UNA PETICIÓN SUGERENTE: “¿Qué se siente cuando un bajón empieza a remitir?”

26 Ago

“Muy buenas, caballero. ¿Puedo hacer una petición? Siempre me he preguntado cómo es el momento o la experiencia de cuando sientes que un periodo de bajón empieza a remitir. ¿Podrías explicar cómo lo vives tú? Si te apetece. ¿Es de repente, poco a poco? ¿Tienes que “hacer fuerza”? Muchísimas gracias, te invito a una Pepsi.”

 

Estas palabras son de un mensaje recibido en la página facebook del libro, Tengo trastorno bipolar. Conozco personalmente a la persona que las firma. No, tampoco tomo Pepsi ni ningún otro refresco de cola.

Voy por partes. Por preguntas. A la primera, la respuesta es sí. De hecho, te voy a intentar responder temiendo decepcionarte.

La segunda es indirecta: “…cuando sientes que un momento de bajón empieza a remitir.” Luego me pides que lo explique. Esto me es está suponiendo un ejercicio más doloroso de lo que pensaba. No consigo recordar como una meta el final de una melancolía de las jodidas, con diagnóstico o sin él. La vida, el día siguiente, sigue retándome, poniéndome trabas, sugiriéndome. Tengo una clara excepción, y quizás por eso la cuento en el libro, tras decidir que ya estaba bien de estudiar oposiciones y me tocaba currar, ser productivo y hacer vida laboral y social. Ahí sí recuerdo una fecha, un domingo de primavera, un paseo con mi madre, un rato sentados viendo mecerse al cereal… Siento fastidiarte el espíritu de la pregunta porque sólo me ha pasado una vez y no es significativo para nada.

Supongo que te estoy contando que el puto cliché de esta enfermedad es más falso que un duro de hojalata. Es como si yo te preguntara ¿qué sientes cuando sales de un catarro? o bien ¿te dejas de enamorar poco a poco? Vamos, que cada bajón, cada comer mierda no se suele parecer mucho a los anteriores. Ni por el momento en que te pilla, ni por el tipo de causa, ni… En mi caso, como en el de todo el mundo, creo, si fuera siempre igual lo vería como un chollo. Pongo el ejemplo del golpe en la cabeza. Llevamos dándonos golpes en la cabeza desde que tenemos uso de razón. Las variantes, en golpes moderados, no son grandes: vemos las estrellas, un chichón, a lo mejor una brecha y un poco de sangre… Vuelvo al momento del impacto, a cuando vemos las estrellas, a cuando nos llevamos las manos a la cabeza o lo que que cada uno de nosotros hagamos. Siendo el golpe moderado, sabemos que de ese golpe también salimos con vida, por más dramáticos que seamos.

La conclusión del argumento es que sería un chollo que una depresión clínica fuera como un golpe moderado en la cabeza desde el punto de vista de que el origen, la evolución, el posible duelo y la recuperación fueran bastante parecidos. Oh. Qué pena. En fin, no creo haber decepcionado a nadie.

Por otro lado, sí hay grandes rasgos en los que a mí me resulta muy útil encontrar analogías, asumiendo que cada depre es de un padre y de una madre. Veamos. En mi caso, no me pienso suicidar. Luego una depresión, si no me pongo radical en cuanto a la -ausencia de- alimentación, no va a ser mortal. Aunque bueno, esto admite otra excepción que la pienso seguir repitiendo. El exceso de inactividad, el estar totalmente tirado, postrado, en modo seta, puede provocar trombosis. Igual que cuando te operan de lo que sea y vas a estar en cama.

...te mueves menos que los ojos de Espinete

…te mueves menos que los ojos de Espinete.

En mi caso, esta primavera se me formaron dos TVP, trombos de vena profunda en la pierna izquierda. Si alguno de ellos se hubiera desplazado, unido a mi sobrepeso y a que fumaba, me hubiera podido provocar una embolia pulmonar y los que leéis este blog os hubierais quedado sin autor.

Cierro paréntesis. Vamos, que de una depresión, salvo excepciones, se sale siempre. Más gordo, más flaco, con peor color, con más canas, con peor olor corporal, pero se sale a pesar de lo que se ha venido creyendo en las semanas precedentes. Esto es muy importante y a mí me resulta muy útil durante la fase de bajón. “Saldré de ésta como salí de las demás…”. ¿Mantra, se llama, eso de repetirlo muchas veces?

Cómo lo vivo yo. Salvo excepciones, mis tristezas tienen un punto masoquista de placidez. Si alguien no lo entiende, que yo me he explicado como un libro abierto, faltaría más, por favor que me lo haga saber en un comentario. Gracias.

Otro apunte y me remito de nuevo al libro en cuanto a plazos y nivel de bajonazo. Sigo creyendo que me tengo que dar un cierto tiempo (“dejar que pase la marea y me arrastre”). Me parece que es el momento de buscar, casi intuir, las causas, a santo de qué viene esto ahora, qué tengo por delante… para, en un momento dado y apoyado en las circunstancias, intentar bracear hacia la orilla, con la esperanza de que la resaca haya pasado y de que mis fuerzas sean suficientes. ¿Tiene esto algo de científico? No. El tratamiento de mis trombos tampoco mucho, la verdad. De modo que si soy capaz de verme capaz (¿has visto?) de darme la vuelta, evaluando mis capacidades desde un prisma bastante negativo, para qué engañarme, y a pesar de eso tengo la energía para intentar volver a la playa… Tío, ejercicio superado. Así que muchas veces la salida del agujero quiero que sea algo activo, dinámico, que requiera un esfuerzo donde yo sea capaz de encontrar el premio.

En caso de alcanzar la orilla no hay fuegos artificiales. Como ya he reivindicado aquí, la victoria es propia, íntima, sólo de uno mismo y de nadie más. Del mismo modo que el que ha estado comiendo mierda a paladas ha sido uno mismo y nadie ha pedido una ración para paladear, no vaya a estar buena.

Mi sensación es que vuelvo a darme cuenta de que estoy en pelotas, de que por nada del mundo me apetece otro baño, así que habrá que agarrarse a esas circunstancias que hace poco vimos como propicias y echarle todas las agallas que quedan. Porque tienen que quedar. Porque sé que quedan. Porque sólo tengo que buscarlas.

Las anteriores veces fui capaz ¿Por qué ésta no?

 

Notas. Una vez más, desde las tripas, con un episodio reciente y con las vivencias muy próximas en el tiempo y en las cicatrices de mi piel.

No he sido capaz de meter en el texto la idea de la gran ventaja que tenemos los que, como yo, tenemos esta tendencia a la melancolía, a la tristeza. Pobres asintomáticos, pobres de los que no habéis pasado unas cuantas veces por estos páramos: tenéis muchos menos recursos que nosotros para salir de ahí y llegar al vergel donde todo tiene color y el sabor de la boca de uno mismo no intoxica.

Ricardo: gracias y vete a la mierda.

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: