ME PICA UN HUEVO

19 Feb

Estaba echando un ojo a las modificaciones que van haciendo al anteproyecto del código penal, mientras con el otro y una oreja escuchaba esto y no sé qué hemisferio o mecanismo neuronal o qué mierdas me ha subyugado a una vieja canción de Siniestro Total. La letra, como muchos estarán de acuerdo, es una alegoría a la voluntad y a la soberanía personal ante situaciones cuando menos complejas que nos sumergen en un mar de dudas de complicada resolución.

Así pues: político no soy; como ciudadano creo que estoy haciendo lo que está en mi mano; y, al final de todo, van a ser los de siempre los que redacten la ley que les salga del c*p**e. Por lo que me veo en una disyuntiva parecida a los que dieron título a esa breve canción.

No sé qué voy a hacer.

Lo que parece claro es que, si por un cúmulo de circunstancias adversas, me veo en la tesitura de vérmelas con todo ese mogollón de entes que se debieran escribir con mayúsculas y no me da la gana de hacerlo, me tendré que encomendar a los que aplican las leyes. Unas veces antes de tiempo y otras demasiado tarde. Me valorarán, enjuiciarán mi vida, mi relación con mi enfermedad y dictarán sentencia.

Muchas veces lo hacen sin que todo esto llegue a juzgados o tribunales según un código… qué va, sin criterio ni preparación, enarbolando la bandera de la experiencia y la protección preventiva de su integridad física por delante.

Pues eso. Habrá que seguir teniendo cuidado ¿Con qué? Con todos, me caso en Soria. Que están intentando inflar un globo sonda y les está saliendo de maravilla. Pero seamos capaces de revisar todo, no sólo un código penal en lo que a enfermedad mental se refiere y que hace gente que está muy lejos. Quizás el peor enemigo es el que interna en base a Esa Amenaza, o el que mete drogas a un paciente ingresado con receta y visita a posteriori del psiquiatra que estaba de guardia en el séptimo sueño.

En fin, que no conozco los seis sueños anteriores. Pero si son tan justos, no me quedará otra que rascarme el huevo que me pique, ante quien sea. Porque no podré utilizar una expresión de libertad más elocuente hasta la siguiente lejana vuelta del camino.

A la memoria de Germán Coppini (1961-2013)

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3 comentarios to “ME PICA UN HUEVO”

  1. Ignacio Villafruela Rubio 19/02/2014 a 16:57 #

    yo digo que cómo van a saber los jurídicos como estoy, como llevo mi trastorno, etc. si ni mis padres saben gran cosa de lo mío,- y la culpa la tengo yo, eso seguro, por no hablarles de mis cosas,- ellos se limitan a observar lo más externo de mi conducta

    hace un mes te dije que te iba a decir algo de cierta importancia, y es que en diciembre y enero me he reducido la medicación: de tomar 800 mg de carbonato de litio; 1200 mg de oxcarbacepina; y 10 mg de olanzapina al día, me he quedado sólo con el litio y con 5 mg de olanzapina

    resultado de lo anterior es que me encuentro ahora perfectamente (es cierto que la reducción abrupta de olanzapina me ha causado problema en el sueño, pero eso es el único inconveniente),- total, que me he pasado once años tomando aquello (oxcarbacepina; olanzapina)… para nada,- podría haber seguido con el litio sólo (que tomo desde 1995)

    lo digo por manifestar mi escepticismo hacia la capacidad del médico para aplicar una medida adecuada a cada caso, porque de verdad, raro es que acierten,- imagínense para dictaminar sobre la prisión preventiva

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    • Sergio Saldaña Soto 19/02/2014 a 19:51 #

      Buenas tardes, Ignacio.
      Y por ilustrar un poco más tu experiencia con la bajada de dósis y retirada de drogas. Además del sueño ¿has tenido algún otro efecto secundario con la abstinencia de la oxcarbacepina y de la olanzapina?
      Gracias de antemano por la respuesta y un saludo.

