Tag Archives: Bailé sumergido borracho de pena

LA MODERACIÓN EN EL COLOR DEL DOLOR

15 Nov

¿A qué huelen las nubes?

¿De qué color es la soledad? ¿El miedo? Y el dolor ¿de qué color es?

Habría que buscar en las paletas de Angélica López de Manzanara y de El Mundo de Anica, ilustradoras de postín.  Aunque lo único que nos garantizaría, oh tan musas como artistas, es que encontraríamos los colores de sus dolores, de sus soledades y de sus miedos.

Otra vez el mismo argumento de siempre. Cada uno tiene sus pesares y por más que haya habido artistas que se hayan acercado a expresar los suyos propios… pues eso, los suyos. Que yo sea capaz de verme reflejado en ellos no significa que ese sea  exactamente mi color. Lo mismo pasa con los poemas, con las canciones: “las vaquitas, ajenas son”. Bastante tengo con identificar y decir “ése es”, quizás repetido en mi vida pasada, por más que me sirvan de inspiración. Es una situación poco habitual pero jodé, facilita la tarea.

Me gustaría tener el suficiente arte como para pensar que voy a ser capaz de encontrar los tonos precisos de mis dolores. Creo recordar que no hay colores antagónicos, pero me la sopla: si encuentro los tonos de mis dolores, sabré encontrar los de mis alegrías con exquisita precisión. Si fuera capaz de buscar… ¡no!, de encontrar esos tonos y de saberlos neutralizar de alguna manera, moderándolos, o aunque sea trazando los caminos hacia el negro -ausencia de color- y hacia el blanco -la comunión de todos los colores- consiguiendo que esa moderación se convierta en caminos a seguir. Sin que se me impongan ritmos ni caminos. Que parece que nadie entiende que me puedo poner bravo, bien oscuro, por blues que esté, si se me intenta meter el dedo en el ojo. O si así me lo parece, carajo. Quizás sea mi modo de defender el resquicio de salida de ese sufrimiento.

Que les vayan dando a los que se creen que las penas tienen nombre de canción, o de título de libro o de poema. Sólo les concedo, como máximo, haber encontrado el tono de sus propias miserias. Que no es moco de pavo. Mi dolor tiene derechos de propiedad ¿intelectual? Copyright, para entendernos.

 

Para mis colegas de Gure Ahotsa, de Errenteria, a ver si les entran mejor las canciones del primer disco de Ciclonautas. Ya mismo están sacando el segundo.

Ciclonautas-1

Tremenda portada para “Bienvenidos a los muertos”:

Portada Bienvenidos a los muertos

 

APLACAR SÍNTOMAS, ATACAR LA ENFERMEDAD

23 Oct
Nigel Maudsley

                              Nigel Maudsley

Queda claro que me perdí aquel capítulo de “Érase una vez el hombre”, en el que esos bichos malos que tenemos en nuestro organismo eran atacados hasta ser vencidos. Por los buenos, claros, nuestros anticuerpos, nuestras vacunas, los que fueran. ¿O se me ha quedado anclado en la memoria y sí que lo vi?

Queda claro que en esto de las enfermedades mentales, no conviene saber los mecanismos neurológicos y bioquímicos de dichas enfermedades -por lo que leo- y sí se estudia concienzudamente los síntomas de las mismas: hay algo que no me encaja.

Voy a poner un ejemplo. Cago sangre y me duele el abdomen a más no poder. Voy al médico. Me hacen más pruebas: tengo cáncer. Me tratan el cáncer, claro. No el síntoma, que cago sangre. Podría poner más ejemplos. Desde un dolor de garganta hasta unas fiebres.

¿Qué pasa con las enfermedades mentales? ¿Que los psiquiatras son tan incomprendidos que, en todos estos años, sólo han ganado dos premios Nobel de medicina y mejor olvidamos por qué razones? ¿Que no hay medios económicos, cuando dichas enfermedades mentales son una epidemia de los más lucrativa?

Quizás debiera empezar a admitir, 23 años después, que el negocio está precisamente ahí, en tratar síntomas porque se desconocen las causas y los mecanismos de las enfermedades. Porque no interesa.

