AMOR

14 Oct

Escribo esto, y el matiz es importante, en un momento en el que me siento correspondido.

Amo y me siento libre. Se suele decir que amar te hace ser mejor persona. Yo estoy enamorado y me siento mejor persona. Amo y crezco. Mejoro. Me encuentro la paciencia que tanto me cuesta encontrarme. Ella hace que me la encuentre.

Amar y ser correspondido provoca que me sienta dueño de una responsabilidad que no me supera. Me exige esfuerzos, me estimula y consigue que no decaiga mi afán por mejorar.

Esto no es muy “pastel”. Yo no lo veo así. Es más bien “barniz”. Creo que mi vida vale mucho más la pena cuando amo de esta manera porque cobra un sentido. Me expongo a ser despellejado: no creo en el amor eterno. Concedo a la otra persona la capacidad de provocarme mucho dolor. El amor puede ser un sentimiento. Puede ser una actitud. Puede ser un modo de vivir. Puede ser un anhelo. Estoy convencido de que es un acto de generosidad y de exigencia, todo a la vez.

Yo amo a conciencia, porque quiero, porque nadie me podrá quitar nunca la capacidad de amar con toda mi alma. Es un acto de reinvidicación, es una necesidad, es una muestra de debilidad. Y lo hago intensamente, no me dejo nada porque no lo concibo de otra manera y porque ella se merece que así sea. Mi amor es profundo y firme. Es rotundo, inapelable e indiscutible.

Amo porque necesito ser amado. Amo porque me resulta imposible no hacerlo. Estoy enamorado hasta el tuétano porque estoy dispuesto. Porque vale la pena. Porque los días grises son menos grises. Porque no me importará sufrir y porque me sale a cuenta: la vida es más rica y más intensa. Y yo he venido a comérmela a bocados. Paso de tibiezas y de calcular sentimientos.

Cuánto y qué bueno se ha escrito sobre el amor. Esto me sale de las entrañas. Que es de donde me salen las ganas de vivir. Pura víscera. El trastorno bipolar no sé de dónde me sale, si lo llevo o si lo arrastro. Es otra cuestión. No hay fármaco que me impida desear comerme a besos a mi pareja, que me siga viniendo a la cabeza en los momentos más inoportunos o hacerle mimos a pesar de ellos.

Y es mi victoria. Nuestra victoria.

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