Tag Archives: Catorce veces ocho mil

ENFERMEDADES ASOCIADAS A LA DEPRESIÓN Y A LA MANÍA

14 Abr

Antes de nada, me permito recordar que no tengo formación de medicina ni de psicología. Esto, a mi modo de ver, me permite tomarme ciertas licencias en los tratamientos de ciertos términos y, además, me permite bastante cachondeo.

Con esto del libro estoy aprendiendo mucho. Accedo a información a la que antes no llegaba (con razón se dice que el que mejor aprende no es el que se lo sabe todo, sino el que sabe dónde encontrarlo). Del mismo modo, sigo acumulando vivencias que me curten y me enseñan.

Me apetece publicar una entrada que cuente que, independientemente de los fármacos, los bajonazos y los subidones traen de propina otras dolencias, enfermedades y ausencias de salud.

En principio, algunas de ellas parecen de cajón. Otras quizás no tanto. Me veo obligado a apuntar que la credibilidad de un tipo como yo ante un médico, de la especialidad que sea, es muchas veces limitada porque en la historia médica aparece que tengo trastorno bipolar: lo mismo exagero, o estoy de subidón, incluso en plena psicosis, alterando la realidad, o directamente miento.

En la manía estoy convencido de que la destrucción de neuronas es muy grande. Claro, hombre, cómo no lo había pensado: no ves que no duermo ni leches… Los golpes que doy y que me llevo, si me da por ahí, también provocan dolor. Puede que hasta algún daño traumatológico. Taquicardias y el problema de pegarme un mordisco en la lengua porque no me callo ni debajo del agua son como para tener en cuenta, también.

Si estoy deprimido pierdo el olfato. Fijo. No me molesta mi hedor personal cuando ni me planteo ducharme… La falta de ganas de mantener un mínimo de higiene puede llevarme a no lavarme los dientes en días -caries, piorrea, pésimo aliento, etc-, problemas en la piel… La inmovilidad -en cierta ocasión creí que se me borraba la raya del culo- es lo que tiene: se me puede formar una trombosis y esto es un jaleo que me dura más que el cuadro depresivo. También estoy convencido de que mi síntesis de proteínas está de huelga: apenas me crecen ni las uñas ni el pelo. Lo de las calvas en la barba lo he asociado el estrés, pero también se dan.

MIDI D´OSSAU DESDE ANAYET

Panorámica desde el Vértice de Anayet (2555 m) en primer plano, del Pico Anayet (2574 m) AUPA CALCETINES, el Midi d’Ossau (2882 m) al fondo, la cresta de las Negras (2459 m) a la izquierda y la Canal Roya detrás. ©Foto: JOLUBE, 2011

Seguro que me falla la memoria (las neuronas, ya se sabe que en manía se recuerda lo que se puede y malamente y que los cuadros depresivos son para olvidar) y me dejo muchos síntomas en el tintero de este teclado. Tampoco es plan de que penséis que soy un guarro. Ni siquiera un exagerado.

Lo que desde luego no voy a hacer es invitar a los que no han vivido estas experiencias a hacerlo. Sería un detallazo por parte de los científicos, pero son momentos que no deseo a nadie. Por cierto, hablando de empirismo, he oído hablar de un psiquiatra que prueba todos los medicamentos antes de recetarlos. Me gustaría preguntarle en qué dosis y durante cuánto tiempo. En fin.

Sí animo a todo aquel que haya sufrido una depresión o un episodio maníaco o hipomaníaco, o una psicosis o varias de estas patologías a que, en la misma clave de humor o en la que le dé la gana, a que se deje su experiencia en un comentario. Muchas gracias.

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PROPÓSITOS PARA 2015 de uno con trastorno bipolar

21 Dic

Matt Hatton

Termina la noche más larga del año.

Me reconozco cíclico. Entre otros defectos, tiendo a hacer continuos balances y previsiones. Aquellos planes trienales que tanto exasperan a quienes más quiero ya no tienen tanto sentido: nuestro hijo Amets los tumbaría como a su guiñapo favorito cuando está de que no.

