AMNESIA, GIMNASIA

10 Dic

AMNESIA

Conversábamos sobre esa hormona que segrega la mujer tras el parto que le ayuda a olvidar los sinsabores recién pasados para seguir teniendo ganas de volver a quedarse embarazada.

He olvidado su nombre.

Es curioso, esto de la memoria. Intento recordar lo que nos explicaron en Filosofía, en 3º de BUP. Memoria selectiva, fotográfica, la memoria de los animales, memoria emocional, la relación de la inteligencia con la memoria…

A todos nos ha pasado haber vivido un mismo suceso con otra persona y al recordarlo, pasados los años, junto a ella, comprobar que los recuerdos son distintos. Uno se fijó más en determinado detalle, el otro estaba muy influenciado por determinada circunstancia… Por lo que sea, la película parece distinta dependiendo de quién la cuente.

Amnésicos. A mí me han metido amnésicos. Puede que fueran medicamentos que tenían, además, ese efecto añadido. Si no recuerdo mal ¿Estarán pasando factura, años más tarde? Me niego a darles ese poder. El asunto es que se publican estudios sobre capacidades cognitivas, entre ellas la memoria. En el libro narro un asuntillo relacionado con esto, con estudios patrocinados por laboratorios químicos.

Y admito mis dudas.

El alcohol, entre otras muchas drogas, provoca lagunas. Así, en general. En general las lagunas. Cortas, largas, selectivas, indiscriminadas…Doy fe. A mí me ha ocurrido. “Amnesia lacunar”.

Parece claro que, independientemente de la capacidad de retención de cada uno, existen otros factores que nos hacen recordar. Motivaciones personales. El momento que estemos viviendo. Que se asocie a algo o a alguien que nos facilite el trabajo de traer al presente lo pasado.

Tener mucha memoria puede ser un problema porque puede asociarse al rencor, incluso al odio. No dejar correr los recuerdos negativos es insano, dicen. Puede ser. No lo sé. Cuentan. Escriben.

Me gustaría ser capaz de recordar sólo lo bueno y a las personas buenas que me han hecho bien. Pero no me es posible ser tan selectivo. Quizá sea porque todavía no tengo claro qué es bueno y quién es bueno. Me patinan estos términos absolutos y maniqueos.

Me resulta mucho más sencillo intentar ser fiel a mí mismo y procurar pagar mis facturas. Sabiendo que esas facturas no las emito yo, que lo hacen los demás basándose en sus recuerdos, y que es justo comprobar el montante final, a pesar de que haya olvidado su razón de ser. Si no, pasaría a ser un calzonazos sin criterio. Sin memoria y sin criterio. Porque me resulta imprescindible recordarme, de vez en cuando, quién quiero llegar a ser, y cómo.

La distorsión de la memoria es un fenómeno tan repetido, desde que el hombre es hombre, que aburre. Procuraré ser consecuente y comerme mis marrones. Los míos. Aunque para eso tenga que fiarme de lo que me digan, como ejercicio gimnástico doloroso donde los haya.

Y esta es la relación entre mi amnesia y mi gimnasia. Ya, un poco traída por los pelos. Pero tienen que ver ¿O no?

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