LA RUTINA

10 Sep

Vuelve al cole. Vuelve al atasco. Vuelve a las prisas. Vuelve a mirar mil veces cada día el reloj. Vuelve a recordar las vacaciones. Vuelve a añorar los días inmensos y las noches cálidas. Vuelve a buscarte las ilusiones. Vuelve a mirar el calendario.

Confía en que se acaben los imprevistos. Confía en que las sorpresas no te pillen con el culo al aire. O en chancletas, no haya que salir por pies.

Alíate con las costumbres. Con las buenas costumbres. Busca en la normalidad una aliada que te ayude a guerrear. Trabaja para encontrar en lo habitual tus ganas de vivir intensamente.

¿Es la rutina mala? Si la trato como a una amiga, no, desde luego. Si no la llamo rutina, así, despectivamente, y le susurro al oído eres un encanto… Si no permito que se le solape la tristeza e impido que me arrastre a la desidia…

Seguiré aprendiendo a jugar con la rutina. Eso no me lo da ni me lo quita nadie. Tengo trastorno bipolar y viene el otoño. Aquí estaré esperando.

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2 comentarios to “LA RUTINA”

  1. Techari 29/09/2013 a 16:58 #

    A mediados de agosto me atrapó una vez más la melancolía. Pedí ayuda, mi psiquiatra diagnosticó que comenzaba ya mi habitual síndrome estacional y ajustó las dosis de mi medicación. Mis amigos, los que me han demostrado durante todo este tiempo que lo son, los que que permanecen conmigo tratando de equilibrar mi montaña rusa emocional, y sobre todo familia, como siempre permanecieron a mi lado y el bajón fue convirtiéndose en un estado más equilibrado en el que aún la depresión no había desaparecido completamente.
    Tuve ocasión de viajar con una buena amiga, y pasé casi una semana con ella disfrutando cada instante, tratando de superar mis temores y sumando fuerzas para luchar contra el sombrío invierno…
    Dos días después de regresar a mi ciudad natal, una lucha entre la ansiedad, la angustia y los pensamientos alborotados llegaron a hacerme perder casi el raciocinio. Pensaba cosas absurdas que trataba de expulsar de mi mente, salir corriendo, lanzarme por el balcón del piso, tomarme todo el bote de ansiolíticos… Fue todo demasiado rápido, no tuve tiempo ni de llamar de nuevo al psiquiatra, ni de pedir ayuda a nadie. En un instante el corazón empezó a bombear a mil por minuto, la sangre agolpada abriéndose paso a toda velocidad, el oxígeno que me faltaba más y más cada segundo que transcurría, el pensamiento más alborotado que nunca y un desencaje que sólo me permitía llorar a mares… Todo ello en un lugar público. Al final sufrí un desmayo, lo recuerdo entre brumas, me asistieron y hablé de nuevo con el psiquiatra… He pasado cuatro días fuera de casa, con pánico de salir a la calle sola, con pánico a dormir sola, con miedo a todo…
    Hubiese querido escribir esto antes, pero ni mi pulso ni mi mente me lo permitían. Ahora la angustia por fin va cediendo, ese monstruo va a dejar de arañar mi alma, porque cada vez me encuentro con más fuerzas, con más claridad mental, más centrada…
    Seguiré luchando, claro, en realidad eso nunca lo dejo de hacer, pero reconozco que resulta agotador.
    Saludos.

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    • Sergio Saldaña Soto 30/09/2013 a 9:12 #

      Me dejas… Te leo y me leo. Muy grande.
      Gran trabajo. Y gran trabajo al escribirlo de una forma tan descriptiva, tan visual y tan rotunda.
      Estoy de acuerdo: es agotador. Pero a mí me has ayudado. Gracias.

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