ADIÓS 2013, QUE SI LO ESTIRAS, CRECE. UN AÑO SIN CRISIS

28 Dic

Recordaré que este blog nació a la par que el libro. Sólo tiene ocho meses, la criatura. Están dando de sí, son casi 100 entradas. Soy  padre desde hace nueve meses y medio. Amets siempre superará en antigüedad a “Tengo trastorno bipolar”.

Arranco hojas al almanaque de mi vida que pasó con la ansiedad de no quedarme sin un nuevo almanaque en el que mirar hacia delante, ojeando, hojeando. Ahora me toca desechar el viejo y procurar ser objetivo. El rollo de siempre: mirar hacia atrás para aprender, para recordar las capulladas y para echarme unas risas con mis despropósitos y los riesgos innecesarios que asumí.

Me puedo reír, por supuesto, porque las cagadas no me han traído consecuencias tan graves que estén afectando a mi presente. En eso, 2013 se ha portado, qué cojones. O lo he subyugado. ¿Sería más preciso escribir “me he subyugado”? Que me lo diga un psicólogo o un psiquiatra. El hecho es que en doce meses no he tenido que levantar la mano para pedir “más madera”. No he percibido síntomas que me hicieran pensar que se me estaba yendo la pinza, no importa a dónde, no importa qué pinza.

01 se me va la pinza

 

Vaya triunfo. Qué inigualable victoria. Oh, sí. Sigue… Esto de que en un año natural no me haya comido ningún amago de crisis viene a significar, solamente, dos cosas: que falta menos para la siguiente y que sigo aprendiendo a…

No, no, no. Tres cosas. Y que soy un año más viejo y más pellejo. Y más perro y más sabio.

Decía que he aprendido… y sí. Me he encarado a situaciones nuevas, desconocidas, que en esencia me suponían riesgos. Y me he empeñado en intentar disfrutarlas a pesar de quien le pese. Como decía un sabio, “ya tengo canas en los huevos”. Uno de mis propósitos es seguir creciendo en ese aspecto. Estoy dispuesto, y pretendo seguir estándolo, para seguir con mi manera de vivir, bajo estos cielos y sobre esta tierra. “Arrogante cuando se trata de pasar a la acción: aguanta o cierra el pico”.

A comer mierda ya aprendí. Y no se me olvida. Pero, me cago en la leche puta, ahora el plato lo pongo yo.

Después de esta acidez y de esta crudeza -me puedo poner más crudo que una ternera pastando en un prado, y es posible que lo haga- me toca ponerme tierno -y me puedo poner mucho más que tierno, empalagoso como tres kilos de caramelo de feria en julio- y transcribir unos versos:

“Quédate hasta el día que lluevan pianos.
Quédate hasta que yo dé mi brazo a retorcer.
Y fóllame, como si esta noche me fuera a comer
las estrellas una a una.”

Marea+Logo

“El día que lluevan pianos”. Marea. En esta misma canción, Kutxi canta que fue tan necio que no supo enloquecer. Angelico…

Con humor y amor, se puede.

Zorionak, PAS

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