sigues tirando. Las ilusiones hechas astillas: víspera de todos los santos.
Era quizás el último día, sin noche, cuando unos cuantos se van con la mayoría
y sin votar terminan ganando.
Furiosa la muerte me hace signos. Cerca, muy cerca me va llamando. Me voy como se cierra un libro: víspera de todos los santos.
Allí estaremos juntos
día de fieles difuntos.”

Desde que descubrí a Los Suaves, me llamó la atención la relación que Yosi, letrista y cantante de la banda, ha tenido con la muerte. Hay que tener en cuenta que yo tenía catorce años y en esa época es cuando empecé a preguntarme ciertas cuestiones que siguen sin respuesta, claro, pero que me han servido para leer bastante sobre el tema, hacerme con una idea propia y ser muy crítico con la parefernalia actual, la que está de moda hoy y aquí.

Para terminar, me voy a permitir una recomendación: no escuchéis a Los Suaves si estáis melancólicos, sobre todo el “Maldita sea mi suerte”: no es que te saque a patadas de la melancolía, precisamente.

Larga vida a Yosi. Aquí donde esté. Y mis mayores respetos para los que seguimos amando a los que nos faltan. Así amaremos a los que acaban de llegar. Y a los que están por venir.”

A N. Z. O.

¡PON LEÑO!

29 Ago

El miércoles murió Tony Urbano, bajista de Leño.

La entrada que sigue la escribí hace poco más de un año.

Qué desilusión.

“Sé que no estoy en mi juicio y que me falta inspiración. Todo me saca de quicio ¡Qué desilusión! Odio salir a la calle. Hiede la televisión. El rocanrol es un arte ¡Qué desilusión! Es sólo una canción y me siento mejor.

Portada de "Corre, corre"Soy compañero de nadie y viajo solo en mi vagón. No encuentro un soplo de aire ¡Qué desilusión! Soy pregonero del negro y tengo en cama la opinión. Sé que no existe el infierno ¡Qué desilusión! Es sólo una canción y me siento mejor.”

Éste medio tiempo de Leño abre el álbum “Corre, corre”. Fue su último disco de estudio, allá por 1982.

Ya, ya sé que es una canción triste, un rocanrol particular. Pero es bastante frecuente que sienta cosas parecidas a las que Rosendo Mercado sentía cuando compuso esta letra. Con unas pocas frases consiguió expresar con acierto un estado de ánimo y consiguió explicar que tenemos que ser capaces de encontrar la esperanza en nuestras propias historias. Y, así, conseguir encontrarnos mejor.

A lo mejor es por eso que la sigue cantando, Rosendo, digo, tantos años después en sus directos…

Por mi parte, la desilusión es parte de mi frustración. Así que intento seguir su viejo consejo, su manera de vivir y busco actividades que otras veces me han hecho sentir mejor.”

Camarero. Pon Leño.

Que falta me hace.

Suicidio

19 Ago

Huevo suicida

“El suicidio es la primera causa de muerte no natural en Navarra. Por encima de los accidentes de tráfico.”

Ya empezamos con las estadísticas.

 “Es importante recordar que algunas personas con trastorno bipolar se matan por accidente durante un episodio maníaco”.

 Conozco mi propia historia. Esto me lo cuentas porque casi todo el que se suicida lo hace atrapado en una depresión. Voy a tirar yo también de estadísticas para pillarte: el momento más crítico se da tras haber pasado una crisis, con ingreso incluido. Unos tres meses más tarde, cuando ya se tiene consciencia de lo que se ha sufrido.

 “Dale a la vida una oportunidad.”

¿Otra más? Son muchos años dando oportunidades a esta vida de mierda que se dedica a castigarme sin respiro. Ni se te ocurra mencionarme las ganas de luchar por ella. Ni se te ocurra comparar mi tolerancia al sufrimiento con la tuya.

 “El suicidio no es derecho. Es un acto cobarde.”

¿Estás sordo? Te ha faltado decirme que es pecado. Mi frontera es mi piel y me he dejado demasiados trozos en el camino. ¿Me hablas de derechos? Tengo que suponer que pretendes que siga viviendo porque es mi deber. De valentía no me hables, tú no, que estás cagado de miedo al otro lado de la mesa porque ves la desesperación y la angustia en mis ojos

 

 Ideas suicidas. Mucha gente piensa en su propia muerte. Hace testamentos, acude a funerales, entierros, incineraciones, compra flores. Idealiza su muerte sin hablar de ella más que en un tono superficial, idealizado e incluso frívolo. La cultura de la muerte ha derivado en una serie de actos que se suceden en lugares concretos. No hablamos de ella. No celebramos la muerte, como lo hacían otras generaciones y lo hacen otras culturas.

Ese argumento da para largo. Me quedo aquí porque me da pie a desarrollar lo que sigue. Nos la cogemos con papel de fumar. Nos falta inteligencia emocional para tratar a la parca como se merece. El suicidio, como he intentando expresar con ese diálogo producto de mi calenturienta imaginación, es una forma más de morir. Me apetece poco hablar de la prevención del suicidio (voy a repetir las palabras muchas veces: suicidio, muerte) pero sí quiero recalcar que, así como muchos mueren en la cama, el suicidio parte de una decisión personal tras una valoración del pasado y una previsión de futuro. Conozco a muchas personas que no han hecho ese doloroso ejercicio interior en su vida. Lejos de respetar, juzgan.