HAYEDO CAMINO BAIGURA

Entusiasmarme con el libro que, a lo mejor, saca Eduardo Mendoza. Del mismo modo que con la relectura de uno de Vázquez Montalbán. De paso, retocarme mi tatuaje, 15 años después, de “Nacido para revolucionar el infierno”.

Esperar un nuevo disco de Marea como si fuera el segundo.”Sé que no habrá sedales cuando te hiera mi ausencia. Ojalá me quieras libre.”

VERTICE BAIGURA

Llevar a Amets hasta esta cima. Aquí arriba me he sentido pleno. Feliz. Vacío. Melancólico. Satisfecho. Que nuestro hijo se sienta como le dé la gana, libre. Que pueda mirar hacia el norte y hacia el sur para disfrutar, si quiere, de lo que yo encuentro hermoso.

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URRAUL DESDE BAIGURA

Siguiendo con esta aventura de ser padre, hablar con corrección a nuestro Sueño. Que va a aprender a hablar (de modo que le entienda) en los próximos meses. No me parece un gran plan que jure en arameo como yo. Que se comunique. Mi propósito, en realidad, es estar muy atento a sus intentos. Aplaudir sus avances y no frustrarme más que él cuando no nos entendemos. Casonsoria, como esta misma noche, que lo mismo usa “tata” para decir patata que para decir vete a saber qué…

Seguir con este blog, cuaderno de bitácora que me subyuga y me da vida, dicotómico y perverso. Estoy seguro de que “Tengo trastorno bipolar” me va a seguir dando alegrías y oportunidades. ¿De conocer gentes y lugares? También. Que fluya. Que rule.

De mantener lo que he ganado sin perder las ganas de seguir ganando, como me escribió Lupe. De mantener nuestra relación. De mejorarla siendo consciente de que no será lo que fue, pues ya no somos los mismos que cuando empezamos. Me toca compartir a mi pareja con lo que más quiere: nuestro fruto. Acaparador en el amor, éste es mi Gran Reto.

Este 2014, el cáncer ha puesto a prueba a mi familia. Hemos superado la prueba. Ahora toca disfrutar siendo consciente de la levedad de la existencia. Valorar la oportunidad que se me brinda para seguir aprendiendo de quien va a seguir entre nosotros, dando la murga, sí, pero también ofreciendo todo lo que tiene con una generosidad inmensa. Tremenda lección.

Que mis principios no sean, como tantas veces, finales. Ajustar mis tolerancias, que no tengo 16 años. Ser tan chulicomierda me da disgustos y me quita horas de sueño, soberbia mediante. Llenarme la boca con algunos de esos principios en ocasiones me recuerda a aquél que se la llenó de piedras y por más que gritaba no comunicaba nada.

Amigos. Mis amigos. Este año vamos a tener una nueva llegada: Ibai, el hijo de Silvia e Iñaki (si es que no cambian de opinión con el nombre, que sería de traca). Que sigamos unidos. Que formemos ese muro inquebrantable y solidario. Que me sigan dando la oportunidad de aprender de ellos, de ser escuchado, de ser acogido. Un año más, esa amistad que me emociona y me parece increíble. Que no cometa capullada ninguna que ponga en riesgo, una vez más, algo tan grande.

Me propongo no pasar de 95 kilos en todo el año. Mi espalda me lo agradece. Es un círculo. Si estoy ligero -qué pasa, para mí pesar 90 kilos es estar ligero-, jugar a pala, coger la bici e ir al monte es menos doloroso. Me libero de mis ponzoñas mentales mucho más confortablemente.

Me propongo disfrutar de mi trabajo en la tienda. Sin obsesiones que me roban el sueño. Ya. Un reto demasiado ambicioso. En el esfuerzo está el premio.

Seguir siendo crítico, pero no demasiado. Ser capaz de escuchar y de leer manteniendo saludables distancias emocionales. Maduraré. Encontraré esos equilibrios. Este año, un paso más.

En 2014 he esperado síntomas de la enfermedad que me diagnosticaron con todas mis herramientas desenfundadas. No han venido, al menos de forma crítica. Eso está muy bien. Por otro lado, aumenta las probabilidades de que en 2015 venga a tocarme los aparejos. El reto consiste en no bajar la guardia. En no enfundar mis herramientas.

