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EXIGENCIAS, ASERTIVIDAD Y OTROS CONCEPTOS MODERNOS

4 Oct

Estoy teniendo unas conversaciones de lo más cachondas últimamente. También tengo la sensación de que me falta rematarlas, acabarlas y llegar a conclusiones que me permitan avanzar en otros aspectos relacionados.

Total, que en las últimas semanas se me ha acusado muy modernamente de ser poco asertivo. Asertividad, quieto parao, que no me sale en el diccionario Sopena del 65 y tengo que poner el enlace de la wikipedia. ¿Poco asertivo yo? Pero ¡¿de qué carajo estás hablando?! La verdad es que lo más seguro es que tengas razón, ahora que lo pienso. Total, si tú lo dices…

Vamos, que leyendo algún enlace más me doy cuenta de que ser asertivo es básicamente la polla. De modo que como estoy muy cerca de los 40 y parece que me he enterado más bien tarde, haré todo lo posible porque mi hijo lo sea. Mío, no. Sí, quiero decir. Vamos, que mi hijo sea asertivo.

¡No! Estaré proyectando el origen de mi frustración en él, que no tiene culpa de nada. Otra exigencia más. Porque “Cuando la exigencia nos exige demasiado” a lo mejor este artículo no nos sirve demasiado, pero nos hace llegar a dos conclusiones:

-ser exigente es básicamente malo de cojones

-a no ser que queramos conseguir retos y alcanzar metas, a quién se le ocurre.

Asertivo, bueno. Exigente, malo. Sigamos.

Igual es el momento de aclarar que no he estado muy activo en blog por razones que aquí no vienen a cuento y porque me he estado dedicando a releer. Sí. Releer. Nada moderno, por cierto, no creo que sea tendencia ni nada.

Empatía. Empático. Delicioso. Esto también es bueno, así, con todas las letras. Por no liarla más y si lo entiendo correctamente, viene a ser que uno es capaz de ponerse en el pellejo del otro. He leído hace poco un texto sobre la falsa empatía, la hipocresía que puede/suele conllevar que era muy divertido. O no, depende del momento en que te pille y si estás asertivo y demás. Una pena no recordar ni el autor ni la fuente. Mira que uno de mis -por lo visto- defectos es ser exigente. Ahora me tengo que frustrar un rato. Otro día vuelvo.

Otoño. Billie Holiday.

Billie Holiday

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ENFERMEDADES ASOCIADAS A LA DEPRESIÓN Y A LA MANÍA

14 Abr

Antes de nada, me permito recordar que no tengo formación de medicina ni de psicología. Esto, a mi modo de ver, me permite tomarme ciertas licencias en los tratamientos de ciertos términos y, además, me permite bastante cachondeo.

Con esto del libro estoy aprendiendo mucho. Accedo a información a la que antes no llegaba (con razón se dice que el que mejor aprende no es el que se lo sabe todo, sino el que sabe dónde encontrarlo). Del mismo modo, sigo acumulando vivencias que me curten y me enseñan.

Me apetece publicar una entrada que cuente que, independientemente de los fármacos, los bajonazos y los subidones traen de propina otras dolencias, enfermedades y ausencias de salud.

En principio, algunas de ellas parecen de cajón. Otras quizás no tanto. Me veo obligado a apuntar que la credibilidad de un tipo como yo ante un médico, de la especialidad que sea, es muchas veces limitada porque en la historia médica aparece que tengo trastorno bipolar: lo mismo exagero, o estoy de subidón, incluso en plena psicosis, alterando la realidad, o directamente miento.

En la manía estoy convencido de que la destrucción de neuronas es muy grande. Claro, hombre, cómo no lo había pensado: no ves que no duermo ni leches… Los golpes que doy y que me llevo, si me da por ahí, también provocan dolor. Puede que hasta algún daño traumatológico. Taquicardias y el problema de pegarme un mordisco en la lengua porque no me callo ni debajo del agua son como para tener en cuenta, también.

Si estoy deprimido pierdo el olfato. Fijo. No me molesta mi hedor personal cuando ni me planteo ducharme… La falta de ganas de mantener un mínimo de higiene puede llevarme a no lavarme los dientes en días -caries, piorrea, pésimo aliento, etc-, problemas en la piel… La inmovilidad -en cierta ocasión creí que se me borraba la raya del culo- es lo que tiene: se me puede formar una trombosis y esto es un jaleo que me dura más que el cuadro depresivo. También estoy convencido de que mi síntesis de proteínas está de huelga: apenas me crecen ni las uñas ni el pelo. Lo de las calvas en la barba lo he asociado el estrés, pero también se dan.

MIDI D´OSSAU DESDE ANAYET

Panorámica desde el Vértice de Anayet (2555 m) en primer plano, del Pico Anayet (2574 m) AUPA CALCETINES, el Midi d’Ossau (2882 m) al fondo, la cresta de las Negras (2459 m) a la izquierda y la Canal Roya detrás. ©Foto: JOLUBE, 2011

Seguro que me falla la memoria (las neuronas, ya se sabe que en manía se recuerda lo que se puede y malamente y que los cuadros depresivos son para olvidar) y me dejo muchos síntomas en el tintero de este teclado. Tampoco es plan de que penséis que soy un guarro. Ni siquiera un exagerado.

Lo que desde luego no voy a hacer es invitar a los que no han vivido estas experiencias a hacerlo. Sería un detallazo por parte de los científicos, pero son momentos que no deseo a nadie. Por cierto, hablando de empirismo, he oído hablar de un psiquiatra que prueba todos los medicamentos antes de recetarlos. Me gustaría preguntarle en qué dosis y durante cuánto tiempo. En fin.

Sí animo a todo aquel que haya sufrido una depresión o un episodio maníaco o hipomaníaco, o una psicosis o varias de estas patologías a que, en la misma clave de humor o en la que le dé la gana, a que se deje su experiencia en un comentario. Muchas gracias.

IÑAKI OCHOA DE OLZA. PURA VIDA.

31 Jul

Iñaki Ochoa de Olza. Vídeo que se emitió en “Informe Robinson”

iñaki ochoa de olza

Iñaki Ochoa de Olza  Seguín es, para mí, un ejemplo a seguir.

Se dedicaba a algo muy particular. Nos unía la afición por la montaña. Y alguna otra cosa más, aparte de ser los dos pamploneses.

Lo conocí a través de los artículos que escribía para Diario de Navarra, que le patrocinó. Es el periódico de mayor tirada de nuestra comunidad foral. Aparecía en la sección de montaña y se supone que escribía sobre sus expediciones himalayistas.

En realidad, escribía sobre su forma de ver la vida y sobre las peripecias que le pasaban. Filosofaba, exponía su manera de vivir, disertaba sobre la condición moral de quienes se encontraba en el camino… y también sobre montaña y sus ascensiones exprés.

Alguna vez me lo encontré por Pamplona, cuando todavía no era el mito que de él se está haciendo. Porque era un tío normal, como tú, como yo. Con unas férreas convicciones, consecuente, luchador. Para mí, un ejemplo a seguir.

Antes de quedarse en el Annapurna, había ido recopilando experiencias en un recomendable libro, “Bajo los Cielos de Asia”. Es una joya granítica, es una mole de pensamientos enriquecedores.

En su libro, hace suyas las palabras de Mark Twight:

“Sigo desvariando, pataleando contra la mediocridad. Continúo siendo intolerante con las palabras vacías y  arrogante cuando se trata de pasar a la acción.

Aguanta o cierra el pico.”

Un mediodía de primavera, estaba yo subiendo a todo meter el monte Ezkaba y me lo crucé. A él y a su perro, que bajaban. Intercambiamos sólo una mirada y un saludo típico montañero.

Y pensé en que a mí me gustaría fluir como él lo hacía.

Gracias, Iñaki, por tus enseñanzas.

In memoriam

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