PRIMAVERA: ¿ATENUANTE, AGRAVANTE?

22 Mar

La primavera. Sólo una estación del año entre un equinoccio y un solsticio. ¿O no?

Más horas de luz. Suben las temperaturas. Nos sobra la ropa. Así como la naturaleza comienza su actividad, nosotros también rebrotamos de alguna manera. Aunque no queramos.

Si somos bioquímica, (¿verdad, Francesc?), la serotonina, la dopamina, la noradrenalina, entre otros, son neurotransmisores que regulan el sueño, la ansiedad, la ira, el deseo sexual, la angustia, el humor o la temperatura corporal. La inhibición o desinhibición de estos neurotransmisores hace que se segreguen más o menos hormonas.

Los cambios que la primavera provoca en nuestros cuerpos y en nuestras mentes muchas veces pueden estar relacionados con la secreción de estas hormonas. Ahora bien ¿justifica esto que la primavera, como nos altera la sangre, sea la causante de ciertos comportamientos?

¿Sirve la Primavera como agravante de nuestros estados de ánimo? ¿La podemos usar como excusa, como atenuante a la hora de escaquearnos de las consecuencias de esos actos, de esos comportamientos?

Veredicto: depende.

gayumbos flores

 

Hace 10 o 15 años, la primavera llamaba a mi puerta como un bofetón en la cara. Las yemas de mis ramas brotaban imparables, con una exuberancia inmensa. El alargamiento del día me hacía ver que se me estaba escapando la vida metido en casa, en un aula o trabajando. Dormir era la peor pérdida de tiempo. Mis ánimos, para bien y para mal, estaban volviendo a emerger. Había que vivir la Primavera sin perderme nada. Nada de nada. Y esto no lo paraba el carbonato de litio.

No lo paraba, digo. Le vuelvo a robar la frase a Iker: “Era como intentar frenar un Fórmula 1 con frenos de bicicleta ante una curva cerrada.”

Ahora, con algo más de perspectiva y otras muchas experiencias de este calibre, soy capaz de ver a la Primavera como una oportunidad. Lo peor de las oportunidades es desaprovecharlas, creo que estaremos de acuerdo. He vivido brotes y crisis en todas las épocas del año. (Qué fácil sería si la estacionalidad de los subidones o bajonazos fuera constante, puntual y previsible). No quiero emplear la palabra moderación, que tanto le gusta a mi madre, pero quizás vayan por ahí los tiros. También puede tener que ver que soy más viejo y más pellejo, y no me altero tanto. Es indudable que voy aprendiendo, como todos, y que me pisen muchas veces el mismo callo y en la misma época del año, además de doloroso e insultante, es razón suficiente para perder la confianza en mí mismo. Oh, ese preciado valor, la confianza, que tanto da y que no se vende en farmacias.

Afronto esta maravillosa Primavera con muchísimas ilusiones. No han nacido, esas ilusiones, a la vez que mis verdes brotes: ya estaban antes que ella. Y eso es un motivo más para seguir siendo constante, para seguir pataleando contra la mediocridad de la inactividad y, como contrapunto, para seguir midiendo reacciones y para seguir manteniendo un estado de alerta relativa.

Veremos quién puede más, Primavera, con tus hormonas y tus neurotransmisores y tus camisetas de tirantes, o mis ganas de disfrutarte como si fueras la primera. O la última. Porque gracias a las que vinieron antes que tú, sé que soy más perro y más viejo. E incluso puede que más sabio. Llegaré más entero que tú al 21 de junio. Quiero celebrar la entrada del verano con el cumpleaños de mi amigo Unai, en pleno solsticio. De ser tú, Primavera bullanguera y tentadora, estaría muy al loro: no será la primera vez que te robo la cartera allá por San Isidro, que sueles estar despistada.

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