Mis herramientas, mis armas, quizás las haya descrito a modo de propósitos y retos en los párrafos precedentes. Por ahí pueden ir los tiros. (Qué bélico me estoy poniendo, por favor). Si avanzo en todos los frentes. Si mantengo las motivaciones y las ilusiones. Si amo y pongo los medios para ser correspondido. Si lucho por lo que creo. Si reconozco mis limitaciones sabiendo que me quedan potenciales por explotar; o sea, mucho por aprender. Si mi almohada es coto vedado para los negros pensamientos. Si soy capaz de disfrutar y saborear el 2015 hasta el último día.

Si…

Bueno. Quedan diez días para que arranque el año. Tengo por delante un domingo soleado en Mordor/Pamplona. Vienen mi hermano y mis sobrinos en dos días. Voy a prepararle el desayuno a mi hijo: es mi energía diaria verle despertar.

 

(No está previsto que deje de fumar, ni que me apunte a clases de inglés ni de euskera. Gracias por el interés. Thank you very much. Mila esker.)

 

 

 

BIS: “Parar un Fórmula 1 con frenos de bicicleta”

23 Jun

Sigo repasando lo que he escrito en este blog. Esta entrada es del 25 de noviembre de 2013.

A Daniel. A MS. A Iker.

“Iker Arrizabalaga, en una charla con AGIFES, utilizó esta expresión. Me dio su beneplácito para que yo hiciera uso de ella.

FRENAZO BICI BOBBY

Explicaba lo que tiene que suponer evitar males mayores cuando una persona con trastorno bipolar está maníaca. Así lo recuerdo. Decía que tiene la complicación de intentar, después de una recta y haber alcanzado la máxima velocidad y ante una curva cerrada, frenar un Ferrari con unos frenos de bicicleta.

Conozco a muchas personas sin diagnóstico a los que se les nota el esfuerzo por intentar no perder los estribos. A causa del momento personal, de la tensión, de la impaciencia, de la presión, del tema que se esté tratando, del interlocutor… de lo que sea. Hay peña con mucho autocontrol que consiguen frenar su Fórmula 1 cuando ven que se dispara y luego viene una curva.

¿Cómo? Habría tantas respuestas como personas. No. Habría muchas más todavía, porque no utilizan el mismo método siempre. Pero han llegado a conocerse, a saber de qué remedio tirar para no mandar a tomar mucho por el viento a la persona, o a la situación, que le está sacando de sus casillas.

Lo han conseguido a base de experiencia, de años aguantando su propia mala leche, enfrentándose a situaciones parecidas y a esa sensación; de valorar lo que pierden si se dejan llevar y lo que ganan si moderan sus impulsos. A base de crecer, de aprender y de seguir queriendo hacerlo mejor.

Incluso Cristo perdió los papeles y la lió parda. Pero parda.

Si hago algo parecido yo, un domingo en el rastro de Landaben, acabo esposado e ingresado, con tres meses de baja por delante y un pupurrí de amnésicos, tranquilizantes, sedantes; y luego más tranquilizantes, antidepresivos a saco y la duda de si podré volver a teclear antes del próximo cambio de hora.

Yo mismo soy capaz de valorar el esfuerzo de un amigo por no salirse del tiesto ante una situación que le está tocando los cojones, a pesar de que veo cómo se le hincha la vena. Pero ¿qué cojones le pasa a esta sociedad, a este “nosotros”, a este “los demás”, para no tener el cuajo de dar una palmada en la espalda cuando vemos a uno con una buena chaladura sujetarse los machos, respirar hondo, decir que se va a dar una vuelta y que luego vuelve, o ir a tomarse una pirula, o lo que sea que haga para templarse?

Creo, sé, que no siempre se nos valora el trago que supone. Porque la sombra de la agresividad está ahí. Porque hay precedentes de violencia. Porque, al menos en mi caso, me he ganado esa marca y ese estigma y esos prejuicios a pulso, y puede más el miedo al ver mi vena hinchada que la valoración del esfuerzo que hago porque no reviente. Sobre todo, porque no le reviente al que me la está hinchando (la vena) en la cara y le salpique de sangre, de lágrimas, de sudor, de…

Es justo y necesario reconocer, al menos en mi caso, que soy yo el responsable de eso: de que en vez de valorar mi esfuerzo de contención, mi interlocutor haga mucha memoria porque no se aclara si es el 221 o 112 o el 902. Hace falta tiempo. El miedo tiene memoria, y muy buena, en eso se basa la supervivencia. Y si esa persona lo ha sentido antes por mi culpa, es fácil que lo vuelva a hacer. Más fácil que estar en posición de evaluar mi intento de moderación.

