Impermeable

13 Oct

Patxi Irurzun, que viene a ser el duende que periódicamente aparece en este blog, se iba a ir de viaje. De hecho, ya ha vuelto de Costa de Marfil. Bajó a buscar su impermeable y, si buscáis en su blog -no es por joderle el escrito, quiero decir- se encontró con, dos puntos, abro comillas, la fe inquebrantable en la imaginación, el anhelo de libertad, la lucha empecinada por cumplir los sueños. Cierro comillas.

Tirando de sinceridad, esto lo leí hace ya días y me dije, jodé Patxi, ya me has vuelto a dejar fuera de sitio. Fue en el bar que abre los domingos a las ocho de la mañana y sirve café a los optimistas que vamos a jugar un rato en los frontones municipales de la Rotxapea. Total, que me había quedado más con los guiños a aquellas canciones que con el mensaje que ahora rescato: fe, anhelo y lucha.

No. No sólo eso. Fe inquebrantable en la imaginación. Anhelo de libertad. Lucha empecinada por cumplir los sueños. Uf.

¿Esto es un impermeable? Si peinas tantas canas como Patxi, o eres un artista, o eres un iluso, o eres un romántico, o todo a la vez, o te dejan escribir en el centro de día un ratico (Saludos, Gure ahotsa!).

Quiero pensar que también puede ser el tipo que entra a comprarme pilas a la tienda, o el camarero que pone cafés un domingo a las ocho de la mañana. O tal vez aquella profesora que tuve en el instituto y a la que ahora veo por el barrio. Lo mismo puede ser aquel que sacó la ingeniería y ahora está de celador en el hospital cubriendo bajas.

Ay, Patxi. Cuántos cuentos por contar. Cuántas conciencias por remover. Cuántas patadas en el culo por dar, de las tuyas, de las de negro sobre LCD… Con lo que yo sé que te gusta el mundo de los locos, que tantas veces nos has sacado en tus novelas y cuentos. Lo siento. Esta vez me has lobotomizado de tal manera con la fe, el anhelo y la lucha que seguimos sin negociar el más negro cuento de la unidad de agudos del Hospital de Navarra.

Patxi intenta un chelfi en Costa de Marfil

Tanta coña, tanta coña y al final lo que se me olvida contar son las reflexiones que este escrito tuyo -Patxi es el de la foto de aquí arriba- me han provocado.

Que son viejas de lustros, en realidad, y que se refieren a que una atroz forma de discriminación que, a temporadas, padecemos quienes tenemos un diagnóstico y, a temporadas también, claudicamos y tomamos más medicamentos (¿has visto, ama, que no he puesto drogas?)… me alargo, me alargo. Vamos, que nos hacen la puñeta cuando admitimos tal droga “para un par de semanas”, y nos tiramos una llegando a la dosis, cuatro tomándola y tragando efectos secundarios, y luego dos semanas más quitándola, porque si no, monazo digo síndrome de abstinencia que te crío…

¿Esa droga protege cual impermeable? Me estoy refiriendo a ésa que te tomas en amago de crisis o llámalo como quieras, pero que todavía no te has subido por las paredes ni estás hundido en el fango, y para firmar un informe que diga que hay patología aguda hay que tener más conchas que una tortuga. De esa medicación hablo. Antiepilépticos. Antisicóticos. Antidisturbios. No, esta última no. Pero casi.

Ya. Si la teoría me la sé. Y la práctica también, coño, si he empezado escribiendo que son reflexiones viejas de lustros. Un ejemplo, que a veces viene bien. Me duele la cabeza, bastante. Tengo la oportunidad de acostarme y creo que me dormiré ¿Me tomo una aspirina o espero a la mañana siguiente, a ver si me sigue doliendo?

No sé si el ejemplo vale porque aquí la decisión es personal, no hay ingresos, ni órdenes judiciales, ni conceptos como adherencia al tratamiento que… en fin. Pienso que sirve para hacernos una idea.

Porque a veces el cuerpo es sabio. Reconoce síntomas y recuerda experiencias. Me gustaría que el sujeto, ése que es capaz de reconocer sus síntomas ya vividos y recordar experiencias pasadas, fuera escuchado y que su voluntad, en la medida de lo posible y sin demasiadas condiciones, fuera lo más respetada posible.

El argumento del gasto social ante un posible y futuro ingreso no me lo saquéis, por favor, que estoy cansado de recordar que tuve un médico que se murió de neumonía sin haber cumplido los cincuenta…

Ya. Que ahora, si queréis, hablamos de la fe inquebrantable en la imaginación, del anhelo de libertad y de la lucha empecinada por cumplir los sueños. Y a ver quién aguanta más la risa.

 

Me gustaría que recibiera un impermeable de los buenos todo aquel hospitalizado por orden judicial y todo aquel que esté llevando un tratamiento ambulatorio obligatorio.

Gracias a Patxi Irurzun por dejarme… por no… Gracias, Patxi.

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2 comentarios to “Impermeable”

  1. Manu LF 13/10/2015 a 11:03 #

    Te han dado cuerda o qué?? Joder, me ha gustado mucho tu reflexión. Un abrazo Sergio.

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    • Sergio Saldaña Soto 13/10/2015 a 12:59 #

      Buenos días, Manu.

      Pues sí, me he arrancado y… la verdad es que me he tenido que cortar. La intención es que esa idea vaya quedando clara. Que la vayamos asumiendo.

      Si uno, por tener cáncer, no está necesariamente desahuciado y sigue teniendo voluntad y pudiendo opinar y decidir sobre su tratamiento…

      Te devuelvo el abrazo y un saludo, Mick Ohlogo.

      Me gusta

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