Es tan fácil juzgar. Lo más frecuente es hacerlo sin conocer las circunstancias del sujeto que decidió suicidarse.

¿Si no se respeta en vida al que tiene una enfermedad mental, cuáles son los valores morales que se esgrimen para no respetar su muerte?

La conclusión es que la muerte, y en concreto el suicidio de personas con trastornos mentales, es tabú. Mejor no hablar porque es triste y salpica a nada que te descuides. Claro, pero ¿para quién es doloroso?

No aprendemos a escuchar. A ofrecer ayuda y alivio. A hablar abiertamente. Nos faltan mecanismos.

Está demostrado (www.forumclinic.org) que el suicida avisa y da pistas. ¡Entonces es una cuestión de voluntad! Si estás cerca y lo ves, tienes la oportunidad de formarte mínimamente. La motivación es inmensa: amas a esa persona. Hablar claramente, escuchar sin prejuicios y respetar al potencial suicida es tan infrecuente como útil.

La lucha por la dignidad de uno mismo es tan admirable como deleznable el menosprecio del dolor ajeno.

800 balas: un mensaje

9 Ago

La película “800 balas” es de ésas que me hacen reír, me hace llorar, me entretiene, desafía a la autoridad, desparrama y me enseña. Aparte de ser, esencialmente, una gamberrada.

El mensaje con el que me quedo lo podéis ver en esta parte de esta secuencia, 24 segundos sólo.

Sancho Gracia, que se llevó un Goya por esta actuación, explica a su nieto… bueno, ya lo habéis visto. A mí el concepto de pecado se me escapa bastante. La manera de vivir del personaje de Juan es envidiable. Sobre todo me cautiva porque es consecuente con ella, lucha con sus armas y con las que no tiene.

Creo que este mensaje esta bastante lejos del Carpe Diem humanista que se puede leer en tantos mensajes a través de redes sociales, correos electrónicos, WhatsApp y hasta ver en anuncios publicitarios. Tiene un punto de realismo, de fatalismo, de optimismo teñido de pura vida que me hace reflexionar sobre qué es la diversión.

Lo más importante, para mí, sigue siendo determinar cuándo ha pasado esa putada, cuándo ha llegado el momento de dejar de lamerse las heridas, para estrujar la vida hasta que llegue la siguiente putada. Estoy de acuerdo en parte con Gracia: hay malos tragos que no nos los quita nadie. Me permito matizar porque creo que tengo la capacidad de relativizarlos, de separarlos de otros tragos que pueden venir inoportunamente de la mano. Creo. Ése es otro trabajo pendiente de seguir mejorando.

Lo desesperante sigue siendo cuando no tengo marrones de este tipo, o putadas, o malos tragos, y no soy capaz de divertirme, de disfrutar, y sigo vagando en tierra de nadie esperando a que pase una tormenta de la que ya no se oyen ni los truenos.

De la Iglesia fue capaz de reunir a Curro Jiménez y a Pepe Carvalho (Eusebio Poncela) en una misma película. Y lo intentó con Clint Eastwood. Muy grande. Mi admiración.

Sancho Gracia en 800 Balas

Eusebio Poncelo como Pepe Carvalho

MEDICACIÓN (y 3). ¿RESPONSABILIDAD?

9 Mar

¿EMPODERAMIENTO?

Al releer las dos últimas entradas, en las que me he referido al tema de la medicación, encuentro sentimientos que asocio a las drogas que tomo: frustración, incapacidad, dependencia y dolor.

Por otro lado, me han hecho pensar. Esto del blog es un instrumento de desahogo además de la oportunidad de ser gamberro y reírme un poco más de mí mismo. Con el libro, por lo visto, no he tenido bastante.

La decisión del acto voluntario de medicarme para paliar o ayudarme a controlar mis crisis se mueve por una línea sutil e inestable (toma, como yo…):

-por un lado, mi espíritu crítico, mi rebeldía innata, mi variable confianza en mí mismo y en mis capacidades. Estos instrumentos han sido los que, en pasadas ocasiones, me han hecho esperar un día más antes de pedir socorro para me añadieran “los pesos pesados” a mis drogas de diario.

-por otro lado, la experiencia que me da el fracaso, la asunción de mi vulnerabilidad y del daño que puedo causar, el afán de ser el bipolar del mes y la confianza en mi capacidad de recuperación.

Casi siempre que he tirado por la segunda opción, “los demás” me han aplaudido. No de modo literal. Pero es comúnmente interpretado -¡incluso por mí mismo!- como un éxito, como un acto de responsabilidad. “Ya estoy más cerca de hacerme con la enfermedad, la voy controlando y de buena me he podido librar.”

Alguna que otra vez pongo el ejemplo de cuando doy un presupuesto en la tienda. El dilema. Si el cliente acepta, pienso que no tenía que haberle dado un precio tan bajo. Si no vuelve, si no hace la compra, pienso que tenía que haber apurado un poco más.