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      • Ignacio Villafruela Rubio 20/02/2014 a 0:24 #

        pues mira, te cuento: tengo entendido que la psiquiatra del hospital donde ingresé en 2002, noviembre, en Valladolid, el Villacián, me prescribió oxcarbacepina por hablarle yo de los accesos de agresividad que había tenido desde 1995, y por ver algo de eso los sanitarios mismos allí

        lo que está claro es que ingresé en un estado de exaltación tremendo, de prepotencia, de ideas enfocadas a un autoconcepto sobrevalorado de mí mismo, debido a la excesiva actividad mental (subida de neurotransmisores como serotonina, dopamina o noradrenalina)

        no me comportaba con agresividad espontánea cuando ingresé, pero reaccionaba de forma aparatosa, con algo de descontrol en la contrariedad, y realmente con violencia fingida, dramatizada ante algún estímulo, según un programa que me había trazado

        ese descontrol en la contrariedad es el debido al desajuste entre la realidad y mis planes, y lo desarrollaba con un volumen de voz impropio de mí por elevado, un ampuloso engreimiento en el gesto y un intento de imponerme sobre cualquiera con la mirada, siguiendo modelos de personalidades socialmente dominantes

        mi estima estaba abruptamente hiperdesarrollada tras una semana de elevación del ánimo,- quería resarcirme de mi pasado de debilidad, retraimiento social y represión, planteándome un futuro de arrojo, de lucha, y pensaba que mi estado se prolongaría en el tiempo (es el engaño de quien se halla en fase de manía, de pensar que esa actividad enardecida va a durar)

        el caso es que los sanitarios me vieron como forcejear con un paciente y dar un golpe a una pared, entre otras cosas,- pero no lo hice descontroladamente,- no tenía ningún sentimiento de odio hacia nadie,- sólo lo hice porque en mi “nueva vida” yo tenía que ser más dominante, desinhibir algunos impulsos

        pero sí que podría haber hecho algo con mi cognición, haber sido más razonable, más prudente, haber pensado que esas ideas rampantes sólo se dan en un espacio de tiempo limitado

        ¡vaya rollo!, pero era necesario contarlo

        luego sí que el caso es que dejé de tener accesos de violencia, de esos de romper un mueble,- pero es debido a que había aprendido que lo mejor es portarse bien, no principalmente por efecto del fármaco,- yo quería mejorar, llevar una vida más satisfactoria, y para eso tenía que ser responsable y mirar al futuro,- no podía permitirme volver a ingresar

        y ese es el factor más importante en mi mejoría, el saberme digno y tirar para adelante, el amor por la vida

        no digo que el fármaco sea inútil o inadecuado para mí,- simplemente es que eso no fue lo que me sacó del hoyo

        al principio yo me negaba a tomarlo, simulaba tragarlo pero me lo retiraba de la boca,- así la psiquiatra aumentó la dosis,- yo me di cuenta de que el engaño se volvía contra mí,- me asustaba la idea de un exceso de medicación,- entonces tomé lo que se me había prescrito y traté de hacer como que mi conducta se atemperaba, por mero rechazo a ser drogado,- de hecho, el tratamiento recibido (ignoro que medicamentos fueron) ya me había calmado bastante

        así que, en efecto, las pastillas que tomé me templaron,- incluso la oxcarbacepina pudo ayudar a que se me bajasen los humos, no sé, pero tengo entendido que era para eso

        y la olanzapina: bueno, es un antipsicótico,- y me parece que yo no he tenido gran problema en ese aspecto,- ese alejar las ideas raras…, como vagamente se le oye a cualquier médico,- en fin, no me ha ido mal, pero que tampoco creo que fuera decisivo

        lo que más hace es lo cognitivo, el tratamiento psicológico (en oposición a psiquiátrico),- insisto en que en ese ingreso las pastillas que ingerí hicieron lo suyo, pero lo fundamental es para mí el quererse a uno mismo, el tener un proyecto de vida motivador, y yo lo tenía

        y ya para terminar, mi decisión de reducir la medicación, arriesgada está en esa misma línea de tratar de mejorar, de ser más independiente,- lo primero que debo decir es que el proceso ha tenido un efecto de activación mental en hipomanía

        he intentado controlar esa manía a lo largo de diciembre y enero, y el menos en el plano cognitivo el resultado ha sido favorable,- eso no quita para que se me notase una conducta más suelta, espontánea, alegre, impulsiva

        pero me he implicado activamente en mi conducta, me he dicho “contrólate”, o “ahora tienes que hacer esto”, “tranquilo”, etc.

        el dejar de tomar la olanzapina me quitaba mucho tiempo de sueño,- lo he pasado mal, pero reducir las pastillas ha sido una determinación consciente de ver lo que podía pasar, y ha merecido la pena

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