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LA MODERACIÓN EN EL COLOR DEL DOLOR

15 Nov

¿A qué huelen las nubes?

¿De qué color es la soledad? ¿El miedo? Y el dolor ¿de qué color es?

Habría que buscar en las paletas de Angélica López de Manzanara y de El Mundo de Anica, ilustradoras de postín.  Aunque lo único que nos garantizaría, oh tan musas como artistas, es que encontraríamos los colores de sus dolores, de sus soledades y de sus miedos.

Otra vez el mismo argumento de siempre. Cada uno tiene sus pesares y por más que haya habido artistas que se hayan acercado a expresar los suyos propios… pues eso, los suyos. Que yo sea capaz de verme reflejado en ellos no significa que ese sea  exactamente mi color. Lo mismo pasa con los poemas, con las canciones: “las vaquitas, ajenas son”. Bastante tengo con identificar y decir “ése es”, quizás repetido en mi vida pasada, por más que me sirvan de inspiración. Es una situación poco habitual pero jodé, facilita la tarea.

Me gustaría tener el suficiente arte como para pensar que voy a ser capaz de encontrar los tonos precisos de mis dolores. Creo recordar que no hay colores antagónicos, pero me la sopla: si encuentro los tonos de mis dolores, sabré encontrar los de mis alegrías con exquisita precisión. Si fuera capaz de buscar… ¡no!, de encontrar esos tonos y de saberlos neutralizar de alguna manera, moderándolos, o aunque sea trazando los caminos hacia el negro -ausencia de color- y hacia el blanco -la comunión de todos los colores- consiguiendo que esa moderación se convierta en caminos a seguir. Sin que se me impongan ritmos ni caminos. Que parece que nadie entiende que me puedo poner bravo, bien oscuro, por blues que esté, si se me intenta meter el dedo en el ojo. O si así me lo parece, carajo. Quizás sea mi modo de defender el resquicio de salida de ese sufrimiento.

Que les vayan dando a los que se creen que las penas tienen nombre de canción, o de título de libro o de poema. Sólo les concedo, como máximo, haber encontrado el tono de sus propias miserias. Que no es moco de pavo. Mi dolor tiene derechos de propiedad ¿intelectual? Copyright, para entendernos.

 

Para mis colegas de Gure Ahotsa, de Errenteria, a ver si les entran mejor las canciones del primer disco de Ciclonautas. Ya mismo están sacando el segundo.

Ciclonautas-1

Tremenda portada para “Bienvenidos a los muertos”:

Portada Bienvenidos a los muertos

 

¿TENGO TRASTORNO BIPOLAR? DIVERSIÓN Y SUFRIMIENTO

1 Nov

Estamos de celebración.

Mientras escribo esto, el blog habrá recibido 58.000 visitas. Gracias a todos por venir.

También la página facebook está a punto de llegar a los 400 “Me Gusta”, que no son los veinte millones de la de The Rolling Stones, pero es una respetable cifra.

Foto de Luis Zabalza

         Foto de Luis Zabalza

Como podéis ver, este año os habéis librado y no os he puesto la canción de Los Suaves “Víspera de Todos los Santos”. Era un día como otro… ¿dónde vas pobre loco? Dios se cansó de dar cuerda a mi vida…

Al ajo. ¿Tengo trastorno bipolar? Algún sabio escribió no sé qué de ser capaz de admitir sus propias dudas que tenía que ver con la inteligencia.

Al principio, cuando negaba el diagnóstico y me negaba a mí, afirmando un carácter que no era el mío, yo luchaba de forma diferente. La enfermedad de los afectos. La enfermedad del ombligo. La enfermedad, de entre todas las que he tenido o tengo, que más ha decidido el curso de mi vida. Presente en todas las decisiones importantes, cotizara alto o bajo en los mercados de mi credibilidad.

A día de hoy, reconocer el diagnóstico y llevar un determinado tipo de vida no me hace más sabio. Tampoco más consecuente. Ni quiero que el trastorno bipolar me dé excusas, tampoco razones. Me gustaría, como escribía el otro día, que por encima de todo esté mi propia personalidad, mi carácter. ¿Por encima? Al menos por delante.

Me gustaría que los demás, cuando vieran en mis ojos a la tristeza, se plantearan primero si tengo algún motivo en vez de pensar que lo que me pasa es directamente un síntoma. Otra vez. Y si me ven feliz, lo mismo. Pero cómo voy a culpar a nadie, si el primero que lo hace soy yo mismo.

Como decía Cristina en su blog “Estoy como una maraca”, el autoestigma es la capacidad que les damos a los demás de señalarnos. Si no es exacto, espero que me corrija.

Llega noviembre. El mes oscuro. También el mes creativo. Hace ya tres años que redacté el libro. Me quedaré otra vez a solas conmigo, dando patadas a los montones de hojas que se me acumulan en los resquicios de mis anhelos.

PSIQUIATRÍA Y CRÍTICA ¿Más de lo mismo?

29 Oct

Si es que sigo siendo un romántico...

Charlando una vez surgió, de nuevo, el tema de las corrientes de la psiquiatría. Hablamos (y así lo he plasmado en este blog alguna otra vez) de que no hay otra especialidad médica que admita interpretaciones distintas ante una misma serie de síntomas.

Pensad en los ejemplos, que es curioso este fenómeno.

Luego, como sigo dándole vueltas a las cosas, se me ocurre que esto no tiene que quitar necesariamente prestigio (os prometo que he buscado desprestigiador en el diccionario y ¡no sale!) a la especialidad. Quizás la enriquezca más que ninguna otra porque la discusión y la crítica siempre están ahí. (Hígado-bazo; hígado-bazo).

Ya. Lo que también pasa es que la psiquiatría deja todavía más descontentos que la traumatología. Interesante comparación, que hoy día te hacen una resonancia y se ven hasta la forma de las ideas. A lo mejor es que, en psiquiatría, se hacen diagnósticos crónicos y eso genera mucho dinero. Es difícil abstraerse del aspecto de negocio que tiene la psiquiatría, puede que no sólo por la cronicidad de los diagnósticos. También por la medicalización  del sujeto y las posibles hospitalizaciones.

Total, que escribes sobre esto haciéndote preguntas en voz alta y el espíritu crítico se valora. Se difunde. Se aplaude. “Yo lo siento no lo puedo remediar”. Digo lo del espíritu crítico. De modo que poco mérito, cuando todo el mundo quiere meter la cuchara o, como poco, quiere tener razón.

Hurgar en la mollera ajena ¿debería? hacerse de forma más cuidadosa. Con mayor naturalidad. No. No encuentro ninguna contradicción entre el cuidado y la naturalidad. Muchos estaríamos de acuerdo en que mucha gente que sale en los telediarios se lo tendría que mirar -por lo que sea- pero también debemos asumir que a nosotros nos lo miren también. Dónde acudir. Si quieres un profesional muy crítico con la psiquiatría de toda la vida, con el biologicismo y demás, tienes que ser consciente de que, como es un profesional, tendrá la costumbre de cobrar un importe proporcional a su prestigio. Y luego, lo que te recete, como eres muy crítico con el sistema y esos medicamentos (si es que lo son) no te entran en la receta y tienes que dejarte otro pico.

Vaya, visto así, me quedo en lo público y me meto mi espíritu crítico donde me quepa. Que no, jodé, que tampoco es eso.

Tú háztelo mirar y luego te lo piensas y decides. Recordando que no eres esclavo de tus decisiones.

Mi aportación es una confesión: el primer psiquiatra que me eché a la cara era psicoanalista lacaniano. Sí, nada menos.

 

 

 

2ª PARTE DE QUÉ CANSADO ES ESTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

27 Oct

En la anterior entrada, que se llama casi como ésta, me quedé en el esbozo de lo que quería contar. Está por ahí abajo, con una foto de este tipo…

Irritado

Cuando pensaba en el título de la entrada, me refería a la fatiga que me puede suponer echar la vista atrás para evitar lo que te venga por delante. Lo de la enfermedad del ombligo, esa descripción mía de que, para manejarte por esta vida con este diagnóstico hay que andar mirándose el ombligo “duermo poco, hablo mucho, o duermo demasiado o estoy irritable…”

En la anterior entrada hablaba de lo que cansa el mero hecho de hacer memoria. De esforzarme por no distorsionar la realidad y, “a la vez, de admitir sus dudas”. Pues sí, cansa. A veces, toca pelear contra la distorsión mnemotécnica del otro interlocutor en algún episodio concreto que tengo claro, cristalino, en la cabeza.

Vamos, que este escrito ha nacido con el afán de aclarar y me temo que tampoco he conseguido lo que quería.

Creo que en el libro lo explicaba mejor: “mirar hacia delante, pero tampoco demasiado”.

QUÉ CANSADO ES ESTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

26 Oct

Irritado

Me ha dado por pensar en los distintos sentimientos que he vivido a lo largo de un episodio, sea depresión o manía o hipomanía. Me he encontrado con los problemas de que

-no los recuerdo todos los episodios

-y de que no recuerdo todo lo que sentí en cada uno de ellos.

Esto debe ser frecuente, por lo visto. Muchas veces tienes la percepción tan distorsionada que el recuerdo se aleja de la realidad más todavía. Amnésicos prescritos a parte.

Cotejándolo con otras personas que fueron testigos de los brotes que he intentado recordar, la verdad es una utopía que sólo llega a alcanzar coincidencias: lo que a mí me pareció gracioso a estas personas les pareció un drama. Y viceversa. De lo que se deduce que yo tengo que empezar a trabajármelo con un lastre añadido que viene a ser la duda de si realmente fue así como ocurrieron los hechos, si fue así como íntimamente gestioné la crisis y si fue así… Si realmente fue una crisis.

Porque rizando el rizo, y poniéndonos de enemigo, incluso podría negar esos episodios como avisos de un brote propiamente dichos. Por el motivo que sea. Qué sé yo, estoy irritable hasta el insulto pero duermo como un bebé de los que duermen bien. Por ejemplo.

Todo el entorno padece mi irritabilidad como parte de una patología -esto es, yo no puedo estar irritable sin más, es parte de mi enfermedad que me subyuga- y la manera más efectiva de poner fin es hacer de Pepito Grillo del psiquiatra y evitar la cuarta hospitalización

“Comunican hasta las piedras”. Robo esta frase a Cristina Ochoa y entono el mea culpa. Estoy haciendo algo mal cuando quienes se arriman porque me quieren no son capaces de establecer un diálogo conmigo. Un diálogo que, por supuesto, no voy a tener con un profesional de la salud mental. Porque no me quiere, porque no es su objetivo y porque está saturado de trabajo.

Impermeable

13 Oct

Patxi Irurzun, que viene a ser el duende que periódicamente aparece en este blog, se iba a ir de viaje. De hecho, ya ha vuelto de Costa de Marfil. Bajó a buscar su impermeable y, si buscáis en su blog -no es por joderle el escrito, quiero decir- se encontró con, dos puntos, abro comillas, la fe inquebrantable en la imaginación, el anhelo de libertad, la lucha empecinada por cumplir los sueños. Cierro comillas.

Tirando de sinceridad, esto lo leí hace ya días y me dije, jodé Patxi, ya me has vuelto a dejar fuera de sitio. Fue en el bar que abre los domingos a las ocho de la mañana y sirve café a los optimistas que vamos a jugar un rato en los frontones municipales de la Rotxapea. Total, que me había quedado más con los guiños a aquellas canciones que con el mensaje que ahora rescato: fe, anhelo y lucha.

No. No sólo eso. Fe inquebrantable en la imaginación. Anhelo de libertad. Lucha empecinada por cumplir los sueños. Uf.

¿Esto es un impermeable? Si peinas tantas canas como Patxi, o eres un artista, o eres un iluso, o eres un romántico, o todo a la vez, o te dejan escribir en el centro de día un ratico (Saludos, Gure ahotsa!).

Quiero pensar que también puede ser el tipo que entra a comprarme pilas a la tienda, o el camarero que pone cafés un domingo a las ocho de la mañana. O tal vez aquella profesora que tuve en el instituto y a la que ahora veo por el barrio. Lo mismo puede ser aquel que sacó la ingeniería y ahora está de celador en el hospital cubriendo bajas.

