LOS CUIDADORES

21 Oct

LA PESCADILLA QUE SE MUERDE LA COLA

Me refiero a todas las personas que conforman el entorno de una persona con un diagnóstico de enfermedad mental o con síntomas.

Desde que el libro vio la luz, muchos cuidadores se me han acercado y me han contado su historia.

Ansiedad. Desinformación. Impotencia. Dolor. Incomprensión social. Secretismo. Falta de colaboración por parte del familiar o amigo. Inquietud. Desasosiego ante el futuro. Decepción. Mucho amor.

Estos son algunos de los mensajes que recibo, casi siempre más próximos a la rabia que al dramatismo.

Han trotado mucho hasta llegar a ponerse a hablar, después de una charla o a través de este blog, con un tío de 37 años al que todo parece irle de maravilla y les ha estado dando una chapa durante un buen rato desde un punto de vista positivo, crítico y hasta provocador.

Cuando se da esa circunstancia de la que hablaba al principio, y el cuidador se acerca y me cuenta cómo le van las cosas, yo no sé qué decir. A veces sé de lo que me hablan. Parte de esa narración nos es común a muchos, por desgracia.

A las personas con diagnóstico se nos ha venido tratando como a un conjunto de síntomas que hay que ir tratando, o al menos paliando en la medida de lo posible.

¿Y a nuestros cuidadores? ¿Se les ha ido informando, se les han ido dando herramientas preventivas? ¿Se ha procurado por su dolor? ¿Se les ha formado para que pudieran empatizar de forma efectiva con nosotros?

No. Y es un error. Muy grave. Si nuestros sistemas sanitarios no son capaces de educar a nuestros cuidadores, ¿cómo vamos a esperar que los objetivos se cumplan? ¿Cuánto tiempo, cuántos centros, cuántos psiquiatras, cuántos ingresos, cuántos medicamentos habrán tenido que pasar antes de que los cuidadores empiecen a trabajar de forma eficaz?

Y si el diagnosticado no colabora, como yo no lo hice durante muchos años, ¿cuánto sufrimiento gratuito se provoca por no hacer un tratamiento completo, formativo, preventivo y desestigmatizador a todos los implicados?

Varias veces me han preguntado sobre qué se podría mejorar en el sistema sanitario con respecto a la (AUSENCIA) de salud mental. Esta sería una de mis críticas más feroces. Desde las tripas. Desde mis tripas.

Y que no me hablen del costo, que no me hablen de lo caro que sería, ni de la crisis. Que los ingresos hospitalarios no los regala nadie. Ni las bajas laborales.

Reclamo sentido común, reclamo esfuerzo, reclamo un plus. Reclamo unas visitas al psiquiatra distintas, en las que no haya sólo un sujeto oyente. Este partido lo juegan muchas personas. Y son muchos más los afectados. La desidia de los profesionales  de la (IN) salud mental es inadmisible.

El compromiso y la exigencia deben ser bidireccionales. Y los cuidadores pueden hacer la labor de los eslabones flojos de nuestros imperfectos cerebros. Casi nada.

Cuidemos al cuidador. Que el profesional cuide al cuidador. Y que lo haga con el ánimo de acercarse a la excelencia.

Y si no, me vale mierda: que dimita.

Que mi sobrino sabe firmar con una rúbrica perfecta. Y tiene 11 años. Pero no seré yo el que le pida responsabilidades profesionales por sus decisiones ni le pediré que asuma las consecuencias por un diagnóstico erróneo, ni por unos efectos secundarios imprevistos. Ni tampoco le pediré que firme recetas ni altas hospitalarias. No tiene un título, no tiene vocación y no cobra por ello.

Hace falta un poco más. Es imprescindible un poco más.

Es inadmisible que no se cuide al cuidador.

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Una respuesta to “LOS CUIDADORES”

  1. Lorena 21/10/2013 a 20:12 #

    ¿Qué propondrías, Sergio? ¿Cómo estructurarías ese tratamiento completo?.

    No creo que, así en global, podamos tildar a todos los profesionales de la salud mental de desidiosos pero sí que creo que podemos hacer entre todos que el partido sea mejor.
    Me sirvo de tu blog, con tu permiso, para preguntarte a ti y a los que te lean, sobre cómo lo harían, qué pondrían, qué quitarían, cómo, cuándo, dónde y de qué manera sería mejor hacerlo.

    Soy un profesional de la salud mental (glups, me da casi miedo decirlo, querido Sergio) y hablo en serio: Ideas para jugar en el mismo bando, por favor.

    ¿Alguien se anima?

    Me gusta

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