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EL CUENTO DE PEIO Y EL LOBO

20 Nov

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Me llamo Peio y esta vez lo cuento yo.

Hace ya diez años que empecé a escuchar aullar al lobo. Las primeras veces no hizo falta ni que lo contara: todos vimos al lobo. Como soy un agonías y bastante melodramático, la siguiente vez que lo escuché avisé, con más miedo que alma: “Que viene el lobo, que viene el lobo”. Fui escuchado por amigos, familia y gente especialista en lobos. Al final el muy traidor no compareció, lo cual estuvo muy bien para mí. Para los demás…

Empecé a perder credibilidad. Vamos, que cada vez que volvía a gritar que viene el lobo y el lobo no se presentaba, me tomaban por el pito de un sereno. Todavía más. Como estaba convencido de que el hecho de gritar mi angustia, mi desazón y mi miedo me servía además de para seguir atento y ser considerado con quienes más podían padecer su llegada, y también para -sigo sin saber cómo- evitar que apareciera, no dejé de hacerlo. Un bucle de desprestigio, como en el cuento original.

No juzgo la incomprensión de aquellos que no me escucharon. Esto funciona así, parece, y somos muchos los que gritamos: “Que me viene el lobo”. Ojalá fuéramos más los que lo berreáramos y supiéramos hacerlo en el momento apropiado y sin crear alarmas innecesarias.

Por mi parte, como este cuento lo cuento yo, confieso que estáis leyendo el penúltimo capítulo. Que estoy bajando de la azotea de un edificio de doce pisos. No he gritado que viene el lobo. Pero lo tengo a mi lado, sigiloso, bajando las escaleras.

No sé si gritaré ayuda la próxima vez que venga o me tiraré de esta misma azotea y se acabará mi cuento.

De momento, tengo un poco de hambre: voy a buscar una pastelería. El lobo también entrará, aunque no le dejen, porque es un ser destructivo, irreverente y antisocial. A mí, lo que es, no me respeta nada. Que se vaya y me dé un respiro, aire para poder gritar, si así lo decido: “Que viene el lobo”.

FRUSTRACIÓN, IRRITABILIDAD, IRA.

13 Mar

A fuerza de escucharlo, leerlo y también de pensar en ello, tengo casi asumido que tengo una “baja tolerancia a la frustración“.

El mero hecho de hacer este ejercicio me irrita. Me toca las narices. Porque me gustaría tolerar mejor mis frustraciones, que pueden ser fruto de tantas razones…

carmelo11Si se dan ciertas circunstancias, esa irritación me puede lleva no sólo a que me toque las narices. También me puedo ir más allá, hasta la ira.

Como tantas otras personas, con diagnóstico o sin él, ciclo rápido. Soy de ciclación rápida. Puedo pasar de cero a cien en muy pocos segundos. Demasiados pocos segundos.

Estos términos, que entendemos perfectamente y que los vemos en la vida diaria, tienen connotaciones médicas. Quiero decir que pueden aparecer en informes y son tema de estudios, tesis, conferencias y demás.

En mi caso, la paradoja consiste en que esa cadena (frustración, irritabilidad, ira) puede ser un aviso de una manifestación de mi enfermedad. Con la peculiaridad de que no siempre sé si me avisa de que me voy hacia un estado de manía o hacia una depresión.

Debo hacer otro análisis, valorar otros factores y asumir otras circunstancias para intentar discernir por dónde me vienen los tiros. Y hacia dónde voy yo.

Cuánto camino me queda por recorrer. Es frustrante… A ver si no me pongo de mal café que luego, si me tocan los aparejos, me pongo de una mala leche…

 

He metido una foto de un galán de una pieza, que me parece un gran actor, leonés, y que da un juego bestial en las entrevistas: Carmelo Gómez.

 

Una historia que contar.

22 Jul

Este testimonio acaba de llegar al blog en forma de comentario.

“Hola Sergio, cómo te va?

(…)
Voy a intentar identificarme, va a ser complicado pues con toda la gente con
la que habrás hablado en estos meses me imagino que no puedes recordarnos
a todos.

Sólo hemos hablado una vez y durante unos minutos, en la presentación
de tu libro en …, un poco antes de salir de la sala me presenté, (…) y te comenté que tenía un hermano que padecía ciclotimia.

Hablamos sobre mi interés en que mi hermano te conociese, yo ya había leído tu libro y según lo estaba leyendo la vida de mi hermano parecía pasar por delante de mis ojos. Tú me contestaste que en este momento lo mejor, con todo lo del libro, era contactar a través de tu blog, así es que eso es lo que estoy intentando.
El motivo es qué ya no sé donde buscar ayuda, no sé que más puedo hacer, pero no quiero rendirme, quiero a mi hermano con todo mi corazón y él es un ser humano extraordinario, y verle sufrir tanto a veces resulta insoportable.
Él es el mayor de … hermanos y yo soy tres años menor que él.
Ahora tiene 49 años y este calvario comenzó cuando el tenía 18 años aproximadamente, aunque es posible que antes ya hubiese señales de que algo no iba bien y no nos dimos cuenta. A partir de esa edad, y de forma gradual durante 5 ó 6 años, las cosas fueron cada vez peor hasta que a los 27 años, más o menos, tubo que ingresar en psiquiatría de forma “voluntaria”. Salió de ahí con un tratamiento que al principio le dejó hecho una piltrafa humana pero con el tiempo él fue regulando la medicación y bajando las dosis, hasta conseguir una estabilidad que le ha permitido trabajar como …, en lo que había estudiado, tener su casa y una pareja estable.

Esto ha durado más de 15 años, con sus pequeños altibajos (pequeños comparados con lo que habíamos vivido).

Hace dos años, los altibajos comenzaron a ser cada vez más frecuentes y más duros, hasta que en enero de este año volvió a ingresar en psiquiatría durante tres semanas. Salió con un ajuste de medicación y bastante más relajado, pero
esta vez no está consiguiendo remontar y los días, las semanas y los meses están pasando como si estuviésemos en una montaña rusa.
La relación con su mujer se está deteriorando cada día un poco más, no consigue trabajar más de dos días seguidos, está sumido en la más absoluta soledad y tristeza, con ataques de angustia, de lloros, y de desesperación. Yo le veo luchar por seguir viviendo, buscar y buscar sin descanso a qué aferrarse hasta el agotamiento. Creo que a lo mejor te estoy cansando, pero como verás me encuentro bastante desesperada, yo siempre he estado a su lado y nunca dejaré de estarlo. Mi ilusión ahora mismo es encontrar a alguna persona con la que mi hermano pudiese
compartir esos sentimientos que los de su alrededor no podemos entender, que compartiese con alguien todo lo que lleva dentro y que no alcanzamos a ver, a lo mejor así no se sentiría tan solo.

Salud y muchísimas gracias por escucharme.
M.”

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