Impermeable

13 Oct

Patxi Irurzun, que viene a ser el duende que periódicamente aparece en este blog, se iba a ir de viaje. De hecho, ya ha vuelto de Costa de Marfil. Bajó a buscar su impermeable y, si buscáis en su blog -no es por joderle el escrito, quiero decir- se encontró con, dos puntos, abro comillas, la fe inquebrantable en la imaginación, el anhelo de libertad, la lucha empecinada por cumplir los sueños. Cierro comillas.

Tirando de sinceridad, esto lo leí hace ya días y me dije, jodé Patxi, ya me has vuelto a dejar fuera de sitio. Fue en el bar que abre los domingos a las ocho de la mañana y sirve café a los optimistas que vamos a jugar un rato en los frontones municipales de la Rotxapea. Total, que me había quedado más con los guiños a aquellas canciones que con el mensaje que ahora rescato: fe, anhelo y lucha.

No. No sólo eso. Fe inquebrantable en la imaginación. Anhelo de libertad. Lucha empecinada por cumplir los sueños. Uf.

¿Esto es un impermeable? Si peinas tantas canas como Patxi, o eres un artista, o eres un iluso, o eres un romántico, o todo a la vez, o te dejan escribir en el centro de día un ratico (Saludos, Gure ahotsa!).

Quiero pensar que también puede ser el tipo que entra a comprarme pilas a la tienda, o el camarero que pone cafés un domingo a las ocho de la mañana. O tal vez aquella profesora que tuve en el instituto y a la que ahora veo por el barrio. Lo mismo puede ser aquel que sacó la ingeniería y ahora está de celador en el hospital cubriendo bajas.

Ay, Patxi. Cuántos cuentos por contar. Cuántas conciencias por remover. Cuántas patadas en el culo por dar, de las tuyas, de las de negro sobre LCD… Con lo que yo sé que te gusta el mundo de los locos, que tantas veces nos has sacado en tus novelas y cuentos. Lo siento. Esta vez me has lobotomizado de tal manera con la fe, el anhelo y la lucha que seguimos sin negociar el más negro cuento de la unidad de agudos del Hospital de Navarra.

Patxi intenta un chelfi en Costa de Marfil

Tanta coña, tanta coña y al final lo que se me olvida contar son las reflexiones que este escrito tuyo -Patxi es el de la foto de aquí arriba- me han provocado.

Que son viejas de lustros, en realidad, y que se refieren a que una atroz forma de discriminación que, a temporadas, padecemos quienes tenemos un diagnóstico y, a temporadas también, claudicamos y tomamos más medicamentos (¿has visto, ama, que no he puesto drogas?)… me alargo, me alargo. Vamos, que nos hacen la puñeta cuando admitimos tal droga “para un par de semanas”, y nos tiramos una llegando a la dosis, cuatro tomándola y tragando efectos secundarios, y luego dos semanas más quitándola, porque si no, monazo digo síndrome de abstinencia que te crío…

¿Esa droga protege cual impermeable? Me estoy refiriendo a ésa que te tomas en amago de crisis o llámalo como quieras, pero que todavía no te has subido por las paredes ni estás hundido en el fango, y para firmar un informe que diga que hay patología aguda hay que tener más conchas que una tortuga. De esa medicación hablo. Antiepilépticos. Antisicóticos. Antidisturbios. No, esta última no. Pero casi.

Ya. Si la teoría me la sé. Y la práctica también, coño, si he empezado escribiendo que son reflexiones viejas de lustros. Un ejemplo, que a veces viene bien. Me duele la cabeza, bastante. Tengo la oportunidad de acostarme y creo que me dormiré ¿Me tomo una aspirina o espero a la mañana siguiente, a ver si me sigue doliendo?

No sé si el ejemplo vale porque aquí la decisión es personal, no hay ingresos, ni órdenes judiciales, ni conceptos como adherencia al tratamiento que… en fin. Pienso que sirve para hacernos una idea.

Porque a veces el cuerpo es sabio. Reconoce síntomas y recuerda experiencias. Me gustaría que el sujeto, ése que es capaz de reconocer sus síntomas ya vividos y recordar experiencias pasadas, fuera escuchado y que su voluntad, en la medida de lo posible y sin demasiadas condiciones, fuera lo más respetada posible.

El argumento del gasto social ante un posible y futuro ingreso no me lo saquéis, por favor, que estoy cansado de recordar que tuve un médico que se murió de neumonía sin haber cumplido los cincuenta…

Ya. Que ahora, si queréis, hablamos de la fe inquebrantable en la imaginación, del anhelo de libertad y de la lucha empecinada por cumplir los sueños. Y a ver quién aguanta más la risa.

 

Me gustaría que recibiera un impermeable de los buenos todo aquel hospitalizado por orden judicial y todo aquel que esté llevando un tratamiento ambulatorio obligatorio.

Gracias a Patxi Irurzun por dejarme… por no… Gracias, Patxi.

CARTA A MI HIJO

11 Oct

20

Querido hijo:

Cuando leas estas letras yo ya no estaré…

Que sí, hombre, que era broma. Es que entre todas las sandeces que te voy soltando seguro que se me olvidan algunas que hoy me parecen importantes y me apetece ponerlas por escrito.

Sé que te lo decimos mucho, que te lo hemos dicho mucho y que somos un poco plastas. Pues nada, esta carta parte del amor más profundo que siento por ti. Un amor sorprendente, inesperado en cuanto a la magnitud y que también me somete. Espero que para cuando leas esto me hayas inspirado tal cantidad de adjetivos para acompañar ese amor que, estoy convencido, seguiré sintiendo. Puede que tenga algo de educacional, mocé: creo en el amor sin condiciones.

La murga que espero haberte dado sobre el respeto habrá calado en ti. Del modo que sea. Seguirá siendo básico, el respeto. Ayer. Hoy. Mañana.

Así salgo ganando yo. Me gustaría que respetaras también mis propias diferencias. Soy sólo uno; tu entorno está repleto de seres que merecen y aprecian y exigen y merecen tu respeto.

Me atrevo a recomendarte esta lectura sobre la caridad de “Cinco horas con Mario” de 1966, de Miguel Delibes: “… que te metías conmigo cada vez que iba a los suburbios a repartir naranjas y chocolate como si a los críos de los suburbios les sobrasen (…) “Aceptar eso es aceptar que la distribución de la riqueza es justa”, habráse visto, que cada vez me dabas un mitin, cariño, con que si la caridad solamente debe llenar las grietas de la justicia pero no los abismos de la injusticia (…) y sin caridad, ¡adiós el evangelio! (…) que yo recuerdo antaño, con mamá, deshechos, ¡Dios mío, qué espectáculos tan hermosos!, rezaban con toda devoción y besaban la mano que los socorría.” La protagonista, Menchu, pasa una noche velando el cadáver de su marido, Mario. Un hombre que ha cometido errores en su matrimonio pero nos deja en los censores labios de su mujer la imagen de un hombre justo, sensible y frágil. Que por cierto, padece un episodio depresivo -nervios de la época- y que Delibes retrata a la perfección el estigma y el rechazo en la pareja. Es otra historia.

A partir de aquí, sé capaz de viajar a ese tiempo, vuelve a tu presente y hazte una opinión propia. No es vital, es importante. No te estoy hablando de la muerte, ni de la incomprensión. Tú sabrás. No sé quién decía aquello de “Lee, que algo queda”.

Ya sé que tengo poco de tu tiempo, de tu atención. Te quería dar una pincelada precisamente sobre el tiempo. El que pone a todos en nuestro sitio. El que da y quita. El que nos proporciona perspectivas si le dejamos. Es tan valioso… que perder demasiado pensando en él es estúpido. O tal vez no, tú dirás. Pensar en las musarañas puede estar muy bien; ser capaz de dejar la mente en blanco puede ser una bendición -para mí inalcanzable-; tirarse todo el día con el come come, trajinando, centrifugando… es lo que más conozco. Ojalá hayas aprendido a detener ese maldito centrifugado para poder dedicar tu tiempo en lo que te apetezca. Lo anterior, muchas veces, parece más un sometimiento a la propia mente que otra cosa. O falta de habilidades, qué sé yo.

Esta noche, hecho sobresaliente, te has dormido en mi regazo. Me siento tierno y orgulloso. Dentro de unos años a lo mejor te avergüenzas de estas mingadas. Yo no creo que lo haga. Ya queremos ver rasgos de tu carácter. Nos pareces cariñoso, sentido. Bruto, también. Supongo que con muy poco nos conformaremos, me conformaré. Si eres un tío que respetas a los demás. Si eres capaz de encontrar un momento de quietud para pensar sobre un determinado tema y llegar a tus propias conclusiones. Si no eres un esclavo de tu mente ni de tus pensamientos.

¡Eh! Que esto se empezaba a parecer al poema de Kipling… ¡Plagio! Ah, que todavía no te has leído El Libro de la Selva

—-

Ahora mismo se va a terminar el Día de la Salud Mental. Las redes sociales han echado humo, sobre todo a la mañana. Lo siento, sólo he podido colaborar respondiendo a este tuit de Teresa Viejo, presentadora, escritora. “Hoy piensa en quienes no piensan ni sienten como tú. #DiaMundialSaludMental”

Yo le he contestado que: “@TeresaViejo Mañana, en todos los que viven de la falta de salud mental. Como parte de una sociedad enferma, profesionales, industria…”

No consigo encontrarme el espíritu de celebración ni de homenaje en los días de. En este caso, me ha pillado en un momento en el que le veo grandísimas posibilidades de negocio a esto de la falta de salud mental. Ya en su día, hace unos meses, a través de un comentario, hubo quien malinterpretó mis irónicas palabras. Así que no argumento, sólo recuerdo que una cuarta parte de la población mundial va a padecer falta de salud mental. Los que sepan, que hagan números sabiendo que otros ya se les adelantaron.

 

EXIGENCIAS, ASERTIVIDAD Y OTROS CONCEPTOS MODERNOS

4 Oct

Estoy teniendo unas conversaciones de lo más cachondas últimamente. También tengo la sensación de que me falta rematarlas, acabarlas y llegar a conclusiones que me permitan avanzar en otros aspectos relacionados.

Total, que en las últimas semanas se me ha acusado muy modernamente de ser poco asertivo. Asertividad, quieto parao, que no me sale en el diccionario Sopena del 65 y tengo que poner el enlace de la wikipedia. ¿Poco asertivo yo? Pero ¡¿de qué carajo estás hablando?! La verdad es que lo más seguro es que tengas razón, ahora que lo pienso. Total, si tú lo dices…

Vamos, que leyendo algún enlace más me doy cuenta de que ser asertivo es básicamente la polla. De modo que como estoy muy cerca de los 40 y parece que me he enterado más bien tarde, haré todo lo posible porque mi hijo lo sea. Mío, no. Sí, quiero decir. Vamos, que mi hijo sea asertivo.

¡No! Estaré proyectando el origen de mi frustración en él, que no tiene culpa de nada. Otra exigencia más. Porque “Cuando la exigencia nos exige demasiado” a lo mejor este artículo no nos sirve demasiado, pero nos hace llegar a dos conclusiones:

-ser exigente es básicamente malo de cojones

-a no ser que queramos conseguir retos y alcanzar metas, a quién se le ocurre.

Asertivo, bueno. Exigente, malo. Sigamos.

Igual es el momento de aclarar que no he estado muy activo en blog por razones que aquí no vienen a cuento y porque me he estado dedicando a releer. Sí. Releer. Nada moderno, por cierto, no creo que sea tendencia ni nada.

Empatía. Empático. Delicioso. Esto también es bueno, así, con todas las letras. Por no liarla más y si lo entiendo correctamente, viene a ser que uno es capaz de ponerse en el pellejo del otro. He leído hace poco un texto sobre la falsa empatía, la hipocresía que puede/suele conllevar que era muy divertido. O no, depende del momento en que te pille y si estás asertivo y demás. Una pena no recordar ni el autor ni la fuente. Mira que uno de mis -por lo visto- defectos es ser exigente. Ahora me tengo que frustrar un rato. Otro día vuelvo.

Otoño. Billie Holiday.

Billie Holiday

Enlace

COMENTA. OPINA. DEBATE. Tratamiento Ambulatorio Obligatorio

16 Sep

https://vimeo.com/39569938

 

 

“POR ALUSIONES”

3 Sep

“Querido Sergio:

Te leo siempre, ya lo sabes… y siempre espero que estés bien, ya lo sabes…

Lo creas o no, has conseguido ya muchas cosas en la vida, más que algunos, seguro… menos que otros, quizás…

Intentándolo todo para mantener el equilibrio y buscando razones para tirar palante… Ahora tu hijo te lo pone fácil… con esos ojos y esa sonrisa y esas maneras de pillo…

Quizás, sólo quizás, no haya que darle muchas vueltas al hecho de que le des tantas vueltas a todo…

Escribir es terapéutico, sí, pero reír, ir al cine, hacer deporte, mirar el paisaje, pasar calor, helarte con el cierzo, buscar buenos momentos… también.

Nos vemos, señor Mortensen, y lo discutimos.”

QUERIDA ELENA:

30 Ago
Foto de Sam Jones

Foto de Sam Jones

Buenos días. Antes de nada, te mando la foto de este ciudadano del mundo. He estado a punto de mandarte una de otro que presumía de esa condición, pero ciertamente Bogart luce menos.

Ayer me acordé de ti y de una de tus enseñanzas. Tal y como yo las recuerdo y las aplico, claro. Llevamos a Amets a Etxauri en busca de un poco de fresco y se puso andarín. Caminaba con bastante seguridad sendero arriba, a pesar del pañal de sus amores y sus odios. Total, que caía al suelo y se levantaba mirando hacia delante, reemprendiendo la marcha sin un momento de duda. Ya. Lo que hacen todos. Me sigue fascinando.

¿Qué me he dejado por el camino, que no consigo hacerlo de esa manera? Parece claro que siempre que me he caído me he levantado. Pero, desde luego, cada vez albergo más dudas: en el suelo, miro hacia delante atisbando lo que se me avecina y no puedo evitar volver la vista atrás, para repasar el camino recorrido. Sólo entonces cojo aire, me lamo las heridas y me vuelvo a levantar.

Se acaba agosto, y parece que se acaba el verano. Para ti significa dar carpetazo a una época de ausencia de rutinas y dar cara a nuevos retos e ilusiones. Se me está haciendo largo, no te voy a engañar. Con toda esa gente fumando en las terrazas y en las puertas de los bares, encendiendo sus cigarrillos sin tapar la lumbre… Una buena ventisca les daba yo, harto como estoy de olisquear y ventear como un perro de caza, redescubriendo los aromas del tabaco que sigo sin fumar.

Lo estoy llevando mal de cojones, efectivamente. Y de lo demás, también lo estoy llevando mal. El otro día me decía una cliente en la tienda que cuando vas al médico, lo mismo da que sea por un catarro que por un sarpullido, lo primero que te dice es que dejes de fumar. Sangre de Cristo. ¿Y si me bebo una botella de ron al día, o no me muevo del sofá o soy capaz de tragarme a diario el telediario de televisión española sin espíritu crítico? ¿Eso no es peor para mi salud?

Ya, exagero. A lo mejor recuerdas que entre los propósitos para este año estaba, entre otros, el de mantener mi peso. Que ya dejaría de fumar en 2016, que cumplo 40. Una vez más, no me han salido los planes como esperaba. Puede que, como me solías decir, mi problema es que hago demasiados planes. Puede. Yo te responderé lo mismo de siempre, que mis planes son también retos que me ayudan a ponerme de pie, aunque antes haya mirado con desánimo hacia delante y hacia atrás.

Sí que este 2015 está siendo crítico en algunos aspectos. No sólo porque mis objetivos se fueron al pedo con un arranque de año muy malo, con este diagnóstico que acarreo y que me regaló un brote mixto, del que he padecido una secuela física en forma de trombosis. Si intenté verlo como una oportunidad para dejar de fumar -qué mal lo estoy pasando, escribir sin echar humo es un sucedáneo– fue porque me quedaban tantos retos por abordar y sabía que no iba a poder llegar, con una baja que se prolongó cuatro meses. Récord.

Quizás tenga esta percepción de crisis porque no he sido capaz de aplicar todo lo que he ido aprendiendo en estos años ante ciertos síntomas. O no siempre, para ser justo conmigo mismo. Me causa mucha desazón recordar cómo he ido pregonando las bondades del catálogo de recursos ante las crisis y cuando he llegado a esa situación, no he salido airoso. Todavía no sé si ha sido porque la aplicación ha sido defectuosa, poco oportuna en el tiempo o nula. Ya te iré contando si llego a una conclusión.

Lo peor es que ahora mismo me siento como un vendemotos, como uno de esos comerciales que no creen en su producto. Lo grave es que mi producto son algunas de mis convicciones más profundas.

Lo más importante de toda esta mandanga es que sigo en pie, que sigo aquí, que confío en volver a caerme. Me gustaría pensar que la gracia no está solamente en levantarse: he de aprender de nuestro hijo y hacerlo con convicción, con confianza y con ilusión por saber qué me depara el siguiente recodo del camino.

Con mucho cariño

Sergio

PS He encontrado dos respuestas a la pregunta de por qué no consigo levantarme como Amets: le llevo 36 años y 93 kilos.

20

PATRICIA GAZTAÑAGA Y SUS CERVICALES

28 Ago

PATRICIA

Esta mañana he estado en el programa de Patricia Gaztañaga, “Como en casa”, que se emite en  el segundo canal de Euskal Telebista, ETB 2. Si pincháis sobre la foto de Patricia, podréis ver el vídeo.

“A raíz de la muerte de Javier Fernández, batería de Los Piratas, ‘Como en casa’ ha querido indagar en esta enfermedad. Sergio Saldaña padece esta enfermedad y nos cuenta qué es y cómo se vive con ella.”

Así es como se ha presentado la parte del programa en la que hemos hablado sobre trastorno bipolar, drogas, muerte y agresividad.

Creo que es el programa de televisión más trepidante en el que he participado. Reconozco que me he dejado contagiar por el ambiente y que he entrado al trapo. Y que lo he he hecho con unas formas que a lo mejor no son las más adecuadas. Nchst. Me pudo la susceptibilidad…

Total, que yo he intentado lanzar el mensaje de que por encima de cualquier diagnóstico está el carácter de la persona. También quería dar la información de que sin medicación también se puede. Además de dejar claro de que no es infalible (me sorprenden las estadísticas del médico psiquiatra entrevistado). En fin, no ha habido lugar para el humor, una pena.

Sobre la muerte de Hal 9000 me parece imposible opinar porque no se puede tener la información. El que no sea capaz de entender esto, que se lo mire.

Una interesante experiencia. Es un placer ir a Miramon y conocer a un mito de la tele. Aunque te haga cambiarte de sitio. Como en el instituto. Con lo bien que me estaba yo portando…

 

 

UNA PETICIÓN SUGERENTE: “¿Qué se siente cuando un bajón empieza a remitir?”

26 Ago

“Muy buenas, caballero. ¿Puedo hacer una petición? Siempre me he preguntado cómo es el momento o la experiencia de cuando sientes que un periodo de bajón empieza a remitir. ¿Podrías explicar cómo lo vives tú? Si te apetece. ¿Es de repente, poco a poco? ¿Tienes que “hacer fuerza”? Muchísimas gracias, te invito a una Pepsi.”

 

Estas palabras son de un mensaje recibido en la página facebook del libro, Tengo trastorno bipolar. Conozco personalmente a la persona que las firma. No, tampoco tomo Pepsi ni ningún otro refresco de cola.

Voy por partes. Por preguntas. A la primera, la respuesta es sí. De hecho, te voy a intentar responder temiendo decepcionarte.

La segunda es indirecta: “…cuando sientes que un momento de bajón empieza a remitir.” Luego me pides que lo explique. Esto me es está suponiendo un ejercicio más doloroso de lo que pensaba. No consigo recordar como una meta el final de una melancolía de las jodidas, con diagnóstico o sin él. La vida, el día siguiente, sigue retándome, poniéndome trabas, sugiriéndome. Tengo una clara excepción, y quizás por eso la cuento en el libro, tras decidir que ya estaba bien de estudiar oposiciones y me tocaba currar, ser productivo y hacer vida laboral y social. Ahí sí recuerdo una fecha, un domingo de primavera, un paseo con mi madre, un rato sentados viendo mecerse al cereal… Siento fastidiarte el espíritu de la pregunta porque sólo me ha pasado una vez y no es significativo para nada.

Supongo que te estoy contando que el puto cliché de esta enfermedad es más falso que un duro de hojalata. Es como si yo te preguntara ¿qué sientes cuando sales de un catarro? o bien ¿te dejas de enamorar poco a poco? Vamos, que cada bajón, cada comer mierda no se suele parecer mucho a los anteriores. Ni por el momento en que te pilla, ni por el tipo de causa, ni… En mi caso, como en el de todo el mundo, creo, si fuera siempre igual lo vería como un chollo. Pongo el ejemplo del golpe en la cabeza. Llevamos dándonos golpes en la cabeza desde que tenemos uso de razón. Las variantes, en golpes moderados, no son grandes: vemos las estrellas, un chichón, a lo mejor una brecha y un poco de sangre… Vuelvo al momento del impacto, a cuando vemos las estrellas, a cuando nos llevamos las manos a la cabeza o lo que que cada uno de nosotros hagamos. Siendo el golpe moderado, sabemos que de ese golpe también salimos con vida, por más dramáticos que seamos.

La conclusión del argumento es que sería un chollo que una depresión clínica fuera como un golpe moderado en la cabeza desde el punto de vista de que el origen, la evolución, el posible duelo y la recuperación fueran bastante parecidos. Oh. Qué pena. En fin, no creo haber decepcionado a nadie.

Por otro lado, sí hay grandes rasgos en los que a mí me resulta muy útil encontrar analogías, asumiendo que cada depre es de un padre y de una madre. Veamos. En mi caso, no me pienso suicidar. Luego una depresión, si no me pongo radical en cuanto a la -ausencia de- alimentación, no va a ser mortal. Aunque bueno, esto admite otra excepción que la pienso seguir repitiendo. El exceso de inactividad, el estar totalmente tirado, postrado, en modo seta, puede provocar trombosis. Igual que cuando te operan de lo que sea y vas a estar en cama.

...te mueves menos que los ojos de Espinete

…te mueves menos que los ojos de Espinete.

En mi caso, esta primavera se me formaron dos TVP, trombos de vena profunda en la pierna izquierda. Si alguno de ellos se hubiera desplazado, unido a mi sobrepeso y a que fumaba, me hubiera podido provocar una embolia pulmonar y los que leéis este blog os hubierais quedado sin autor.

Cierro paréntesis. Vamos, que de una depresión, salvo excepciones, se sale siempre. Más gordo, más flaco, con peor color, con más canas, con peor olor corporal, pero se sale a pesar de lo que se ha venido creyendo en las semanas precedentes. Esto es muy importante y a mí me resulta muy útil durante la fase de bajón. “Saldré de ésta como salí de las demás…”. ¿Mantra, se llama, eso de repetirlo muchas veces?

Cómo lo vivo yo. Salvo excepciones, mis tristezas tienen un punto masoquista de placidez. Si alguien no lo entiende, que yo me he explicado como un libro abierto, faltaría más, por favor que me lo haga saber en un comentario. Gracias.

Otro apunte y me remito de nuevo al libro en cuanto a plazos y nivel de bajonazo. Sigo creyendo que me tengo que dar un cierto tiempo (“dejar que pase la marea y me arrastre”). Me parece que es el momento de buscar, casi intuir, las causas, a santo de qué viene esto ahora, qué tengo por delante… para, en un momento dado y apoyado en las circunstancias, intentar bracear hacia la orilla, con la esperanza de que la resaca haya pasado y de que mis fuerzas sean suficientes. ¿Tiene esto algo de científico? No. El tratamiento de mis trombos tampoco mucho, la verdad. De modo que si soy capaz de verme capaz (¿has visto?) de darme la vuelta, evaluando mis capacidades desde un prisma bastante negativo, para qué engañarme, y a pesar de eso tengo la energía para intentar volver a la playa… Tío, ejercicio superado. Así que muchas veces la salida del agujero quiero que sea algo activo, dinámico, que requiera un esfuerzo donde yo sea capaz de encontrar el premio.

