EL HEDONISTA.

5 Jul

Los Reyes del Napar Mex

“Y un malperro es lo que eres”. EL HEDONISTA. En la canción del enlace, Kojón Prieto y los Huajolotes nos explicaban su visión del hedonismo. La suelo escuchar de vez en cuando, claro que sí, para reafirmarme en lo que me gustaría ser y no me arrimo siquiera.

Hala la hostia ahí

Mi simplista definición podría ser: un hedonista no es un ansias, un angustias, sino todo lo contrario. Como ya he escrito sobre la proximidad de los Sanfermines, creo que el tema viene bastante bien traído: todo el que los haya vivido lo comprenderá. El que no, ya está tardando en venirse a la Vieja Iruña.

La escuela más purista del hedonismo, la epicúrea, nos hablaba también  de que existen otras formas de placer que se refieren la ausencia de dolor.

Y es aquí donde voy a arrancarme con algún argumento más peregrino y con menos fundamento.

¿Una de las claves para ser y vivir como un hedonista está en evitar el dolor y el sufrimiento? A nada que indaguéis en esta doctrina filosófica tan interesante, comprobaréis que también el asunto cataloga entre placeres inmediatos -y por tanto sufrimientos- a los que hay que darles cara, otros que duran más en el tiempo… en fin, que da que pensar.

Otra de las preguntas que me planteo, y puede ser tomada como muy personal, tiene que ver con la capacidad de sufrimiento. Esto es ¿cómo de intenso puedo soportar un dolor? O bien ¿durante cuánto tiempo? Según el hedonismo, las respuestas son claras: casi nada de intensidad y el mínimo posible de tiempo.

Recuerdo que la definición que yo mismo he dado del hedonismo es un quiero y no puedo. De modo que me acerco más a ser un angustias, lo asumo… Pero si quiero dejarme llevar por el placer inmediato, ergo -toma ya- por la ausencia de dolor…

Creo que me voy acercando a alguna respuesta. Aunque no me van a solucionar mis preguntas de hace dos párrafos, me temo.

Considero, como casi todos, que tengo una notable capacidad de soportar el dolor, tanto físico como emocional.

-El emocional, en cuanto a su duración en el tiempo, es la hostia. Un mismo motivo me puede pulverizar con mucho cariño durante meses, colonizándome como una termita las entrañas. Esto tiene consecuencias en otros aspectos de mi vida desde el momento de que se suma y hay quien lo tomaría -puede que hasta yo mismo- como un desencadenante más de una virtual crisis o brote o desequilibrio de mi salud. Mental.

-El dolor físico es otro cantar. Todos sabemos… Puede que todos sepamos lo que es un dolor crónico, que también es como esa termita voraz. Te mina, te enerva, te revienta los cojones. Nota. Si el dolor crónico es testicular, esta frase es literal, que no figurada. Dicen que uno de los dolores más cañeros es el de muelas. Generalmente, en nuestra civilización, cuando estás llorando de dolor por la muela de los cojones -y dale, no conozco a nadie que tenga muelas en sus gónadas- sabes que te van a poner solución en, como máximo, unos pocos días.

Esto no es cuestión de elegir entre un dolor físico y uno mental, entre uno que va para largo y otro que sabes que te van a arreglar más bien pronto. Se supone, si quiero ser un hedonista como el de la canción, que no tiene que haber sufrimiento alguno, y si lo hay, ha de ser lo más breve posible. Esto significa asumir que una buena parte de los sufrimientos son voluntarios y conscientes. A lo mejor sería más preciso decir que… paso, que me estoy alargando mucho.

No puedo dejar el rock. No puedo dejar de sufrir si lo estoy haciendo por algo en lo que creo mientras me esfuerzo en obtener un beneficio. Soy un ansias, sí. En la vida conseguiré ser un hedonista epicúreo de manual. Reconoceré mi debilidad mientras intento no tomarme tan a pecho, tan en serio a mí mismo. Buscaré esos equilibrios quiméricos en los que quiero moverme para obtener bienestares.

Sí. Ya era hora de meter una entrada larga dominical. Como comprenderéis, no me voy a poner el 6 de julio, que empiezan los Sanfermines, al punto de la mañana y antes de juntarme con los amigos para almorzar, a llamar a mis musas, a ver si están de buen café y se arriman. El color blanco teñirá las calles desde las ocho y media de la mañana. Y yo quiero ser un punto más, hedonista unas pocas horas, de cachondeo y homenaje a aquel mariachi navarro que, estoy seguro, sonará varias veces y cantaré y bailaré con alegría.

Encierro de la Villavesa

 

PS Supongo que todo dolor y que todo sufrimiento deben tener un límite en el tiempo. No parece inteligente soportar indefinidamente, por muy justa que sea la causa y por muy grande que sea el beneficio que se obtenga. Llega un momento en el que hay que ser más racional y cortar con la causa antes de que se convierta en detonante, mal de males o como se quiera ver. La paciencia, el sentido común y una justa valoración de la minimización de los daños debieran ser buenos consejeros para mandar a paseo a esa razón causante de tales pareceres.

Llegados a este punto, reconozco de nuevo que ni paciencia, ni sentido común ni atinadas valoraciones de daños son mi fuerte. Vamos, que en estas historias me va… de cojones.

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