UN ÁRBOL, UN PSIQUIATRA Y YO

29 Abr

Hace ya muchos años, estaba yo viviendo un episodio maníaco. O hipomaníaco, no estoy seguro. En un momento dado, confuso y perdido como estaba, eché a andar y acabé frente al pabellón de mis peores pesadillas, donde ya había estado ingresado otras veces.
Sentía la morbosa necesidad de acercarme al fuego y quería hablar con el psiquiatra que me había llevado durante mi última estancia allí. Pero no estaba dispuesto a pisar el edificio ni a poner en bandeja un nuevo ingreso. Pretendía que me orientara de alguna manera, que me diera algún consejo, pero sin arriesgarme a que me asignaran una habitación en ese hotel.
Así que no se me ocurrió mejor manera que subirme a uno de los árboles que intentan embellecer los alrededores del edificio. Un platanero creo recordar que era.
Al rato salió alguien con uniforme y me preguntó qué hacía allí subido. Yo le dije que quería hablar con el psiquiatra Zutano, y que si no le importaba que le diera aviso, que no tenía prisa y que le esperaría. No estoy seguro de haber sido tan educado.
El caso es que al rato salió con su bata blanca. El psiquiatra me decía que sería mejor que bajara del árbol para que charláramos tranquilamente. Yo le decía que no, que ni por el forro. Que me parecía bastante complicado que pudieran obligarme a bajar. Y que, de ser así, el riesgo de un nuevo ingreso era demasiado grande.
Quería dejarle claro que no quería entrar voluntariamente. Lo que necesitaba era una orientación y una confirmación de que no lo estaba haciendo demasiado mal (a pesar de estar subido encima de un árbol).
En ese momento ya tenía mucho más claro que no quería estar de nuevo ahí abajo, ahí dentro. Me había arrimado mucho al infierno que me suponía esa zona y volvía a estar convencido de que era lo que menos necesitaba.
La conversación no fue muy larga. Él ahí abajo, con su buena voluntad, con su bata blanca. Yo acomodado entre las ramas del árbol, sintiendo que desde allí arriba le veía pequeño, inútil para mí e inofensivo.
Quiero pensar que fue el momento en que me di cuenta de que tenía comenzar una nueva reclusión. Pero domiciliaria, lejos de toda aquella ponzoña. Desde allí arriba, con un reputado profesional a mis pies y unos metros más allá mi peor pesadilla en forma de edificio hospitalario, pude ver claro que una vez más había perdido la partida. Y que no era ése el lugar donde iba a lamerme las heridas.
Se fue, esperé un rato más, me bajé y me fui a casa, a poner una vez más mi contador a cero y a prepararme para empezar una nueva partida. Esta vez a ras de suelo.

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Una respuesta to “UN ÁRBOL, UN PSIQUIATRA Y YO”

  1. ana 15/07/2013 a 20:57 #

    Bueno percibo que dentro de tu descontrol fuiste consciente de que eso no era normal,nos acordamos de lo que nos pasa,no al cien por cien, yo creo que según el grado de subidon .El primero mio fue muy alto,claro fue mi primera experiencia,no estaba agresiva pero me pidieron consentimiento,ya no he tenido tan altos.Desde luego allí igual nos sedan mucho que parecemos zombis,me gustaría saber como llevaste esa recuperación,porque en cierto modo nuestra cabecita se da cuenta ,,,,,,un beso AIO

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