Ay, Patxi. Cuántos cuentos por contar. Cuántas conciencias por remover. Cuántas patadas en el culo por dar, de las tuyas, de las de negro sobre LCD… Con lo que yo sé que te gusta el mundo de los locos, que tantas veces nos has sacado en tus novelas y cuentos. Lo siento. Esta vez me has lobotomizado de tal manera con la fe, el anhelo y la lucha que seguimos sin negociar el más negro cuento de la unidad de agudos del Hospital de Navarra.

Patxi intenta un chelfi en Costa de Marfil

Tanta coña, tanta coña y al final lo que se me olvida contar son las reflexiones que este escrito tuyo -Patxi es el de la foto de aquí arriba- me han provocado.

Que son viejas de lustros, en realidad, y que se refieren a que una atroz forma de discriminación que, a temporadas, padecemos quienes tenemos un diagnóstico y, a temporadas también, claudicamos y tomamos más medicamentos (¿has visto, ama, que no he puesto drogas?)… me alargo, me alargo. Vamos, que nos hacen la puñeta cuando admitimos tal droga “para un par de semanas”, y nos tiramos una llegando a la dosis, cuatro tomándola y tragando efectos secundarios, y luego dos semanas más quitándola, porque si no, monazo digo síndrome de abstinencia que te crío…

¿Esa droga protege cual impermeable? Me estoy refiriendo a ésa que te tomas en amago de crisis o llámalo como quieras, pero que todavía no te has subido por las paredes ni estás hundido en el fango, y para firmar un informe que diga que hay patología aguda hay que tener más conchas que una tortuga. De esa medicación hablo. Antiepilépticos. Antisicóticos. Antidisturbios. No, esta última no. Pero casi.

Ya. Si la teoría me la sé. Y la práctica también, coño, si he empezado escribiendo que son reflexiones viejas de lustros. Un ejemplo, que a veces viene bien. Me duele la cabeza, bastante. Tengo la oportunidad de acostarme y creo que me dormiré ¿Me tomo una aspirina o espero a la mañana siguiente, a ver si me sigue doliendo?

No sé si el ejemplo vale porque aquí la decisión es personal, no hay ingresos, ni órdenes judiciales, ni conceptos como adherencia al tratamiento que… en fin. Pienso que sirve para hacernos una idea.

Porque a veces el cuerpo es sabio. Reconoce síntomas y recuerda experiencias. Me gustaría que el sujeto, ése que es capaz de reconocer sus síntomas ya vividos y recordar experiencias pasadas, fuera escuchado y que su voluntad, en la medida de lo posible y sin demasiadas condiciones, fuera lo más respetada posible.

El argumento del gasto social ante un posible y futuro ingreso no me lo saquéis, por favor, que estoy cansado de recordar que tuve un médico que se murió de neumonía sin haber cumplido los cincuenta…

Ya. Que ahora, si queréis, hablamos de la fe inquebrantable en la imaginación, del anhelo de libertad y de la lucha empecinada por cumplir los sueños. Y a ver quién aguanta más la risa.

 

Me gustaría que recibiera un impermeable de los buenos todo aquel hospitalizado por orden judicial y todo aquel que esté llevando un tratamiento ambulatorio obligatorio.

Gracias a Patxi Irurzun por dejarme… por no… Gracias, Patxi.

CARTA A MI HIJO

11 Oct

20

Querido hijo:

Cuando leas estas letras yo ya no estaré…

Que sí, hombre, que era broma. Es que entre todas las sandeces que te voy soltando seguro que se me olvidan algunas que hoy me parecen importantes y me apetece ponerlas por escrito.

Sé que te lo decimos mucho, que te lo hemos dicho mucho y que somos un poco plastas. Pues nada, esta carta parte del amor más profundo que siento por ti. Un amor sorprendente, inesperado en cuanto a la magnitud y que también me somete. Espero que para cuando leas esto me hayas inspirado tal cantidad de adjetivos para acompañar ese amor que, estoy convencido, seguiré sintiendo. Puede que tenga algo de educacional, mocé: creo en el amor sin condiciones.

La murga que espero haberte dado sobre el respeto habrá calado en ti. Del modo que sea. Seguirá siendo básico, el respeto. Ayer. Hoy. Mañana.

Así salgo ganando yo. Me gustaría que respetaras también mis propias diferencias. Soy sólo uno; tu entorno está repleto de seres que merecen y aprecian y exigen y merecen tu respeto.

Me atrevo a recomendarte esta lectura sobre la caridad de “Cinco horas con Mario” de 1966, de Miguel Delibes: “… que te metías conmigo cada vez que iba a los suburbios a repartir naranjas y chocolate como si a los críos de los suburbios les sobrasen (…) “Aceptar eso es aceptar que la distribución de la riqueza es justa”, habráse visto, que cada vez me dabas un mitin, cariño, con que si la caridad solamente debe llenar las grietas de la justicia pero no los abismos de la injusticia (…) y sin caridad, ¡adiós el evangelio! (…) que yo recuerdo antaño, con mamá, deshechos, ¡Dios mío, qué espectáculos tan hermosos!, rezaban con toda devoción y besaban la mano que los socorría.” La protagonista, Menchu, pasa una noche velando el cadáver de su marido, Mario. Un hombre que ha cometido errores en su matrimonio pero nos deja en los censores labios de su mujer la imagen de un hombre justo, sensible y frágil. Que por cierto, padece un episodio depresivo -nervios de la época- y que Delibes retrata a la perfección el estigma y el rechazo en la pareja. Es otra historia.

A partir de aquí, sé capaz de viajar a ese tiempo, vuelve a tu presente y hazte una opinión propia. No es vital, es importante. No te estoy hablando de la muerte, ni de la incomprensión. Tú sabrás. No sé quién decía aquello de “Lee, que algo queda”.

Ya sé que tengo poco de tu tiempo, de tu atención. Te quería dar una pincelada precisamente sobre el tiempo. El que pone a todos en nuestro sitio. El que da y quita. El que nos proporciona perspectivas si le dejamos. Es tan valioso… que perder demasiado pensando en él es estúpido. O tal vez no, tú dirás. Pensar en las musarañas puede estar muy bien; ser capaz de dejar la mente en blanco puede ser una bendición -para mí inalcanzable-; tirarse todo el día con el come come, trajinando, centrifugando… es lo que más conozco. Ojalá hayas aprendido a detener ese maldito centrifugado para poder dedicar tu tiempo en lo que te apetezca. Lo anterior, muchas veces, parece más un sometimiento a la propia mente que otra cosa. O falta de habilidades, qué sé yo.

Esta noche, hecho sobresaliente, te has dormido en mi regazo. Me siento tierno y orgulloso. Dentro de unos años a lo mejor te avergüenzas de estas mingadas. Yo no creo que lo haga. Ya queremos ver rasgos de tu carácter. Nos pareces cariñoso, sentido. Bruto, también. Supongo que con muy poco nos conformaremos, me conformaré. Si eres un tío que respetas a los demás. Si eres capaz de encontrar un momento de quietud para pensar sobre un determinado tema y llegar a tus propias conclusiones. Si no eres un esclavo de tu mente ni de tus pensamientos.

¡Eh! Que esto se empezaba a parecer al poema de Kipling… ¡Plagio! Ah, que todavía no te has leído El Libro de la Selva

—-

Ahora mismo se va a terminar el Día de la Salud Mental. Las redes sociales han echado humo, sobre todo a la mañana. Lo siento, sólo he podido colaborar respondiendo a este tuit de Teresa Viejo, presentadora, escritora. “Hoy piensa en quienes no piensan ni sienten como tú. #DiaMundialSaludMental”

Yo le he contestado que: “@TeresaViejo Mañana, en todos los que viven de la falta de salud mental. Como parte de una sociedad enferma, profesionales, industria…”

No consigo encontrarme el espíritu de celebración ni de homenaje en los días de. En este caso, me ha pillado en un momento en el que le veo grandísimas posibilidades de negocio a esto de la falta de salud mental. Ya en su día, hace unos meses, a través de un comentario, hubo quien malinterpretó mis irónicas palabras. Así que no argumento, sólo recuerdo que una cuarta parte de la población mundial va a padecer falta de salud mental. Los que sepan, que hagan números sabiendo que otros ya se les adelantaron.

 

PATRICIA GAZTAÑAGA Y SUS CERVICALES

28 Ago

PATRICIA

Esta mañana he estado en el programa de Patricia Gaztañaga, “Como en casa”, que se emite en  el segundo canal de Euskal Telebista, ETB 2. Si pincháis sobre la foto de Patricia, podréis ver el vídeo.

“A raíz de la muerte de Javier Fernández, batería de Los Piratas, ‘Como en casa’ ha querido indagar en esta enfermedad. Sergio Saldaña padece esta enfermedad y nos cuenta qué es y cómo se vive con ella.”

Así es como se ha presentado la parte del programa en la que hemos hablado sobre trastorno bipolar, drogas, muerte y agresividad.

Creo que es el programa de televisión más trepidante en el que he participado. Reconozco que me he dejado contagiar por el ambiente y que he entrado al trapo. Y que lo he he hecho con unas formas que a lo mejor no son las más adecuadas. Nchst. Me pudo la susceptibilidad…

Total, que yo he intentado lanzar el mensaje de que por encima de cualquier diagnóstico está el carácter de la persona. También quería dar la información de que sin medicación también se puede. Además de dejar claro de que no es infalible (me sorprenden las estadísticas del médico psiquiatra entrevistado). En fin, no ha habido lugar para el humor, una pena.

Sobre la muerte de Hal 9000 me parece imposible opinar porque no se puede tener la información. El que no sea capaz de entender esto, que se lo mire.

Una interesante experiencia. Es un placer ir a Miramon y conocer a un mito de la tele. Aunque te haga cambiarte de sitio. Como en el instituto. Con lo bien que me estaba yo portando…

 

 

SOLEDAD, TRISTEZA Y DESCOJONO

27 Jul

Cada vez leo más que, por delante y por encima de todo todo diagnóstico, es la soledad la causante de mayor dolor en personas que arrastran un diagnóstico de enfermedad mental. Soledad como causa del estigma y del autoestigma. También provocada por viejos complejos asociados, de nuevo, a síntomas. La incomprensión de quienes más importan pueden llevar a agudizar esa dolorosa sensación de soledad. Y me refiero a ese aislamiento involuntario y no deseado. “Solo rodeado de gente.”

Así pues, me sumo a quienes opinan que la mera soledad puede ocasionar más dolor que las consecuencias de unos síntomas, un diagnóstico o una enfermedad por sí mismos.

Siguiendo con este cascabelero texto, la tristeza… ¿o debería hablar de la melancolía siguiendo las enseñanzas de La Revolución Delirante? puede tener diversas causas. Una de ellas, cómo no, sería la soledad. Pero existen otras muchas. Por causas propias, ajenas. De comprensible explicación. O no. Como parte de un proceso de duelo…

Marea en el Kutxitril, creo

“Prima tristeza”, de Marea

Muchas veces me he referido a mis depresiones como “mis tristezas”. No sé si como un eufemismo, o porque no siempre he tenido claro que alcanzaran el concepto clínico de tales supongo que por duración y esas mandangas. A los que también me suelo referir recurrentemente como “comer mierda”. Aquí me detendría a debatir sobre si hace falta sufrir determinados síntomas durante dos meses para que se considere depresión. Digo yo que se puede sufrir más en un fin de semana que en un mal año. Pero como lo considero harina de otro costal y quería ser breve, lo dejo aparcado para otra vez o para los comentarios o para todo lo contrario.

Como muchos de vosotros, lectores, yo tampoco considero que haya venido a vivir a un valle de lágrimas. Por otro lado, el llegar a ser un hedonista de manual huajoloteño me queda lejos. Asumí tiempo ha que, en lo que a mis momentos vitales se refiere, el objetivo es moverme entre esas dos aguas. Procurando aprovechar los sabrosos y minimizar en tiempo e intensidad los amargos. Como todos, digo yo.

