PLATICANDO CON UN PROFESOR

1 Nov

GOOD WILL HUNTING

Ha llegado por fin el otoño a Iruña. Me encuentro con un antiguo profesor que nos padeció hace ya más de veinte años. Mantenemos una de esas conversaciones accidentales y cronometradas de acera y cigarrillo.

Me comenta que volvió a verme en la prensa y que acudió a la charla de hace dos semanas sobre el estigma y la figura del Peer Support o Ayuda al Igual. Reconozco que le vi pero que no le pude saludar: estaba lejos, quería atender un compromiso, ya sabes.

Se arranca con la sinceridad que da la premura y el haber visualizado este encuentro previamente. Me dice que también estuvo, hace ya más de año y medio, en la presentación del libro. Que entonces tuvo sentimientos encontrados. Orgullo por un lado y curiosidad por comprobar qué había sido de mi vida desde entonces. Ignoraba que tuviera un diagnóstico. No percibió síntomas cuando me daba clase. Por otro lado, temor por mi exceso de valentía: sigue convencido de que voy a padecer mucho por haber hecho pública mi enfermedad de esta manera tan llamativa.

Escucho atentamente lo que me dice. Tengo un buen recuerdo de este profesor y siempre le he respetado. Le agradezco su asistencia a los dos actos. Como supongo que leyó el libro y no hace ningún comentario, le preguntó por su parecer sobre esa figura, la de Ayuda al Igual.

Me dice que es casi revolucionaria, que la idea es muy buena pero que no acaba de ver su lugar en los Servicios de Salud Mental, codeándose con psiquiatras, psicólogos y demás. Me dice que le ve una gran utilidad en institutos, tal y como se habló en la presentación.

Me permito, porque ya no tengo 16 años, discrepar. Estoy de acuerdo en que los jóvenes, el futuro, debieran ser educados en este aspecto. Pero le digo que también los profesores. Así como él no detectó, durante el curso que me dio clase, mi depresión severa ni mis crisis de ansiedad, que afectaron a mi rendimiento académico y a mi actitud en clase (del resto de aspectos de mi vida no le hablo), hoy en día ocurre lo mismo. Le hablo de la figura del maestro. Del bien que puede hacer una conversación de un adulto empático, a pesar de poder ser una autoridad, en la reconducción de una situación de este tipo. Por tanto, le digo, también los docentes necesitan saber más. Así nos lo han hecho saber unos cuantos de ellos, quejándose de la falta de recursos que tienen.

Tras su sorpresa sincera, estoy convencido de ello, me dice que que los síntomas que describo en el libro le parecen exagerados. Inmediatamente le interrumpo: mis amigos, algunos de ellos también antiguos alumnos suyos, opinan que las mayores salidas de tiesto, las más graves, las más duras, no aparecen en “Tengo trastorno bipolar”.

Por fin, por fin, reconoce que está muy sensibilizado con el tema: un familiar muy cercano fue diagnosticado hace tres años. No puedo evitar un “lo suponía”.

Me pregunta por mi vida, yo por la suya, recordamos alguna vieja batallita, me pregunta por tal y cual amigo, yo por su jubilación.

Al despedirnos me suelta: “¿Y ahora, qué vas a hacer?”

Confío en que seguir manteniendo conversaciones de este tipo con gente que en su día no quiso ver y ahora está dispuesta a arrimar el hombro. Como tú.

Añado un fotograma de la película “El indomable Will Hunting”, “Good Will Hunting”. Ni Robin Williams era profesor, ni yo soy una máquina mental. Me identifico con el personaje que interpreta Matt Damon por su escaso control de la ira y sus problemas con la frustración. Como es complicada de encontrar en DVD, me permito recomendarla y os invito a comentarla. Ahí, abajo, donde pone “Comentarios”…

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4 comentarios to “PLATICANDO CON UN PROFESOR”

  1. mouchebleue 01/11/2014 a 8:10 #

    Nos piden que nos cortemos. Ayer alguien me riñó por “decir cosas que no debo decir a todo el mundo”. Córtate. Autoestigmatízate. Debo decir que lo que había dicho es que no había dormido bien, que me encontraba mal. Vamos, como en cualquier otra enfermedad. En fin.

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    • Sergio Saldaña Soto 01/11/2014 a 16:55 #

      Te escuchado varias veces el mismo argumento. Sigo estando tan de acuerdo como la primera y te agradezco que lo compartas en el blog con este comentario. Es cierto que si yo le comento a una persona conocida que estoy triste, o muy triste, ella se preocupa de una manera distinta a que si lo oyera de labios de… otro.

      Puede pensar en depresión, en que no estoy tomando la medicación suficiente o que la he dejado y por eso me encuentro así. Puede pensar en suicidio. Incluso en contagio, porque como todo se pega menos la hermosura… Esto está traído por los pelos, vale, pero a nadie le gusta que le roben su bienestar con penas ajenas.

      Vuelvo a matizar. Bien sabes que a hay quien te puede escuchar esas frases y calibrarlas en una medida acertada, mouchebleue, y te puede ser útil. Alguien que te quiere y te conoce bien. También alguien que ha pasado por lo mismo que tú.

      Gracias otra vez.

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  2. arantxa 01/11/2014 a 15:54 #

    Me río yo de ese tipo de empatia en las personas.Es triste pero solo si sufrimos lo mismo en nuestra propia piel podemos entender un poco del sufrimiento de otra persona.
    Gracias Sergio por compartir tu vida. Seguro que ayudas a muchas personas que están empezando su camino. Igual gracias a ti encuentran menos piedras. Solo me queda decirte que da gusto leer tus vivencias.

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    • Sergio Saldaña Soto 01/11/2014 a 17:07 #

      Ojalá fuera así, Arantxa. Ojalá. Tampoco sé si cuando me pongo a escribir es ése el único objetivo: echar una mano a los que están haciendo su camino al andar. Soy presuntuoso, a veces hasta la saciedad, pero no tanto.

      Todos nos hemos tropezado con personas balsámicas. Muchas veces no sabemos por qué nos está sentando tan bien descargar nuestra mierda en sus espaldas. Pero ocurre. Cuando a mí me pasa, a estas alturas de la película, procuro no ser tan capullo de alejarla de mí: pueden ser grandes amigos, de ésos que te reencuentras con ellos y parece que no ha pasado ni un día desde la última que compartiste inquietudes y risas.

      Hay ocasiones en los que nos enamoramos de esa persona, la tenemos al lado porque nos ha correspondido, y con el tiempo olvidamos esa extraordinaria virtud balsámica a la que hacía referencia.

      La capacidad de entender el sufrimiento de otra persona suele estar motivado por el amor. Del tipo que sea. ¿El sufrimiento? Sí, del tipo que sea el sufrimiento y del tipo que sea el amor.

      Un beso muy grande, Arantxa, y cuento con volver a leer tus reflexiones por aquí. Te quiero cerca.

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