Cerveza y Valproato

EXIGENCIAS, ASERTIVIDAD Y OTROS CONCEPTOS MODERNOS

4 Oct

Estoy teniendo unas conversaciones de lo más cachondas últimamente. También tengo la sensación de que me falta rematarlas, acabarlas y llegar a conclusiones que me permitan avanzar en otros aspectos relacionados.

Total, que en las últimas semanas se me ha acusado muy modernamente de ser poco asertivo. Asertividad, quieto parao, que no me sale en el diccionario Sopena del 65 y tengo que poner el enlace de la wikipedia. ¿Poco asertivo yo? Pero ¡¿de qué carajo estás hablando?! La verdad es que lo más seguro es que tengas razón, ahora que lo pienso. Total, si tú lo dices…

Vamos, que leyendo algún enlace más me doy cuenta de que ser asertivo es básicamente la polla. De modo que como estoy muy cerca de los 40 y parece que me he enterado más bien tarde, haré todo lo posible porque mi hijo lo sea. Mío, no. Sí, quiero decir. Vamos, que mi hijo sea asertivo.

¡No! Estaré proyectando el origen de mi frustración en él, que no tiene culpa de nada. Otra exigencia más. Porque “Cuando la exigencia nos exige demasiado” a lo mejor este artículo no nos sirve demasiado, pero nos hace llegar a dos conclusiones:

-ser exigente es básicamente malo de cojones

-a no ser que queramos conseguir retos y alcanzar metas, a quién se le ocurre.

Asertivo, bueno. Exigente, malo. Sigamos.

Igual es el momento de aclarar que no he estado muy activo en blog por razones que aquí no vienen a cuento y porque me he estado dedicando a releer. Sí. Releer. Nada moderno, por cierto, no creo que sea tendencia ni nada.

Empatía. Empático. Delicioso. Esto también es bueno, así, con todas las letras. Por no liarla más y si lo entiendo correctamente, viene a ser que uno es capaz de ponerse en el pellejo del otro. He leído hace poco un texto sobre la falsa empatía, la hipocresía que puede/suele conllevar que era muy divertido. O no, depende del momento en que te pille y si estás asertivo y demás. Una pena no recordar ni el autor ni la fuente. Mira que uno de mis -por lo visto- defectos es ser exigente. Ahora me tengo que frustrar un rato. Otro día vuelvo.

Otoño. Billie Holiday.

Billie Holiday

¡PON LEÑO!

29 Ago

El miércoles murió Tony Urbano, bajista de Leño.

La entrada que sigue la escribí hace poco más de un año.

Qué desilusión.

“Sé que no estoy en mi juicio y que me falta inspiración. Todo me saca de quicio ¡Qué desilusión! Odio salir a la calle. Hiede la televisión. El rocanrol es un arte ¡Qué desilusión! Es sólo una canción y me siento mejor.

Portada de "Corre, corre"Soy compañero de nadie y viajo solo en mi vagón. No encuentro un soplo de aire ¡Qué desilusión! Soy pregonero del negro y tengo en cama la opinión. Sé que no existe el infierno ¡Qué desilusión! Es sólo una canción y me siento mejor.”

Éste medio tiempo de Leño abre el álbum “Corre, corre”. Fue su último disco de estudio, allá por 1982.

Ya, ya sé que es una canción triste, un rocanrol particular. Pero es bastante frecuente que sienta cosas parecidas a las que Rosendo Mercado sentía cuando compuso esta letra. Con unas pocas frases consiguió expresar con acierto un estado de ánimo y consiguió explicar que tenemos que ser capaces de encontrar la esperanza en nuestras propias historias. Y, así, conseguir encontrarnos mejor.

A lo mejor es por eso que la sigue cantando, Rosendo, digo, tantos años después en sus directos…

Por mi parte, la desilusión es parte de mi frustración. Así que intento seguir su viejo consejo, su manera de vivir y busco actividades que otras veces me han hecho sentir mejor.”

Camarero. Pon Leño.

Que falta me hace.

Memoria y Distorsión

22 Jul

DSC07627

Qué pequeño es aquel lugar que, cuando era un chaval, me parecía inmenso. Qué complicado es trabajar sobre mi recuerdo. Así como en el primer caso lo puedo constatar usando mis sentidos, y puedo comprobar la mala jugada que me ha pasado mi memoria durante todos estos años, hay recuerdos que…

Por fin soy capaz de reconocer que he idealizado fases de mi vida. No ha sido positivo porque, al confrontar el momento que estaba viviendo con aquella idealización, me provocaba una insatisfactoria frustración. Mucho aprovecha el momento y disfruta el presente de boquilla: no conseguía más que relativizar la bondad de la que disfrutaba.

Hoy sigo perdiendo trenes menos sucios, menos románticos y menos aventureros. También sigo necesitando de mis recuerdos como base para tropezar con las mismas piedras con algo más de gracia y estilo. Convencido de mi falta de destreza y de mi animalismo.

No son muchos los deseos que he expresado en este blog. En el libro hablo más de la etapa que se me habría como padre. De la ilusión en contraposición a lo pasado con mis oscilaciones de ánimo.

Desearía poder volver a vivir los ingresos. Las psicosis. Los internamientos en casa. Los efectos de las medicaciones: los secundarios y los otros. Desearía sentir la fuerza de la manía, incontenible, lujuriosa, exuberante, con todos los matices y los miedos.

Son ejercicios de memoria a los que no renuncio. Me falta precisión. El tiempo pasa. Mi memoria juega conmigo. Mi memoria y las circunstancias, las de entonces y los tamices del tiempo. Hago el esfuerzo porque me reporta un beneficio.

Desearía poder vivir el pasado actuando del mismo modo, cometiendo los mismos errores y saliendo del paso por los mismos atajos. Sin cambiar nada.

Con el único fin de plantarme mañana a la mañana con mis experiencias más frescas, menos distorsionadas.

A veces me abruma la sensación de que mi memoria me está haciendo trampas.

Entrevista en HIRIAN

20 Jun

La revista guipuzcoana HIRIAN, por medio de Mónica Mínguez, nos hizo esta entrevista en la que estaba “hecho polvo” y con bastantes ganas de cachondeo. Es compatible, sí.

Foto de Luis Zabalza

Foto de Luis Zabalza

Me salió el lado crítico, sin llegar a ser desagradable -espero, eso lo tendréis que decir vosotros- y también el lado padre. Es compatible, sí.

Mónica, que fue muy simpática y bastante paciente, me habló y me descubrió la historia y los vídeos en Youtube de Stephen Fry, un británico que os sonará en cuanto le veáis la jeta: mucho teatro, de la cuadrilla de Hugh Laurie (House) -con el que formó pareja teatral y cómica en los 90-, Kenneth Branagh, Emma Thompson…

Una pena que estén en inglés y los subtítulos los haya traducido mi sobrino de siete años. Y mira que Mónica Mínguez me avisó…

Os dejo con esta tona de

Ciclonautas

 

Un saludo a toda América Latina.

“ANTE LA REFORMA DEL CÓDIGO PENAL”

19 Mar

El presidente de FEAFES, José María Sánchez Monge, compareció ante la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados.

Esta es la información que se puede leer en su página, con las enmiendas propuestas.

Me gusta el tono: crítico, inspirador, reivindicativo y positivo. Sin caer en el sobreproteccionismo, sin dar pena. Me gusta porque se lucha, y si tiene que ser por estos cauces, pues también.

Por otro lado, ETB vuelve a hacer un hueco para, a partir del minuto 28, dar a conocer el informe de FEDEAFES sobre estigma y salud mental.

Todo esto suma. Suma en positivo. De alguna manera, consigue impactar en la gente.

Siempre iluso, pienso que habrá alguien que reflexionará sobre el asunto, sobre las enfermedades mentales. E intento ponerle cara (ya no me vale mi vecina del tercero: hasta las narices de mis continuas referencias hacia ella, se ha mudado). Quiero pensar que ni esa persona ni su entorno ha padecido nada que le acerque a este mundo. Pero me lo imagino con su tenedor camino de la boca, o caminando por la calle. Y quiero seguir imaginando que piensa, durante unos instantes, vaya con estos locos y sus familias, que no piden ni dinero ni comida.

Ojalá ese pensamiento o uno parecido ocupe esos instantes. Ojalá ni a él ni a ningún familiar o amigo le toque la enfermedad mental (poco probable pero posible).

