EL INFORME MÉDICO

22 Ene

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Salgo de la consulta con un sobre que contiene lo que he venido a buscar: un informe médico.

¿Para qué, esta vez? No importa tanto. Una baja, un trámite, para un carnet de conducir, una justificación…

Me enciendo un cigarro en la puerta y abro el sobre. Cada línea duele. Cada palabra escuece. Me marca y me recuerda qué soy para mucha gente. Qué implican mis desajustes y qué bien que tomo toda la medicación que pone ahí, con la frase “buena adherencia al tratamiento”. Estoy hablando de autoestigma, sí.

Este informe médico tampoco me va a solucionar la vida. Me hace sentirme tan mal que me apresuro a encerrarlo en el sobre con la intención de no volver a leerlo. A mí no me sirve. A mí no me cambia porque ya sé qué no soy ni qué no quiero ser. 

Seguimos leyendo y procurando aprender que ésta es una especialidad médica con apellidos. Un traumatólogo no sigue una corriente, no tiene ese apellido. Por contra, un terapeuta sí: antisiquiatra, biologicista, psicoanalista freudiano o lacaniano…

En los informes, que tienen un fin concreto, prima la brevedad. No se suele ver más allá que el nombre de pila ¿Para qué? Quieres esto, el informe es un medio, lo plasmo y santas pascuas.

¿Por qué me escuecen tanto esas sus verdades? ¿Por qué ese resumen me limita y me asombra? Las respuestas siguen estando en que me suenan a veredictos momentáneos y circunstanciales que son vehículos de mi sufrimiento.

Lo que me sobra es que me manden un carnet del Gobierno de Navarra, como si fuera el de un selecto club, en el que aparece mi grado de discapacidad debajo de mi nombre. Pero esta es otra canción.

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3 comentarios to “EL INFORME MÉDICO”

  1. Carlos Cortés 22/01/2015 a 13:08 #

    Así es, solo es un informe médico, un pedazo de papel que te clasifica y te califica como alguien a quien tenerle lastima o incluso miedo; este es el absurdo y vacío mundo en el que vivimos. Acabo de leer la experiencia de un hombre sordo y ciego que por muchos años estuvo recluido en su casa, su madre tenía miedo de como lo verían, fue hasta que una pareja lo visito durante varias veces, hasta que accedió su madre a mostrarlo, que ellos (testigos de Jehová), le halaron por medio del tacto en la mano y que empezó a abrirse y ahora es un hombre útil, activo y sobre todo feliz. De la misma manera, quienes padecemos de una alteración mental, podemos salir airosos de una situación de crítica injustificada, si estamos medicados y somos personas activas, y no digo en un trabajo formal, por si para alguien “normal” ya le resulta difícil, para un bipolar es mas, pero he aprendido a ver esas cartas como tal, solo pedazos de papel que no me etiquetan si yo no lo permito, y demostrar cuanto somos útiles, así como tu Sergio, que eres un exitoso escritor, vamos adelante!, la vida no es un expediente, la vida la formas tu, con o sin un diagnóstico. Gracias por compartir esta experiencia Sergio, no solo somos colegas de trastorno, sino de metas y actitudes. Alee!!!, la vida ofrece más Tu amigo y colega Carlos Cortés Aldana

    Enviado desde mi iPad

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  2. Carlos Cortés Aldana 22/01/2015 a 13:30 #

    Me suena muy familiar, soy un bipolar mexicano, y no me hace muy diferente a los demás, salvo por las enchiladas (je je), el estigma es una sombra con la que hay que saber vivir y hacerle el caso debido, sobre todo que no sea el detonador para una depresión o una fase maniaca, por que entonces somos nosotros los culpables, como si no viéramos tantos deprimidos o coléricos en la calle con la etiqueta “normal”, que irónico. Gracias Sergio por tus reflexiones y ayuda.
    Atte.
    El bipolar mexicano
    Carlos Cortés Aldana

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  3. Ignacio Villafruela Rubio 23/01/2015 a 10:56 #

    como dice el mexicano (un saludo para aquella tierra), hay que ser responsable, que es el único modo de ganarnos el respeto (y luego, si elegimos bien, salimos con honores)

    y decir que, cuando vi mi tarjeta de mi Castilla y León, Sanidad, con mi 66 %, me dieron ganas de romperla,- pero luego, tras calmarme, me dije que estaría bien para no tener que llevar las hojas de A4 con el certificado, así es más cómodo

    en mi lamentable (para mí) Feafes Valladolid, el Puente me insistieron en que pasara la evaluación de dependencia (lo exigía la Consejería),- digo “bueeeno, vamos a hacerles un favor”,- y en agosto vino una joven trabjra social con aires militares a que respondiera junto con mis padres al cuestionario,- bien, pues a lo que yo respondía “ah, no tengo ningún problema con eso”, mi padre “no, no sabe que ropa ponerse para salir a la calle, no tiene sentido de las condiciones atmosféricas” (o algo así),- total, que me dieron 35 pto , y no se imaginan ustedes el latigazo de dolor cuando leí el dictamen que, por otra parte, no me daba derecho a ningún servicio del papá Estado,- pensé que mi amada Rut no me querría nunca, etc.

    y la etiqueta de enfermo mental es pesada de llevar por el rechazo de la gente, a nadie le gusta verse como algo parecido a un leproso o lo que sea,- todo el mundo en su egoísmo trata primero de salvar su propio pellejo, es comprensible,- y a un acomodado que cree vivir tan tranquilo, no le da, desde luego, por interesarse por la realidad de la salud mental, y así el estigma se agranda

    en fin, ´animo, que el Señor nos protege

    un cordial saludo

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