REACCIÓN A “LOS CUIDADORES”. Un profesional abre debate.

22 Oct

“¿Qué propondrías, Sergio? ¿Cómo estructurarías ese tratamiento completo?.

No creo que, así en global, podamos tildar a todos los profesionales de la salud mental de desidiosos pero sí que creo que podemos hacer entre todos que el partido sea mejor.
Me sirvo de tu blog, con tu permiso, para preguntarte a ti y a los que te lean, sobre cómo lo harían, qué pondrían, qué quitarían, cómo, cuándo, dónde y de qué manera sería mejor hacerlo.

Soy un profesional de la salud mental (glups, me da casi miedo decirlo, querido Sergio) y hablo en serio: Ideas para jugar en el mismo bando, por favor.

¿Alguien se anima?”

He de decir que conozco personalmente a quien escribe lo de arriba. Propone un intercambio de pareceres abierto a todo el que quiera participar. Muchos tenemos algo que decir.

Por otro lado, yo no tildo a todos los profesionales de “desidiosos” en la entrada anterior de “Los Cuidadores”. Tampoco digo que haya tenido una (1) experiencia en la que el profesional no se acerque por actitud o por aptitud a la excelencia. He tenido más. Y en eso fundamento la argumentación.

Como no puede ser de otra manera, recojo el guante y empiezo respondiendo.

El empoderamiento es muy difícil y se prolonga demasiado en el tiempo sin el apoyo del entorno. El afán de un psiquiatra por conocer la forma de vida del paciente tiene que ser una constante. Ahí entran los cuidadores y los potenciales cuidadores. ¿Cómo lo estructuraría? Es difícil sin dar ejemplos y entrar en casos concretos. A mí ningún terapeuta me ha sugerido que fuera a la siguiente consulta acompañado por ese amigo, o novia o lo que sea del que hemos estado hablando momentos antes. Ese amigo es quien se come el marrón un jueves a las once de la noche y se ve sobrepasado por las circunstancias porque no tiene armas para ayudarme. Porque a esa hora los psiquiatras sólo pasan consulta en urgencias y el marrón es precisamente ése, evitar una situación de urgencia.

Por último, y aquí me quedo por hoy, admito que todo ser humano puede tener un mal día. O muy malo. Y que por eso no tiene necesariamente que dejar de trabajar e irse a casa. Pero si la misma persona actúa de la misma manera en el 94 que en el 96 y que en el 2000, no son malos días. Que dimita. Que deje su plaza. Por coherencia. Les damos a los doctorados la responsabilidad de ayudarnos a cuidarnos. Pero también el poder de arruinarnos la vida. Eso es la confianza. Abogo por la autocrítica y la asunción de los errores.

Cedo la palabra a quien quiera añadir el siguiente comentario.

LA PESCADILLA QUE SE MUERDE LA COLA

 

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