No me cuesta reconocer que he tendido a regodearme en el mullido colchón de la autocomplacencia y el mamoneo, ahí tirado sobre la hamaca arrulladora de la desidia y el abandono. Además, ser tendente también a la euforia, me ha resultado costoso no dejarme llevar por la alegría desbordante que se puede sentir al comprobar que todo sale de forma y manera óptima, hasta el punto de creer que es así como siempre me debieran salir las cosas.

Me acerco inexorablemente a los cuarenta años. Sigo sin saber relativizar estas historias con que la vida se empeña en entretenerme, la muy cachonda. He utilizado en repetidas ocasiones (ver artículo para ActivaMent) el afectado argumento de que la experiencia me hace más perro y más sabio, y cosas por el estilo. Bien. A día de hoy creo que, si sigo tan capaz de sorprenderme a mí mismo repitiendo errores e incluso mejorándolos, esto es, cagándola aún más, he perdido mucha fuerza moral como para poder usar dichos argumentos -que se resumen en que pa huevos, los míos- sin dejarme en el más absoluto de los ridículos. Claro está, hasta que no rellene el cargador a base de tiempo y pueda dogmatizar (de nuevo) sobre la esperanza y la experiencia que da el fracaso.

Lo mismo para entonces publico otro libro.

Elena Figoli para ActivaMent

Elena Figoli para ActivaMent

eldiario.es AQUELLA ENTREVISTA.

17 Jul

Va por Lorena, que a la una se bate una vez más contra el estigma, a su manera y en su segunda casa. Mucha mierda.

La vida con trastorno bipolar

Sergio Saldaña ha publicado un libro para contar cómo convive con su enfermedad mental

“El caballo de batalla está en que no sé discernir con certeza cuándo una reacción se debe a mi forma de ser y cuándo se me está yendo la pinza”

Sergio Saldaña

Sergio Saldaña, autor de “Tengo trastorno bipolar” (tengotrastornobipolar.wordpress.com)

Sergio Saldaña tiene trastorno bipolar. No es un secreto, al contrario. Está seguro de que, si más gente se atreviese a dar el paso de hacerlo público, no existiría el estigma que rodea a su enfermedad. “Sería muy bueno que hubiese más famosos ‘saliendo del armario’, sobre todo en la televisión. Tienen como un grado más de verdad y una capacidad de normalización que yo no tengo”, afirma en una entrevista a Desalambre.

Esa máxima de visibilizar, le ha llevado a crear el blog “Tengo trastorno bipolar” y a publicar un libro (editorial Círculo Rojo) con el mismo título, en cuyas 77 páginas habla de la cotidianeidad de una patología que hace oscilar el estado de ánimo entre la manía, o fase de euforia que puede durar días o meses, y la depresión, caracterizada por la tristeza y la desesperanza. “El caballo de batalla de esta enfermedad, para mí, está en que no sé discernir con certeza cuándo una reacción se debe a mi forma de ser– entendedme: personalidad, carácter..- y cuándo se debe a que se me está yendo miserablemente la pinza”, asegura Saldaña en el libro. Contarlo forma parte de un proyecto vital, de una necesidad de explicar cómo ha logrado convivir con ella todos estos años, “desde el humor y el amor”.

El relato comienza poco antes de su primera crisis maníaca, con aquellas pequeñas acciones en las que “nadie veía las cosas” como él. “Cuando estás arriba, te crees el rey de la baraja. No necesitaba dormir. Hablaba por los codos. Encadenaba pensamientos a toda velocidad. Me parecía que el mundo, la gente, mis amigos, mi familia… iban a cámara lenta”. Eso, acompañado de un altercado en casa, le llevó por primera vez al hospital, donde los especialistas le recomendaron el internamiento. Estuvo ocho días encerrado, el primer paso para ser consciente de que era algo serio y crónico. “Es un lastre y, hay que decirlo, una putada. No sabes cómo aprenderte la enfermedad. Es muy desconcertante”. Recuerda el día en el que le comunicaron el diagnóstico como la escena de una película. “Solo que no hubo ficción, aquello fue real. Ese momento te marca para toda la vida. Eraimposible asimilar lo que me estaba contando, a mí y a mis padres, el señor que había al otro lado de la mesa vestido de blanco. Entré en un estado de duelo y negación”. El paso de los años le ha ayudado a enfrentarla de forma diferente y sobre todo a detectar “los chivatos” que se van encendiendo antes de una crisis.

“Cuento las horas que he dormido las últimas noches. Recuerdo los comentarios que me ha hecho la gente que me importa sobre mi comportamiento en estos días pasados. Y, ahora, los escucho de verdad. Rememoro, intentando ser objetivo, las salidas de madre. Ya no son anécdotas, son síntomas y así debo verlas. Visualizo las consecuencias de las pasadas crisis… Rememoro todos los propósitos que he venido haciendo los meses pasados. Me busco las ganas de pelear por mí, de ser egoísta, de negarme a ser un títere con parkinson y babeante. A partir de aquí… temple. Estoy en el límite, en el filo de la navaja. Si grito que le den por culo a todo, será un vuelta a empezar. Si consigo sujetarme, ni manía, ni hipomanía, ni madre que lo fundó. No he perdido del todo. Yo he sido capaz de sujetarme”. Así describe en su blog cómo evita una crisis maníaca cuando empieza a detectar las primeras señales de alarma.

Sergio Saldaña

Sergio Saldaña con Amets, su hijo.

Puertas cerradas

Sergio Saldaña ha vivido tres internamientos en su vida. “Nunca he esquivado hablar de ello. Es algo que tuve que enfrentar y cuyo recuerdo me ayuda a sobreponerme para no caer de nuevo. Pero una cosa es clara, los amnésicos y la medicación te dejan vacío, te alienan y al salir no eres tú. Siempre he tenido que volver a empezar de cero”, reconoce. Llegó a pasar 21 días interno en su última crisis maníaca. “La etapa del hospital se vive mal porque está asociado a cuando el paciente está peor. Muchos entran involuntariamente porque es la única manera de poner tope a una crisis. Eso hay que entenderlo. Si a uno se le hincha un pie va voluntariamente al médico, mientras que en estos casos, si uno está mal, piensa que es cosa de los demás”, recuerda Eduard Vieta, jefe del servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona.

Tocar fondo implica volver al punto de partida y en esa subida el apoyo del entorno social es esencial. “Gran parte de los problemas son las consecuencias sociales”, dice Vieta. “La persona que sufre una crisis llega a perder su trabajo y es vista como una vaga que no quiere trabajar”. Está condenada al aislamiento social y la discriminación. “La gente piensa que su comportamiento es un problema sin solución, que se trata de una persona con una conducta desordenada en la que no se puede confiar. Como consecuencia, el estigma aumenta”, asegura José García, asesor científico de la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES). La familia adquiere entonces un papel relevante. “Es importante su intervención y apoyo hacia la persona enferma, pero también es importante trabajar con ella en el asesoramiento y la formación para disminuir el impacto que la enfermedad puede tener en el seno familiar”, afirma García.

Hay vida más allá

Más allá del trastorno bipolar, Sergio Saldaña ha vivido muchas otras cosas: ha acabado la carrera, ha sacado adelante durante años un negocio familiar, ha terminado unas oposiciones y, ahora, es bibliotecario y padre de un niño de seis meses. “No me siento privilegiado, ni afortunado. Yo no creo en la suerte. Creo en el trabajo que he hecho en momentos muy complejos de mi vida. Lo que sí tengo y no me merezco es el entorno: Lupe, mi pareja, mi familia y mis amigos. Se lo he puesto muy difícil a todos”. Al final del libro, son ellos quienes cuentan cómo es la vida junto a una persona con trastorno bipolar.

En esta enfermedad, el tratamiento, la rutina y la autobservación son imprescindibles. “Puede llevar a la persona a estar alejada de la realidad, pero va y viene, por eso es tan importante que el paciente la asuma. Muchos no lo hacen porque creen que con no pensar en ella es suficiente. Uno tiene más responsabilidad cuando está bien que cuando está mal, porque estando bien es el momento de hacer un esfuerzo por mantenerse y prevenir la crisis”, asegura Eduard Vieta, del Hospital Clínic. El centro estima que casi un millón de personas padece trastorno bipolar en España, aunque el 40% no lo sabe. La enfermedad tiene dos ramas, el tipo I y el tipo II, este último es más difícil de diagnosticar porque las crisis son más atenuadas que en el primer caso. Existe también un alto riesgo de suicidio: se calcula que lo intenta la mitad de las personas diagnosticadas.

“Lo que detectamos día a día es que hay una falta de información entre la población en general. Por ejemplo, hoy todo el mundo sabe qué es el colesterol y que hay que controlarlo, pero en el caso de las enfermedades mentales hay mucho tabú”, señala Vieta. Un desconocimiento que también afecta a los profesionales, principalmente a los de atención primaria. “Los médicos de cabecera tienen que saber de todo, lo que provoca que a veces enfermedades como esta se diagnostiquen como una depresión y no sean tratadas adecuadamente. Hace falta más formación en todos los niveles, también entre los especialistas. Todo es mejorable”.

En el ámbito del tratamiento, si echamos la vista atrás, ha habido una reducción de los efectos secundarios de los medicamentos, pero la atención integral sigue siendo una asignatura pendiente, recuerdan desde la Confederación FEAFES. “Se sabe que existen intervenciones con muy buenos resultados, pero casi siempre se recurre sólo a los psicofármacos. Es necesario que se incorporen otras técnicas psicoterapéuticas y psicosociales que ya han demostrado su eficacia”, reconoce José García. Y ahí, el contexto de crisis está siendo un obstáculo más. “Es clave porque esta enfermedad funciona por intervalos, pero hay que asegurar la continuidad de los cuidados a través de un equipo multidisciplinar. No se puede pensar solo en una consulta cada cierto tiempo, sino en una red de cuidados que con la crisis se ha puesto en peligro”.

Enfermedades a golpe de titular

Habitualmente, cuando se aborda el tema de las enfermedades mentales, la conversación suele derivar hacia la responsabilidad que tienen los medios de comunicación en la construcción del estigma. “Se echan de menos los códigos de buenas prácticas, que ya existen pero que no se usan. Nadie diría que un señor con colesterol ha matado a otro, mientras que si tiene un trastorno bipolar, sí aparece reseñado en el titular”, recuerda Eduard Vieta. “ No podemos definir a las personas por su enfermedad y en ese error suelen caer a menudo los medios”. De nuevo emerge la visibilidad como un catalizador para acabar con los tabúes. “Hace falta gente valiente que dé un paso al frente, no solo famosa, que ya sabemos que funciona, también a otros perfiles. Día a día atendemos a personas de alta responsabilidad social que pueden abrir mucho camino de cara a la normalización de las enfermedades mentales y necesitamos que sean conscientes de ello”.

Mientras, Sergio Saldaña continúa con la difusión del libro (el 8 de octubre estará en Madrid) con una mezcla de ilusión y cautela. “El éxito nos está desbordando, está teniendo mucha cobertura, pero reconozco que a veces pongo el freno porque cada charla es un riesgo para mi salud. Vaciarse es una carga emocional, pero ver al público contar, abrirse y reconocerse en síntomas que a veces desconocía porque no tienen información… Es emocionante”.

ACTITUD FRENTE AL TRASTORNO BIPOLAR

14 May

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Esta entrada va a dejar patente las diferencias entre personas con un mismo diagnóstico y que han escrito un libro que habla del trastorno bipolar.

La vida de Rafael Narbona nada tiene que ver con la mía. Fue profesor y es escritor y crítico literario. Cuenta en su libro, Miedo de ser dos (Editorial Minobitia, 2013), cómo ha sido su infancia, su adolescencia, su juventud y madurez a través de una serie de relatos en los que la familia y el suicidio tienen también su protagonismo.

No tengo el gusto de conocerle personalmente, aunque sí intercambiamos en su día algunos mensajes y he seguido, a través de su blog, con interés y curiosidad su evolución política de los últimos tiempos.

Lo que pretendo es que quede claro que, en este berenjenal, cada uno vive sus síntomas como puede y se plantea su vida de acuerdo a una serie de creencias y filosofías personales. Que son distintas dependiendo del sujeto y que dependen de aspectos tan dispares como la educación o las experiencias personales.

No pretendo ponerme a discutir ni a contraponer mis ideas y mis vivencias con las que Narbona expresa en su Miedo de ser dos. Insisto en que lo que quiero reflejar es la diferencia. De paso que reivindico que cada uno somos diferentes y que sigue sin serme útil el “café para todos”: misma ausencia de terapia, mismos tratamientos, mismas respuestas… no, gracias.

“El trastorno bipolar no se contenta con destrozar a sus víctimas. Su furor homicida no se agota hasta que las descuartiza en trozos tan pequeños como granos de polen. Cuando ha terminado, sopla con fuerza y se complace observando cómo el viento los dispersa. Después de la primera crisis, nada será lo mismo.”

El autor otorga al diagnóstico una crueldad sin límites. Lo humaniza en otras personalizaciones que utiliza en este libro, deshumanizándolo. Dice que es como una maestra de escuela que se duerme contando suspensos, feliz al pensar en la cara de fiasco de los alumnos a los que había prometido clemencia.

Habla también de su vida, de episodios estigmatizadores que recuerda claramente, de la influencia de los brotes en el deseo sexual… Desnudez es el término que emplea Miguel Sánchez-Ostiz, paisano, en el posfacio, para referirse al estilo de Narbona.

También cuenta que ha perdido la cuenta de las veces que ha intentado suicidarse. Es otra de las diferencias entre nuestras maneras de vivir.

Personalmente, sigo sin ser capaz de dar al diagnóstico esa imagen que lo personalice. Ni es cruel en esencia ni me da la gana de que lo sea. Sigo creyendo que casi siempre soy responsable de mis actos. Que así debe ser. Porque si hay síntomas, chivatazos, que me avisan de que me voy a entrar en crisis, siempre, siempre, tengo una oportunidad de tomar las riendas para evitar la entrada en barrena. De modo que la responsabilidad radica en la eficacia de mi percepción preventiva.

Si yo fuera así de eficaz siempre, no tendría que tomar más medicamentos, ni estaría en riesgo de volver a ser hospitalizado, ni se iría parte de mi vida por el desagüe periódicamente.

No lo soy.

TIBIEZA: CIENCIA Y CORRIENTES

8 May

Tibio

Me sigue resultando curioso cómo la psiquiatría, que es una especialidad de una ciencia, la medicina, puede albergar tantas formas de plantear su ejercicio. No las voy a enumerar.

Como persona con diagnóstico de un trastorno mental, me gustaría pensar que hay tanta variedad porque hay mucha variedad entre los pacientes y los potenciales pacientes.

Es un hermoso pensamiento ¿verdad? Lo que ocurre es que entre los pacientes de traumatología también los hay de todos los colores y las mayores diferencias entre los traumatólogos y su praxis, que yo sepa, radican en las técnicas a emplear en cirugía.

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La Associació de Bipolars de Catalunya ha colgado en su página de facebook una noticia sobre un gran estudio sobre el trastorno bipolar, sobre regiones de riesgo asociadas al trastorno bipolar que pueden ser un punto de punto para nuevas terapias. Bien. Esto lo publicó el ABC en marzo del año pasado.

¿Nos agarramos a un clavo ardiendo? ¿Damos eco a cualquier avance científico que se haga para encontrar el fundamento que hace que las molleras de quienes tenemos trastorno bipolar se cortocircuiten?

Se sigue sin tener mucha idea sobre cuáles son los todos los mecanismos de genes, hormonas y neurotransmisores . Como dijo el Dr. Vicente Madoz en la rueda de prensa previa a la presentación del libro, el que lo descubra se lleva el premio Nobel de Medicina.

A lo mejor está aquí el punto de partida de las controversias entre las distintas formas de ver la psiquiatría. Porque si los diagnósticos se basan sólo en los síntomas, no en la causa de ellos porque se desconoce, cómo los tratamientos van a tener una base científica (empirismo, ensayo y error) si el objetivo es aplacar las consecuencias de una crisis y no hay aspiración de curar nada.

Sigo con mi espíritu crítico, intentando explicar cómo veo este mundo desde mi posición, dando espacio a mis dudas y no dejando de aprender.

Supongo que a día de hoy, hay que tirar de todos los recursos que tengamos a nuestro alcance sabiendo que somos conejillos de indias y que muchas veces se matan bombas a cañonazos. Y algunas otras veces, las moscas se van tan campantes…

 

DÍA DEL LIBRO Y ZONA DE CONFORT

23 Abr

San Jorge. Sant Jordi. Libros y rosas. Una oportunidad para acercarse a librerías y ferias y comprar libros con el 10% de descuento.

¡Aunque sea con paraguas!

LIBRO-CON-ROSA

Hace unas semanas me quedé con las ganas de apuntar algo sobre el concepto de zona de confort:

“El bienestar personal también va ligado al hecho de disfrutar y vivir de un modo saludable la rutina.  De hecho, no es incompatible salir de la zona de confort (por ejemplo soñando con un objetivo laboral, deportivo, familiar) con sentir el bienestar en nuestra rutina diaria.” Dicen. Pinchando aquí podéis ver un vídeo muy simpático.

Desde el punto de vista del crecimiento personal, el párrafo de arriba es el que justifica quedarse en esa zona conocida que parece que impide tanto. Se tocan muchos conceptos para explicar todo esto. Miedo. Acomodo. Toma de decisiones. Retos. A veces de forma peyorativa, también, que es lo que ocurre cuando no se conocen las circunstancias de la persona a la que se le pretende sacar de lo que parece un oscuro pozo: obesidad, poca actividad física, trabajo alienante…

Seguro que hay un refrán que venga a decir que todo el mundo es muy listo en piel ajena. Una vez más, defiendo la idea de que para dar consejos -en este caso, empujones de salida de la dichosa zona- no basta con tener buena voluntad o una formación que te cagas. Hace falta escuchar pacientemente, haciendo buenas preguntas, hasta conocer las circunstancias, perspectivas y motivaciones de la persona acomodadaEso lleva tiempo, esfuerzo y también poner en el asador toda la empatía de que uno disponga. Con todo eso, a lo mejor, se está en la posición de poder dar consejos a los demás sobre cómo podría llevar o sobrellevar su vida.

Esa fuerza moral se puede ganar desde el momento en que la persona que quiere arreglar la vida ajena se lo ha currado. Y mucho. Sin mirar el reloj.

Un poco de respeto, por favor, que de paternalismos estériles algo sabemos.

 

LA REVOLUCIÓN DELIRANTE Y UNA NOTA DE HUMOR repetida

7 Feb

Hace ya muchos meses que me hice eco en este blog de la labor que desempeña La Revolución Delirante en Valladolid. La presentación del libro de la mano de la Asociación El Puente en tierras pucelanas consistió en una ponencia de Laura Martín y lo que luego hice yo, que se hubiera podido calificar de show.

Logo Asoc..

Esta misma Laura Martín lanza, en este vídeo de menos de nueve minutos, unas cuantas pinceladas de lo que conforma su ideario. No tiene desperdicio.

 

Por otro lado, no me puedo resistir a volver a poner el vídeo de Martes y 13 sobre “Se hundía se hundía” y la locura, que no sé si tiene cura pero mientras nos riamos de ella alguna vez, algo habremos avanzado.

MARTES Y TRECE

 

Por último, ayer estuve haciendo un ejercicio de autocrítica basado en los comentarios críticos que he venido recibiendo en estos casi dos años que tiene de vida este blog. Me apena que muchos hayan sido anónimos y que otros no hayan tenido continuidad en una conversación. Pues eso, que animo a las voces críticas a no cortarse y darme su opinión para ver, tanto el libro como el resto de modos de ver mi vida, de otra manera. Con mayor amplitud de miras, sí, por ahí pueden ir los tiros.

EL DIAGNÓSTICO: META, SALIDA… ¿O QUÉ?

2 Feb

meta-atletismo

Leyendo las atinadas respuestas de Mireia Azorín en el blog de ActivaMent, vuelvo a pensar en el momento del diagnóstico y en lo que supuso para el impaciente paciente que fui.

En una entrevista dije que, al darnos el diagnóstico=disgusto, me quedé como si me hubieran dicho que tenía cáncer de útero. No tanto por lo volado que estaba -ahí, en pleno ingreso, con drogas a mansalva-, como por la sorpresa que supuso y lo poco que pensaba que tenía que ver conmigo. ¡Estaban poniendo nombre a un rasgo de mi carácter! ¡Un nombre médico, una enfermedad, algo malo! En fin. Como una vez visto, todo el mundo es listo, encontramos síntomas que había padecido años atrás y que no hacían más que confirmar dicho diagnóstico.

Busco en el diccionario de la RAE y encuentro una acepción dicharachera y rumbosa:

2. m. Med. Arte o acto de conocer la naturaleza de una enfermedad mediante la observación de sus síntomas y signos.

Vamos, que me siento como el lienzo del pintor, un instrumento para que pueda expresar su arte. Porque del manual de síntomas tan idolatrado, en mí sólo puedo ver aquel psiquiatra un par, máximo tres. Y eso suponiendo que yo sea mi enfermedad.

He conocido a gente que lleva tiempo sin conocer su diagnóstico. Parece tendencia. Tratamos tus síntomas pero no tienes necesidad de colgarte una etiqueta. No me parece mal. Supongo que habrá que confiar mucho y yo la fe me la dejé hace tiempo en el camino.

También he conocido a personas que afirman que el diagnóstico fue el principio de todo. Algo así como que, gracias a él, encontraron el rumbo hacia el que remar.

A otros, en cambio, les ha arruinado la existencia el tener que cambiar su manera de vivir porque las consecuencias de ese diagnóstico… Uy, frase mal escrita, pero creo que se entiende.

Y he conocido a mucha, mucha gente que por culpa de esa etiqueta diagnostiquera han padecido dolores. El primero, el que te causas a ti mismo: ya he hablado mucho del autoestigma, de esa capacidad que les otorgas a otros para que te hagan polvo (Cristina García Aguayo, autora del blog Estoy como una maraca). Por otro lado, ese señalar con el dedo, deporte nacional en estas tierras, que entierra y borra la sonrisa, cuando menos la sonrisa, la de quién, no importa. ¿O sí?

De modo que el diagnóstico sí que pudo ser, para mí, la salida en cuanto arranca el empoderamiento, porque quieres que te dejen en paz y quieres ser mogollón de responsable.

Una anécdota: estas navidades le decía a mi sobrino el mayor que, en las asignaturas que no le gustan y anda más justo, el objetivo era encontrar motivaciones que le ayudaran a sacarlas adelante con holgura con el único fin de que los adultos le dejáramos tranquilo y no le diéramos la murga todo el día con el tema.

Pues parecido, el punto de partida. En mi caso, lo reconozco, estaba hasta las narices de controles y tenía la sensación de que, si me tiraba un pedo, mi cara iba a cambiar de color: todo el mundo se iba a dar cuenta inmediatamente… Quien dice un pedo, dice tener una mala salida… “un síntoma”.

Una meta vital. Nuestro Amets

Amets a punto de dejar de meditar

No creo que sea la meta para mucha gente. No para mí. Mireia habla del concepto pasivo de un diagnóstico en personas dinámicas, y más cuando eres joven y estás creando tu personalidad, estableciendo tus prioridades. Me hace pensar mucho, Mireia Azorín, que es una artista plástica como podéis ver si pincháis en su blog.

Que un diagnóstico es útil queda claro cuando te ven otros especialistas. “Ah, bueno…” No te jode, tiene mucho que ver que me rompa la rodilla con un trastorno bipolar… Pero no se le puede negar la capacidad informativa a la etiqueta, es a lo que voy. Estemos de acuerdo o no, creamos en los diagnósticos o no.

“Voy, ni contigo ni sin ti”. Estoy convencido de que muchas de las alegrías superlativas que me viene dando la vida poco tienen que ver con el trastorno bipolar. Del mismo modo, casi todas mis melancolías y casi todos mis ataques de ira son míos, de mi manera de ser.

¿Soy como soy, hoy día, debido a lo que hace más de veinte años me diagnosticaron? Estoy convencido de ello. De momento, nos vemos en el camino, por ahí.

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