Ojalá se acerque a una biblioteca y se lleve un libro sobre el tema. Ojalá fisgue en Internet sobre el tema. Ojalá aprenda algo.

Pero, por encima de todo, ojalá conozca a alguien con una patología de esta naturaleza. Ojalá lo discrimine, positiva o negativamente, pero con conocimiento de causa. Ojalá le dé la oportunidad a esa persona para que le demuestre su valía.

“Menos mal que en el pecado original no tuvimos que ver nada”. Koma

Y pongo su canción “Deprimido singular”

koma

HOSPITALIZACIONES

12 Mar

Éste es un artículo de la psiquiatra Laura Mata, escrito en abril del año pasado, sobre las ingresos. Se publicó en personasque.

Iba a hacer un resumen con las principales ideas que puedo extraer. Me he dado cuenta de que sería un error. Lo haría de forma sesgada y extraería frases de contexto.

Por eso os invito a que lo leáis. Es breve, está bien estructurado y resulta fácil de leer.

Sí que tengo mi opinión.

De esta publicación, os recomiendo dos artículos:

“Cinco grandes mujeres con trastorno bipolar”

“Francis Ford Coppola, el genio y el trastorno bipolar”.

Esto de famosos brillantes con esta patología me genera alguna duda. Hacer diagnósticos una vez muertos tiene que ser difícil. Ya lo es cuando el paciente paciente está vivo y al otro lado de la mesa… En segundo lugar, me parece muy valioso que personas que puedan ser incluso ídolos de masas lo reconozcan. Esto lo desarrollo en mi libro, no quiero repetirme demasiado. Y por último, también me crea una sensación extraña cuando me lo plantean como un “¿Ves? estos genios también tenían trastorno bipolar. Fíjate tú qué cosas…” Ya, pero es que yo no soy un genio, ni voy a ser primer ministro del Imperio, ni presidente del gobierno, ni voy a vender cuatro mil millones de novelas (sobre Agatha Christie, es.wikipedia) , ni voy a ser un icono del cine, ni voy a pintar unos cuadros que serán los mejor pagados dentro de dos siglos… ni voy a tener los ojos de color violeta. No puedo.

ojo

 

Y, a lo mejor, tampoco quiero.

 

DESDE LA PERCEPCIÓN DE UNA DIFERENCIA HASTA LA CRUELDAD

20 Ene

El anteproyecto del código penal. Me viene demasiadas veces a la cabeza. No voy a entrar en estadísticas sobre peligrosidad. Eso ya lo están haciendo otros mucho mejor que yo.

Me veo en el patio de la escuela con cuatro años y recuerdo cuando le pusieron gafas a una de clase. Nos reímos de ella. Todos. Era diferente. Incluso para mí, que mi hermano ya llevaba gafas. Conseguimos que se sintiera rechazada y amenazada.

Dejando la metáfora a un lado, que sirve y mucho, a lo largo de estos casi cuatro lustros he advertido muchas actitudes distintas hacia mí. Y sí. El miedo ha sido una de ellas. El miedo a lo desconocido. El miedo a una reacción violenta que, a esa persona, le hiciera asumir el papel de víctima.

El miedo es una emoción irracional.

Pero digo yo que los que están redactando leyes, de ésas que luego nos estudiamos como si fueran palabrita del niño jesús, trabajarán con datos. Pensarán de una determinada manera, tendrán sus ideas, pero ante todo serán tipos preparados. No me entra en la cabeza que, en lo que me atañe directamente y puede que más pronto que tarde, me puedan aplicar conceptos tan irrespetuosos como “sujeto peligroso”.

Nadie me puede quitar el convencimiento de que es la ley del miedo. Nos va a regir un código motivado por una emoción irracional ¿Esto es posible?

Los primeros a los que les va a tocar actuar van a ser a los policías y a los profesionales sanitarios ¿Van a actuar con un poco de sentido común o, amparándose en esa ley, van a tratarme de aquella manera?

No lo sé. Es muy posible que lo compruebe en mis carnes y en mi sesera. A mí siempre me ha inquietado mucho más la aplicación de la ley que la ley en sí misma.

Sentir miedo no es de cobardes. El cobarde muere mil veces y el valiente una sola. Esta frase, que no sé de dónde la saco, tiene muchas lecturas. Me gustaría seguir viviendo lo que me queda pensando que he estado ingresado contra mi voluntad, a pesar de lo que ponga en los papeles. Y que he tragado mierda porque así lo creía conveniente yo, no un legislador, o un juez, o un psiquiatra o una enfermera o un celador, o un policía o un guardia de seguridad.

 

SEXO, DROGAS, ROCK´N´ROLL…

10 Ene

Y LAS ENFERMEDADES MENTALES.

Algunas de las personas que tenemos diagnosticada una enfermedad mental somos dados a los excesos. Yo, al menos, sí. De lo bueno, mucho y muchas veces. Y mira que mi madre me ha tenido que repetir infinidad de veces no sé qué sobre la moderación…

En mi caso, y a pesar de lo que haya tenido que escuchar, las drogas no fueron un desencadenante de mi enfermedad. Si no lo fueron en mis primeras depresiones, no puedo admitir que jugaran un papel fundamental en el desarrollo de la patología. ¿Que tuve episodios psicóticos? Vale. Pero no gracias a las drogas. ¿Que tuve aluciones? En efecto. A causa del cóctel de drogas que me administraron en mi primer ingreso. Y como esas no cuentan…

Si volvemos a definir droga como toda aquella sustancia que puede provocar una adicción, he probado muchas más de las de con receta que de las que tomas porque quieres. Y durante mucho más tiempo. Y, a día de hoy, lo sigo haciendo encomendándome a dios al diablo y su santísima industria. Y fumo. Fumo casi todo lo que puedo. Qué inmoral, y encima lo reconozco.

La necesidad del ser humano de tener relaciones sexuales es tan vieja como el propio ser humano. No hace falta más que mirar nuestro propio cuerpo -si se es chica con un poco más de detalle- para darnos cuenta de que sí, de que podemos obtener placeres con nuestra anatomía. Esta es una necesidad que nace a la vez que nacemos (mi hijo se toca desde siempre en cuanto le quitamos el pañal: es que su padre es un guarro). El sexo es salud. No me voy a enrollar mucho en esto, lo dejamos para otra ocasión. Sí que lo voy a dividir entre el sexo del tipo que tiene mi hijo, que no necesitas a nadie, y el sexo en el que te relacionas con otras personas. Centrándome en este último y pasando de sus variantes, estaremos todos de acuerdo en que resulta gratificante por otras razones, y voy a dejar de lado la expresión de amor que puede suponer. El mero hecho de estar con otra persona, de compartir tantas cosas, de conocerte a ti mismo y procupar conocer al acompañante, y hablo de generosidad, del anhelo de alcanzar placer, la necesidad de repetir, o no…

No me ha resultado fácil encontrar pareja. Porque es un hecho que satisfacer esta necesidad vital es más fácil, en cuanto a frecuencia, si se tiene una pareja.

Si me remito a mi pasado, y vuelvo a reconocer como lo hago en el libro que he sido rechazado por el hecho de tener diagnosticado trastorno bipolar. Si, además, tengo en cuenta situaciones que han vivido otras personas con la misma pedrada que yo. Si recuerdo los complejos y los dudas a la hora de entrar a una chica -no vaya a ser que me quiera- para poder establecer contactos de este tipo… Podría seguir, pero el que sabe de qué va esto es consciente de las dificultades que se tienen para cubrir eso, una mera necesidad, sin que nos sintamos rechazados una vez más. Supongo que esto depende de las personas -miento, lo supongo y lo sé de buena tinta- ya que no todos tenemos las mismas necesidades. Pero es un hecho que cuando nos vamos arriba, cuando entramos en crisis hipomaníacas o hasta maníacas, nos pica más que el copón. Desde luego, mucho más de lo que nos pica habitualmente.

El bucle es el siguiente. Si te estás yendo arriba y no pides drogas a tu psiquiatra (si son tan baratas ¿es que son muy malas? No, es que están muy subvencionadas, que no te enteras) tu libido se dispara. Como estás muy hablador y necesitas relacionarte con gente, también te resulta más sencillo de lo habitual hacerlo. Luego puedes conocer a alguien. O, si ya la conoces, dar unos cuantos pasos más allá. Pero, pero, pero, más tarde o más temprano ella se da cuenta y dice algo así como ¿a ti te pasa algo? Y tú piensas, venga, se lo cuento. Y lo haces. Y ella sale pitando y borra tu número de móvil de la memoria del suyo. Y procura borrar tu existencia de su memoria, de la de cabeza. Y te quedas con un palmo de narices. Y con las ganas. Y la sensación de haber sido sincero y elegante no te sirve de nada. Porque te sigue picando y piensas que, a lo mejor, si hubieras dado estos pasos con esta chica tan maja sin estar de subidón, lo mismo hubiera salido bien.

La otra opción tiene tintes diferentes. Igualmente, estás maníaco/hipomaníaco. Pero ya estás tomando drogas aplacantes. Aunque, a pesar de ellas, te pica. (¿He escrito antes que son muy baratas? Pues eso). El proceso empieza de forma parecida. Pero lo que pasa ahora es que se te cae un vaso al suelo, le cambias el nombre a la chica, te pringas la camiseta con la triste bebida sin alcohol que has vuelto a pedir, ella pregunta ¿a ti te pasa algo? lo mismo que en el otro caso pero con la diferencia de que no se está planteando ni por asomo acostarse contigo. Efectivamente, el final es el mismo. Valoren ustedes el nivel de humillación y de frustración en ambos casos.

Menos mal que han puesto “Maneras de vivir”, de Leño, en el bar, que la guitarra de Rosendo te coloca más o menos en tu sitio y que eres capaz de sonreír, incluso de reírte de ti mismo. Porque sexo no hay, las drogas son una puta mierda y estás solo. Pero es posible que siga sonando la música que te gusta, ese rocanrol callejero, poeta y crítico. Porque ya no estás para decir “Siempre nos quedará París”: que le den por riau a París. Quedas tú, la certeza de que lo vas a volver a intentar con esa chica cuando pase el chaparrón y las ganas de gritar: “No sé si estoy en lo cierto: lo cierto es que estoy aquí”.

 

Enhorabuena por haber llegado al final de esta entrada desestructurada como pocas. Se me ha quedado en el tintero evocar la secuencia de la película “Una mente maravillosa”, en la que Russell Crowe interpreta a un esquizofrénico que… bueno, no la destripo, pero se casa nada más y nada menos que con Jennifer Connelly. Están juntos en la cama, el ya muy empastillado y tras haber padecido sesiones de electroschocks. Pues ella quiere jugar y él la rechaza. Sí, sí. A Jennifer Connelly. Estoy convencido de que no todo el mundo entendió el poder castrante de la medicación. Lagrimones como puños.

jenn

LO DE MI TRASTORNO BIPOLAR, ¿LO CUENTO O NO LO CUENTO?

16 May

“¿Por qué esperar una señal? ¿Por qué llorar en silencio? O vivir de rodillas, encerrados como ratas. Sólo oyes palabras duras…”
Tomo prestados estos versos de Barricada, de “La silla eléctrica” y me permito usarlos como metáfora, un poco por los pelos, para intentar responder a la pregunta que titula esta entrada.
Mi opción, como podéis ver, es contarlo. Aunque quiero dejar claro que lo hago 19 años después de mi diagnóstico y cuando acabo de cumplir 37.
Contarlo es una opción. Debe ser una elección de cada uno, algo personal. No todos los que tienen hemorroides, perdón, quería decir almorranas, lo van pregonando.
Hay momentos en los que es casi imposible hacerlo. Hay personas que sabes que te van a rechazar en ese mismo momento. Hay profesiones que te lo impiden casi al firmar el contrato.
Opino, a pesar de todo lo anterior, que hablar de ello nos beneficia directamente a los que tenemos por trastorno bipolar. Que ayuda a que se nos entienda. Que sensibiliza, primero a esa persona a la que se lo estás contando -a lo mejor no inmediatamente-, y más tarde a las personas a las que esa persona de lo pueda trasmitir. Que, haciéndolo, allanamos el camino a los que vengan detrás.
Y tú, ¿qué opinas?

A %d blogueros les gusta esto: