LA MANÍA. CONSECUENCIAS. MITOS.

6 Dic

DON VITO CORLEONE

Ayer leí detenidamente el artículo “¿Cuáles son las consecuencias de la manía?” de la psiquiatra Laura Mata Iturralde en Personas Que.

¿Lo has leído? Esto que sigue lo extraigo del libro “Tengo trastorno bipolar. Desmitificaciones y anécdotas”:

No necesitaba dormir. Hablaba por los codos. Encadenaba pensamientos a toda velocidad. Y todas esas ideas me parecían brillantes y me sentía capaz de defenderlas ante quien fuera. El cliché de que se te dispara la líbido, doy fe, es un hecho: en esos momentos siempre tengo ganas y estoy dispuesto. Me parece que el mundo, la gente, mis amigos, mi familia… van a cámara lenta. Que piensan muy despacio, que no ven las mil posibilidades que nos ofrece cada minuto que pasa. Dormir es una pérdida de tiempo innecesaria, se mire por donde se mire. Físicamente, para hacer deporte o trabajar en plan burro, tenía un aguante inmenso, y encima tenía la sensación de que la precisión era absoluta. Claro que estaba irritable, como para no estarlo, si nadie veía las cosa a la velocidad que yo las veía. Y sí, tenía momentos de bajón, que para mí eran retazos de lucidez, porque atisbaba que se estaba liando una gorda. Ni por el forro era consciente de las consecuencias de mis actos. Cómo iba a serlo, si hacía lo que mejor se podía hacer en cada momento…

Por esos derroteros sigo escribiendo durante unos párrafos más. Además, hago un matiz clave: diferencio el primer brote maníaco, con sus episodios psicóticos, del resto que he me comido.

El objeto de esta entrada es hacer una crítica al académico artículo de Laura Mata Iturralde basándome, precisamente, en ese matiz. No es lo mismo el primer episodio maníaco que los que vienen detrás.

He intentado contar las veces que la psiquiatra repite, en su escrito, las palabras consecuencias, peligrosas, legales… No lo he conseguido. Bien lo sé, no le falta razón cuando de una primera crisis maníaca se trata. Pero vaya, le da un tono alarmista y altamente preocupante al asunto. (Ama, tu tranqui que por aquí todo va bien). Comprendo que es difícil describir los síntomas sin llegar a la generalización. En mi caso, hay síntomas “característicos y frecuentes” que no he vivido, como el gasto excesivo.

Me gustaría dejar claro que, teniendo el diagnóstico o no, padecer todos los síntomas siempre que se tiene un brote maníaco -a pesar de tomar la medicación prescrita escrupulosamente y controlada por los medios establecidos por la psiquiatría actual- es altamente improbable. Me sigo negando a ser un enfermo de manual, a que un diagnóstico y sus síntomas estén por encima de mi carácter y de mi individualidad.

En mi caso, como digo, no es sólo gracias a la medicación. ¿Es debido a que conozco las consecuencias de no poner freno a tiempo (esos frenos de bicicleta para un Fórmula 1…) y padecer ese catálogo de síntomas frecuentes?

Tropiezo muchas veces con la misma piedra. Una periodista me preguntó, afirmó en este vídeo, que tenía que ser una gozada sentirse tan bien. Le contestaba que a lo mejor la primera vez. Hoy puedo matizar muchas cosas, tanto de esas palabras como de las que se pueden leer en el libro y que cito más arriba.

Pasado el momento de negación de la enfermedad y de su diagnóstico. Asumido que tengo que tomar drogas para los restos. Llegado el momento de trabajar conmigo y no contra mí…

Cuando percibo alguno de los síntomas descritos por la doctora Mata y otros que mi experiencia me dice que me estoy subiendo hacia ese estado de euforia…

Estoy convencido de que mi primer pensamiento, al tomar las medidas que consideramos oportunas para mí, no son las consecuencias legales y peligrosas. Son las ganas de evitar el dolor que me producen las consecuencias de esas consecuencias. Algo propio, íntimo. Mi miedo.

Miedo al ingreso, a la hospitalización. Miedo al dolor que puedo provocar en quienes más quiero. Miedo a perderlos por fin y para siempre. Miedo a la decepción que me provoco. Miedo a volver a empezar, a poner el contador a cero. Miedo a no tener ya fuerzas para recoger los pedazos para empezar de nuevo (ese Kipling…). Miedo a quedarme alienado por el arsenal de pastillas. Miedo a las sujeciones físicas, también.

Pero ¿miedo a perder mi fortuna, a autolesionarme, a suicidarme? Que no.

Se podría deducir que una de las principales armas para estar atento y evitar que esos brotes lleguen hasta la psicosis es el miedo. Vale, se podría deducir. Pero no creo que tanto a esos síntomas. ¡Si vienen a ser aliados, ayudantes para ese fin!

Ojalá me sigan dejando darme cuenta de que llevo tantos días durmiendo poco. O de que hablo hasta por los codos. O de que salto a las primeras de cambio “ante situaciones banales”. Ojalá me den ese margen porque así las medidas que se tomen partirán de mí, seré el promotor y no quien asume las consecuencias.Ojalá me den tiempo para tirar de mi catálogo de recursos para paliar esa situación y sus consecuencias. Podré opinar y pedir información sobre la medicina que se me quiera suministrar. Los plazos de recuperación se acortarán, me lo dice la experiencia.

Ojalá me quieras libre.

 

 

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10 comentarios to “LA MANÍA. CONSECUENCIAS. MITOS.”

  1. Josep David Herrera Ferré 07/12/2014 a 13:07 #

    Esa página pertenece a una farmacéutica. Normal que puedan dar una vision tan alarmista del asunto. Drogas para los restos… quizás y sólo quizás las mentes no tienen que ser dependientes de ellas, se tenga TDA o trastorno bipolar.

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  2. Josep David Herrera Ferré 07/12/2014 a 13:08 #

    Uy perdon, es una pagina “independiente” y objetiva. Y tanto lo es que tiene los siguientes colaboradores que le dan una patina de credibilidad a todo lo que dicen: http://www.personasque.es/estatico/colaboradores

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    • Sergio Saldaña Soto 07/12/2014 a 17:22 #

      Buenas tardes, Josep David.

      Al igual que tú, cada vez que me topo con empresas o entidades patrocinadas por industrias farmacéuticas, me pongo a la defensiva.

      Con motivo de las presentaciones del libro, me he tropezado con relativa frecuencia con situaciones sorprendentes al negarme a aparecer sobre rótulos donde se anunciaban. Lo que más me sorprendía era la reacción de algunos de sus integrantes ante mi negativa.

      A ver cómo iba yo a poner a parir a determinados fármacos si parecía que el laboratorio me estaba patrocinando…

      Estas casi cómicas situaciones lo que hacían era que, cuando me tocaba hablar de medicación -una constante- mi virulencia verbal hacia algunos de estos psicotrópicos fuera mayor. Porque sigo opinando, como se puede leer en este blog en relación a la medicación, que si me tengo que tomar un whisky, que sea de 24 años y no de garrafa.

      Por otro lado, Personas Que ya se hizo eco de la publicación de “Tengo trastorno bipolar” http://www.personasque.es/revista/publicaciones/una-mirada-diferente-ante-la-enfermedad-mental
      así como del libro de Carlos Maña. Lo hizo por medio de una entrevista de Purificación Salgado en un tono que me sigue gustando.

      No creo que me lleguen a gustar nunca las empresas farmacéuticas. En Navarra, una de ellas da trabajo a la mujer de un amigo, al marido de otra y a unos cuantos conocidos. Como apunte significativo, conozco un psicofármaco que me parece de buena calidad y que tengo en mi botiquín. Rodeado de demasiada ponzoña, bien es cierto.

      ¿A dónde quiero ir a parar? La industria farmacéutica me recuerda al Opus Dei. Esta ahí y no me gusta. Es parte del juego, sus prácticas son muchas veces -¿casi todas?- censurables y son tremendamente poderosas. Creo que permitir que te tapen con su paraguas es una opción personal -estoy pensando en los psiquiatras- que puede no favorecerte nada ante determinados pacientes. Personalmente, he podido estar en guerra contra ellas mientras les daba de comer con mi consumo diario de sus productos.

      Hoy día pienso que atizar determinados fuegos lo que hace es que la llama aumente contra la voluntad de uno.

