LA IMAGEN QUE ME IMPACTÓ

11 Jun
Foto: Carlos Tajuelo Sánchez

Foto: Carlos Tajuelo Sánchez

Hay imágenes que, a lo largo de nuestras vidas, se nos quedan grabadas a fuego. Puede haber muchas razones para que las retengamos: que seamos sensibles a determinado tema, que nos evoque situaciones pasadas, que nos estremezca su belleza -nada más subjetivo-, que ese día estemos de que sí…

Supongo que las creaciones artísticas están muchas veces pensadas para impactar. Para quedarse en una parte de nuestra memoria. Me refiero a ese anhelo premeditado y voluntario que tiene el artista.

En otras ocasiones, son las personas con sus actos quienes consiguen que ciertas actuaciones sorprendan y provoquen sensaciones de aceptación o de rechazo radicales, sin término medio. Con ciertas actos hay consenso entre los espectadores. En otras, menos mal, división de opiniones.

Una vez más, muestro mis dudas al intentar diferenciar entre síntomas de un diagnóstico y actos propios, característicos, de mi forma de ser. Si me pongo a gritar sin importarme quien lo oiga, por ejemplo, ¿es una expresión de mi carácter o es un síntoma de un detonante de…?

Dudo. Sigo dudando. Tengo la sensación de que nadie me va a responder a esta pregunta sobre acciones/reacciones pasadas. Tampoco en lo que me queda por vivir. Esta pregunta puede tener más importancia de lo que he venido creyendo a lo largo del tiempo.

Conozco a mucha gente que me reconoce y me asocia y me recuerda por uno de estos actos, demasiadas veces impulsivos. O por un argumento hecho en público, a veces también desde la pasión. Hubo épocas en mi vida en las que lamenté que este fenómeno se repitiera con tanta frecuencia. Estaba etiquetándome al fin y al cabo. Hoy creo que la gente responde a los estímulos que uno provoca, o provocó, sin que esto tenga nada que ver con la justicia o la falta de ella. También tengo claro que la memoria es caprichosa cuando queremos reconocer la forma de actuar, o la patología, de un persona por una forma de actuar de hace veinte años. Sin admitir que el sujeto activo haya evolucionado, incluso aprendido y por supuesto que haya vivido. Memoria caprichosa, juegas malas pasadas y no das al otro la oportunidad que sí te das en primera persona.

Tampoco lo tengo muy claro. Tendré que esperar más juicios de los demás para acercarme a su verdad. Para reafirmar mi verdad. No tengo prisa.

 

Nota. Parece que el libro se va moviendo en México. Ayer enviamos la segunda partida transatlántica. Ojalá el boca oreja siga funcionando. Dicen que es la mejor publicidad.

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Una respuesta to “LA IMAGEN QUE ME IMPACTÓ”

  1. Gorka 12/06/2015 a 20:26 #

    Efectivamente, como dice Elsa Punset, somos lo que hacemos sentir a los demás. Y desgraciadamente somos, en la mayoría de los casos, lo que hemos hecho sentir a los demás en el pasado o, peor aún, lo que nos han contado otras/os que les han hecho sentir a ellas/os. Personalmente conozco pocas personas capaces de descategorizar/no estigmatizar a la otra persona y valorar el amor, cariño o cuidado que recibe hoy.
    Te conozco hace más de 25 años y me han contado muchas cosas de ti y he visto otras. Yo quiero amigos como tú. (…)
    Por muy difícil o grave que sea tu pesar siempre habrá un horizonte nuevo por descubrir (se lo escuché a un gaélico, de una isla remota al suroeste de Eire).

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