Si soy capaz de, teniendo algún síntoma pero estando en un buen momento, sujetar ese caballo que se puede desbocar sin más drogas que las habituales, no hay aplausos. Porque siento que lo tengo que silenciar: he corrido un riesgo que a muchos les parece innecesario. La sensación de triunfo es muy grande. Me aporta una confianza poderosa para la siguiente vez. Porque siempre hay siguiente vez.

Digo que el riesgo es grande porque, en ocasiones anteriores, me he equivocado: no he sabido calibrar las circunstancias que me rodeaban, ni a mí mismo, he esperado demasiado, y la he cagado.

Ahora bien, cuando levanto la mano al analizar mis respuestas a los estímulos, mi estado, esas circunstancias que me rodean en el momento en el que estás haciendo equilibrios sobre el filo de la navaja… y pido “más madera que esto se me va de las manos”… y comienza el ritual de consulta, valoración, rapapolvos, drogas mataosos troqueladoras, baja laboral, paseos buscando el sol, sudores, temblores, apetitos ansiosos, ansiedad por volver a trabajar, a conducir, a salir de noche…

…necesito mucho cuajo para repetirle a mi almohada, como un mantra, podía haber sido peor, podía haber sido… pero recordando que he evitado la posibilidad de un nuevo ingreso.

¿Cuándo aprenderé? Miró a mi alrededor y creo que nunca. No creo que llegue a tener semejante discernimiento. Porque las personas a las que más admiro también se equivocan. ¿Cómo no me voy a equivocar yo, cuando estoy abriendo la puerta de una hipomanía -por ejemplo-, distorsiono la realidad y pretendo decidir, en base a unas evaluaciones sobre mi estado y mis circunstancias que quieren ser racionales y dependiendo de esa decisión voy a ser una caricatura de mí mismo pero voy a evitar un ingreso; o bien me la juego con esas cartas y tiro de mi catálogo de recursos para evitar ese  mismo ingreso pero sin tanta ayuda de la química?

Vaya lío. Voy a tener que escribir algún punto de vez en cuando, esto no hay quien lo lea… En fin, enhorabuena a los que habéis llegado hasta aquí.

1.-El mensaje de estas tres entradas es claro. Los psicotrópicos son, en general, drogas cutres, que muchas veces se utilizan para aprovechar los efectos secundarios que provocan y no para lo que fueron “pensados”.

2.-A pesar de eso, son un instrumento más. Y con el trastorno bipolar que tengo encima, no estoy para rechazar instrumentos.

3.-Socialmente están bien vistos. No así sus efectos. Sus efectos provocan rechazo. En la sociedad y lo que es más importante, en mí mismo: me estoy a u t o e s t i g m a t i z a n d o.

4.-Pienso seguir haciendo el esfuerzo de evaluar, catalogar, comparar y decidir, en momentos de entrada en crisis. Porque, si mi frontera es mi piel, algo podré aprender. Creo que ahí radica el acto que podrían llamar responsable.

Edurne_Pasaban_Conferencias_Speaker

Y voy a acabar con una cita de Edurne Pasaban, así, porque me da la gana, es sanferminera, me cae de miedo y sí, que pasa, es muy guapa:

“Es cierto que en los últimos años he puesto todo mi empeño en conseguir un hito concreto: llegar a subir las catorce montañas. Pero la auténtica victoria reside tanto en el el esfuerzo como en el premio, en la madurez y el crecimiento que este desafío me ha aportado”.

Extraída de su libro “Catorce veces ocho mil”, que me permito recomendar.

Quiero dedicar esta entrada mis inigualables sobrinos, que vienen finos como el coral.

 

 

“QUÉ DESILUSIÓN”, DE LEÑO

14 Ago

“Sé que no estoy en mi juicio y que me falta inspiración. Todo me saca de quicio ¡Qué desilusión! Odio salir a la calle. Hiede la televisión. El rocanrol es un arte ¡Qué desilusión! Es sólo una canción y me siento mejor.

Portada de "Corre, corre"Soy compañero de nadie y viajo solo en mi vagón. No encuentro un soplo de aire ¡Qué desilusión! Soy pregonero del negro y tengo en cama la opinión. Sé que no existe el infierno ¡Qué desilusión! Es sólo una canción y me siento mejor.”

Éste medio tiempo de Leño abre el álbum “Corre, corre”. Fue su último disco de estudio, allá por 1982.

Ya, ya sé que es una canción triste, un rocanrol particular. Pero es bastante frecuente que sienta cosas parecidas a las que Rosendo Mercado sentía cuando compuso esta letra. Con unas pocas frases consiguió expresar con acierto un estado de ánimo y consiguió explicar que tenemos que ser capaces de encontrar la esperanza en nuestras propias historias. Y, así, conseguir encontrarnos mejor.

A lo mejor es por eso que la sigue cantando, Rosendo, digo, tantos años después en sus directos…

Por mi parte, la desilusión es parte de mi frustración. Así que intento seguir su viejo consejo, su manera de vivir y busco actividades que otras veces me han hecho sentir mejor.

A %d blogueros les gusta esto: