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LA MODERACIÓN EN EL COLOR DEL DOLOR

15 Nov

¿A qué huelen las nubes?

¿De qué color es la soledad? ¿El miedo? Y el dolor ¿de qué color es?

Habría que buscar en las paletas de Angélica López de Manzanara y de El Mundo de Anica, ilustradoras de postín.  Aunque lo único que nos garantizaría, oh tan musas como artistas, es que encontraríamos los colores de sus dolores, de sus soledades y de sus miedos.

Otra vez el mismo argumento de siempre. Cada uno tiene sus pesares y por más que haya habido artistas que se hayan acercado a expresar los suyos propios… pues eso, los suyos. Que yo sea capaz de verme reflejado en ellos no significa que ese sea  exactamente mi color. Lo mismo pasa con los poemas, con las canciones: “las vaquitas, ajenas son”. Bastante tengo con identificar y decir “ése es”, quizás repetido en mi vida pasada, por más que me sirvan de inspiración. Es una situación poco habitual pero jodé, facilita la tarea.

Me gustaría tener el suficiente arte como para pensar que voy a ser capaz de encontrar los tonos precisos de mis dolores. Creo recordar que no hay colores antagónicos, pero me la sopla: si encuentro los tonos de mis dolores, sabré encontrar los de mis alegrías con exquisita precisión. Si fuera capaz de buscar… ¡no!, de encontrar esos tonos y de saberlos neutralizar de alguna manera, moderándolos, o aunque sea trazando los caminos hacia el negro -ausencia de color- y hacia el blanco -la comunión de todos los colores- consiguiendo que esa moderación se convierta en caminos a seguir. Sin que se me impongan ritmos ni caminos. Que parece que nadie entiende que me puedo poner bravo, bien oscuro, por blues que esté, si se me intenta meter el dedo en el ojo. O si así me lo parece, carajo. Quizás sea mi modo de defender el resquicio de salida de ese sufrimiento.

Que les vayan dando a los que se creen que las penas tienen nombre de canción, o de título de libro o de poema. Sólo les concedo, como máximo, haber encontrado el tono de sus propias miserias. Que no es moco de pavo. Mi dolor tiene derechos de propiedad ¿intelectual? Copyright, para entendernos.

 

Para mis colegas de Gure Ahotsa, de Errenteria, a ver si les entran mejor las canciones del primer disco de Ciclonautas. Ya mismo están sacando el segundo.

Ciclonautas-1

Tremenda portada para “Bienvenidos a los muertos”:

Portada Bienvenidos a los muertos

 

PSIQUIATRÍA Y CRÍTICA ¿Más de lo mismo?

29 Oct

Si es que sigo siendo un romántico...

Charlando una vez surgió, de nuevo, el tema de las corrientes de la psiquiatría. Hablamos (y así lo he plasmado en este blog alguna otra vez) de que no hay otra especialidad médica que admita interpretaciones distintas ante una misma serie de síntomas.

Pensad en los ejemplos, que es curioso este fenómeno.

Luego, como sigo dándole vueltas a las cosas, se me ocurre que esto no tiene que quitar necesariamente prestigio (os prometo que he buscado desprestigiador en el diccionario y ¡no sale!) a la especialidad. Quizás la enriquezca más que ninguna otra porque la discusión y la crítica siempre están ahí. (Hígado-bazo; hígado-bazo).

Ya. Lo que también pasa es que la psiquiatría deja todavía más descontentos que la traumatología. Interesante comparación, que hoy día te hacen una resonancia y se ven hasta la forma de las ideas. A lo mejor es que, en psiquiatría, se hacen diagnósticos crónicos y eso genera mucho dinero. Es difícil abstraerse del aspecto de negocio que tiene la psiquiatría, puede que no sólo por la cronicidad de los diagnósticos. También por la medicalización  del sujeto y las posibles hospitalizaciones.

Total, que escribes sobre esto haciéndote preguntas en voz alta y el espíritu crítico se valora. Se difunde. Se aplaude. “Yo lo siento no lo puedo remediar”. Digo lo del espíritu crítico. De modo que poco mérito, cuando todo el mundo quiere meter la cuchara o, como poco, quiere tener razón.

Hurgar en la mollera ajena ¿debería? hacerse de forma más cuidadosa. Con mayor naturalidad. No. No encuentro ninguna contradicción entre el cuidado y la naturalidad. Muchos estaríamos de acuerdo en que mucha gente que sale en los telediarios se lo tendría que mirar -por lo que sea- pero también debemos asumir que a nosotros nos lo miren también. Dónde acudir. Si quieres un profesional muy crítico con la psiquiatría de toda la vida, con el biologicismo y demás, tienes que ser consciente de que, como es un profesional, tendrá la costumbre de cobrar un importe proporcional a su prestigio. Y luego, lo que te recete, como eres muy crítico con el sistema y esos medicamentos (si es que lo son) no te entran en la receta y tienes que dejarte otro pico.

