SI NO TIENES NADA QUE CONTAR, NO ESCRIBAS

20 Nov

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Esto me lo dijo uno que considero que sabe de esto de blogs y redes sociales y demás. Como siempre, como nunca, no he hecho caso a esta máxima. Y más teniendo en cuenta que este blog nació como complemento al libro “Tengo trastorno bipolar. Desmitificaciones y anécdotas”.

También me he saltado las directrices sobre la periodicidad -he llegado a meter dos entradas en un día, que debe ser pecado, o casi- y no he utilizado un lenguaje estrictamente poco vulgar -que he jurado en arameo, quiero decir-.

Ha habido ocasiones en que mi estado de ánimo se reflejaba como en un espejo en las entradas. Generalmente ha sido al revés. He hecho el ejercicio de reírme de mí mismo y he utilizado el blog como un espejo convexo. Válido como terapia. Divertido como ejercicio. Recomendable en todos los casos.

Al final, ponerse a desbarrar de forma pública no deja de ser un modo de desnudarse. Así lo vengo haciendo. Ya, hay límites, no lo cuento todo. La razón es clara: si afecta a terceros, prefiero ser discreto. Aunque la narración pierda fuerza.

A veces me pongo estupendo y meto un relato, o una entrada más o menos ortodoxa que queda bien y que tiene un cierto reconocimiento y un cierto impacto en redes sociales. La crisis hace que ése sea el máximo beneficio que voy a obtener.

Empieza el invierno. Ya se puede dar prisa porque ha perdido mucho tiempo con temperaturas máximas y bochornos inoportunos. Ya se puede dar prisa porque necesito que me ponga el corazón en la nevera.

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¿LA MEDICACIÓN ENGORDA?

18 Nov

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No me da la gana de documentarme para responder con precisión. Si alguien sabe respuestas y razones que no empiecen por : “se cree que tal hormona…”, por favor, que lo añada en Comentarios, por ahí abajo.

De modo que hablaré de mis experiencias personales y de otras que personas más o menos psiquiatrizadas han querido compartir conmigo.

La respuesta es… no sé.

Una forma de atizarle a la ansiedad es comiendo. Yo me como la ansiedad. Me la ceno, para ser más certero. Si tengo tiempo, conforme voy echando alimentos al buche voy notando que una relajación se va apoderando de mí, que voy olvidando los malos rollos del día y que me van a intentar amargar al día siguiente. La clave está en empezar pronto a zampar. Así puedo estar mucho rato cenando y que no me den las once de la noche volviendo a poner cerco a la despensa, en plan juego de mesa.

¿Esta ansiedad se debe a la medicación? No puedo ser concluyente, señoría. Mi glotonería ha sido una constante frente a tratamientos farmacológicos variables. Mi madre es testigo. Por otro lado, esos distintos tratamientos me han hecho variar mis preferencias más hacia lo dulce que hacia lo salado. ¡¿Está usted de coña?! Puede ser, señoría, puede ser. Pero a los hechos me remito.

Leña al mono, señoría. Sigamos con la argumentación. Como sabrá, llevo desde abril sin fumar. Abandonar esta adorable y estilosa adicción me ha supuesto un terrible y sorprendente síndrome de abstinencia físico que no duró más de tres días y otro psíquico que… bueno. Sobran las palabras. Ansiedad. Ceno lo que pillo. Compro de todo. Puedo estar tres horas comiendo si no se me interrumpe y sin comerme al que me interrumpe. Véase, mi hijo. ¿Sustituyo con las laminurías, dulzainas y demás chucherías al tabaco de liar? Parece que sí. En casi 7 meses llevo engordados 12 kilos.

Acusado, ¿en este periodo de tiempo se han visto modificadas sus costumbres, no sólo alimenticias? Sí padre. Perdón, sí, señoría. Aquella depresión preprimaveral, los trombos, la ausencia de actividad física -paseos a parte, en fin-, el no fumar influyó mal que le pese, actividades mucho más aeróbicas, cambios en la medicación…

Ajá. Cambios en la medicación… Que no, tío, digo señoría. Que los cambios en las drogas que he tomado pueden ser una consecuencia de lo anterior. O debiera.

¿Puedo concluir que las drogas psicotrópicas engordan? No puedo. Te dejan tirado, te generan una ansiedad que -a mí al menos- te lleva a comer. Evitan que hagas el ejercicio que equilibraba tu metabolismo. A su vez, y esto pasa con frecuencia, comprobar que engordo genera más ansiedad que me quito comiendo y, en consecuencia, engordando más. Pero en sí mismas…

Entonces, ¿en qué quedamos?

Señoría, deje de tomar lorazepam y vaya a almorzar. Y déjeme en paz a mí de paso.

“Apuesto por un modelo de salud comunitario, mucho más desmedicalizado y deshospitalizado”

16 Nov

Entrevista a Edgar Vinyals en la revista de la Confederación Salud Mental España (FEAFES).

LA MODERACIÓN EN EL COLOR DEL DOLOR

15 Nov

¿A qué huelen las nubes?

¿De qué color es la soledad? ¿El miedo? Y el dolor ¿de qué color es?

Habría que buscar en las paletas de Angélica López de Manzanara y de El Mundo de Anica, ilustradoras de postín.  Aunque lo único que nos garantizaría, oh tan musas como artistas, es que encontraríamos los colores de sus dolores, de sus soledades y de sus miedos.

Otra vez el mismo argumento de siempre. Cada uno tiene sus pesares y por más que haya habido artistas que se hayan acercado a expresar los suyos propios… pues eso, los suyos. Que yo sea capaz de verme reflejado en ellos no significa que ese sea  exactamente mi color. Lo mismo pasa con los poemas, con las canciones: “las vaquitas, ajenas son”. Bastante tengo con identificar y decir “ése es”, quizás repetido en mi vida pasada, por más que me sirvan de inspiración. Es una situación poco habitual pero jodé, facilita la tarea.

Me gustaría tener el suficiente arte como para pensar que voy a ser capaz de encontrar los tonos precisos de mis dolores. Creo recordar que no hay colores antagónicos, pero me la sopla: si encuentro los tonos de mis dolores, sabré encontrar los de mis alegrías con exquisita precisión. Si fuera capaz de buscar… ¡no!, de encontrar esos tonos y de saberlos neutralizar de alguna manera, moderándolos, o aunque sea trazando los caminos hacia el negro -ausencia de color- y hacia el blanco -la comunión de todos los colores- consiguiendo que esa moderación se convierta en caminos a seguir. Sin que se me impongan ritmos ni caminos. Que parece que nadie entiende que me puedo poner bravo, bien oscuro, por blues que esté, si se me intenta meter el dedo en el ojo. O si así me lo parece, carajo. Quizás sea mi modo de defender el resquicio de salida de ese sufrimiento.

Que les vayan dando a los que se creen que las penas tienen nombre de canción, o de título de libro o de poema. Sólo les concedo, como máximo, haber encontrado el tono de sus propias miserias. Que no es moco de pavo. Mi dolor tiene derechos de propiedad ¿intelectual? Copyright, para entendernos.

 

Para mis colegas de Gure Ahotsa, de Errenteria, a ver si les entran mejor las canciones del primer disco de Ciclonautas. Ya mismo están sacando el segundo.

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Tremenda portada para “Bienvenidos a los muertos”:

Portada Bienvenidos a los muertos

 

procrastinar. (Del lat. procrastinare). 1. tr. Diferir, aplazar.

7 Nov

Tanto lío para esto. Aunque algo embrollado sí que está porque: “la RAE considera procrastinación inválido y, en cambio, indica la utilización de procrastinación. Se trata de la tendencia y el resultado de procrastinar, es decir, de demorar, retardar o retrasar algo”. (definicion.de).

procrastinación

Un verbo complicado de conjugar pero fácil de ejecutar. Dejar para mañana lo que te pueda generar disgusto y estrés. Antes lo urgente que lo importante, sobre todo si es menos desagradable de hacer.

¿Esto continúa con aquella entrada tan salada de los palabros? Pues puede que sí. Hago público que es tarea de mi psicólogo, que estoy convencido que se piensa que soy un diccionario de sinónimos. Es broma: nuestra historia promete. Él me suelta pedradas de este tipo y de mi cuenta está desentrañar y pensar en ello.

Supongo que en este caso debiera sacar mis propias conclusiones. Vuelve a mi cabeza aquello de que comunicamos no lo que queremos, sino lo que el interlocutor entiende.

Ahora, en este otoño tan veraniego que estamos teniendo -ya volará el grajo bajo “Me gusta la niebla, me gusta el frío”-, propongo dos canciones:

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-la última de Ciclonautas, con un vídeo espectacular: “Bienvenidos los muertos”

-¿Se me olvidó “Víspera de todos los santos”? Rock Suave.

PUES NO SE TE NOTA NADA…

5 Nov

Conversando

A lo largo de nuestra vida a partir del diagnóstico, que casi lo entrecomillo, y si nos hemos dejado llevar en algunos momentos, nuestro aspecto físico cambiará. ¿Tanto? No creo que sea tan grande el cambio como para hacernos irreconocibles. Pero aquí van algunas pistas recurrentes:

aumento de peso y de volumen. En este mundo esclavo de la imagen, veremos que a las pocas semanas de comenzar el tratamiento que sea, engordaremos. Sin paliativos. Estas drogas es lo que tienen. Te hinchas y punto. A veces este efecto secundario puede dar lugar a desórdenes alimenticios, con lo cual hemos matado una mosca con un cañonazo. Lo que es innegable es que nuestro aspecto físico cambia.

ojos: legañosos y con las pupilas dilatadas y/o a medio párpado. Bueno, en esto hay grados. No es tan fácil ser contundente en las afirmaciones: entraría la mirada y no la voy a valorar.

tics. La tienes clara si ya tenías un tic anterior porque se te multiplica. Si no tenías ninguno, en fácil que te lo encuentres en unos pocos días.

temblor de manos. Frecuente. Se suele pasar cuando se supone que tendrías que dejar de tomar esa medicación.

ansioso, impaciente. Sí, te muestras ansioso ante la comida, ante el tabaco si fumas…

.

Una vez decía que es fácil reconocernos entre nosotros, que somos una especie de secta que con unas pocas señales sabemos encontrarnos.

¿Es esto bueno? ¿Facilita la vida de algún modo? Ni idea. Lo que está claro es que me revienta las pelotas que me digan “no se te nota nada” (en su momento me sorprendía más que otra cosa), como si me tuvieran que salir cuernos y rabo. O como si tuviera que estar ingresado en un psiquiátrico y verme fuera de él provocara sorpresa.

No es crueldad. Es un poco de humor irónico, sabiendo que me estoy riendo de mí mismo. Pero creo que dice mucho sobre la calidad de los fármacos que os atizamos sin decir “aquí me duele”.

¿TENGO TRASTORNO BIPOLAR? DIVERSIÓN Y SUFRIMIENTO

1 Nov

Estamos de celebración.

Mientras escribo esto, el blog habrá recibido 58.000 visitas. Gracias a todos por venir.

También la página facebook está a punto de llegar a los 400 “Me Gusta”, que no son los veinte millones de la de The Rolling Stones, pero es una respetable cifra.

Foto de Luis Zabalza

         Foto de Luis Zabalza

Como podéis ver, este año os habéis librado y no os he puesto la canción de Los Suaves “Víspera de Todos los Santos”. Era un día como otro… ¿dónde vas pobre loco? Dios se cansó de dar cuerda a mi vida…

Al ajo. ¿Tengo trastorno bipolar? Algún sabio escribió no sé qué de ser capaz de admitir sus propias dudas que tenía que ver con la inteligencia.

Al principio, cuando negaba el diagnóstico y me negaba a mí, afirmando un carácter que no era el mío, yo luchaba de forma diferente. La enfermedad de los afectos. La enfermedad del ombligo. La enfermedad, de entre todas las que he tenido o tengo, que más ha decidido el curso de mi vida. Presente en todas las decisiones importantes, cotizara alto o bajo en los mercados de mi credibilidad.

A día de hoy, reconocer el diagnóstico y llevar un determinado tipo de vida no me hace más sabio. Tampoco más consecuente. Ni quiero que el trastorno bipolar me dé excusas, tampoco razones. Me gustaría, como escribía el otro día, que por encima de todo esté mi propia personalidad, mi carácter. ¿Por encima? Al menos por delante.

Me gustaría que los demás, cuando vieran en mis ojos a la tristeza, se plantearan primero si tengo algún motivo en vez de pensar que lo que me pasa es directamente un síntoma. Otra vez. Y si me ven feliz, lo mismo. Pero cómo voy a culpar a nadie, si el primero que lo hace soy yo mismo.

Como decía Cristina en su blog “Estoy como una maraca”, el autoestigma es la capacidad que les damos a los demás de señalarnos. Si no es exacto, espero que me corrija.

Llega noviembre. El mes oscuro. También el mes creativo. Hace ya tres años que redacté el libro. Me quedaré otra vez a solas conmigo, dando patadas a los montones de hojas que se me acumulan en los resquicios de mis anhelos.

DE PEÓN A REY DE ESPADAS. Rasgo de un carácter o síntoma.

30 Oct

Portada Directo

“Es un salto importante de peón a rey de espadas.

Arrogante y peligroso con el tiempo de pasada. 

Intentará sin lograrlo bajarse en su parada con el tiempo de pasada

ya no tienta a la suerte porque la suerte está echada“.

Éstos de la wikipedia son la bomba. Te meten dos párrafos que caen por su propio peso -el segundo más bien se arroja solo- para explicar la crisis mixta y se quedan tan anchos. De todos modos sirve para dar pie al concepto.

En la charla del otro día en Barañain volvió surgir la idea de que ciclamos no ya rápidamente, sino inmediatamente. Pasando de la verborrea del modo “me encanta escucharme” a las lágrimas en tres minutos. Hablo de síntomas. Síntomas. Lo cierto es que la irritabilidad te la puedes encontrar en los lados de esta balanza que nos quieren montar. Averiguar el matiz (¿es irritabilidad de la de estar de bajón, o bien es de la que ya se ha subido por la pared y es la de la desesperación de que todo va muy despacio¿?) es un reto y es muy importante a la hora de tomar medidas. En el ejemplo, además, si el síntoma es uno de los principales chivatos de que se está liando… También con el sueño serviría este ejemplo de síntomas chivatos que desconciertan dependiendo de cómo aparezcan.

Buena onda escuchar a los Barricada del Doble en Directo (´89) para empezar la mañana. No esperes a quedarte cojo para empezar a patalear. Situación límite. Nosotros los vimos en el pabellón Anaitasuna en mayo del 90, que cerraron la gira en casa. Mi primer concierto.

No puedo acabar esta entrada intentando dejar muy claro que yo puedo estar irritable porque sí, porque Osasuna ha perdido, porque no doy una a derechas jugando a pala o porque se me ha muerto el canario. Aquí, por mucho enfermo que nos juntemos, no hay patología. No hay enfermedad por ninguna parte. Ni síntoma ni diagnóstico ni obsesión ni pulsión ni nada.

Parece que no tenemos derecho a tener ciertos sentimientos sin que tengan que ver con un diagnóstico. No tener derecho… peor aún. Que se nos señale con el dedo y se escuche “cuidado, que se le va la pinza.” Esto nos lleva a estar escondiéndonos, procurando no expresarnos dependiendo de quién esté delante, porque lo mismo si Osasuna se clasifica para La Champions -qué pasa, no ha hace tantos años- tengo que estar moderado en mi alegría. Anda, no me toques los aparejos, que de irritabilidad podemos hablar también.

Y sí. Soy de los que ciclo rápido. De peón a rey de espadas.

PSIQUIATRÍA Y CRÍTICA ¿Más de lo mismo?

29 Oct

Si es que sigo siendo un romántico...

Charlando una vez surgió, de nuevo, el tema de las corrientes de la psiquiatría. Hablamos (y así lo he plasmado en este blog alguna otra vez) de que no hay otra especialidad médica que admita interpretaciones distintas ante una misma serie de síntomas.

Pensad en los ejemplos, que es curioso este fenómeno.

Luego, como sigo dándole vueltas a las cosas, se me ocurre que esto no tiene que quitar necesariamente prestigio (os prometo que he buscado desprestigiador en el diccionario y ¡no sale!) a la especialidad. Quizás la enriquezca más que ninguna otra porque la discusión y la crítica siempre están ahí. (Hígado-bazo; hígado-bazo).

Ya. Lo que también pasa es que la psiquiatría deja todavía más descontentos que la traumatología. Interesante comparación, que hoy día te hacen una resonancia y se ven hasta la forma de las ideas. A lo mejor es que, en psiquiatría, se hacen diagnósticos crónicos y eso genera mucho dinero. Es difícil abstraerse del aspecto de negocio que tiene la psiquiatría, puede que no sólo por la cronicidad de los diagnósticos. También por la medicalización  del sujeto y las posibles hospitalizaciones.

Total, que escribes sobre esto haciéndote preguntas en voz alta y el espíritu crítico se valora. Se difunde. Se aplaude. “Yo lo siento no lo puedo remediar”. Digo lo del espíritu crítico. De modo que poco mérito, cuando todo el mundo quiere meter la cuchara o, como poco, quiere tener razón.

Hurgar en la mollera ajena ¿debería? hacerse de forma más cuidadosa. Con mayor naturalidad. No. No encuentro ninguna contradicción entre el cuidado y la naturalidad. Muchos estaríamos de acuerdo en que mucha gente que sale en los telediarios se lo tendría que mirar -por lo que sea- pero también debemos asumir que a nosotros nos lo miren también. Dónde acudir. Si quieres un profesional muy crítico con la psiquiatría de toda la vida, con el biologicismo y demás, tienes que ser consciente de que, como es un profesional, tendrá la costumbre de cobrar un importe proporcional a su prestigio. Y luego, lo que te recete, como eres muy crítico con el sistema y esos medicamentos (si es que lo son) no te entran en la receta y tienes que dejarte otro pico.

Vaya, visto así, me quedo en lo público y me meto mi espíritu crítico donde me quepa. Que no, jodé, que tampoco es eso.

Tú háztelo mirar y luego te lo piensas y decides. Recordando que no eres esclavo de tus decisiones.

Mi aportación es una confesión: el primer psiquiatra que me eché a la cara era psicoanalista lacaniano. Sí, nada menos.

 

 

 

2ª PARTE DE QUÉ CANSADO ES ESTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

27 Oct

En la anterior entrada, que se llama casi como ésta, me quedé en el esbozo de lo que quería contar. Está por ahí abajo, con una foto de este tipo…

Irritado

Cuando pensaba en el título de la entrada, me refería a la fatiga que me puede suponer echar la vista atrás para evitar lo que te venga por delante. Lo de la enfermedad del ombligo, esa descripción mía de que, para manejarte por esta vida con este diagnóstico hay que andar mirándose el ombligo “duermo poco, hablo mucho, o duermo demasiado o estoy irritable…”

En la anterior entrada hablaba de lo que cansa el mero hecho de hacer memoria. De esforzarme por no distorsionar la realidad y, “a la vez, de admitir sus dudas”. Pues sí, cansa. A veces, toca pelear contra la distorsión mnemotécnica del otro interlocutor en algún episodio concreto que tengo claro, cristalino, en la cabeza.

Vamos, que este escrito ha nacido con el afán de aclarar y me temo que tampoco he conseguido lo que quería.

Creo que en el libro lo explicaba mejor: “mirar hacia delante, pero tampoco demasiado”.

QUÉ CANSADO ES ESTO DEL TRASTORNO BIPOLAR

26 Oct

Irritado

Me ha dado por pensar en los distintos sentimientos que he vivido a lo largo de un episodio, sea depresión o manía o hipomanía. Me he encontrado con los problemas de que

-no los recuerdo todos los episodios

-y de que no recuerdo todo lo que sentí en cada uno de ellos.

Esto debe ser frecuente, por lo visto. Muchas veces tienes la percepción tan distorsionada que el recuerdo se aleja de la realidad más todavía. Amnésicos prescritos a parte.

Cotejándolo con otras personas que fueron testigos de los brotes que he intentado recordar, la verdad es una utopía que sólo llega a alcanzar coincidencias: lo que a mí me pareció gracioso a estas personas les pareció un drama. Y viceversa. De lo que se deduce que yo tengo que empezar a trabajármelo con un lastre añadido que viene a ser la duda de si realmente fue así como ocurrieron los hechos, si fue así como íntimamente gestioné la crisis y si fue así… Si realmente fue una crisis.

Porque rizando el rizo, y poniéndonos de enemigo, incluso podría negar esos episodios como avisos de un brote propiamente dichos. Por el motivo que sea. Qué sé yo, estoy irritable hasta el insulto pero duermo como un bebé de los que duermen bien. Por ejemplo.

Todo el entorno padece mi irritabilidad como parte de una patología -esto es, yo no puedo estar irritable sin más, es parte de mi enfermedad que me subyuga- y la manera más efectiva de poner fin es hacer de Pepito Grillo del psiquiatra y evitar la cuarta hospitalización

“Comunican hasta las piedras”. Robo esta frase a Cristina Ochoa y entono el mea culpa. Estoy haciendo algo mal cuando quienes se arriman porque me quieren no son capaces de establecer un diálogo conmigo. Un diálogo que, por supuesto, no voy a tener con un profesional de la salud mental. Porque no me quiere, porque no es su objetivo y porque está saturado de trabajo.

Vídeo

“Entonces duerme” (Una canción de amor)

25 Oct

Suena la orquesta, sube el telón
y ya no puedo esconderme.
Nada se pierde y si me pones calor…
Quiero que sueñes conmigo
que sueñes conmigo.

No me molesta, hay un rincón
donde sabré defenderme,
Entonces duerme y si te sientes mejor…
Quiero que sueñes conmigo
que sueñes conmigo.

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jupa1128

Vas a la fiesta, que decepción,
no me tomabas en serio.
Entre los celos se escapó
lo mejor,
quiero que sueñes conmigo,
que sueñes conmigo.

Ya no hay respuesta, solo tú y yo,
no queda nada por medio.
Cruza tu mente alguna buena canción…
Quiero que sueñes conmigo,
que sueñes conmigo.”

EL CUENTO DE LA BATA PODEROSA

24 Oct

BATAS COLGADAS

Así, al llegar las ocho de la mañana, las batas volvieron a cobrar vida. Volvieron a ser poderosas al sentir calor, pellejo, huesos y vida dentro de ellas. Esas batas que se habían sentido muertas por unas horas, sin envolver al especialista. Algunas tenían la placa con su nombre, otras estaban bordadas, varias de ellas guardaban en su bolsillo un bolígrafo-¡de gel verde!- porque ése era su sitio, donde no podían perderse.

La bata más poderosa de todas fue la que se quedó en su taquilla, sabiendo que no iba a ser utilizada ¿Por qué un psiquiatra se pone bata? Es improbable que se manche de sangre, o de tiza. ¿Qué simboliza la bata cuando se la pone un psiquiatra? El cuentista, o sea, yo, puede suponer muchas cosas, pero no dejan de ser eso, suposiciones. Puede que sea un símbolo que sirva para señalar la jerarquía, por encima de psicólogos, trabajadores sociales… Aunque recuerdo a muchas administrativas con bata. Y administrativos.

La bata más poderosa es la que se queda en la taquilla. La que no necesita ser utilizada porque su dueño no tiene complejos de nada, ni tiene que demostrar nada, ni necesita marcas distancias con el paciente… ni tiene miedo a mancharse.

La bata más poderosa no cobra vida. No se la pone nadie.

Recuerdo algunas conversaciones sobre batas. Solían derivar también sobre la mesa y lo que simbolizan -mesa, bata- en una consulta psiquiátrica o psicológica: mantener distancias porque yo -la bata- me acerco o me alejo según el tema a tratar y estudio la reacción del paciente.

Aquí debo terminar. El cuento de la bata poderosa consiste en que es un cuento.

APLACAR SÍNTOMAS, ATACAR LA ENFERMEDAD

23 Oct
Nigel Maudsley

                              Nigel Maudsley

Queda claro que me perdí aquel capítulo de “Érase una vez el hombre”, en el que esos bichos malos que tenemos en nuestro organismo eran atacados hasta ser vencidos. Por los buenos, claros, nuestros anticuerpos, nuestras vacunas, los que fueran. ¿O se me ha quedado anclado en la memoria y sí que lo vi?

Queda claro que en esto de las enfermedades mentales, no conviene saber los mecanismos neurológicos y bioquímicos de dichas enfermedades -por lo que leo- y sí se estudia concienzudamente los síntomas de las mismas: hay algo que no me encaja.

Voy a poner un ejemplo. Cago sangre y me duele el abdomen a más no poder. Voy al médico. Me hacen más pruebas: tengo cáncer. Me tratan el cáncer, claro. No el síntoma, que cago sangre. Podría poner más ejemplos. Desde un dolor de garganta hasta unas fiebres.

¿Qué pasa con las enfermedades mentales? ¿Que los psiquiatras son tan incomprendidos que, en todos estos años, sólo han ganado dos premios Nobel de medicina y mejor olvidamos por qué razones? ¿Que no hay medios económicos, cuando dichas enfermedades mentales son una epidemia de los más lucrativa?

Quizás debiera empezar a admitir, 23 años después, que el negocio está precisamente ahí, en tratar síntomas porque se desconocen las causas y los mecanismos de las enfermedades. Porque no interesa.

Cerveza y Valproato

PRINCESA INCA

18 Oct

Princesa Inca

Para el que no la conozca, un vídeo como un trallazo.

De una factura muy hermosa, según mi opinión, con inserciones poéticas entre las respuestas. Sin preguntas. No hace falta.

Poesía. Radio Nikosia.

No entiendo cómo se me ha podido escapar este vídeo durante casi dos años. Princesa Inca lanza una serie de mensajes reales, vigentes, que no pueden dejar indiferente a nadie.

 

 

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