Ante este fenómeno repetido, sólo tengo una respuesta. Seguir. Seguir demostrando que muchas veces soy capaz de no perder esos papeles. Seguir levantándome cada mañana sabiendo que cada situación es un riesgo en esencia. Sabiendo que es parte del juego. De un juego en el que he elegido participar. Sabiendo que es muy difícil hacer que la tendencia cambie. Pero sabiendo que esa posibilidad está en mí, en lo que demuestre cada día.

Pero sobre todo sabiendo que sentir cómo te acaloras, cómo te vas poniendo rojo hasta las orejas, cómo se te hincha la vena del cuello, cómo te sudan las manos y las gotas de sudor empiezan a resbalar por tus costillas y tienes unas ganas enormes de estampar un puñetazo contra la pared, puede que sólo contra la pared… sentir todo esto es desagradable.

La satisfacción de haber hecho la tarea y de, a pesar de todo lo anterior, haber conseguido dominar tu bicha, es grande. Muy grande. Es otra prueba superada. Es una prueba superada. Es una demostración para el que tienes delante. Pero sobre todo, para mí mismo. Porque el premio me lo he llevado yo. He ganado yo. Y estaré mejor preparado para la siguiente vez.”

SIEMPRE HAY UNA HISTORIA QUE CONTAR

1 May

DE LA MANO CON AGIFES

Animarse a acudir a una charla.

Ese paso que puede resultar tan difícil dependiendo del momento.

Mostrar interés.

Escuchar.

Participar.

Preguntar. Responder. Aportar reflexiones.

Siempre hay una historia que contar. Compartir experiencias de recuperación suma. Ayuda. Aporta herramientas y recursos a los demás. Parece que los que estamos en este ajo tenemos muy claro que antes va la persona con su carácter y sus circunstancias que un diagnóstico. A partir de esa premisa, si acudimos con un espíritu abierto y crítico somos capaces de extraer enseñanzas que, en un futuro, nos pueden resultar muy útiles.

Ayer en Tolosa hablamos de confianza. De lo difícil que es para el entorno que más nos quiere y mejor nos conoce confiar en nosotros cuando tenemos comportamientos… puede que patológicos. Por mi parte, dije que es una de las claves. Percibir la confianza en quienes nos rodean nos acerca mejor a ese objetivo de ser responsables de nuestra salud.

Tocamos otros muchos temas, convertidos algunos en debates inconclusos. Pero hablamos de ellos. En un tono constructivo. Con ganas de aprender.

Todos los que estamos viviendo una historia de este calibre tenemos algo que enseñar. Nuestras historias sirven porque pueden evitar errores ajenos y propios, por el mero hecho de verbalizarlos. Porque nos hacen ver que podemos hablar en ese lenguaje que, llegados a cierto punto, no puede comprender quien no haya pasado por una fase maníaca. O sí.

Tolosaldeko Ataria también se hizo eco. Gracias a Imanol Garcia Landa por su entrevista.

Desde aquí, mi agradecimiento una vez más a AGIFES, a todos los que acudieron con esa actitud y, en especial, a Isabel Eguiguren, por escucharme, por su entrevista, por su mente inquieta, ávida de aprendizaje, y por haber mandado sus prejuicios a ese todavía pequeño cajón que está casi vacío.

TOLOSA (Gipuzkoa), miércoles 30 DE ABRIL

28 Abr

TOLOSA

Pasado mañana, a las 18:30, estaremos en Kultur Etxea (Triangulo Plaza 1) presentando el libro “Tengo trastorno bipolar. Desmitificaciones y anécdotas”.

Una vez más, AGIFES está organizando el acto. El servicio de Ocio y Tiempo Libre se está encargando de ultimar los detalles para que todo salga como suele.

