“SEXO DE TU ALMA”, de Ángel Urrutia

2 Sep

Taylor Newman

 

“Mujer, desnúdate conmigo. Quiero

penetrar el misterio de tus aguas,

remover tu saliva con mis brasas profundas,

madurar tus mejillas con mis ojos,

deshojar el rumor nocturno en tus axilas,

aprenderme la historia de tu espalda,

apretarme de sed a tu cintura,

fundirme en las campanas que mueven tus caderas,

obstinarme en tus brazos como un árbol movido, bañarte las rodillas con mi aliento, y viajar por tus muslos a tu estación exacta.

 

Desnúdate conmigo.

Quiero hablar con tus pies de mis caminos,

y subirme a tus pechos

como a un monte de nieve repentina

y beberte en el fuego lunar de tus pezones,

deslizarme, mujer,

y hacerle travesuras a tu ombligo,

bajar a la espesura de tu vello encendido,

y escribir en tu vientre

y en tu sangre mi blanca ortografía,

y acariciar el pubis de tu pudor abierto

llamándote a la puerta de tus labios menores

-mayores que mis besos todavía-,

sorprender

el rincón más frutal de tus cosquillas,

y entrar en tu jardín mojado de perfumes

y besarte, mujer, en ese olor a ti,

navegar la sonora humedad que levantan mis peces deseados,

calentarme en tu clítoris de sol para mis noches,

y quedarnos, a un tiempo, corriendo hasta la cumbre

de nuestras dos semillas derramadas,

de nuevo sumergirme

en tu piel que es la orilla de tu alma,

el río necesario a la cascada de mis llamas cayendo

a tus adentros.

Te meteré un clavel y tu te quedarás reinando.

 

Desnúdate, mujer,

y andará por tu cuerpo tan callado

que escucharás mi alma entre tus dedos,

que tocaré yo tanto que ya no,

que ya no tendrás cuerpo por tu cuerpo,

porque quiero acostarme con tu alma.

Sabrás ya que estos cuerpos no son cuerpos,

que los cuerpos tan solo son

el sexo de las almas.

 

Mujer, yo te levanto con mi sexo

a la altura en que haces toda la nieve.

Mujer, desnúdate conmigo.

Es la túnica blanca, la piel de nuestro cielo.

Yo te espero desnudo. Sencillamente blanco,

sinceramente azul.

Y haremos el amor, la poesía.

Te meteré un clavel y tú te quedarás reinando.”

 

Ángel Urrutia (Lekunberri 1933- Pamplona 1994). En Milquererte, Editorial Rondas, Barcelona, 1982.

 

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