Vaya, visto así, me quedo en lo público y me meto mi espíritu crítico donde me quepa. Que no, jodé, que tampoco es eso.

Tú háztelo mirar y luego te lo piensas y decides. Recordando que no eres esclavo de tus decisiones.

Mi aportación es una confesión: el primer psiquiatra que me eché a la cara era psicoanalista lacaniano. Sí, nada menos.

 

 

 

2ª PARTE DE QUÉ CANSADO ES ESTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

27 Oct

En la anterior entrada, que se llama casi como ésta, me quedé en el esbozo de lo que quería contar. Está por ahí abajo, con una foto de este tipo…

Irritado

Cuando pensaba en el título de la entrada, me refería a la fatiga que me puede suponer echar la vista atrás para evitar lo que te venga por delante. Lo de la enfermedad del ombligo, esa descripción mía de que, para manejarte por esta vida con este diagnóstico hay que andar mirándose el ombligo “duermo poco, hablo mucho, o duermo demasiado o estoy irritable…”

En la anterior entrada hablaba de lo que cansa el mero hecho de hacer memoria. De esforzarme por no distorsionar la realidad y, “a la vez, de admitir sus dudas”. Pues sí, cansa. A veces, toca pelear contra la distorsión mnemotécnica del otro interlocutor en algún episodio concreto que tengo claro, cristalino, en la cabeza.

Vamos, que este escrito ha nacido con el afán de aclarar y me temo que tampoco he conseguido lo que quería.

Creo que en el libro lo explicaba mejor: “mirar hacia delante, pero tampoco demasiado”.

APLACAR SÍNTOMAS, ATACAR LA ENFERMEDAD

23 Oct
Nigel Maudsley

                              Nigel Maudsley

Queda claro que me perdí aquel capítulo de “Érase una vez el hombre”, en el que esos bichos malos que tenemos en nuestro organismo eran atacados hasta ser vencidos. Por los buenos, claros, nuestros anticuerpos, nuestras vacunas, los que fueran. ¿O se me ha quedado anclado en la memoria y sí que lo vi?

Queda claro que en esto de las enfermedades mentales, no conviene saber los mecanismos neurológicos y bioquímicos de dichas enfermedades -por lo que leo- y sí se estudia concienzudamente los síntomas de las mismas: hay algo que no me encaja.

Voy a poner un ejemplo. Cago sangre y me duele el abdomen a más no poder. Voy al médico. Me hacen más pruebas: tengo cáncer. Me tratan el cáncer, claro. No el síntoma, que cago sangre. Podría poner más ejemplos. Desde un dolor de garganta hasta unas fiebres.

¿Qué pasa con las enfermedades mentales? ¿Que los psiquiatras son tan incomprendidos que, en todos estos años, sólo han ganado dos premios Nobel de medicina y mejor olvidamos por qué razones? ¿Que no hay medios económicos, cuando dichas enfermedades mentales son una epidemia de los más lucrativa?

Quizás debiera empezar a admitir, 23 años después, que el negocio está precisamente ahí, en tratar síntomas porque se desconocen las causas y los mecanismos de las enfermedades. Porque no interesa.

Cerveza y Valproato

Impermeable

13 Oct

Patxi Irurzun, que viene a ser el duende que periódicamente aparece en este blog, se iba a ir de viaje. De hecho, ya ha vuelto de Costa de Marfil. Bajó a buscar su impermeable y, si buscáis en su blog -no es por joderle el escrito, quiero decir- se encontró con, dos puntos, abro comillas, la fe inquebrantable en la imaginación, el anhelo de libertad, la lucha empecinada por cumplir los sueños. Cierro comillas.

Tirando de sinceridad, esto lo leí hace ya días y me dije, jodé Patxi, ya me has vuelto a dejar fuera de sitio. Fue en el bar que abre los domingos a las ocho de la mañana y sirve café a los optimistas que vamos a jugar un rato en los frontones municipales de la Rotxapea. Total, que me había quedado más con los guiños a aquellas canciones que con el mensaje que ahora rescato: fe, anhelo y lucha.

No. No sólo eso. Fe inquebrantable en la imaginación. Anhelo de libertad. Lucha empecinada por cumplir los sueños. Uf.

¿Esto es un impermeable? Si peinas tantas canas como Patxi, o eres un artista, o eres un iluso, o eres un romántico, o todo a la vez, o te dejan escribir en el centro de día un ratico (Saludos, Gure ahotsa!).

Quiero pensar que también puede ser el tipo que entra a comprarme pilas a la tienda, o el camarero que pone cafés un domingo a las ocho de la mañana. O tal vez aquella profesora que tuve en el instituto y a la que ahora veo por el barrio. Lo mismo puede ser aquel que sacó la ingeniería y ahora está de celador en el hospital cubriendo bajas.

Ay, Patxi. Cuántos cuentos por contar. Cuántas conciencias por remover. Cuántas patadas en el culo por dar, de las tuyas, de las de negro sobre LCD… Con lo que yo sé que te gusta el mundo de los locos, que tantas veces nos has sacado en tus novelas y cuentos. Lo siento. Esta vez me has lobotomizado de tal manera con la fe, el anhelo y la lucha que seguimos sin negociar el más negro cuento de la unidad de agudos del Hospital de Navarra.

Patxi intenta un chelfi en Costa de Marfil

Tanta coña, tanta coña y al final lo que se me olvida contar son las reflexiones que este escrito tuyo -Patxi es el de la foto de aquí arriba- me han provocado.

Que son viejas de lustros, en realidad, y que se refieren a que una atroz forma de discriminación que, a temporadas, padecemos quienes tenemos un diagnóstico y, a temporadas también, claudicamos y tomamos más medicamentos (¿has visto, ama, que no he puesto drogas?)… me alargo, me alargo. Vamos, que nos hacen la puñeta cuando admitimos tal droga “para un par de semanas”, y nos tiramos una llegando a la dosis, cuatro tomándola y tragando efectos secundarios, y luego dos semanas más quitándola, porque si no, monazo digo síndrome de abstinencia que te crío…

¿Esa droga protege cual impermeable? Me estoy refiriendo a ésa que te tomas en amago de crisis o llámalo como quieras, pero que todavía no te has subido por las paredes ni estás hundido en el fango, y para firmar un informe que diga que hay patología aguda hay que tener más conchas que una tortuga. De esa medicación hablo. Antiepilépticos. Antisicóticos. Antidisturbios. No, esta última no. Pero casi.

Ya. Si la teoría me la sé. Y la práctica también, coño, si he empezado escribiendo que son reflexiones viejas de lustros. Un ejemplo, que a veces viene bien. Me duele la cabeza, bastante. Tengo la oportunidad de acostarme y creo que me dormiré ¿Me tomo una aspirina o espero a la mañana siguiente, a ver si me sigue doliendo?

No sé si el ejemplo vale porque aquí la decisión es personal, no hay ingresos, ni órdenes judiciales, ni conceptos como adherencia al tratamiento que… en fin. Pienso que sirve para hacernos una idea.

Porque a veces el cuerpo es sabio. Reconoce síntomas y recuerda experiencias. Me gustaría que el sujeto, ése que es capaz de reconocer sus síntomas ya vividos y recordar experiencias pasadas, fuera escuchado y que su voluntad, en la medida de lo posible y sin demasiadas condiciones, fuera lo más respetada posible.

El argumento del gasto social ante un posible y futuro ingreso no me lo saquéis, por favor, que estoy cansado de recordar que tuve un médico que se murió de neumonía sin haber cumplido los cincuenta…

Ya. Que ahora, si queréis, hablamos de la fe inquebrantable en la imaginación, del anhelo de libertad y de la lucha empecinada por cumplir los sueños. Y a ver quién aguanta más la risa.

 

Me gustaría que recibiera un impermeable de los buenos todo aquel hospitalizado por orden judicial y todo aquel que esté llevando un tratamiento ambulatorio obligatorio.

Gracias a Patxi Irurzun por dejarme… por no… Gracias, Patxi.

CARTA A MI HIJO

11 Oct

20

Querido hijo:

Cuando leas estas letras yo ya no estaré…

Que sí, hombre, que era broma. Es que entre todas las sandeces que te voy soltando seguro que se me olvidan algunas que hoy me parecen importantes y me apetece ponerlas por escrito.

Sé que te lo decimos mucho, que te lo hemos dicho mucho y que somos un poco plastas. Pues nada, esta carta parte del amor más profundo que siento por ti. Un amor sorprendente, inesperado en cuanto a la magnitud y que también me somete. Espero que para cuando leas esto me hayas inspirado tal cantidad de adjetivos para acompañar ese amor que, estoy convencido, seguiré sintiendo. Puede que tenga algo de educacional, mocé: creo en el amor sin condiciones.

La murga que espero haberte dado sobre el respeto habrá calado en ti. Del modo que sea. Seguirá siendo básico, el respeto. Ayer. Hoy. Mañana.

Así salgo ganando yo. Me gustaría que respetaras también mis propias diferencias. Soy sólo uno; tu entorno está repleto de seres que merecen y aprecian y exigen y merecen tu respeto.

Me atrevo a recomendarte esta lectura sobre la caridad de “Cinco horas con Mario” de 1966, de Miguel Delibes: “… que te metías conmigo cada vez que iba a los suburbios a repartir naranjas y chocolate como si a los críos de los suburbios les sobrasen (…) “Aceptar eso es aceptar que la distribución de la riqueza es justa”, habráse visto, que cada vez me dabas un mitin, cariño, con que si la caridad solamente debe llenar las grietas de la justicia pero no los abismos de la injusticia (…) y sin caridad, ¡adiós el evangelio! (…) que yo recuerdo antaño, con mamá, deshechos, ¡Dios mío, qué espectáculos tan hermosos!, rezaban con toda devoción y besaban la mano que los socorría.” La protagonista, Menchu, pasa una noche velando el cadáver de su marido, Mario. Un hombre que ha cometido errores en su matrimonio pero nos deja en los censores labios de su mujer la imagen de un hombre justo, sensible y frágil. Que por cierto, padece un episodio depresivo -nervios de la época- y que Delibes retrata a la perfección el estigma y el rechazo en la pareja. Es otra historia.

A partir de aquí, sé capaz de viajar a ese tiempo, vuelve a tu presente y hazte una opinión propia. No es vital, es importante. No te estoy hablando de la muerte, ni de la incomprensión. Tú sabrás. No sé quién decía aquello de “Lee, que algo queda”.

Ya sé que tengo poco de tu tiempo, de tu atención. Te quería dar una pincelada precisamente sobre el tiempo. El que pone a todos en nuestro sitio. El que da y quita. El que nos proporciona perspectivas si le dejamos. Es tan valioso… que perder demasiado pensando en él es estúpido. O tal vez no, tú dirás. Pensar en las musarañas puede estar muy bien; ser capaz de dejar la mente en blanco puede ser una bendición -para mí inalcanzable-; tirarse todo el día con el come come, trajinando, centrifugando… es lo que más conozco. Ojalá hayas aprendido a detener ese maldito centrifugado para poder dedicar tu tiempo en lo que te apetezca. Lo anterior, muchas veces, parece más un sometimiento a la propia mente que otra cosa. O falta de habilidades, qué sé yo.

Esta noche, hecho sobresaliente, te has dormido en mi regazo. Me siento tierno y orgulloso. Dentro de unos años a lo mejor te avergüenzas de estas mingadas. Yo no creo que lo haga. Ya queremos ver rasgos de tu carácter. Nos pareces cariñoso, sentido. Bruto, también. Supongo que con muy poco nos conformaremos, me conformaré. Si eres un tío que respetas a los demás. Si eres capaz de encontrar un momento de quietud para pensar sobre un determinado tema y llegar a tus propias conclusiones. Si no eres un esclavo de tu mente ni de tus pensamientos.

¡Eh! Que esto se empezaba a parecer al poema de Kipling… ¡Plagio! Ah, que todavía no te has leído El Libro de la Selva

—-

Ahora mismo se va a terminar el Día de la Salud Mental. Las redes sociales han echado humo, sobre todo a la mañana. Lo siento, sólo he podido colaborar respondiendo a este tuit de Teresa Viejo, presentadora, escritora. “Hoy piensa en quienes no piensan ni sienten como tú. #DiaMundialSaludMental”

Yo le he contestado que: “@TeresaViejo Mañana, en todos los que viven de la falta de salud mental. Como parte de una sociedad enferma, profesionales, industria…”

No consigo encontrarme el espíritu de celebración ni de homenaje en los días de. En este caso, me ha pillado en un momento en el que le veo grandísimas posibilidades de negocio a esto de la falta de salud mental. Ya en su día, hace unos meses, a través de un comentario, hubo quien malinterpretó mis irónicas palabras. Así que no argumento, sólo recuerdo que una cuarta parte de la población mundial va a padecer falta de salud mental. Los que sepan, que hagan números sabiendo que otros ya se les adelantaron.

 

EXIGENCIAS, ASERTIVIDAD Y OTROS CONCEPTOS MODERNOS

4 Oct

Estoy teniendo unas conversaciones de lo más cachondas últimamente. También tengo la sensación de que me falta rematarlas, acabarlas y llegar a conclusiones que me permitan avanzar en otros aspectos relacionados.

Total, que en las últimas semanas se me ha acusado muy modernamente de ser poco asertivo. Asertividad, quieto parao, que no me sale en el diccionario Sopena del 65 y tengo que poner el enlace de la wikipedia. ¿Poco asertivo yo? Pero ¡¿de qué carajo estás hablando?! La verdad es que lo más seguro es que tengas razón, ahora que lo pienso. Total, si tú lo dices…

Vamos, que leyendo algún enlace más me doy cuenta de que ser asertivo es básicamente la polla. De modo que como estoy muy cerca de los 40 y parece que me he enterado más bien tarde, haré todo lo posible porque mi hijo lo sea. Mío, no. Sí, quiero decir. Vamos, que mi hijo sea asertivo.

¡No! Estaré proyectando el origen de mi frustración en él, que no tiene culpa de nada. Otra exigencia más. Porque “Cuando la exigencia nos exige demasiado” a lo mejor este artículo no nos sirve demasiado, pero nos hace llegar a dos conclusiones:

-ser exigente es básicamente malo de cojones

-a no ser que queramos conseguir retos y alcanzar metas, a quién se le ocurre.

Asertivo, bueno. Exigente, malo. Sigamos.

Igual es el momento de aclarar que no he estado muy activo en blog por razones que aquí no vienen a cuento y porque me he estado dedicando a releer. Sí. Releer. Nada moderno, por cierto, no creo que sea tendencia ni nada.

Empatía. Empático. Delicioso. Esto también es bueno, así, con todas las letras. Por no liarla más y si lo entiendo correctamente, viene a ser que uno es capaz de ponerse en el pellejo del otro. He leído hace poco un texto sobre la falsa empatía, la hipocresía que puede/suele conllevar que era muy divertido. O no, depende del momento en que te pille y si estás asertivo y demás. Una pena no recordar ni el autor ni la fuente. Mira que uno de mis -por lo visto- defectos es ser exigente. Ahora me tengo que frustrar un rato. Otro día vuelvo.

Otoño. Billie Holiday.

Billie Holiday

Enlace

COMENTA. OPINA. DEBATE. Tratamiento Ambulatorio Obligatorio

16 Sep

https://vimeo.com/39569938

 

 

CUMPLE MIS EXPECTATIVAS

23 Ago

Martini 1Martini 2

Qué tiempos de este anuncio, ¿eh? Año 1993. Me ha venido a la cabeza porque esta chica,

HOLLYWOOD, CA - FEBRUARY 24: Actress Charlize Theron arrives at the Oscars at Hollywood & Highland Center on February 24, 2013 in Hollywood, California. (Photo by Jason Merritt/Getty Images)

Charlize Theron, acaba de cumplir 40 años y, en el vigoe.es, I.G.P. le dedica este artículo.

Tirando del hilo, no con el mundano gesto de la joven Charlize en el anuncio (y es que me faltan gracia y caderas para hacerlo) me doy cuenta de que no son sólo mis expectativas las que no cumplo. También decepciono a los demás ¿A quienes en mí han puesto alguna de sus esperanzas? A ésos, también.

A pesar de que sigo con la creencia de que no voy a ser una embarazada ejemplar y con el convencimiento de que no me voy a casar, reconozco que Joseph L. Mankiewicz me suena a defensa central de la selección polaca de los años setenta. Lo siento, los reyes católicos me suenan también a conquistadores. En Navarra, tras Fernando conquistarla, hace 503 años, sólo dejaron un par de castillos en pie. Sí, un mero juego de tronos.

Me enredo. Las expectativas que los demás depositan en uno son eso, de los demás. Tendrán sus razones y su capacidad de frustración. Como ya hemos quedado, eso de la capacidad de frustración es personal, intransferible y digna de aplauso si se quiere, pero sobre todo personal.

¿Me tengo que sentir responsable, incluso culpable, por decepcionar a los demás? Mmm….

Mmm…

No debiera, qué narices.

Mi capacidad de frustración es muy limitada, bastante tengo con decepcionarme a mí mismo -duro trabajo- y cada vez me falta menos para cumplir los 40. Es decir, me acerco a esa edad en la que escuchar en labios ajenos lo que tengo que hacer con mi vida me revienta los… me revienta.

Lo mismo es un síntoma -vaya, un síntoma- de madurez y resulta que voy avanzando. Que asumo mis… que asumo las… Bueno, que asumo lo que sea. Y eso es positivo ¿no?

A la memoria de Daniel Rabinovich, de Les Luthiers. Por favor, una carcajada a su Daniel Rabinovichsalud. En este vídeo. Qué genial gamberro…

LA SOLEDAD DEL LOCO

15 Ago

Vuelta la la burra al trigo

¡Vuelta la burra al trigo!

Quiero remarcar la idea de que hay otras sensaciones, dejando el diagnóstico de lado, que provocan malestar y dolor y angustia y miedo y sufrimiento. Suelo hablar del estigma asociado a la enfermedad mental. También del autoestigma. Podría hacerlo de la manifestación de los efectos secundarios de la medicación.

Hoy hablo de nuevo de la soledad. Hace poco escribía “estar solo rodeado de gente”. (Creo que viene de una canción pero no consigo recordar de cuál. Fijo que la sociedad general de autores me perdona. Y si no, pues nada, que se jodan.) Es una imagen tremenda por repetida.

Lo terrible de la soledad y del sufrimiento que provoca puede ser, posiblemente, la ausencia de voluntad al sentirla. Una cosa es meterse ermitaño o anacoreta o encargado de un albergue de montaña. Otra muy distinta que te metan.

Me fascina la buena voluntad de la gente que te dice: “Sal, muévete, llama a un amigo…” Si primero me sorprendía aquella energía imperiosa, más tarde me incomodaba y luego me sacaba de quicio, ahora me fascina. Tengo ya unas cuantas conchas y cuando no me apetece ni salir, ni moverme ni llamar a ningún amigo me quedo flipado ante la vana insistencia de alguien que me conoce (se supone) y me respeta (a lo mejor el exceso de buena voluntad minimiza el concepto…).

La soledad, cuando no es una elección, duele. Ahonda una cicatriz que deja la huella dolorosa del escepticismo.

No tengo ni repajolera idea de cómo salir con bien de esa acequia, si me he metido sin desearlo. Sé que el acompañamiento respetuoso ayuda. Poco más. Bueno, también que ayuda mucho para luego valorar la buena compañía, el amor, la amistad. Ese abrazo.

Ese “Te quiero, tío”.

Para Pablo Saldaña López. Ojalá no sepas de qué hablo.

EL HEDONISTA.

5 Jul

Los Reyes del Napar Mex

“Y un malperro es lo que eres”. EL HEDONISTA. En la canción del enlace, Kojón Prieto y los Huajolotes nos explicaban su visión del hedonismo. La suelo escuchar de vez en cuando, claro que sí, para reafirmarme en lo que me gustaría ser y no me arrimo siquiera.

Hala la hostia ahí

Mi simplista definición podría ser: un hedonista no es un ansias, un angustias, sino todo lo contrario. Como ya he escrito sobre la proximidad de los Sanfermines, creo que el tema viene bastante bien traído: todo el que los haya vivido lo comprenderá. El que no, ya está tardando en venirse a la Vieja Iruña.

La escuela más purista del hedonismo, la epicúrea, nos hablaba también  de que existen otras formas de placer que se refieren la ausencia de dolor.

Y es aquí donde voy a arrancarme con algún argumento más peregrino y con menos fundamento.

¿Una de las claves para ser y vivir como un hedonista está en evitar el dolor y el sufrimiento? A nada que indaguéis en esta doctrina filosófica tan interesante, comprobaréis que también el asunto cataloga entre placeres inmediatos -y por tanto sufrimientos- a los que hay que darles cara, otros que duran más en el tiempo… en fin, que da que pensar.

Otra de las preguntas que me planteo, y puede ser tomada como muy personal, tiene que ver con la capacidad de sufrimiento. Esto es ¿cómo de intenso puedo soportar un dolor? O bien ¿durante cuánto tiempo? Según el hedonismo, las respuestas son claras: casi nada de intensidad y el mínimo posible de tiempo.

Recuerdo que la definición que yo mismo he dado del hedonismo es un quiero y no puedo. De modo que me acerco más a ser un angustias, lo asumo… Pero si quiero dejarme llevar por el placer inmediato, ergo -toma ya- por la ausencia de dolor…

Creo que me voy acercando a alguna respuesta. Aunque no me van a solucionar mis preguntas de hace dos párrafos, me temo.

Considero, como casi todos, que tengo una notable capacidad de soportar el dolor, tanto físico como emocional.

-El emocional, en cuanto a su duración en el tiempo, es la hostia. Un mismo motivo me puede pulverizar con mucho cariño durante meses, colonizándome como una termita las entrañas. Esto tiene consecuencias en otros aspectos de mi vida desde el momento de que se suma y hay quien lo tomaría -puede que hasta yo mismo- como un desencadenante más de una virtual crisis o brote o desequilibrio de mi salud. Mental.

-El dolor físico es otro cantar. Todos sabemos… Puede que todos sepamos lo que es un dolor crónico, que también es como esa termita voraz. Te mina, te enerva, te revienta los cojones. Nota. Si el dolor crónico es testicular, esta frase es literal, que no figurada. Dicen que uno de los dolores más cañeros es el de muelas. Generalmente, en nuestra civilización, cuando estás llorando de dolor por la muela de los cojones -y dale, no conozco a nadie que tenga muelas en sus gónadas- sabes que te van a poner solución en, como máximo, unos pocos días.

Esto no es cuestión de elegir entre un dolor físico y uno mental, entre uno que va para largo y otro que sabes que te van a arreglar más bien pronto. Se supone, si quiero ser un hedonista como el de la canción, que no tiene que haber sufrimiento alguno, y si lo hay, ha de ser lo más breve posible. Esto significa asumir que una buena parte de los sufrimientos son voluntarios y conscientes. A lo mejor sería más preciso decir que… paso, que me estoy alargando mucho.

No puedo dejar el rock. No puedo dejar de sufrir si lo estoy haciendo por algo en lo que creo mientras me esfuerzo en obtener un beneficio. Soy un ansias, sí. En la vida conseguiré ser un hedonista epicúreo de manual. Reconoceré mi debilidad mientras intento no tomarme tan a pecho, tan en serio a mí mismo. Buscaré esos equilibrios quiméricos en los que quiero moverme para obtener bienestares.

Sí. Ya era hora de meter una entrada larga dominical. Como comprenderéis, no me voy a poner el 6 de julio, que empiezan los Sanfermines, al punto de la mañana y antes de juntarme con los amigos para almorzar, a llamar a mis musas, a ver si están de buen café y se arriman. El color blanco teñirá las calles desde las ocho y media de la mañana. Y yo quiero ser un punto más, hedonista unas pocas horas, de cachondeo y homenaje a aquel mariachi navarro que, estoy seguro, sonará varias veces y cantaré y bailaré con alegría.

Encierro de la Villavesa

 

PS Supongo que todo dolor y que todo sufrimiento deben tener un límite en el tiempo. No parece inteligente soportar indefinidamente, por muy justa que sea la causa y por muy grande que sea el beneficio que se obtenga. Llega un momento en el que hay que ser más racional y cortar con la causa antes de que se convierta en detonante, mal de males o como se quiera ver. La paciencia, el sentido común y una justa valoración de la minimización de los daños debieran ser buenos consejeros para mandar a paseo a esa razón causante de tales pareceres.

Llegados a este punto, reconozco de nuevo que ni paciencia, ni sentido común ni atinadas valoraciones de daños son mi fuerte. Vamos, que en estas historias me va… de cojones.

DAÑOS COLATERALES. Depresión y trombosis

26 Jun

 

Qué trío pa jugar al mus ¿eh?

Qué trío pa jugar al mus ¿eh?

El otro día me estuve acordando de estos tres. Creo que Blair ha escrito una autobiografía, no me hagáis mucho caso. Lo cierto es que no, no me apuntaba con ellos a jugar al mus. Supongo que iría al infierno con ellos, si es que existe. No se me ocurre otro lugar al que ir con esta gente.

Ansar es al que menos recuerdo con lo de los daños colaterales en la boca. Los otros dos, en cambio, utilizaron el eufemismo con alegría y gesto adusto.

He pasado una crisis mixta, según mi psiquiatra. Subidón, bajonazo inmediato, inestabilidad, muchas pastillas, una espera infructuosa a una depresión que no comparecía y cuando estaba como para coger el alta, zas, a comer mierda. Me dejé llevar, convencido de que no podía pelear contra esta enemiga inerme y de frente. Me tocaba, como otras veces, esperar a que la resaca perdiera fuerza para empezar a nadar de vuelta a la orilla, hacia la ausencia de malestar, hacia el alta.

Como decía, me dejé llevar. Demasiada postración. De la cama al sofá, ordenador, tele, libro, vuelta al sofá, más cama… Demasiado tiempo porque no me encontré la fuerza que me ayudara a imitar a mi hijo, que siempre que se da un guarrazo se levanta.

Se me hinchó la pierna, cosquilleos, luego ya amoratamiento al hacer ejercicio y al médico, que me manda a urgencias. Dos trombos -trombosis de vena profunda- en la pierna izquierda. Jeringas, sintrom, control del sintrom, hasta la cadera de medio panty de compresión y a no poder hacer ciertas actividades por el riesgo de una hemorragia interna que puede conllevar un mal golpe.

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¿Qué tiene que ver el concepto bélico de daño colateral con que una depresión provoque unos trombos?

En realidad, lo primero es una forma insultantemente eufemística de hablar de muerte de civiles, por ejemplo.

Lo segundo es un aviso: yo no tenía ni repajolera idea de que dejarme llevar cuando me toca comer mierda, estático como una seta, como he hecho tantísimas veces, pudiera invadir ese espacio tan finamente limitado -si es que lo está- de la salud física.

Algo deberé aprender de todo esto. Vale. Que si me sumerjo en una depresión tengo que dar algún paseo cada día. Que suele ser lo que más me apetece hacer, dónde va a parar.

Del resto de los aprendizajes os escribiré otro rato. Dadme tiempo. A lo mejor tengo que consultarles a los de la foto. Uno de ellos hace ejercicio como si le fuera la vida en ello, de modo que algo me podrá contar.

PS A todo esto, 59 días sin fumar. No seré yo el que le recomiende a nadie que lo deje…

 

LA REVOLUCIÓN DELIRANTE Y UNA NOTA DE HUMOR repetida

7 Feb

Hace ya muchos meses que me hice eco en este blog de la labor que desempeña La Revolución Delirante en Valladolid. La presentación del libro de la mano de la Asociación El Puente en tierras pucelanas consistió en una ponencia de Laura Martín y lo que luego hice yo, que se hubiera podido calificar de show.

Logo Asoc..

Esta misma Laura Martín lanza, en este vídeo de menos de nueve minutos, unas cuantas pinceladas de lo que conforma su ideario. No tiene desperdicio.

 

Por otro lado, no me puedo resistir a volver a poner el vídeo de Martes y 13 sobre “Se hundía se hundía” y la locura, que no sé si tiene cura pero mientras nos riamos de ella alguna vez, algo habremos avanzado.

MARTES Y TRECE

 

Por último, ayer estuve haciendo un ejercicio de autocrítica basado en los comentarios críticos que he venido recibiendo en estos casi dos años que tiene de vida este blog. Me apena que muchos hayan sido anónimos y que otros no hayan tenido continuidad en una conversación. Pues eso, que animo a las voces críticas a no cortarse y darme su opinión para ver, tanto el libro como el resto de modos de ver mi vida, de otra manera. Con mayor amplitud de miras, sí, por ahí pueden ir los tiros.

UN CLAVO ARDIENDO

4 Ene

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Cuando las cosas no vienen bien dadas para uno que tiene trastorno bipolar -los balances anuales, la navidad- suele ser una medida práctica agarrarse a un clavo ardiendo. No importa a qué clavo.

Internet, con sus blogs, sus redes sociales y las estadísticas que todo esto aporta me puede resultar válido. Sube el ego aunque no sé bien la razón. Quizá sea porque tampoco entiendo la razón de que el personal que lea esto.

En agosto de 2013 abrí una página en Facebook. Ya son más de doscientas personas las que le han dado al “Me gusta”. Este blog, que funciona desde que salió el libro, hace veinte meses, roza las cuarenta y siete mil visitas que alcanzará el marte. O así. En este último dato tiene mucho que ver que mi madre se haya puesto Internet en casa. Estoy seguro.

Si todo es gris, si no le veo mucho sentido a todo esto, no me sirve para nada. Es, sencillamente, sorprendente.

Pero si me quiero poner positivo, como ahora al escribir esta entrada, me siento como el guiñapo de la imagen: sube, súbeme la moral, levántame el ánimo.

Otro día disertaré sobre la estadística como instrumento matemático multiusos.

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En la próxima entrada, lanzaré una pregunta que tiene mucho más que ver con el libro y con su difusión más allá del Atlántico.

Otro día. Me voy a jugar a pala. A sudar miedos.

“Relacionan inteligencia con trastorno bipolar”

28 Nov

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Este artículo de BBC Mundo se basa en los estudios de investigadores del Instituto de Psiquiatría del King´s College de Londres, en el Reino Unido, y del Instituto Karolinska de Estocolmo, en Suecia.

La investigación está publicada en la British Journal of Psychiatry.

Destacaría que el estudió “incluyó a cerca de 714.000” y que la metodología es, cuando menos, curiosa.

Procurando no ponerme demasiado cínico, y reconociendo mi falta de conocimiento, no puedo evitar que me salga una sonrisa al leer éste y otros estudios. Supongo que mi escepticismo parte del diagnóstico en sí mismo de las personas estudiadas. De cómo se ha venido diagnosticando y… no voy a entrar en cómo se está haciendo. Del futuro, mejor no hablamos.

En el artículo también hacen referencia a la relación entre el trastorno bipolar y la creatividad, aludiendo a la concentración en fases hipomaníacas.

Me parece a mí que el inteligente y/o creativo lo será antes de que lo diagnostiquen de depresión o de sufrir episodios de ansiedad o psicóticos. O de todos ellos a la vez. Vamos, que es algo intrínseco, propio de cada uno. Parece claro que lo seguirá siendo tras el mágico momento de la asignación de la etiqueta.

En lo que a mí respecta, mis niveles de concentración durante una crisis hipomaníaca o maníaca eran tan altos que no sabía si me estaba concentrando en un asunto o saltando de uno a otro como si estuviera manejando un ratón de ordenador con Parkinson. Eso si no sufría alguna alucinación, que entonces ya… para ganar un Pulitzer o un Nobel.

En fin. Que fijo que hay personas con este diagnóstico que son muy inteligentes y muy creativas. Es una mera cuestión de estadística.

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