DISCRIMINACIÓN POSITIVA Y SALUD MENTAL

9 Abr

Butch Cassidy and the Sundance Kid

—Al menos estaremos de acuerdo en que la discriminación relacionada con la salud mental es más sutil que hace veinte años…

—Sí, estoy de acuerdo. Pero eso no quita para que la discriminación positiva sea la panacea. Ni la solución a todos los problemas.

—Yo no digo eso. Lo que digo es que es legítimo que se proteja socialmente a quienes, históricamente, lo han tenido más difícil para acceder a un trabajo y mantenerlo. Por ejemplo. Bueno, y en consecuencia con el acceso a una vivienda. Y…

—Ya, ya. No todos los que acreditan una discapacidad tienen la misma capacidad para trabajar en determinados puestos. Te quiero decir que si tienes una minusvalía psíquica, puedes no estar preparado para llevar a cabo con eficiencia ciertas actividades durante un plazo de tiempo indefinido.

—Puede ser. Lo que me quieres decir es que por el mero hecho de pasar un tribunal y aprobar una oposición puedes no ser válido. No sé si sabes que luego, en la administración, se te hace una evaluación previa. Pero bueno. Admito lo que dices: está el tema de las bajas. A eso te refieres con lo de “un plazo de tiempo indefinido”, ¿verdad? Si te paras a pensar, la inserción laboral favorece el empoderamiento con mucha frecuencia. Una persona con un diagnóstico accede a unos horarios y a unas regularidades que le vienen de cine. Supón, además, que su vida laboral haya sido un peregrinaje de empresas en empresas, asumiendo despidos con la duda, o no, de que hayan sido debidos a su enfermedad. Si está trabajando para la administración, con una seguridad, su rendimiento puede ser tan alto como el de cualquiera.

—Coge aire y escucha un poco, anda. El otro día, al hilo de esto de la discriminación positiva, te contaba que los compañeros de trabajo pueden sentir cierto malestar ante esa persona que ha obtenido su plaza en condiciones ventajosas porque así lo dice la ley.

—Es posible. No todo el mundo tiene que conocer las circunstancias de las personas con una discapacidad de este tipo. No tiene siquiera que entender esa ley.  Si con el tiempo se demuestra que es buen trabajador y buen compañero, creo que esa segregación de la que me hablas se tiene que disolver como un azucarillo en el agua.

—Siempre has creído en la bondad de la naturaleza humana.

—Lo admito. Mira, tú no me tratas del mismo modo que a tu madre. Tu lenguaje es distinto, tus formas también. O con otro amigo, me da lo mismo. Conoces las circunstancias vitales de cada uno, puede que hasta sus más íntimas motivaciones. Actúas en consecuencia, de forma voluntaria o inconscientemente. Cambias tu lenguaje gestual. El trato es diferente. Discriminas todos los días en todo momento dependiendo de muchos factores. Tus intereses, tus apetencias, tus necesidades…

—Si tú lo dices…

—Piensa en ello. Yo también lo hago. No me parece algo negativo. Lo que hacemos es reconocer las peculiaridades de cada interlocutor. Todos somos diferentes. Eso está bien. Tratamos con tacto y cariño al colega al que le ha dejado la mujer. Lo hacemos un tiempo. Conocemos, o creemos conocer nuestro papel, somos sus colegas y de alguna manera queremos apoyarle en un tema personal. Ahora extrapola este argumento a discriminación positiva que la sociedad hace a quienes lo han tenido crudo. En lo laboral, en lo social, en el acceso a una vivienda.

—Mira que lo intento, pero sigo sin verlo claro. Sigue siendo una discriminación. Un trato de favor en ciertos procesos de selección o admisión o como quieras. Un trato diferenciado que perjudica al que no tiene esa condición y que, por tanto, se queda fuera de la lista sin tener culpa de nada.

—…

—Por otro lado, ¿quién me dice a mí que los tribunales que han evaluado al tipo en cuestión han sido justos y equitativos? No dejan de ser personas que hurgan en la cabeza para ver si está lo suficientemente loco como para darle esa condición. Como tales, se equivocan. Se pueden equivocar, al menos. Es un tema delicado…

 

Estoy de acuerdo: es un tema muy delicado en el que todas las opiniones son válidas. A nadie le obligan a pasar un tribunal de éstos en los que te bareman tu pedrada y te dan un porcentaje que te puede ayudar a entrar en la administración, pagar menos impuestos, acceder a una vivienda de protección oficial, solicitar una pensión de invalidez o lo que sea.

Del mismo modo, a nadie le obligan a favorecerse de esas medidas. Como yo, hay quien opta por unas y no se acoge a otras. Son decisiones personales, para mí nunca censurables, que dependen de las circunstancias de cada cual.

Una última opinión. Me gustaría que mis padres no vieran en peligro su pensión porque creo que se la han ganado. Me gustaría que la atención sanitaria fuera realmente universal. Que quien quisiera pudiera educarse y formarse en las mejores condiciones, con un acceso gratuito a la cultura.

Hay aspectos que no tengo del todo claros en esto de la discriminación positiva…

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