En caso de alcanzar la orilla no hay fuegos artificiales. Como ya he reivindicado aquí, la victoria es propia, íntima, sólo de uno mismo y de nadie más. Del mismo modo que el que ha estado comiendo mierda a paladas ha sido uno mismo y nadie ha pedido una ración para paladear, no vaya a estar buena.

Mi sensación es que vuelvo a darme cuenta de que estoy en pelotas, de que por nada del mundo me apetece otro baño, así que habrá que agarrarse a esas circunstancias que hace poco vimos como propicias y echarle todas las agallas que quedan. Porque tienen que quedar. Porque sé que quedan. Porque sólo tengo que buscarlas.

Las anteriores veces fui capaz ¿Por qué ésta no?

 

Notas. Una vez más, desde las tripas, con un episodio reciente y con las vivencias muy próximas en el tiempo y en las cicatrices de mi piel.

No he sido capaz de meter en el texto la idea de la gran ventaja que tenemos los que, como yo, tenemos esta tendencia a la melancolía, a la tristeza. Pobres asintomáticos, pobres de los que no habéis pasado unas cuantas veces por estos páramos: tenéis muchos menos recursos que nosotros para salir de ahí y llegar al vergel donde todo tiene color y el sabor de la boca de uno mismo no intoxica.

Ricardo: gracias y vete a la mierda.

 

 

 

CUMPLE MIS EXPECTATIVAS

23 Ago

Martini 1Martini 2

Qué tiempos de este anuncio, ¿eh? Año 1993. Me ha venido a la cabeza porque esta chica,

HOLLYWOOD, CA - FEBRUARY 24: Actress Charlize Theron arrives at the Oscars at Hollywood & Highland Center on February 24, 2013 in Hollywood, California. (Photo by Jason Merritt/Getty Images)

Charlize Theron, acaba de cumplir 40 años y, en el vigoe.es, I.G.P. le dedica este artículo.

Tirando del hilo, no con el mundano gesto de la joven Charlize en el anuncio (y es que me faltan gracia y caderas para hacerlo) me doy cuenta de que no son sólo mis expectativas las que no cumplo. También decepciono a los demás ¿A quienes en mí han puesto alguna de sus esperanzas? A ésos, también.

A pesar de que sigo con la creencia de que no voy a ser una embarazada ejemplar y con el convencimiento de que no me voy a casar, reconozco que Joseph L. Mankiewicz me suena a defensa central de la selección polaca de los años setenta. Lo siento, los reyes católicos me suenan también a conquistadores. En Navarra, tras Fernando conquistarla, hace 503 años, sólo dejaron un par de castillos en pie. Sí, un mero juego de tronos.

Me enredo. Las expectativas que los demás depositan en uno son eso, de los demás. Tendrán sus razones y su capacidad de frustración. Como ya hemos quedado, eso de la capacidad de frustración es personal, intransferible y digna de aplauso si se quiere, pero sobre todo personal.

¿Me tengo que sentir responsable, incluso culpable, por decepcionar a los demás? Mmm….

Mmm…

No debiera, qué narices.

Mi capacidad de frustración es muy limitada, bastante tengo con decepcionarme a mí mismo -duro trabajo- y cada vez me falta menos para cumplir los 40. Es decir, me acerco a esa edad en la que escuchar en labios ajenos lo que tengo que hacer con mi vida me revienta los… me revienta.

Lo mismo es un síntoma -vaya, un síntoma- de madurez y resulta que voy avanzando. Que asumo mis… que asumo las… Bueno, que asumo lo que sea. Y eso es positivo ¿no?

A la memoria de Daniel Rabinovich, de Les Luthiers. Por favor, una carcajada a su Daniel Rabinovichsalud. En este vídeo. Qué genial gamberro…

LA SOLEDAD DEL LOCO

15 Ago

Vuelta la la burra al trigo

¡Vuelta la burra al trigo!

Quiero remarcar la idea de que hay otras sensaciones, dejando el diagnóstico de lado, que provocan malestar y dolor y angustia y miedo y sufrimiento. Suelo hablar del estigma asociado a la enfermedad mental. También del autoestigma. Podría hacerlo de la manifestación de los efectos secundarios de la medicación.

Hoy hablo de nuevo de la soledad. Hace poco escribía “estar solo rodeado de gente”. (Creo que viene de una canción pero no consigo recordar de cuál. Fijo que la sociedad general de autores me perdona. Y si no, pues nada, que se jodan.) Es una imagen tremenda por repetida.

Lo terrible de la soledad y del sufrimiento que provoca puede ser, posiblemente, la ausencia de voluntad al sentirla. Una cosa es meterse ermitaño o anacoreta o encargado de un albergue de montaña. Otra muy distinta que te metan.

Me fascina la buena voluntad de la gente que te dice: “Sal, muévete, llama a un amigo…” Si primero me sorprendía aquella energía imperiosa, más tarde me incomodaba y luego me sacaba de quicio, ahora me fascina. Tengo ya unas cuantas conchas y cuando no me apetece ni salir, ni moverme ni llamar a ningún amigo me quedo flipado ante la vana insistencia de alguien que me conoce (se supone) y me respeta (a lo mejor el exceso de buena voluntad minimiza el concepto…).

La soledad, cuando no es una elección, duele. Ahonda una cicatriz que deja la huella dolorosa del escepticismo.

No tengo ni repajolera idea de cómo salir con bien de esa acequia, si me he metido sin desearlo. Sé que el acompañamiento respetuoso ayuda. Poco más. Bueno, también que ayuda mucho para luego valorar la buena compañía, el amor, la amistad. Ese abrazo.

Ese “Te quiero, tío”.

Para Pablo Saldaña López. Ojalá no sepas de qué hablo.

Maternidad y Trastorno Bipolar: mi experiencia personal

14 Ago

Una vez más, robo contenido al Blog de ActivaMent.

Maternidad y Trastorno Bipolar: mi experiencia personal.

BIENVENIDOS A DEGÜELTO

5 Ago
Koma y Kutxi

“Dale Kutxi”

“El cartel de entrada ya lo advierte claro que jamás nos gobernó ningún estado.

Ven y date por jodido. Homenaje merecido a la lucha sin cuartel de tantos años.

Acercaos rotos, más que descosidos, al más grande de los carnavales donde disfrutamos, afilando los puñales, despertando vómitos dormidos.

Piedra a piedra trabajando de peones con las manos seguimos excavando madrigueras donde cicatrizan las heridas de las broncas callejeras que montamos.

Bienvenidos a Degüelto, bienvenidos. La ciudad de los estómagos vacíos. Bienvenidos con lo puesto al destierro clandestino. Bienvenidos a Degüelto.”

De “Molestando a los vecinos”, de Koma, con la colaboración de Kutxi Romero

NO LE DES TANTAS VUELTAS A LA CABEZA

4 Ago

La cerda de tu hija dándole vueltas a la cabeza

-Si me dieran 100 € por cada vez que me han dicho algo parecido…

-Ya tío. Pero es que haces las cosas muy difíciles. No es que te cueste decidirte, es que te comes el tarro con historias que no tienen tanta miga.

-Vaya, creía que uno de mis mejores avances había sido ser prudente en mis decisiones. Eso lo consigo a base de ser reflexivo.

-No cuela.

-De acuerdo, no cuela. Lo vuelvo a intentar. Desde que tenía 15 años le he dado vueltas a la cabeza, sobre todo en la cama. Dándole al centrifugado. Y no para tomar una decisión necesariamente. Te digo lo que decía entonces: no lo puedo remediar.

No le des tantas vueltas

 

-Vamos a ver, chaval ¿Te ayuda a decidir la mejor de las opciones?

-Reconozco que no. Pero eso no significa que sea destructivo. O que me absorba unas energías que no tengo. O que distorsione la realidad. Simplemente miro el asunto desde un excesivo número de ángulos. Eso me lleva tiempo y me puede quitar horas de sueño.

Reivindico que darle demasiadas vueltas a las cosas es algo intrínsecamente inocuo. Con el tiempo y la aceptación, no provoca sufrimiento. ¿Que es un poco agónico? Pues sí. Como comerse las uñas o ser osasunista. Y yo no ando creyendo que le voy a solucionar la vida a uno por decirle que no se coma las uñas.

LA CONFIANZA, ESA SOBREVALORADA

2 Ago

Todo el mundo habla de ella como si objetivamente fuera “bueno” tenerla. Parece claro que hay dos tipos de confianza: la que se tiene un uno mismo y la que tienen los demás en ti. Atención, las dos son muy importantes. No, no sé si es lo mismo que la estima.

FERMIN CACHO. ORO BCN 92 EN 1500

Hay que aplicarse para conseguirla. Lo de aumentar el saldo de confianza en uno mismo se puede entender. Incluso se pueden (¡se deben!) percibir sus bondades conforme este saldo va creciendo. Ahora bien ¿dónde se consulta la que tienen los demás en uno? “Por la conducta de los demás hacia ti, por sus hechos…” Aaah.

Vaya, vaya. De modo que es algo complicadillo de cuantificar. La confianza es algo subjetivo, intangible y su bondad, como cualidad innegable, se puede relativizar.

Lo bueno de todo es que se puede vivir sin confianza. Es más –salto al vacío-, se debe aprender a vivir sin ella. Se puede vivir sin confianza en uno mismo, con saldo a cero. Y por supuesto que se puede vivir sintiendo la ausencia de la confianza de los demás en uno mismo. Claro que sí.