El éxito radicará, como siempre, en que los asistentes participen. No necesariamente hablando y aportando sus experiencias y sus trucos. El mero hecho de acercarse a la Kultur Etxea puede ser un triunfo en determinadas circunstancias en las que quedarse en casa y dejar pasar un día más es la tónica.

Vamos a pasar un buen rato, a conocer gente y a compartir. Aunque sea nuestra presencia.

Serán las ganas que tengo de subir por las mismas escaleras, de entrar por la misma puerta, de encarar los acontecimientos con herramientas suficientes. Serán las ganas de asumirme distinto.

Como todos.

 

REVISTA AUZOLAN. ENTREVISTA legible DE ISA EGUIGUREN

9 Abr

POR FIN CONSEGUIMOS QUE SE PUEDA LEER EL TEXTO DE LA ENTREVISTA. PERDÓN POR LAS MOLESTIAS. Gracias a D. R. K.

Ésta que sigue es la entrevista que aparece publicada en Auzolan, en su número de abril. Isa Eguiguren es la responsable de que me saliera el lado crítico y Luis Zabalza quien ideó y perpetró las fotos. Espero que disfrutéis con ella. Me vi abocado a tratar algunos temas que procuro evitar. Y como veis, no consigo. Gracias desde aquí a todo el equipo de Auzolan (reportaje gráfico de Patxi Ilundain “Agur Barricada”), a Isa Eguiguren y a Luis Zabalza. AUZOLAN REVISTA ABRIL.143

PRIMAVERA: ¿ATENUANTE, AGRAVANTE?

22 Mar

La primavera. Sólo una estación del año entre un equinoccio y un solsticio. ¿O no?

Más horas de luz. Suben las temperaturas. Nos sobra la ropa. Así como la naturaleza comienza su actividad, nosotros también rebrotamos de alguna manera. Aunque no queramos.

Si somos bioquímica, (¿verdad, Francesc?), la serotonina, la dopamina, la noradrenalina, entre otros, son neurotransmisores que regulan el sueño, la ansiedad, la ira, el deseo sexual, la angustia, el humor o la temperatura corporal. La inhibición o desinhibición de estos neurotransmisores hace que se segreguen más o menos hormonas.

Los cambios que la primavera provoca en nuestros cuerpos y en nuestras mentes muchas veces pueden estar relacionados con la secreción de estas hormonas. Ahora bien ¿justifica esto que la primavera, como nos altera la sangre, sea la causante de ciertos comportamientos?

¿Sirve la Primavera como agravante de nuestros estados de ánimo? ¿La podemos usar como excusa, como atenuante a la hora de escaquearnos de las consecuencias de esos actos, de esos comportamientos?

Veredicto: depende.

gayumbos flores

 

Hace 10 o 15 años, la primavera llamaba a mi puerta como un bofetón en la cara. Las yemas de mis ramas brotaban imparables, con una exuberancia inmensa. El alargamiento del día me hacía ver que se me estaba escapando la vida metido en casa, en un aula o trabajando. Dormir era la peor pérdida de tiempo. Mis ánimos, para bien y para mal, estaban volviendo a emerger. Había que vivir la Primavera sin perderme nada. Nada de nada. Y esto no lo paraba el carbonato de litio.

No lo paraba, digo. Le vuelvo a robar la frase a Iker: “Era como intentar frenar un Fórmula 1 con frenos de bicicleta ante una curva cerrada.”

Ahora, con algo más de perspectiva y otras muchas experiencias de este calibre, soy capaz de ver a la Primavera como una oportunidad. Lo peor de las oportunidades es desaprovecharlas, creo que estaremos de acuerdo. He vivido brotes y crisis en todas las épocas del año. (Qué fácil sería si la estacionalidad de los subidones o bajonazos fuera constante, puntual y previsible). No quiero emplear la palabra moderación, que tanto le gusta a mi madre, pero quizás vayan por ahí los tiros. También puede tener que ver que soy más viejo y más pellejo, y no me altero tanto. Es indudable que voy aprendiendo, como todos, y que me pisen muchas veces el mismo callo y en la misma época del año, además de doloroso e insultante, es razón suficiente para perder la confianza en mí mismo. Oh, ese preciado valor, la confianza, que tanto da y que no se vende en farmacias.

Afronto esta maravillosa Primavera con muchísimas ilusiones. No han nacido, esas ilusiones, a la vez que mis verdes brotes: ya estaban antes que ella. Y eso es un motivo más para seguir siendo constante, para seguir pataleando contra la mediocridad de la inactividad y, como contrapunto, para seguir midiendo reacciones y para seguir manteniendo un estado de alerta relativa.

Veremos quién puede más, Primavera, con tus hormonas y tus neurotransmisores y tus camisetas de tirantes, o mis ganas de disfrutarte como si fueras la primera. O la última. Porque gracias a las que vinieron antes que tú, sé que soy más perro y más viejo. E incluso puede que más sabio. Llegaré más entero que tú al 21 de junio. Quiero celebrar la entrada del verano con el cumpleaños de mi amigo Unai, en pleno solsticio. De ser tú, Primavera bullanguera y tentadora, estaría muy al loro: no será la primera vez que te robo la cartera allá por San Isidro, que sueles estar despistada.

HOSPITALIZACIONES

12 Mar

Éste es un artículo de la psiquiatra Laura Mata, escrito en abril del año pasado, sobre las ingresos. Se publicó en personasque.

Iba a hacer un resumen con las principales ideas que puedo extraer. Me he dado cuenta de que sería un error. Lo haría de forma sesgada y extraería frases de contexto.

Por eso os invito a que lo leáis. Es breve, está bien estructurado y resulta fácil de leer.

Sí que tengo mi opinión.

De esta publicación, os recomiendo dos artículos:

“Cinco grandes mujeres con trastorno bipolar”

“Francis Ford Coppola, el genio y el trastorno bipolar”.

Esto de famosos brillantes con esta patología me genera alguna duda. Hacer diagnósticos una vez muertos tiene que ser difícil. Ya lo es cuando el paciente paciente está vivo y al otro lado de la mesa… En segundo lugar, me parece muy valioso que personas que puedan ser incluso ídolos de masas lo reconozcan. Esto lo desarrollo en mi libro, no quiero repetirme demasiado. Y por último, también me crea una sensación extraña cuando me lo plantean como un “¿Ves? estos genios también tenían trastorno bipolar. Fíjate tú qué cosas…” Ya, pero es que yo no soy un genio, ni voy a ser primer ministro del Imperio, ni presidente del gobierno, ni voy a vender cuatro mil millones de novelas (sobre Agatha Christie, es.wikipedia) , ni voy a ser un icono del cine, ni voy a pintar unos cuadros que serán los mejor pagados dentro de dos siglos… ni voy a tener los ojos de color violeta. No puedo.

ojo

 

Y, a lo mejor, tampoco quiero.

 

MEDICACIÓN (y 3). ¿RESPONSABILIDAD?

9 Mar

¿EMPODERAMIENTO?

Al releer las dos últimas entradas, en las que me he referido al tema de la medicación, encuentro sentimientos que asocio a las drogas que tomo: frustración, incapacidad, dependencia y dolor.

Por otro lado, me han hecho pensar. Esto del blog es un instrumento de desahogo además de la oportunidad de ser gamberro y reírme un poco más de mí mismo. Con el libro, por lo visto, no he tenido bastante.

La decisión del acto voluntario de medicarme para paliar o ayudarme a controlar mis crisis se mueve por una línea sutil e inestable (toma, como yo…):

-por un lado, mi espíritu crítico, mi rebeldía innata, mi variable confianza en mí mismo y en mis capacidades. Estos instrumentos han sido los que, en pasadas ocasiones, me han hecho esperar un día más antes de pedir socorro para me añadieran “los pesos pesados” a mis drogas de diario.

-por otro lado, la experiencia que me da el fracaso, la asunción de mi vulnerabilidad y del daño que puedo causar, el afán de ser el bipolar del mes y la confianza en mi capacidad de recuperación.

Casi siempre que he tirado por la segunda opción, “los demás” me han aplaudido. No de modo literal. Pero es comúnmente interpretado -¡incluso por mí mismo!- como un éxito, como un acto de responsabilidad. “Ya estoy más cerca de hacerme con la enfermedad, la voy controlando y de buena me he podido librar.”

Alguna que otra vez pongo el ejemplo de cuando doy un presupuesto en la tienda. El dilema. Si el cliente acepta, pienso que no tenía que haberle dado un precio tan bajo. Si no vuelve, si no hace la compra, pienso que tenía que haber apurado un poco más.

Si soy capaz de, teniendo algún síntoma pero estando en un buen momento, sujetar ese caballo que se puede desbocar sin más drogas que las habituales, no hay aplausos. Porque siento que lo tengo que silenciar: he corrido un riesgo que a muchos les parece innecesario. La sensación de triunfo es muy grande. Me aporta una confianza poderosa para la siguiente vez. Porque siempre hay siguiente vez.

Digo que el riesgo es grande porque, en ocasiones anteriores, me he equivocado: no he sabido calibrar las circunstancias que me rodeaban, ni a mí mismo, he esperado demasiado, y la he cagado.

Ahora bien, cuando levanto la mano al analizar mis respuestas a los estímulos, mi estado, esas circunstancias que me rodean en el momento en el que estás haciendo equilibrios sobre el filo de la navaja… y pido “más madera que esto se me va de las manos”… y comienza el ritual de consulta, valoración, rapapolvos, drogas mataosos troqueladoras, baja laboral, paseos buscando el sol, sudores, temblores, apetitos ansiosos, ansiedad por volver a trabajar, a conducir, a salir de noche…

…necesito mucho cuajo para repetirle a mi almohada, como un mantra, podía haber sido peor, podía haber sido… pero recordando que he evitado la posibilidad de un nuevo ingreso.

¿Cuándo aprenderé? Miró a mi alrededor y creo que nunca. No creo que llegue a tener semejante discernimiento. Porque las personas a las que más admiro también se equivocan. ¿Cómo no me voy a equivocar yo, cuando estoy abriendo la puerta de una hipomanía -por ejemplo-, distorsiono la realidad y pretendo decidir, en base a unas evaluaciones sobre mi estado y mis circunstancias que quieren ser racionales y dependiendo de esa decisión voy a ser una caricatura de mí mismo pero voy a evitar un ingreso; o bien me la juego con esas cartas y tiro de mi catálogo de recursos para evitar ese  mismo ingreso pero sin tanta ayuda de la química?

Vaya lío. Voy a tener que escribir algún punto de vez en cuando, esto no hay quien lo lea… En fin, enhorabuena a los que habéis llegado hasta aquí.

1.-El mensaje de estas tres entradas es claro. Los psicotrópicos son, en general, drogas cutres, que muchas veces se utilizan para aprovechar los efectos secundarios que provocan y no para lo que fueron “pensados”.

2.-A pesar de eso, son un instrumento más. Y con el trastorno bipolar que tengo encima, no estoy para rechazar instrumentos.

3.-Socialmente están bien vistos. No así sus efectos. Sus efectos provocan rechazo. En la sociedad y lo que es más importante, en mí mismo: me estoy a u t o e s t i g m a t i z a n d o.

4.-Pienso seguir haciendo el esfuerzo de evaluar, catalogar, comparar y decidir, en momentos de entrada en crisis. Porque, si mi frontera es mi piel, algo podré aprender. Creo que ahí radica el acto que podrían llamar responsable.

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Y voy a acabar con una cita de Edurne Pasaban, así, porque me da la gana, es sanferminera, me cae de miedo y sí, que pasa, es muy guapa:

“Es cierto que en los últimos años he puesto todo mi empeño en conseguir un hito concreto: llegar a subir las catorce montañas. Pero la auténtica victoria reside tanto en el el esfuerzo como en el premio, en la madurez y el crecimiento que este desafío me ha aportado”.

Extraída de su libro “Catorce veces ocho mil”, que me permito recomendar.

Quiero dedicar esta entrada mis inigualables sobrinos, que vienen finos como el coral.

 

 

EL ENTORNO. FAMILIA Y AMIGOS. LOS SOPORTES. PURA VIDA.

26 Abr

Tengo trastorno bipolarMe gustaría hablar de las patas del banco que a mí más me han ayudado, y me ayudan, a impedir que el trastorno bipolar se apodere de mí. Las otras serían el trabajo propio y la medicación.

Todos, al nacer, tenemos un padre y una madre. Ellos han estado ahí desde el principio. Voy a obviar las situaciones desestructuradas, si se me permite. Han elegido tener un hijo, lo han hecho conscientemente y en su edad madura, y se les supone responsables.
Cuando a un hijo se le diagnostica trastorno bipolar, las reacciones de los familiares son tan diversas como los sujetos que sufren esta situación. Desde luego, eso no venía en el contrato, ni ponía nada cuando fueron a inscribirlo en el registro civil. Para empeorar las cosas, no hay instrucciones de ningún tipo que te digan cómo hay que actuar. Todo es difícil. Desconocimiento, desconcierto, nervios, enfrentamientos, luchas intestinas, falta de comprensión y apoyo sociales…
En mi caso, se lo puse muy difícil. Al final, suponían la autoridad más cercana contra la que rebelarme. Les hice mucho daño, a pesar de que nunca he dejado de quererles con toda mi alma. Esto es lo más siginifitavo de todo, es el punto al que quería llegar.

No tiene sentido, y no es nada práctico, joder la manta a la persona a la que, cuando pase la crisis, le vas a demandar más protección, cariño y amor. Es una estupidez.

Esto, sentado delante de un ordenador cuando no estoy en una fase maníaca ni en una fase depresiva, está clarísimo. Pero quisiera poder escribir que he mirado por ellos. Que cuando venían mal dadas, como sabía que ellos iban a seguir junto a mí cuando llegara la calma, conseguía evitar hacerles sufrir.
Qué va. Supongo que aquí también he andado al filo de la navaja. No obstante, siguen a mi lado.

En cuanto a los amigos, se pueden encontrar muchos paralelismos. Casi todo el mundo quiere tener amigos. La amistad… Pérez-Reverte, entre otras muchas cosas, afirma que los amigos te eligen a ti, que no eres tú quien los elige a ellos. No es que discrepe, o no del todo, o tal vez sí pero unos ratos más que otros. Lo que yo sí puedo afirmar es que mis amigos me han enseñado que lo importante es mantener esa relación y todo lo que significa. El sufrimiento de los amigos, opino yo sin su permiso, es distinto al de la familia. Hay un factor generacional que pesa mucho a la hora de comprender acciones y comportamientos. Por otro lado, es con ellos con los que me he podido “explayar” más abiertamente, con lo que eso conlleva. Varios de ellos han tenido motivos más que suficientes para apartarse de mí para siempre. Ellos sabrán por qué no lo han hecho. Yo no lo suelo entender.

Porque no tiene sentido, y no es nada práctico, joder la manta a la persona a la que, cuando pase la crisis, le vas a demandar más protección, cariño y amor. Es una estupidez.

Alguno me podría preguntar cómo se hace. Le diría que no lo sé. Le diría que me gustaría responderle que debemos respetar a todo el mundo. Pero que a la familia y a los amigos, además, deberíamos mimarlos como oro en paño. Porque son nuestro oro y son nuestro paño.
¿Cómo hacerlo? Durante unos años de mi vida, lo que hacía era alejarme de ellos cuando no me encontraba bien. Prefería estar con conocidos y desconocidos porque intuía que las consecuencias de mis actos serían menores. No quería escuchar consejos, ni prohibiciones ni censuras. Estaba muy perdido. Aunque si echo la vista atrás me parece comprensible. Hasta justificable durante aquella época.

Para mí, de unos años a esta parte, la clave está en tener a mi entorno cerca. Son los que me ponen las pilas. Los que me motivan para seguir estando alerta para intentar pillar el brote lo antes posible. Claro, así conseguimos que se quede en “amago de crisis” y puedo disfrutar de ellos en un plazo de tiempo mucho menor, evitando ingresos, reclusiones domiciliarias y otras consecuencias de las cagadas que pueda cometer.

Se cierra el círculo. Me cuido no sólo por mí. También por ellos. Ellos no sufren tanto y yo puedo disponer de su amor antes y mejor. Sé que de este modo seguirán estando.

Va por ellos. Hasta la victoria. Siempre.

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