      Bastante publicidad se hacen ya ellas, con todos sus millones y sus beneficios.

      ¿Estoy en posición de censurar a todo el que permita ser patrocinado por estas industrias? Me gustaría poder decir que no, que soy un tío maduro y consecuente y que ya no. Pero reconozco que quienes lo permiten pierden puntos a mis ojos.

      De modo, Josep David, que el día que me veas con un enorme BMW pagado gracias a esta gente, dame un par de sopapos.

      Como no creo que pase, sigo esperando la oportunidad de sacarles la pasta y ajustar cuentas. Como proveedor de servicios, por ejemplo…

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    • Sergio Saldaña Soto 08/12/2014 a 9:35 #

      Buenos días, Josep David.

      Creo que no me expliqué bien. Cuando, en clave de humor, intento decir que hay psicofármacos mejores que otros, sean genéricos o no lo sean, no me refiero en ningún momento al precio que las industrias farmacéuticas establecen para ellos. Ni a si están subvencionados por los sistemas sanitarios. Ni mucho menos a la moralidad de quienes los distribuyen.

      Lamento que hayas interpretado que estaba extrapolando a todos los medicamentos en todas las circunstancias históricas de todo el mundo. Sigo creyendo que la medicación es uno de los temas que más nos inquietan a quienes llevamos lustros tomando un tratamiento, o varios, de forma continuada.

      Eso nos lleva a empezar hablando de las formas que se tienen de entender, informar y comunicar las crisis maníacas y sus consecuencias para acabar en el monotema.

      Siento que te hayas hecho una idea equivocada de mi apego por lo material. Reconozco que no estuve afortunado intentando explicar la evolución de mi opinión sobre los laboratorios. Si te sentiste herido de alguna manera, te pido disculpas.

      Gracias por el enlace al vídeo, un saludo y hasta la próxima.

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      • Josep David Herrera Ferré 08/12/2014 a 12:45 #

        No tienes nada de lo que disculparte. Cada uno tiene su escala de valores, aunque bien es cierto que yo opino que si hay un tercer mundo es porque hay un primero que le chupa hasta la sangre. Y curiosamente en el tema de los psicofármacos, aquellos paises donde en general son de dificil acceso por sus precios abusivos, la gente con problemas mentales, en general, tiene mejores expectativas. Me permito incluso, recomendarte el libro: Hablando claro, una introduccion a los psicofarmacos de Joanna Moncrieff. A mi me ha cambiado la forma de ver el tema. Sigo tomando “estabilizadores” del animo (antiepilepticos) y espero tarde o temprano quitarmelos de encima. Asumo mis dificultades, mis vaivenes emocionales, mis “picos” de mini-euforia… y espero que la sociedad acepte que somos diversos, que nadie es mejor que nadie y que todos merecemos poder desarrollar nuestras vidas de la mejor manera posible, en un plano de solidaridad e igualdad de derechos (cuando menos). Un saludo y gracias por tu empatia.

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  3. Gorka 09/12/2014 a 14:07 #

    La disposición para ser feliz nos sitúa en el polo opuesto de la emoción “miedo” y nos afianza hacia la plenitud de vida. En una mejora lenta pero constante y cimentada en el discernimiento de nuestras acciones; cada vez más cerca (aunque muy lejos todavía) de nuestro ideal ético.

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    • Sergio Saldaña Soto 09/12/2014 a 14:18 #

      Muchas gracias, Gorka, por tu aportación.

      Ya sólo el sujeto de la primera frase es digno de debate. Estoy contigo: no es lo mismo querer ser feliz que ponerse en disposición para ser feliz. Implica actitudes muy diferentes.

      Seguiremos tratando ese concepto y confío en que sigas metiendo baza si en este blog me da por hablar de ideales éticos.

      Un saludo y hasta la próxima.

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  4. Pia 06/09/2017 a 22:01 #

    Definiste tan bien la manía, es parecida a la prinera y única que he vivido.
    Ayer tuve cita con mi psiquiatra y el tema de que me está costando quedarme dormida y un ataque de ira por algo sucedido el fin de semana lo alertó y me alerto.
    Aumento en la dosis de uno de los medicamentos y control en dos semanas más, a no ser que la cosa cambieeeee.
    Acabo de encontrar su blog.
    Saludos

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