He tenido la tentación de poner ejemplos. Me he dado cuenta de que no hace falta. Cualquiera, a nada que lo piense un poco, lo sabe. Tiene esa verdad por ahí dentro, en su mollera. Lo sabe y punto.

El hecho de saberlo da poder. Pero ¿no dará también confianza?

Pues a lo mejor, mira tú qué curioso.

Lo de la confianza de los demás, esa esperanza firme que tienen en uno… Pues no sé. Me parece que si el panadero de tu calle confía en mí me importa un pimiento. Lo que quiero decir es que te puede afectar si quienes más te quieren… perdón, si quienes tú más quieres no confían en ti. Sigo insistiendo. La confianza está sobrevalorada. Se debe aprender a vivir sabiendo que esa manida confianza ajena es circunstancial y así como hoy es muy grande y todo es muy bonito, pasado mañana se va por el desagüe y se puede seguir tirando para adelante. Al fin y al cabo, es algo ajeno a ti. Se supone que la ganas y la pierdes, pero esto no es una verdad objetiva.

Esto deja de ser una opinión personal. Lo aclaro no vaya a ser que se me echen al cuello todos los escritores de libros de auto ayuda. Y sólo tengo uno. Un cuello, libros de auto ayuda no tengo.

A DRK, por las chapas. Con cariño y confianza, eso sí.

SOLEDAD, TRISTEZA Y DESCOJONO

27 Jul

Cada vez leo más que, por delante y por encima de todo todo diagnóstico, es la soledad la causante de mayor dolor en personas que arrastran un diagnóstico de enfermedad mental. Soledad como causa del estigma y del autoestigma. También provocada por viejos complejos asociados, de nuevo, a síntomas. La incomprensión de quienes más importan pueden llevar a agudizar esa dolorosa sensación de soledad. Y me refiero a ese aislamiento involuntario y no deseado. “Solo rodeado de gente.”

Así pues, me sumo a quienes opinan que la mera soledad puede ocasionar más dolor que las consecuencias de unos síntomas, un diagnóstico o una enfermedad por sí mismos.

Siguiendo con este cascabelero texto, la tristeza… ¿o debería hablar de la melancolía siguiendo las enseñanzas de La Revolución Delirante? puede tener diversas causas. Una de ellas, cómo no, sería la soledad. Pero existen otras muchas. Por causas propias, ajenas. De comprensible explicación. O no. Como parte de un proceso de duelo…

Marea en el Kutxitril, creo

“Prima tristeza”, de Marea

Muchas veces me he referido a mis depresiones como “mis tristezas”. No sé si como un eufemismo, o porque no siempre he tenido claro que alcanzaran el concepto clínico de tales supongo que por duración y esas mandangas. A los que también me suelo referir recurrentemente como “comer mierda”. Aquí me detendría a debatir sobre si hace falta sufrir determinados síntomas durante dos meses para que se considere depresión. Digo yo que se puede sufrir más en un fin de semana que en un mal año. Pero como lo considero harina de otro costal y quería ser breve, lo dejo aparcado para otra vez o para los comentarios o para todo lo contrario.

Como muchos de vosotros, lectores, yo tampoco considero que haya venido a vivir a un valle de lágrimas. Por otro lado, el llegar a ser un hedonista de manual huajoloteño me queda lejos. Asumí tiempo ha que, en lo que a mis momentos vitales se refiere, el objetivo es moverme entre esas dos aguas. Procurando aprovechar los sabrosos y minimizar en tiempo e intensidad los amargos. Como todos, digo yo.

No me cuesta reconocer que he tendido a regodearme en el mullido colchón de la autocomplacencia y el mamoneo, ahí tirado sobre la hamaca arrulladora de la desidia y el abandono. Además, ser tendente también a la euforia, me ha resultado costoso no dejarme llevar por la alegría desbordante que se puede sentir al comprobar que todo sale de forma y manera óptima, hasta el punto de creer que es así como siempre me debieran salir las cosas.

Me acerco inexorablemente a los cuarenta años. Sigo sin saber relativizar estas historias con que la vida se empeña en entretenerme, la muy cachonda. He utilizado en repetidas ocasiones (ver artículo para ActivaMent) el afectado argumento de que la experiencia me hace más perro y más sabio, y cosas por el estilo. Bien. A día de hoy creo que, si sigo tan capaz de sorprenderme a mí mismo repitiendo errores e incluso mejorándolos, esto es, cagándola aún más, he perdido mucha fuerza moral como para poder usar dichos argumentos -que se resumen en que pa huevos, los míos- sin dejarme en el más absoluto de los ridículos. Claro está, hasta que no rellene el cargador a base de tiempo y pueda dogmatizar (de nuevo) sobre la esperanza y la experiencia que da el fracaso.

Lo mismo para entonces publico otro libro.

Elena Figoli para ActivaMent

Elena Figoli para ActivaMent

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